domingo, 29 de abril de 2012

El Posclásico cultural del Centro de México (Cultura tolteca I )



El pueblo tolteca desarrolló su cultura durante el periodo Posclásico Temprano, en la subárea mesoamericana del Altiplano Central. Su foco principal estuvo en Tollan-Xicocotitlan, la que se constituyó como capital del estado, que al castellanizarla derivó en el nombre de Tula. En esta ciudad, una de las más famosas de Mesoamérica antes de la fundación de México-Tenochtitlan, se asentó el principal poder político de los valles de México y Puebla-Tlaxcala entre los siglos X y XII de nuestra era. La influencia de su poder no se limitó a la región del Centro de México, sino que alcanzó lugares tan distantes como el actual estado de Zacatecas, la Península de Yucatán, El Salvador o Nicaragua.

El gentilicio tolteca deriva del náhuatl toltécatl, que tiene su origen en la designación que le daban a los nativos que vivían en lugares llamados Tollan. Esta palabra, cuyo significado es "lugar de tules o juncos", otorgaba a la capital de los toltecas un nombre simbólico, pero también significaba "ciudad" y los mexicas a veces de igual modo se lo aplicaban a su propia capital, Cholula, o incluso a Teotihuacan, retrospectivamente. Así mismo, durante la época mexica, estos le dieron a la palabra Tollan un significado diferente, sinónimo de artista o artesano.

Tula se encuentra geográficamente enclavada en el actual estado de Hidalgo, a 138 kilómetros de la ciudad de México. El sitio arqueológico de la que fue capital de la civilización tolteca se localiza colindando con el lado noroeste de la ciudad de Tula de Allende, situada en la región conocida como Teotlalpan, contigua al Valle de México.

Desarrollo histórico

 Sí es verdad que, al contrario de otras culturas de las que no quedó ninguna información escrita y se tuvo que hacer uso de la arqueología para encontrar datos fiables que nos centraran en la historia de Mesoamérica, en esta de los toltecas quedaron muchas referencias en las crónicas de los primeros tiempos de la conquista española y posterior a ella, aunque también es cierto que su contenido es más rico en mitología que en historia. Los estudios arqueológicos realizados han dado como resultado la certeza de que en la época de Teotihuacan la región de Tula estaba poco poblada. El desarrollo histórico de la civilización Tolteca se dio fundamentalmente entre los años 830 y 1174 de nuestra era, a partir de esta fecha Tula comenzó a decaer y sus pobladores comenzaron a abandonarla, dispersándose por diferentes direcciones, Puebla, Tlaxcala, y ocuparon Cholula.

Sin embargo, la cronología del grupo étnico se dilata en la historia mucho más allá de la fundación de la mítica Tollan-Xicocotitlan. Cronológicamente, tanto la mitología como los estudios arqueológicos coinciden en que los primeros grupos que se asentaron en Tula llegaron antes a el Bajío, donde se establecieron entre los años 700 y 800, según indican restos de un tipo de cerámica que se hacía en esta región situada al noroeste de Tula, más antigua a la fundación de la capital tolteca y que aquella gente llevo consigo.

Aunque la fecha de la fundación de Tula no se conoce con certeza, sí se sabe por las crónicas del Valle de México que fue el gran conquistador chichimeca Mixcóatl (Serpiente de nubes) quien invadió el valle y fundó el señorío tolteca en el año 804, donde construyó su primera capital Culhuacán. Hasta esta región del Centro de México llegaron un grupo de tribus chichimecas probablemente procedentes del noroeste de México, tal vez de Tultitlan, ciudad zacatecana conocida como La Quemada. Las tierras que Mixcóatl conquistó a los otomíes para el señorío tolteca integran el actual estado de Morelos, Toluca y Teotlapan.

Fray Bernardino de Sahagún relata en sus crónicas que el gran conquistador chichimeca Serpiente de nubes conoció a Chimalma ("La que porta el escudo" o "Mujer guerrera"), de la que quedó prendado y con la que tuvo un hijo, pero fue antes de que éste naciera cuando a Mixcóatl lo asesinó uno de sus enemigos. Entonces el trono tolteca lo usurpó Ihuitímal y Chimalma fue a refugiarse con sus padres en Tepoztlán, en el estado de Morelos.

Chimalma murió al dar a luz y por este hecho se convirtió en una cihuateteo, quedando consagrada como una de las deidades del poniente. Por su parte, Ce-Acatl Topiltzin fue el nombre que recibió el niño (1-caña, por haber nacido en el año de ese signo, y Topiltzin "Nuestro príncipe"), el primer personaje de carne y hueso que recoge la historia de México.


