lunes, 30 de julio de 2012

Cultura mexica ( VI )



Expansión territorial

 Si hubiese que definir de alguna manera a los mexicas esta sería la de un pueblo guerrero y con ello todo lo que el término conlleva o requiere. La violencia es así también un condimento esencial de la definición, que los mexicas no dudaron en utilizar como parte de su belicismo en las conquistas. Una característica que llevaron más allá del propio enfrentamiento en el campo de batalla y que pasó a formar parte de su sociedad, de su idiosincrasia, que los dibuja en su perfil como una de las culturas más violentas de Mesoamérica. Característica por otra parte compartida con las tribus bárbaras del norte.

 No habían pasado más de 20 años desde que llegaron al Valle de México cuando comenzaron la meteórica expansión territorial más rápida conocida en la historia de la Mesoamérica precolombina. No cabe duda que los ingredientes fueron los adecuados, los propios de un pueblo guerrero, los necesarios para la consecución del éxito imperialista. Su organización militar, el valor de sus soldados en las batallas y la habilidad de sus gobernantes fueron los componentes básicos para sus triunfos.

La historia de los mexicas tiene marcados en su cronología decisiones importantísimas que influyeron en el devenir de los  acontecimientos futuros, entre los que destaca la derrota de Azcapotzalco, resultado de una decisión de valor, de un pueblo guerrero como tal. Lejos de amedrentarse y someterse a Maxtla, señor de los tepanecas, cuando éste asesinó a su gobernante Chimalpopoca, reaccionaron de la manera más digna e inesperada para sus enemigos y dieron la vuelta a la situación. Sin embargo, no se dejaron llevar por el orgullo irresponsable de enfrentarse a los tepanecas guiados solo por la ira, lo hicieron pero inteligentemente. Las experiencias anteriores que habían tenido en los enfrentamientos con Azcapotzalco en los últimos 50 años, en los que siempre salieron derrotados, les aconsejaban no tropezar en la misma piedra y se apoyaron en la Triple Alianza, lo que les sirvió para salir victoriosos por primera y definitiva vez.

Basta con imaginar la fama que se iban ganando los mexicas, en conquistas tan sonada como aquella, en la que derrotaron al señorío más poderoso en el valle, como para entender que a muchos de los altépetl no les interesaban medirse militarmente al grupo dominante de la región. Esto propició que muchos de los señoríos, divididos entre sí, accedieran pacíficamente al sometimiento de los mexicas, a sus ansias expansionistas, y aceptaran pagar tributo como vasallos antes de enfrentarse a los riesgos terribles de la guerra. Esto sucedió entre la mayoría de los señoríos circundantes de México-Tenochtitlan, aceptaron pagar tributos a cambio de conservar la administración a cargo de la nobleza local que rendiría cuentas ante los gobernantes de la capital.

Evidentemente, el acceso a muchos productos que la población mexica demandaba, especialmente entre la nobleza, era uno de los motivos principales por lo que comenzó la expansión por el control del territorio. Esa perspectiva situaba al comercio en un lugar privilegiado en la carrera expansionista. Por ello no todo quedó bajo control de las administraciones locales sometidas, sino que escogieron determinados puntos estratégicos ventajosamente situados, en los que establecieron fortalezas y guarniciones para vigilar a los territorios dominados y la seguridad de las rutas comerciales. Algunos de estos lugares fueron Zozolan en frontera con los mixtecas, Xoconochco con los totonacas y Oztoman en los límites de los purépechas. Tres de los territorios que nunca pudieron controlar.


No podemos ignorar a los comerciantes y relegarlos solo a su condición profesional. Los pochteca, al margen de lo pura mente comercial, eran la avanzadilla de la posterior conquista, ejercían de servicio de espías para el Imperio. Analizaban al enemigo en su territorio, en sus ciudades, y traspasaban los informes a los militares para tiempo después llegar los ejércitos y consumar la invasión. Rara vez dejaban la conquista sin terminar del todo, por mucha resistencia que encontrasen, aún así siempre quedaba la vía diplomática, la de anexar el territorio por medio de matrimonios acordados, aunque no era la solución más corriente.

La expansión y los tributos pagados por los altépetl hizo de la capital de los mexicas la más populosa, rica e importante del territorio mesoamericano y hacia ella llegaban productos de todos los lugares del Imperio: amaranto, chía, mantas, telas, copal, liquidámbar, sal, trajes militares y una lista interminable de productos, e incluso soldados, hombres enviados por los territorios conquistados para servir al Imperio en la guerra.






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viernes, 27 de julio de 2012

Cultura mexica ( V )



Economía y comercio

Hemos de suponer que al principio no fue fácil la supervivencia para los mexicas en el islote, en Tenochtitlan. La porción de tierra donde se asentaron no ofrecía de todo lo que se pudiese necesitar para desarrollarse como sociedad, como lo hicieron en no mucho tiempo. Rodeados de agua y alejados de las sierras se dedicaron a la explotación de los recursos lacustres, la caza, la pesca y la recolección de los productos que la laguna les ofrecía. Entre las aves acuáticas perennes estaban diferentes clases de patos, grullas, chichicuilotes, y otras que acudían cada año como los pelícanos, a los que los mexicas creían las gobernantes de todas ellas. Entre los peces se inclinaban por el amilotl y el xohuilin, aunque no despreciaban cualquier otro bicho viviente que pudiera servir de alimento como las ranas, renacuajos, camaroncillos, ajalotes, y diferentes sabandijas.

Sin embargo, aunque la tierra prometida les daba para alimentarse a duras penas, como digo anteriormente, no era lo suficiente para cubrir las necesidades de la población. La explotación de estos recursos les permitía comerciar con los otros pueblos de la ribera de la laguna, intercambiándolos por productos agrícolas y materias primas que no hallaban en el islote, tales como piedra, madera o cal, tan necesarias para vivir y la construcción de sus edificios y de las chinampas, con las que fueron ganándole terreno a las aguas de poco fondo y desarrollando una agricultura auto-suficiente, que terminó por convertirse en la base de la economía mexica. El cultivo sobre las chinampas o islas artificiales es una de las características aztecas a resaltar. Construidas con cañas, ramas y barro, y ancladas con palos, sobre las bandejas flotantes se cultivaban chile, frijol, calabazas, ají tomates y otras especies, junto a grandes cantidades de maíz que fue la base de su alimentación. Además conocían las técnicas del barbecho y la irrigación mediante diques y acequias, lo que les permitió transformar la laguna en unas tierras fértiles que nutrían con abonos vegetales y animales.

El hecho de que las ciudades-estados del Centro de México dependieran en gran medida del tributo que les otorgaban otros pueblos conquistados y sometidos, permite pensar que otro de los soportes importantes en la economía de los aztecas fue la guerra de conquistas. El crecimiento de la población en el Valle de México, que se calcula alrededor de un millón y medio en 1.519, fue lo que impulsó a los mexicas a conquistar otros pueblos al tiempo que desarrollaban el comercio con otros lugares, vecinos y también más alejados. Esta expansión les permitió acceder a otros productos demandados por la población, eran el caso del cacao, algodón, caucho, miel, plumas, metales y piedras preciosas.

Las zonas chinamperas de la Cuenca, Xochimilco y Chalco, fueron las primeras en ser conquistadas, lo que les aseguró prácticamente el abastecimiento de alimentación. Conquistada la Cuenca le siguió el Valle de Morelos, con lo que el algodón, además de otros productos, comenzaron a hacer su aparición en las ciudades-estados de la Triple Alianza en forma de tributo. Al control de estos territorios se les fueron sumando otros hacia el sur y algunas regiones de Guerrero, como Teopancuacuilco y Cuetzallan. Los tributos y las riquezas que se obtenían por esta vía fue la base para que los aztecas ampliaran su imperio hasta llegar a convertirse en el más extenso de toda la Mesoamérica precolombina.

Los calpixque eran los funcionarios especiales encargados de recaudar y transportar las mercancías tributadas, que la mayoría de las ciudades sometidas pagaban una o dos veces por año. Esto dependía de los productos demandados para abastecer el imperio.

No obstante, el tributo no era la única manera de acceder a otros productos demandados por la población, para ello estaban los comerciantes, los pochtecas, en su orden social y legal. Ellos se encargaban de localizar los productos en los confines del imperio y enviarlos a Tenochtitlan. La experiencia de estos comerciantes determinaba el valor de los artículos al intercambiarlos por otros.

El cacao fue la semilla que sirvió como referencia de valor, como primera moneda, a la que le siguieron otras como el polvo de oro en canutillos, las mantas o las hachas de cobre en forma de T. Se cree que, al igual que en el imperio incaico, los aztecas celebraban ferias de comercio, donde los pochtecas hacían el trueque entre sus productos para conseguir los artículos de lujo traídos desde otras ciudades y naciones. Así mismo se considera que para su época de esplendor, Tenochtitlan poseía el mercado más grande del mundo que se ubicaba en la plaza central de Tlatelolco, donde se comercializaba cualquier producto imaginable, desde esclavos y prisioneros de guerra hasta frutas, cacao o plumas de aves exóticas.

El mercadeo o comercio azteca se realizaba a dos niveles bien diferenciados. Mientras uno, a nivel exterior, servía o tenía como propósito abastecer a la nobleza de productos exóticos de lujo, como ropa, plumas, maderas, pescado u otros frutos, el otro de menor escala tenía como sentido el abastecimiento interno a nivel local. El cacao, además de los nutrientes que aportaba como alimento, tenía la virtud de servir de compensación en el equilibrio entre el valor de los productos. Así por ejemplo: una manta equivalía a un par de sandalias y diez semillas de cacao.





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miércoles, 25 de julio de 2012

Cultura mexica ( IV )



Sociedad

Cuenta la tradición que, tras la muerte del caudillo Tenoch, los mexicas decidieron imitar la organización política y social de los pueblos vecinos con linaje tolteca. Para ello se dirigieron al señor de Culhuacán y le pidieron que les diera un huey tlatoani, un rey que los relacionara directamente con los toltecas. De esta manera Acamapichtli, que quiere decir "el que empuña la caña", fue nombrado primer rey de México - Tenochtitlan.

El tlatoani era el que atesoraba el máximo poder entre la sociedad azteca, dividida en veinte clanes que recibían el nombre de calpullis. Cada clan se constituía por un grupo de personas vinculadas por parentesco (artesanos, agricultores, servidores públicos) que constaban con tierras propias, un templo y un jefe (calpullec). Las clases sociales se dividían en tres grupos: nobles (pipiltin), los plebeyos (macehualtin) y los esclavos (tlatlacohtin). El grupo de la nobleza estaba compuesto por descendientes directos de las familias nobles, sacerdotes y los guerreros que por propio derecho se habían ganado entrar entre los privilegiados por sus gestas heróicas. Los plebeyos recibían una herencia directa por haber nacido entre ese grupo intermedio, se les otorgaba un terreno vitalicio donde levantaban su casa.

Así mismo, entre el grupo de la gente común existía una clase más baja (tlalmaitl) a los que no se les permitía tener propiedades y las tierras que labraban eran arrendadas. Los de la clase más baja, los esclavos, recibían un trato similar al de un criado contratado. Algunos mantenían el estado de esclavitud por un tiempo definido, hasta que pagaran sus deudas o condena, realizaban trabajos de agricultores, transportistas, en el comercio o el servicio público. También los hijos de los más pobres podían ser vendidos como esclavos por un periodo que solía estar de acorde con el precio. Los esclavos podían recuperar su libertad definitivamente si escapaban y llegaban al palacio real antes de que sus amos los atraparan. Los esclavos prisioneros de guerra podían ser sacrificados a Huitzlopochtli.

Costumbres cotidianas

 La religión azteca no escapaba a ninguna de las costumbres cotidianas de la sociedad y por supuesto también estaba vinculada con la educación que recibían los menores, que además de la asignatura religiosa aprendían escritura, lectura, historia y música. La formación educativa era obligatoria, un detalle muy importante que apaga un poco el fuego de la guerra y la violencia que etiqueta, quizás injustamente, a todo lo relacionado con el Imperio Azteca. Sin embargo, lo que por un lado favorece en cuanto a sensibilidad con la educación, por otro lado le resta simpatías cuando comprobamos que, como propio reflejo de las injusticias sociales entre los diferentes grupos o castas, la educación estaba marcada por los mismos patrones de privilegio, era de diferente calidad dependiendo de quienes la recibían.