Fueron sus abuelos los que se encargaron de su crianza y educación, bajo la influencia del culto al dios Quetzalcóatl ("Serpiente emplumada") que se mantenía en Tepoztlán, culto que no solo adoptó Topiltzin sino que además se convirtió en sumo sacerdote de dicha deidad, adoptando también el nombre de Quetzalcóatl.

El hijo de Mixcóatl y Chimalma se transformó en un hombre relevante y un grupo tolteca-chichimeca que le era fiel como heredero legítimo le apoyó para que reclamara el trono de su padre. Se enfrentó al usurpador y, tras vencerlo, se erigió en el señor de los toltecas y trasladó la capital del señorío a Tollan-Xicocotitlan...

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sábado, 21 de abril de 2012

Ciudades herederas de Teotihuacan (Teotenango)


Teotenango

Como he apuntado en otras ocasiones, la arqueología es la base de todos los datos que recopilamos del Epiclásico, es el único camino para entender la historia mesoamericana ante la falta de información escrita durante este periodo. Sin embargo, también surge la excepción, en el caso de Teotenango nos encontramos con que a la llegada de los conquistadores aún latía como ciudad viva, lo que permitió al cronista del siglo XVI, Francisco Chimalpahin, dejar detalladamente escrito cuales y cómo eran las costumbres y formas de vida de sus pobladores. Por sus crónicas sabemos que Teotenango fue rival de Tula, por el esplendor de sus monumentos.

El nombre de Teotenango tiene su origen en tres palabras del náhuatl: "tehotl" (dios, sagrado, divino), "tenamitl" (muro o fortificación) y "co" (lugar o en). Su traducción nos da diferentes posibilidades, que pueden ser "en el lugar del muro divino", "en el lugar de la fortificación" o "en el lugar de todos los dioses". Pero por si este ramillete de posibilidades no fuese suficiente, Chimalpahin nos deja otra opción en sus crónicas sobre Amaquemecan, una de las Cabeceras de la Confederación Chalca (Chalcayotl), en las que menciona que este sitio fue conocido como "Cozcuauhtenanco (lugar amurallado de los buitres), en honor a los guerreros teotenaca-matlatzinca que protegían la ciudad.


El sitio arqueológico de Teotenango se sitúa sobre una loma volcánica, el cerro de Tetépetl, al oeste de la localidad de Tenango del Valle ó Tenango de Arista, entre 70 y 250 m. de altitud, en el Valle de Toluca, en el Estado de México. La ciudad fue fundada por los teotenancas en el último periodo de Teotihuacan, sin embargo, fueron los matlatzincas la que la conquistaron poco tiempo después y los que la expandieron. Su existencia como ciudad superó los 1.000 años, hasta después de la conquista del Imperio Azteca, cuando fue abandonada.

La situación de la ciudad es claramente defensiva, un núcleo fortificado protegido por los flancos abruptos del cerro, además de taludes, fosos, albarradas y una muralla. En su máximo apogeo, entre los años 900 y 1.162, la ciudad llegó a abarcar 1.65 kilómetros cuadrados de extensión y estaba densamente poblada. Formada por plataformas piramidales, palacios, juegos de pelota, estructuras defensivas y sistemas de drenaje y agua que recogían de un grupo de manantiales que abastecía a toda la ciudad. La calle principal recibe el nombre de La Rana, que con sus 1.400 metros de longitud unía las aldeas del fondo del valle con la parte alta del cerro.


El valle de Toluca fungió como zona de asentamientos para un número importante de grupos étnicos. En esta región tuvieron su nicho varias culturas formadas por los grupos nahuas, los tlahuicas y los matlatzincas. El desarrollo económico y cultural de estas culturas estuvo marcado fuertemente por los recursos naturales existentes en la zona, además de las influencias que llegaron a través del comercio por las rutas que llegaban hasta las zonas tropicales del sur y el oeste de México. Estas puertas comerciales permitieron el acceso a otros productos como la sal, frutas tropicales, piedras semipreciosas y productos del mar como las conchas.

Durante los más de 1.000 años de existencia de Teotenango, la ciudad experimentó cinco periodos de ocupación y desarrollo que finalizó cuando los españoles forzaron la reubicación de la población hacia el valle contiguo. Los primeros asentamientos no comenzaron en la loma de Tetépetl, lejos de lo que pudiera aparentar los primeros pobladores se asentaron en un lugar del valle al norte del cerro, conocido como Ojo de agua. Fue una tribu Otomí a la que poco más tarde se le unieron emigrantes teotihuacanos en plena decadencia de la gran urbe, lo que dio a formar el grupo conocido como Teotenancas. Este primer periodo se dio entre los años 650 y 750 de nuestra era.