Del mismo modo que en la mayoría de las culturas la mujer quedaba relegada a un segundo plano en la sociedad, siempre detrás del hombre, y como es fácil de entender a edades más tempranas las diferencias debían de ser las mismas. En la sociedad azteca las niñas tenían su sitio en el hogar, aprendían las labores domésticas de sus madres preparándose para en el futuro servir a sus maridos, en matrimonios polígamos, aunque también es verdad que la monogamia prevalecía por encima de la modalidad anterior. Sin embargo, tener la suerte de haber nacido en el seno de una familia noble la situación era diferente para la niña, que podía aprender en una especie de monasterio hasta el momento del matrimonio. Los chicos recibían más privilegios que las chicas, pero también entre ellos existían diferencias educativas. Mientras que los plebeyos acudían al tipo de escuela telpochcalli e iban a dormir a casa, los hijos de la nobleza recibían educación en el calmecac, un internado reservado solo para los de su clase donde se quedaban a dormir.

En cuanto a la sexualidad, únicamente eran dos las formas permitidas. Una de ellas era la que tenía lugar dentro del matrimonio, la otra era la de los solteros que iban a la guerra, a los que se les permitía el acto sexual con unas sacerdotisas dedicadas a la prostitución. Aquellas mujeres se presentaban maquilladas, adornadas y perfumadas ante el hombre de turno, a los que les proporcionaban alucinógenos y afrodisíacos que estimulaban el apetito sexual.

Sistema judicial, tribunales y leyes

Tenochtitlan y Tetzcoco fueron las sedes que acogieron los principales tribunales judiciales del imperio, eran allí donde se dirimían los pleitos territoriales o criminales que no tenían solución en los tribunales locales. Cada uno de los altépetl o señoríos bajo dominio azteca tenían su propio tribunal judicial menor. El sistema que impartía justicia entre los aztecas estaba bien jerarquizado y entre sus tribunales los había: desde los jueces que eran elegidos para un lapso de un año y cuya competencia se limitaba a los casos menores, hasta los compuestos por tres jueces con cargos vitalicios y que se encargaban de los de mayor envergadura. Sin olvidarnos de los tribunales de comercio encargados de los litigios surgidos en los tianguis o mercados. Las resoluciones dictadas por estos tribunales siempre podían ser reclamados ante el tribunal del rey. La justicia que se administraba en Tetzcoco siempre se hacía en el palacio real, con tres salas dedicadas a tales funciones y con un total de doce jueces por designación del monarca. El procedimiento era oral y en ocasiones se documentaba mediante jeroglíficos.

Ni que decir tiene que, como se intuye, las leyes eran muy severas y también en ellas, a la hora de administrarlas, las castas o grupos sociales influían. Cada delito requería un castigo que dependiendo si era plebeyo o noble la resolución judicial cambiaba. El castigo era mayor en caso de tratarse de gente importante. Por su puesto que la pena de muerte existía y como se a de suponer estaba entre los castigos, que normalmente correspondían con los delitos de: asesinato, traición, aborto, incesto, violación, robo con fractura y adulterio. En este último caso se procedía a la lapidación, aunque la mujer era estrangulada previamente. La embriaguez también estaba recogida en el código penal, solo se les permitía y dependiendo las circunstancias a ancianos y guerreros profesionales, el castigo para tal infracción variaba desde el rapado de la cabeza, si era la primera vez que se cometía la falta, o la muerte si era reincidente. Los guerreros podían conmutar la pena de muerte con un destierro permanente en zona fronteriza.

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lunes, 23 de julio de 2012

Cultura mexica ( III )



Tras el gobierno de Ahuitzotl, entre 1.502 y 1.520, los mexicas eligieron a Moctezuma II, el gran estadista y estratega, el gran líder que supo poner control entre los sacerdotes y el pensamiento mágico azteca. A punto de finalizar el Quinto Sol y la aparición de un Sexto Sol con el que se esperaba el regreso de Quetzalcóatl. Una fecha con demasiado significado religioso que influyó sobremanera en la ya mítica personalidad del rey mexica, que dejó a un lado las cuestiones mundanas para dedicarse en cuerpo y alma a las del espíritu. El descuido o apatía por las cuestionas de gobierno provocaron algunas rebeliones entre los pueblos sometidos, como fueron los casos de los señoríos de Cholula y Tlaxcala, que dejaron de pagar tributo a un imperio que continuaba en todo su esplendor, pero con un gobernante atrapado por la desidia y la abulia e inmerso en la mítica espera de la llegada del fin del mundo que anunciaba el Quinto Sol.

Era evidente que Moctezuma II no abandonaría el trono, no pensaba hacerlo, como le solicitaban algunos de los jefes de otros pueblos y otros personajes más allegados. Como su propia hermana, una reputada sacerdotisa, que ante su insistencia de retirada la mandó desterrar a Cuauhnahuac. La llegada de los conquistadores españoles no le hizo más que confirmar sus convicciones. Todo coincidía con las predicciones que Quetzalcóatl dejó en su partida, la llegada del año 1-Caña y los seres barbudos con cuatro patas. La llegada de los conquistadores españoles significó doble lectura según para quién, mientras que para Moctezuma II no eran más que señales de confirmación, para su antecesor en el gobierno, Ahuitzotl, las muestras ya eran la de un peligro inminente que no tuvieron  respuesta como tal. Al contrario, el gobernante azteca salió a recibir a los españoles a la carretera de Ixtapalapa, donde el único rechazo que tuvieron los extranjeros fue por parte de los consejeros a lo que el propio Moctezuma II se opuso, y tomándolo como una ofensa personal prohibió que sufrieran daño alguno.

La situación política y social se tornó problemáticamente compleja. Moctezuma II, aunque continuó siendo sacerdote, dejó el trono obligado ante las revueltas que se sucedían en plena guerra con los españoles, al tiempo que estos formaban alianzas con los tlaxcaltecas y los cholulas. El consejo eligió a su sucesor Cuauhtemoc. Fue el último rey azteca, un gran guerrero pero que no estaba muy instruido en asuntos religiosos y que no era un auténtico tlatoani, sino un cacique de un pueblo vecino, señor de Tlatelolco, que fue elevado en el cargo por las circunstancias de crisis. Tras su nombramiento se puso al frente del ejército y salió al encuentro de los invasores, repeliéndolos hasta más allá del lago Tetzcoco. Solo cinco años se mantuvo en el cargo de gobernante, de 1.520 a 1.525.

Mientras tanto, Moctezuma II continuaba empeñado en su defensa de los españoles, lo que le hizo perder aún más apoyos en el consejo elector que le consideró traidor. Moctezuma II murió lapidado, apedreado por su pueblo cuando frente a palacio intentaba convencerlos para que aceptaran a los españoles como consejeros divinos. Los conquistadores se reagruparon y junto a los rebeldes entraron en Tenochtitlan sin encontrar apenas resistencia. El ejército azteca se desmoronó. Los sacerdotes huyeron y los militares de alto rango dejaron de aceptar las órdenes de Cuauhtemoc, que fue hecho prisionero y ejecutado por Hernán Cortés y su tropa el 28 de febrero de 1.525. Quetzalcóatl, el esperado, no regresó. Sin embargo, con el Sexto Sol el Imperio Azteca entró en una nueva era y México pasó a ser la sede central de la Nueva España.

Organización política

No podríamos afirmar con toda rotundidad el tipo de organización política por el que se regían a los mexicas anterior al episodio que los enfrentó a los tepanecas para derrotarlos definitivamente, aunque algunos conocimientos sí parece que existen como para deducir que hasta la derrota de Azcapotzalco fue una etapa menos compleja y más democrática a la hora de elegir a los gobernantes. Según las fuentes, sus mandatarios eran elegidos por un grupo de sacerdotes conocido como teomamaque, en la que los calpultin tenían una mayor participación y mayor poder de decisión. Los representantes de los siete calpultin en que se dividían los mexicas eran los encargados de tomar las decisiones más importantes que se dieron durante la etapa de peregrinación que vivieron, encabezados por los teomamaque, que a su vez se encargaban de transportar los envoltorios de las reliquias de sus dioses.

La Triple Alianza con Tetzcoco y Tlacopán fue cambiando el sistema político y adaptándose a las nuevas exigencias de gobierno. En cada una de estas ciudades gobernaba un tlatoani, pero Tenochtitlan fue ganando peso específico entre los aliados y con el paso del tiempo los mexicas fueron ganando poder de decisión, tanto es así que algunos estudiosos aseguran que Tetzcoco y Tlacopán pasaron a estar sometidas de facto a las órdenes del tlatoani de Tenochtitlan. Los mexicas, a la cabeza de la alianza tuvieron la posibilidad de imponer su hegemonía y lo hicieron sobre una gran cantidad de pueblos con culturas diferentes, que se conocían por tlatocáyotl y se organizaban por pequeños reinos o señoríos.

Los tlatoanis eran la autoridad suprema y recibían su designación hereditariamente. A estos les seguían en rango los nobles o calpultin, que a su vez muchos de ellos tenían relaciones de parentesco con los tlatoanis.  El resto de la sociedad mexica estaba compuesta por guerreros, sacerdotes y plebeyos.


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sábado, 21 de julio de 2012

Cultura mexica ( II )



Desarrollo histórico

Cuando comenzamos en la historiografía de los mexicas los primeros datos que encontramos en el capítulo de la peregrinación es su lugar de procedencia, el mítico Aztlán. Un lugar que no se ha podido localizar con precisión, y según qué autores lo sitúan en un punto geográfico o en otro. Hay algunos como Javier Clavijero que lo ubican al norte del Altiplano Central y hasta en Alta California; Wigberto Jiménez Moreno se atreve a ubicarlo en dirección Occidente, en Nayarit, en la isla de Mexcaltitlán. También los hay quienes lo definen como un lugar mítico, arquetípico, llamado también Chicomóztoc y del que dicen venir otros muchos pueblos que habitaron el Altiplano Central.

Sin embargo, las referencias culturales que llevaban los mexicas no coincidían con ninguno de los puntos geográficos  posibles, no compartían afinidades o coincidencias ni con los huastecos y su zona selvática ni con el árido territorio chichimeca. Algunos autores como Javier Tapia Rodríguez duda de que una tribu belicosa y poco amigable como la de los mexicas, hubiera podido pasar libremente por territorio de los chichimecas, con todo el historial de enfrentamiento que estos tuvieron con sus vecinos. No obstante, sí existe una referencia histórica anterior a 1.215, a su entrada en escena, cuando no eran más que un grupo de nómadas cazadores con fama de problemáticos que luchaban por hacerse con un lugar donde asentarse cerca del lago Tetzcoco, donde según la leyenda habían visto la señal que le enviaron los dioses, la de un águila luchando con una serpiente sobre un nopal, en un islote de dicho lago. Esta referencia primaria es la que tenían los tarascos como recuerdo, sobre el año 1.100 en Patzcuaro, de donde tuvieron que expulsarlos hacia el Valle de México. Por otro lado, tanto para tlahuicas, culhuas y tlaxcaltecas, la única referencia que tenían sobre la procedencia de los mexicas es que venían del infierno, del noroeste, de las antiguas y ancestrales tierras de las regiones del frío y la noche eterna.

Tras varias décadas merodeando por la región, en 1.256 consiguieron asentarse en el Valle de México, en Chapultepec, el monte de los saltamontes, de donde también fueron expulsados por sus vecinos del señorío de Culhuacán, dueños del territorio. Corría el año 1.325 cuando por fin consiguieron asentarse en el lago Tetzcoco, tras dos años planeando su ataque definitivo al lugar prometido por sus dioses y aunque todavía no eran los dueños del islote fundaron la ciudad de Tenochtitlan, la que sería la capital del Imperio Azteca y actual ciudad de México, capital de la República Mexicana. Durante los siguientes 50 años estuvieron sometidos a los tepanecas, al señorío de Azcapotzalco, los vencedores de todos los enfrentamientos que habían tenido con los mexicas hasta entonces. Transcurría el tiempo entre los años 1.376 y 1.427 y los tepanecas mantenían sus criterios en el valle, aunque el empuje y ansia imperialista mexica les fue haciendo ganar terreno poco a poco.