Entre el 750 y el 950 comienza la segunda etapa con la extensión ocupacional del mismo grupo que simultáneamente se asentaba en Ojo de agua y la zona más al norte de la loma de Tetépetl. Es en este periodo cuando comienzan las primeras edificaciones, entre ellas el temazcal, las estructuras 2C y 3C y algunas otras edificaciones que sirvieron de base para las estructuras de los conjuntos A y C. La influencia de Teotihuacan se deja ver en algunas de estas edificaciones, en las que aparecen ladrillos de adobe y los muros inclinados soportando muros verticales.


El tercer periodo, 900 - 1.162, continúa con la misma línea de desarrollo arquitectónico que el anterior, en él se construyeron la mayoría de las estructuras del centro ceremonial, entre ellas las bases piramidales para los templos, el juego de pelota, la base serpentuada y algunas casas.

La conquista y ocupación de la ciudad por parte de los matlatzintlas es la que caracteriza este cuarto periodo, que se desarrolla entre los años 1.162 y 1.476. El nuevo grupo dominante también agregó nuevas construcciones al templo ceremonial y ampliaron antiguas estructuras así como las construcciones de fortificación masiva, entre ellas la muralla al lado oeste de la ciudad. Durante esta etapa la población de la ciudad se incrementó notoriamente hacia el sur y el espacio de dominio matlatzintla se extendió hacia la totalidad del Valle de Toluca, con los centros principales de Toluca, Calixtlahuca y Tenancingo.

La conquista de Teotenango por parte del emperador azteca Axayacatl es la que marca el comienzo del quinto y último periodo, entre los años 1.474 y 1550. El valle queda bajo el dominio azteca y también bajo su influencia la arquitectura de la ciudad cambia de fisonomía, como se observa en el edificio 1C y en la escalinata construida sobre el muro defensivo oeste. Durante estos años el valle se convirtió en un punto de control importante y en una fuente de tributo de los recursos con destino a Tenochtitlan, así como en escenario de frecuentes guerras entre aztecas y purépechas. Hacia 1.550 la ciudad quedó totalmente abandonada, cuando concluyó la reubicación de la población a la nueva villa colonial Tenango del Valle.


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sábado, 14 de abril de 2012

Ciudades herederas de Teotihuacan (Cacaxtla)


Cacaxtla

Cacaxtla tuvo en el Epiclásico su etapa más prospera, desde el año 600 al 900, en la que dominó enclavada en el valle poblano-tlaxcalteca, sobre un macizo de sierra delimitada por los ríos Zahuapan y Atoyac. Un lugar fértil que encontró en el agua a su mejor aliado para la agricultura intensiva, que propiciaba el desbordamiento del río Atoyac. La laguna del Rosario que proporcionaba peces, así como la densa zona de bosques regada por manantiales aportaba todo lo necesario para que en el sitio se dieran los primeros asentamientos allá por el año 300 d. C.

Cacaxtla proviene de la palabra náhuatl cacaxtli o cacaxtle, que se refiere a los canastos de viaje que usaban los mercaderes para transportar sus mercancías. Su significado es "lugar de los cacaxtli" o "el lugar del morral del mercader", ubicada en una privilegiada situación geográfica, a escasa distancia de la población de San Miguel del Milagro, en el estado mexicano de Tlaxcala.

A partir de la caída de la cercana ciudad de Cholula, en la que muy probablemente los cacaxtlecas debieron de participar en el año 600 aproximadamente, la ciudad acaparó todo el poder de esa parte del valle de Puebla-Tlaxcala hasta el 900, año en el que comenzó a decaer hasta el 1000, en el que fue abandonada.

A mitad de ese periodo de hegemonía absoluta en la región, alrededor del año 800, cuando las ciudades mayas del Clásico asumían el poder y Teotihuacan empezó a apagarse, en el Centro de México algunos centros desarrollaron culturas de carácter regional influenciados por otras culturas procedentes de otras áreas mesoamericanas. Algunos investigadores aseguran que hasta Cacaxtla llegaron gentes de filiación olmeca-xicalanca u olmecas tardíos, pertenecientes a una comunidad de mercaderes y guerreros que procedían de la Costa del Golfo.