Acamapichtli, Huitizilihuitl y Chimalpopoca fueron los tres reyes mexicas siguientes en los que durante su reinado existieron relativas buenas relaciones con los tepanecas, pero a pesar del recelo de Azcapotzalco sobre el poder que iban acumulando sus belicosos vecinos, los mexicas se pusieron entre la disyuntiva de seguir o no con la buenas relaciones o continuar expandiéndose ellos mismos por sí solos. Sin embargo, antes de decidirse Chimalpopoca fue asesinado por Maxtla, el señor tepaneca, que creyó que asesinando al jefe mexica su pueblo se acobardaría y sería más fácil vencerlos. Pero no fue así, lejos de amedrentarse el consejo mexica eligió a un nuevo gobernante, un nuevo rey o tlatoani llamado Itzcóatl, que sucedió a Chimalpopoca desde 1.427 hasta 1.440.

Itzcóatl nombró a Tlacaelel como su cihuacóatl, su segundo de abordo. Gran sacerdote reformador que se encargó de pactar con otros pueblos vecinos también sometidos por Maxtla, fundaron la alianza con los señoríos de Tlacopan y Tetzcoco y juntos comenzaron las revueltas contra los tepanecas. Unos meses más tarde, a comienzos de 1.428 caía derrotado Maxtla y con él daban fin al señorío de Azcapotzalco. Había nacido lo que pasó a llamarse la Triple Alianza, que dio lugar al Imperio Azteca.

Aunque el reinado de Itzcóatl fue considerado fructífero, el verdadero empuje azteca coincidió con su sucesor, Moctezuma I, que reinó entre 1.440 y 1.469.  Durante su gobierno los aztecas fueron extendiéndose y dominando a los pueblos vecinos, sometiéndolos a pagar tributo y a seguir sus costumbres. A la muerte de Moctezuma I el trono mexica fue ocupado pos Axayácatl, que, aunque siguió sumando conquistas y expandiendo poder, tuvo un tropiezo contra los tarascos a quienes no consiguieron dominar nunca, quizás por los malos recuerdos que tenían de ellos de su paso por Patzcuaro más de cuatro siglos atrás. En 1.481 le tocó el turno a Tizoc, que dirigió los designios mexicas por solo cuatro años. No resultó Tizoc ser un rey al gusto de su pueblo, que tras pensar en deponerlo y no encontrar la formula adecuada tiraron por la tremenda dándole muerte y nombrando a un sucesor. Tizoc comenzó su mandato preocupándose más por la administración y educación de los territorios ya conquistados que por nuevas conquistas. Un método bien aceptado por los sacerdotes en un principio, pero las cuentas no cuadraban, los costes eran demasiados altos para mantener dicha fórmula y a eso se le sumó la creciente falta de respeto de los sometidos, cada vez más resistentes a pagar tributo, lo que supuso el fin del efímero mandatario.

Ahuitzotl fue el elegido. Reinó entre 1.486 y 1.502 y no defraudó, cumplió con las expectativas que se tenían sobre sus dotes de mando. Durante su corto mandato dio muestras de su perfil guerrero y no dudó nunca en situarse al frente de la batalla. Con él al frente los aztecas consiguieron el control de prácticamente todo el centro y el sur de México hasta Guatemala, y desde la costa del Pacífico hasta el Golfo de México. A Ahuitzotl se le atribuyen, además de buen guerrero, buenas dotes diplomáticas y el ser un gran líder religioso, he incluso buen economista y comerciante en el trato con los pueblos vencidos.



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viernes, 20 de julio de 2012

El Posclásico cultural del Centro de México (Era postolteca)



Era Postolteca

Después de la caída de Tula, al igual que ocurriera con Teotihuacan, existió un vacío de poder en México Central. Tuvieron que pasar más de dos siglos hasta que otro pueblo, el mexica, se hiciera con el control en la región. Sin embargo, esto no quiere decir que no afloraron intentos durante ese tiempo e incluso hubo señoríos que llegaron a tener un poder muy importante, aunque siempre por determinados sectores. Los estudios arqueológicos realizados en el norte del valle han revelado que esta zona sufrió una disminución de población durante ese interregno, pero también la aparición de otros centros de tamaño mediano a las orillas del lago Tetzcoco. De estos sitios, Culhuacán es el más importante y estuvo considerado como una especie de Estado sucesor de los toltecas. Culhuacán, que significa "Lugar de los que tienen abuelos" o "Lugar de los que tienen antepasados", fue una fortificación de las tradiciones antiguas y capital de los culhuas, que, derivado del náhuatl colli, viene a significar "abuelo".

En aquél contexto particular y bastante complejo del Altiplano Central, entre los siglos XIV al XVI y antes de que llegaran los mexicas a la región, varios centros políticos importantes se fueron desarrollando al tiempo que luchaban entre sí para hacerse con el control e imponerse sobre los demás. Además de Culhuacán, algunos de aquellos centros fueron: Azcapotzalco, Tetzcoco, Chollollan, Xaltocan, Tlaxcallan, Huejotzingo, Chalco, Xochimilco, Cuitláhuac, Mixquic, Coyohuacan, Tlacopan, Coatlichan, Huexotla, Acolman, Cuauhtitlan y otros.

El vacío de poder dejado por los toltecas permitió la aparición de nuevos aspirantes a ocupar el puesto de supremacía. Aquellos pueblos procedentes del norte que irrumpieron en la región al final del periodo Clásico, conocidos genéricamente como chichimecas, se habían fusionado con los pueblos ya existentes y se transformaron en poderosos, dispuestos a hacerse con el control. Las pretensiones de Culhuacán de recoger el testigo heredero de legitimidad y continuidad tolteca no resultaron fáciles, aquella pretensión de liderato era desafiada a medida que nuevas tribus seminómadas chichimecas llegaban al Valle de México, que escogieron como capital una ciudad ya existente, Tenayuca.

Tenayuca se hizo fuerte bajo el gobierno de Xólotl, que llevaba el mismo nombre que el dios de la Estrella Vespertina. También por su legendario jefe a esos invasores se les conoce por los chichimecas de Xólotl, que tras someter al Valle de México emprendió varias campañas en diferentes direcciones y sus conquistas le proporcionaron un dominio que llegaba a 150 km. por el norte de Tenayuca, y por el este casi alcanzaba la Costa del Golfo. La capital de los chichimecas de Xólotl, aunque ya estaba poblada desde la época Clásica, fue tras la caída de Tula cuando más creció su población y su papel se hizo más importante. Sobre estos grupos asentados en Tenayuca, los documentos existentes los describen como nómadas puros, que se vestían con pieles y vivían en cuevas, aunque también cuentan de ellos que no tardaron en adaptarse a la vida de la nueva capital y que cuando llegaron ya adoraban a algunos dioses antiguos.

Así mismo, otro grupo de emigrantes otomíes eran considerados como aspirantes al poder. Se establecieron en Xaltocan, al norte de la ciudad de México, e hicieron de ella su capital. Al contrario que los chichimecas, los otomíes hablaban su propio idioma y eran algo más civilizados, con una sociedad jerarquizada que contaba con nobles y sacerdotes. Pero ninguno de los dos grupos más importantes entre los recién llegados, los chichimecas de Xólotl o los otomíes, consiguieron arrebatar la influencia que ejercía Culhuacán tanto cultural como política. La relativa gloria de Tenayuca y Xaltocan resultó efímera, que a la larga fue oscurecida por la de otros dos grupos que durante esa época llegaron al Valle de México, los tepanecas y los acolhuas.

El primer asentamiento de los acolhuas lo eligieron al oriente del lago Tetzcoco, en la que sería su primera capital Coatlichan, para más tarde trasladarla a Tetzcoco. No fue hasta casi un siglo tras la caída de Tula,durante el reinado de Huetzin, de 1.253 a 1.274, cuando los acolhuas dieron su primer golpe de fuerza e intentaron crear un pequeño imperio, eso vino tras tomar Culhuacan y aliarse con  Tochintecuhtli, que traducido del náhuatl viene a significar Señor Conejo, gobernante de Tenayuca que había heredado el trono de los primeros reyes chichimecas. La alianza de estos dos mandatarios dio como fruto el dominio del valle central y hasta Tulancingo por el noreste, pero su intento imperialista no superó en vida a los dos aliados.

Por su parte, los tepanecas también eligieron su asentamiento en las orillas del lago Tetzcoco, aunque por su orilla occidental, en la que sería su capital Azcapotzalco. El señorío tepaneca no tuvo en un principio un papel importante en la política de la región, sin embargo, a partir del año 1.300 su capital Azcapotzalco le fue robando protagonismo a Tenayuca y, sirviéndose del modelo de los toltecas, para mediados del siglo XIV habían formado una nueva alianza que les proporcionó el reparto del dominio en el valle. Aquella nueva alianza de tres, además de Azcapotzalco, la componían los culhuas de Culhuacán y el reino de Coatlinchan, capital de los acolhuas. El segundo siglo de la era postolteca se iba consumiendo y los tepanecas continuaban su carrera vertiginosa, al tiempo que preparaban el camino para los que quedaban por llegar, la última de las tribus chichimecas que salieron de las Siete Cuevas legendarias, los mexicas.

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domingo, 15 de julio de 2012

Cultura mexica ( I )


Junto con los mayas, el de los mexicas es el tema más estudiado en la historiografía mesoamericana. Sin embargo, a diferencia de la cultura de sus vecinos del sur, esta del Altiplano Central nos dejó más datos en los que recrearnos arqueológicamente. No solo porque la cultura mexica condesó, más que ninguna otra, una rica y compleja tradición religiosa, política, cosmológica, astronómica, filosófica y artística, heredada de un largo cúmulo de sabiduría y experiencia que atesoraron durante siglos, sino porque todo ese saber aún estaba latente, vivo, cuando la Conquista Española comenzó. Esta circunstancia permitió que se conservaran fuentes documentales y arqueológicas que, junto a los testimonios recogidos por muchos supervivientes tras la Conquista de México en las crónicas, ha permitido que conozcamos más y mejor a este pueblo.

El pueblo mexica es conocido tradicionalmente también como azteca, no obstante habría que subrayar una necesaria aclaración, el Imperio Azteca fue el fruto de la unión de varios pueblos, en la que los mexicas fueron determinantes hasta conseguir el poderío que los convirtió en uno de los Estados más extensos que conoció Mesoamérica. Según la mitología de los mexicas, aztecas o tenochcas, como también se les conoce,  fue el último de los grupos nahuatlacos en llegar a la cuenca de México, procedentes de un lugar mítico conocido por Chicomóztoc, "lugar de las siete cuevas", sitio relacionado con Aztlán, de donde procede el gentilicio azteca. La mítica Aztlán es uno de los grandes enigmas mesoamericanos, un lugar desconocido que no pone de acuerdo a estudiosos en situar su punto geográfico. En lo que sí parece haber consenso entre los investigadores es que el etnónimo azteca es el resultado posterior de la popularización que de él hicieron los investigadores muy posteriores a su tiempo, pues, apoyados en las crónicas que en todo momento los nombran como mexicanos o los de México, los mexicas no se llamaban así mismo como aztecas.

Situación geográfica

El territorio que dominaron los mexicas se extendió mucho más allá de los límites que marcaban el pequeño islote ubicado al occidente del Lago de Texcoco, en el que se asentaron tras su largo peregrinar desde Aztlán y donde fundaron su capital Mexico-Tenochtitlan. El dominio mexica ocupó un territorio amplio dentro de la actual República Mexicana en su parte centro y sur, que se extendía desde el poniente del Valle de Toluca y abarcaba casi todos los estados de Veracruz, Puebla, Hidalgo, México y Morelos; gran parte de los estados de Oaxaca, Guerrero y la costa de Chiapas hasta la frontera con Guatemala. Sin embargo, dentro de toda esta extensión territorial quedaron fuera de su dominio varios territorios que se resistieron a su sometimiento, estos fueron: los señoríos de Meztitlán en Hidalgo, Teotitlán y Tututepec en Oaxaca, purépechas en Michoacán, Yopitzingo en Guerrero y Tlaxcala.

La Cuenca de México se localiza en la parte meridional del Altiplano Central, en la República Mexicana, cuya superficie ocupa más de 7.800 kilómetros cuadrados. La cuenca endorreica está limitada por cadenas de altas montañas en forma de anfiteatro: la Sierra Nevada al sur, al norte las bajas serranías de Pachuca y Tezontlalpan y la Sierra de las Cruces al poniente.