Se cree que Cacaxtla fue la capital del pueblo olmeca-xicalanca, a los que no se deben de confundir con la cultura arqueológica olmeca. Para los arqueólogos, cabe la posibilidad de que los primeros pobladores de Cacaxtla fueran descendientes de los olmecas o de los mayas, que llegarían desde la Costa del Golfo y de la Península de Yucatán respectivamente alrededor del año 400. El término olmeca-xicalanca se le atribuye al historiador talxcalteca Diego Muñoz Camargo, quien lo empleó por primera vez para referirse a este pueblo a finales del siglo XVI, cuando describió a Cacaxtla como principal asentamiento de los olmecas-xicalancas.

El apogeo de Cacaxtla no hizo que los habitantes se concentraran en la ciudad sino todo lo contrario, se dio una dispersión de tipo rural que se repartió en 200 poblados aproximadamente. A causa de esto, las suposiciones que se tienen son las de la existencia de varios gobernantes con derechos muy similares, lo que propiciaría una polarización de poder cuyo resultado sería la proliferación de conflictos internos, provocado por un incipiente militarismo. Esta es la respuesta que los arqueólogos encuentran a la presencia de fortificaciones, lo que deja intuir la preeminencia que adquiriría la figura del guerrero, institucionalizándola socialmente. Estas estimaciones son las que reflejan las pinturas murales de la ciudad arqueológica, las que también dejan entrever que la guerra tenía como máxima finalidad la de obtener el mayor número de prisioneros a sacrificar, una característica análoga a lo que sucedió durante la última fase de la civilización maya.

La arquitectura de Cacaxtla es la de una ciudad palaciega fortificada de forma rectangular, con alrededor de 1700 m. de largo por 800 m. de ancho. Compuesta de amplias y altas plataformas con escalones que se encargan de nivelar el terreno, entre las que se construyeron profundos fosos con la intención de defenderse del enemigo y edificios sobre las terrazas. El edificio principal, el Gran Basamento, es una estructura piramidal con cinco pilares centrales, en cuyo interior se encuentran otras construcciones anteriores como el Patio Hundido, el Montículo Y, el edificio C, las Conejeras y el edificio B. Las construcciones de esta ciudad estaban decoradas con bajorrelieves en barro y comparten una característica compuesta de un pórtico al frente y un pequeño recinto en la parte posterior.

De todas las expresiones artísticas encontradas en la cultura de este pueblo cabe destacar sus pinturas murales. La importancia de este arte pictórico está, además de en su calidad, en la gran cantidad, entre 750 y 850, con técnicas combinadas entre la maya y la teotihuacana, las del fresco con pigmentos de colores como el rojo, azul, amarillo, blanco y negro. Sus temas representados son bélicos, con guerreros a tamaño natural que van suntuosamente vestidos, tanto vencedores como vencidos, y escenas de carácter mitológico (hombre-pájaro y hombre-jaguar). También destacan símbolos de una escritura en glifos, aún por descifrar, que presenta similitudes con los de Teotihuacan , los zapotecas y los mixtecas de Oaxaca.

Sobre los autores de estos magníficos murales no hay nada claro, con distintas teorías, entre las que destacan que pudieran haber sido de origen maya, artistas independientes contratados por los gobernantes del sitio, o tal vez fueron los mismos olmeca-xicalancas, cuyas tradiciones estaban inmersas entre las mayas y las del altiplano. Lo cierto e importante de todo esto es el interesantísimo bagaje cultural que nos dejaron, envuelto en un aura intercultural que nos habla de una realidad poblacional compuesta de diversas etnias.


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martes, 3 de abril de 2012

Ciudades herederas de Teotihuacan (Xochicalco)


Xochicalco

El recinto arqueológico de lo que en su día fue la ciudad de Xochicalco, se sitúa ubicada geográficamente en el estado mexicano de Morelos, a sólo 38 km. de Cuernavaca. Una de las ciudades herederas de Teotihuacan, que en tan sólo 250 años como tal logró convertirse en una de las principales de Mesoamérica. Sin embargo, pese a su dominio sobre todo el Valle del Amacuzac y la extensa red comercial que consiguió tejer en tan relativamente corto tiempo, que llegaba hasta la zona maya, no pudo impedir su trágico y precoz declive.

La existencia y desarrollo de Xochicalco está relacionada directamente con Teotihuacan. Su apogeo tuvo lugar en el periodo Clásico Tardío, entre los años 650 y 900 de nuestra era, y para muchos arqueólogos está considerada como una ciudad híbrida entre Teotihuacan y Monte Albán. Xochicalco, que significa "En el lugar de la casa de las flores", fue construida sobre un conjunto de cerros de baja altura, lo que invita a pensar que fue ideada como ciudad-fortaleza, en la época de militarización mesoamericana. La Bodega, La Malinche y Xochicalco son los nombres de los tres cerros donde se levantó la ciudad, sobre una modificación del terreno que consistió en el nivelado del cerro que le da nombre a la metrópolis, en él se construyeron los edificios más importantes y en su ladera se levantaron casas y se conformaron terrazas para el cultivo.