Nada tiene que ver el paisaje de hoy con aquél existente anterior a la llegada de los conquistadores españoles. Cuando los mexicas llegaron a la Cuenca fluía un gran número de arroyos y manantiales que alimentaban los cinco lagos, todos distintos en dimensiones así como en la calidad de sus aguas. De la misma manera, el paisaje cambiaba con las temporadas secas o lluviosas. En la primera, de septiembre a mayo, los lagos mermaban su profundidad de tres a un metro, mientras que en la época de lluvias los lagos se constituían en uno solo. El sistema lacustre lo integraban los lagos: Zumpango, Xaltocan, Texcoco, Xochimilco y Chalco. Los dos últimos recibían el agua de los deshielos y de los manantiales cercanos, eran idóneos para el cultivo en chinampas. El Tetzcoco, el más grande de los cinco y cuyas aguas eran salobres por los materiales erosionados de la Sierra Nevada, estaba separado de los otros dos anteriores por la península de Santa Catarina. Su situación tres metros más bajo hacía que se vertieran en él sus aguas en épocas lluviosas, a través de un estrecho entre el Cerro de la Estrella y Coyoacán. Al norte y a mayor altitud se situaban las aguas dulces de los lagos Zumpango y Xaltocan.

En esta geografía lacustre, entre sus riberas pantanosas y sus aguas someras, la vegetación característica se componía principalmente de tulares, carrizos, ahuejotes y lirios; entre los que proliferaban un gran número de moluscos, peces, anfibios y aves. Más arriba, entre los 2.270 y los 2.275 metros por encima del nivel del mar, la zona de somonte ofrecía unas tierras fértiles propicias para agricultura extensiva y el desarrollo de bosques de fresnos y encinos, así como de otros vegetales xerofíticos, donde abundaba la caza mayor.

No cabe duda de que, los primeros pobladores mexicas que eligieron aquellas tierras de la Cuenca, no solo lo hicieron por la profecía que les anunciaba el dios de la tribu Huitzilopochtli, un islote donde un águila y una serpiente luchaban sobre un nopal, sino también porque vieron allí un lugar ideal, donde la fertilidad de sus tierras en cada uno de sus ecosistemas se les ofrecía como un sitio sumamente atractivo para el poblamiento humano.





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domingo, 8 de julio de 2012

Cultura tolteca ( IX )



Pintura y cerámica y otras artes menores

En la pintura tolteca no existen ejemplos significativos que nos puedan servir de guía, como ocurre con otras culturas en las que los murales adquieren un protagonismo claro, para hacernos una idea de la importancia de este arte. No obstante, la falta de grandes murales no excluye lo pictórico de las expresiones artísticas toltecas, se sabe que muy probablemente utilizaron la técnica del fresco, por los restos encontrados, que por otra parte no son lo suficiente significativos como para realizar estudios que nos revelen y permitan conocer más detalles sobre las técnicas e iconografía tolteca.

Son dos los soportes más generalizados y utilizados para el desarrollo de la pintura, al menos es en ellos donde se han encontrado más restos arqueológicos, en los bajorrelieves utilizados en la arquitectura y en su cerámica policromada.

En el arte cerámico destacan varios estilos, entre ellos el conocido como Coyotlatelco, el más antiguo y que antecede a la fundación de Tula. Se caracteriza por el color rojo y café de sus vasijas. El estilo Mazapa surge más tarde y le debe el nombre a que fue en este lugar donde se localizaron los primeros hallazgos, muy cerca de Teotihuacan. Esta cerámica parece estar muy vinculada con la de Michoacán y, por su dispersión por gran parte de Mesoamérica, se asocia a la expansión política de los toltecas. Entre sus formas destacan escudillas con su interior decorado con líneas rectas y onduladas pintadas en rojo intenso.

A la par del estilo de Mazapa existe la cerámica plomiza llamada Plumbate, que junto con la anaranjada se encuentra más hacia el sur, en el estado de Veracruz, y llega hasta Chichén Itzá. La Plumbate es una de las pocas alfarerías del Nuevo Mundo con superficies aparentemente vidriadas, debido a los pigmentos naturales que componen sus pinturas y a su cocción, realizada a altas temperaturas.


En lo referente a otras artes menores destacan el hallazgo de dos placas de jade de tamaño regular que contiene esculpida en bajorrelieve la representación de un sacerdote al estilo típico tolteca. También en concha se descubrió otra placa esculpida incompleta, con una cabeza de un personaje de perfil. Así mismo sobresalen en este apartado varios collares de cuentas esféricas de jade y piedra verde, junto a numerosas plaquitas de concha y turquesa que destapan la posibilidad de que también fabricaban objetos recubiertos con mosaico.

Pero si existe un detalle que realmente llame la atención y que resulta inexplicable es la ausencia de objetos de metal durante el periodo en el que se desarrolló esta cultura. El periodo tolteca coincidió con la época del empleo del oro, de la plata y del cobre, en otras regiones como la Mixteca y Michoacán. Todos los objetos de metal que hasta el momento han encontrado los arqueólogos corresponden al periodo mexica, lo que explica dos motivos, que no tuvieron suerte hasta el momento en su localización o que realmente el uso del metal fuese más tardío de lo que se estima.

Decadencia y colapso de Tula

Todo indica a una serie de factores como los causantes principales que ocasionaron la caída de la capital Tula y con ella el Estado tolteca, a finales del siglo XII d. C. Entre los factores internos se arropa la posibilidad de que las limitaciones tecnológicas no permitieran cubrir las necesidades alimenticias que la población demandaba, que conjugaron con otros de naturaleza externa como el surgimiento de nuevos centros de poder en áreas vecinas que comenzaron a rivalizar con Tula o los movimientos migratorios de grupos ajenos al área. Todo ello parece que dio origen al cóctel de la decadencia del que bebió la cultura tolteca y que provocó su colapso.

Sin embargo, no existen pruebas concretas de una repentina disminución de población o el abandono de Tula por parte de sus ciudadanos. Realmente se duda de que el final de Tula tuviese un parecido con lo ocurrido con Teotihuacan, aunque decayera su dominio y se esfumara su grandeza.  Lo que sí se tiene por certeza es que para el siglo XIV la región estaba bajo el control de los tapanecas de Azcapotzalco y que para entonces ya había perdido su importancia como centro de poder; a la caída de Azcapotzalco quedó sometida a los dominios de los mexicas.


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domingo, 1 de julio de 2012

Cultura tolteca ( VIII )


Arte

 Aunque originariamente el gentilicio tolteca era designado para los nativos de los lugares llamados Tollan, con el paso del tiempo y durante la época mexica pasó a ser sinónimo de artesano o artista. Una desviación del significado debido a la relación mitológica Tollan, establecida entre Xicocotitlan y la mítica. No obstante, el arte de los toltecas quedó plasmado en sus diferentes expresiones. Fueron notables arquitectos y como ejemplo quedan las extraordinarias pirámides que llenan la región que habitaron; grandes maestros en la escultura, que usaron para adornar sus monumentos, como estatuas sueltas y en las estelas; de igual manera destacaron en la pintura, de las que aún hoy podemos disfrutar en los restos de sus obras, donde se aprecia el dominio del la línea y el color. También fueron excelentes ceramistas, joyeros, tejedores y bordadores, así como expertos en el arte de la escritura, la astronomía, las matemáticas o en el calendario y el sistema de medición del tiempo e interpretación de los días propicios o nefastos, por los que se regulaban la vida de la sociedad.

Arquitectura

 En este apartado fueron los que marcaron el camino, los que introdujeron la forma característica de toda la arquitectura mexicana precolombina. Sus construcciones revolucionaron las normas arquitectónicas establecidas en toda Mesoamérica hasta ese entonces. Su nuevo concepto del espacio interior es considerada su mayor aportación, la de numerosos soportes aislados que lograban trazar amplias salas basadas en columnatas que anteriormente apenas se utilizaban.

 Los restos de la ciudad de Tula demuestran que los arquitectos toltecas fueron hábiles y supieron integrar con estilo propio los elementos decorativos en sus construcciones, como el uso del tablero y el talud, de origen teotihuacano. Sin embargo, aunque la arquitectura de Tula es de una concepción majestuosa, su realización no pasa del calificativo de mediocre. En sus monumentos, el núcleo está hecho con capas de piedra colocadas sin tierra hasta conseguir el volumen deseado, a continuación se levantaban los muros de contención en talud con piedras y barro, una composición que le daba mayor estabilidad a la edificación. Sobre estos se colocaba un tablero con talud decorado con losas esculpidas, relieves que representan a dioses y animales sagrados. La influencia del arte teotihuacano se refleja claramente en muchos de los elementos decorativos que muestran sus construcciones: tigres en procesión, pájaros, mariposas, serpientes o águilas. El detalle más evidente de esta analogía lo observamos en los tigres de Tula, los que llevan al cuello un collar vinculado al dios Xipe Tótec.

 Al margen de la carencia de cimientos en los edificios de Tula, una costumbre muy compartida con las técnicas de construcción en Mesoamérica, en la capital tolteca los soportes aislados tuvieron una base de enorme eficacia que dieron estabilidad a las construcciones, en forma de gran piedra plana, rectangular o circular, con el doble de ancho aproximadamente del pilar soportado. Por lo general los edificios fueron edificados con base de adobe, salvo excepciones de los grandes basamentos y algunas estructuras ceremoniales, una técnica nada conveniente cuando tenían que soportar pesados techos de mampostería. Una característica errónea que no pasaba desapercibida para los arquitectos, que trataban de enmendarla colocando grandes postes verticales de madera a manera de castillos y que se encargaban de soportar las vigas maestras de la techumbre.

 Escultura

 La escultura y el relieve están muy ligados a la arquitectura. En este campo destaca sobremanera el Chac Mool, la gran figura en piedra que, en forma reclinada, se muestra sentada con un recipiente sostenido en el vientre y con la cabeza inclinada, mirando hacia un costado. Es sin duda una de las figuras representativas de la cultura tolteca.

 La escultura es la expresión artística a la que más innovaciones aportaron los toltecas. En este arte añadieron una serie de estatuas funcionales novedosas para los antiguos habitantes del Altiplano Central. Entre ellas destacan los cariátides, los atlantes, los postaestandartes, las columnas en forma de serpiente emplumada y los chac moles. Generalmente, las de mayor tamaño se esculpieron en piedra basáltica de gran dureza, mientras que las piedras calizas más blandas fueron las elegidas para las losas y almenas.

 Los estudios arquitectónicos realizados sobre los cariátides y los pilares, que comparten la misma altura de 4.6 m., revelan que el proceso de realización se dividía en cuatro secciones y colocados uno encima de otro, por su parte las losas fueron talladas en otros lugares, como demuestran que el desarrollo del motivo no concuerda bien en algunos casos por el mal emplazamiento de varias piezas. Sobre los famosos guerreros cariátides, únicos en todo el continente americano, se pensó en un principio que eran grandes ídolos, hasta que los estudios dieron paso a la conclusión de que se trataban de soportes enormes, cuyas cabezas sostenían las vigas que formaban el techo.

 En cuanto a los atlantes, que en total son cuatro los encontrados completos, son el puro reflejo de lo militarizada que estaba la sociedad tolteca y de cuáles eran los atuendos que portaban los guerreros. Entre su indumentaria se acostumbraba a portar una gruesa capa de algodón en su brazo izquierdo como defensa contra las flechas, así como un escudo redondo sobre las espaldas. En los pies sus sandalias se decoraban con la serpiente emplumada y en sus cabezas un tocado o sombrero cilíndrico a la manera que muestran las esculturas. En el pecho aparece tallado el emblema estilizado de la mariposa.

 Tanto en bulto como en bajorrelieve, las esculturas toltecas estaban policromadas, como muestran todavía algunos restos que conservan su color original, así como los muros interiores de los aposentos, pintados en la parte inferior con múltiples franjas horizontales de diferentes colores y en la parte superior representaciones humanas.

 A pesar de lo monumental, la mayoría de las obras escultóricas de los toltecas son de poca calidad artística, probablemente debido al poco tiempo destinado a su realización y a la cantidad y diferente capacidad de los obreros que las tallaron y esculpieron, muchos de ellos se especula con la posibilidad de que fuesen niños.



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