Para algunos arqueólogos, como es el caso de Román Piña Chan, Xochicalco es la mítica Tamoanchan, la ciudad de los relatos prehispánicos, donde los sabios arreglaban los calendarios religiosos y civiles y donde surgió el mito de la serpiente emplumada, Quetzalcóatl. Unas estimaciones apoyadas en la existencia de la Pirámide de la Serpiente Emplumada y de las tres estelas que representan distintos aspectos de Quetzalcóatl. Se sabe que en el año 650 la ciudad vivió un acontecimiento histórico, fue sede de un congreso donde se reunieron los sabios provenientes de lugares lejanos buscando una unificación calendárica.

A la caída de Teotihuacan, Xochicalco se convirtió en el principal centro mercantil de la región debido a su ubicación estratégica, situada en el paso de las rutas del Altiplano Central con otras regiones más distantes como Oaxaca y Veracruz, por donde se traficaba con el algodón, cacao, piedras preciosas, plumas y obsidiana. También alrededor de esta ciudad existen muchas dudas, muchas teorías o hipótesis de cuales fueron las causas que la llevaron a un ocaso tan temprano, cuando reunía tantos condicionantes a su favor.

En cuanto a su creación y desarrollo, de una manera u otra, se le relaciona directamente con la gran urbe mesoamericana. Mientras que algunos investigadores plantean la posibilidad de que fue la propia población teotihuacana la que se trasladó a Xochicalco para ocupar el vacío político y económico sufrido por la decadencia de la capital, por otro lado, otras voces le dan la vuelta a la teoría para colocar a Xochicalco como una de las causantes del declive de Teotihuacan (junto con El Tajín, Veracruz, Cholula y Puebla), por arrebatarle el importante papel y convertirse en el centro económico y comercial de la región.

Una tercera teoría es la que plantea el investigador Enrique Nalda, quien opina que el proceso de militarización que sufrió la región al final del Clásico fue la causante de que las regiones cercanas se vieran acosadas, con el propósito de obtener de ellas los recursos que anteriormente se obtenían de manera inmediata. Esto aclararía en parte el por qué de la fortificación de Xochicalco y de su corta ocupación como centro urbano, que perdió su función principal cuando Teotihuacan dejó de significar un peligro potencial.

En cuanto a su repentino final, una de las opiniones más fiables es la del investigador Norberto Gonzáles Crespo, responsable de los trabajos de exploración del sitio arqueológico desde hace más de veinte años. Gonzáles crespo postula que el final de la ciudad fue particularmente dramático, víctima del fuego como lo fueron otras ciudades mesoamericanas como Teotihuacan y La Quemada, que se evidencia en dos hipótesis probables como causas del suceso.

Una de esas causas apunta a una disputa entre dos grupos de poder, mientras que la otra pudo deberse a una revuelta popular, o quién sabe, quizás fueron las dos a la par. En el caso de la primera hipótesis hay que situarse en un contexto caracterizado por la inestabilidad política y económica y la creciente militarización en el área mesoamericana.

La gran cantidad de carbón encontrada en el área central de Xochicalco, así como la mutilación y dispersión de esculturas y otros elementos sagrados, en contraste con los espacios habitacionales de las clases inferiores que se encuentran en su sitio, indican que muy probablemente hubo un gran incendio en el lugar al mismo tiempo que pudo generarse una rebelión popular. Las viviendas de las clases inferiores no muestran indicios de violencia, por lo que se supone que fueron abandonadas paulatinamente. Así mismo, la falta de joyas en la acrópolis entre la clase dominante, acostumbrada a ir adornada, confirma que hubo saqueo.

Xochicalco es una de las metrópolis mesoamericanas con mayor construcción por metro cuadrado, lo que supone que tuvieron que trabajar mucho, una mano de obra constante y ardua, y pagar muchos impuestos y tributos para levantar tanto en tan sólo dos siglos, lo que invita a pensar en un descontento generalizado. Paradójicamente, la ciudad fortificada ideada para defenderse de los enemigos externos, y a pesar de su rivalidad con otras ciudades de Mesoamérica como Teotenango, Cantona, Palenque y Copán, sucumbió por causas internas y en pleno apogeo, cuando tenía alrededor de 25 mil habitantes.


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