jueves, 26 de enero de 2012

El Clásico cultural del Centro de México (Teotihuacan)


Teotihuacan es la ciudad enigmática y mítica por antonomasia de Mesoamérica, esto tiene una mayor importancia si tenemos en cuenta que la superárea cultural está toda sembrada de ciudades rodeadas de mitos y misterios. La capital teotihuacana tiene en común con todas esas otras ciudades llenas de interrogaciones que cayó en decadencia, que desapareció, mucho antes de que los conquistadores españoles llegaran al continente americano. De haber sucedido la conquista anteriormente quizás tendríamos más información al respecto, como sucedió con otras culturas más recientes cuyas historias quedaron registradas en textos, pero con toda seguridad nos hubiésemos perdido todo el impresionante desarrollo cultural que llegaría después del esplendor y decadencia de esta ciudad mítica.

A pesar de ser posiblemente una de las ciudades posiblemente más y mejor estudiadas de la Mesoamérica prehispánica, no se han obtenido todos los resultados que se hubiesen deseado respecto a su cultura. Apenas se conocen datos sobre sus antiguos constructores, creencias religiosas o idioma, de la ciudad que fue epicentro de la cultura y el comercio de la antigua Mesoamérica. Esta gran civilización que llegó a dominar culturalmente el valle de México durante casi un milenio se reveló como una de las influencias culturales más importantes de las civilizaciones de América Central y Norteamérica. Teotihuacan fue una de las ciudades más grandes del mundo antiguo, superando en tamaño a la antigua capital del imperio romano, Roma.

Su localización geográfica se sitúa en el actual estado de México, en el Valle de Teotihuacan, a 48 kilómetros de la capital de la República Mexicana, México, la antigua capital azteca Tenochtitlán. La mítica ciudad se erigió en un lugar estratégicamente privilegiado, en la ruta más fácil entre la Cuenca y el Valle de Puebla. Por contra tiene el paisaje, árido, aunque por aquellos tiempos del esplendor teotihuacano no lo era tanto como lo es hoy. Nunca fue un suelo fértil, excepto en el área favorecida por brotes de agua.

Las dudas y el desconocimiento siempre alimentan debates sobre supuestas teorías, unas más lógicas que otras, y esto es lo que ocurre respecto al origen de los fundadores de Teotihuacan. Algunas versiones apoyadas en textos de la época colonial opinan que los autores fueron los toltecas, basados en el Códice Florentino que le atribuyó la autoría a dicho pueblo. Sin embargo, como podemos comprobar tolteca generalmente significa en náhuatl "artesano del más alto nivel", por lo que no siempre se refiere a la civilización centrada en Tula, Hidalgo. Pero al margen de esta más que probable confusión, la cronología sitúa el florecimiento de la civilización tolteca siglos después del fin de la cultura teotihuacana, lo que los aleja de esta posibilidad. Por otro lado están los estudiosos que aseguran que fue el pueblo totonaca los que realmente fundaron la ciudad de Teotihuacan.

Sea cual sea la tesis acertada la no confirmación mantiene el debate en vivo, a lo que ni siquiera ayuda en el esclarecimiento su origen étnico, que también tiene sus variantes, náhuatl, otomí, totonacas y otros grupos étnicos. De lo que sí se tiene evidencia es de que muchas de las personas que vivían en la ciudad eran de zonas de influencia teotihuacana, mixtecos, zapotecos, mayas y otros. En lo que sí parecen estar de acuerdo es en atribuir a Teotihuacan una realidad multiétnica y cosmopolita. La grandeza de esta ciudad tuvo parte de su éxito en las relaciones comerciales y de distinto índole que mantuvo con otros pueblos lejanos de la geografía mesoamericana. Los especialistas en el tema insinúan que pudieron tener alianzas políticas con Monte Albán (Oaxaca); que existieron posibles colonias teotihuacanas en Metacapan (Veracruz), Kaminaljuyú (Guatemala), Tingambato (Michoacán) y Altavista (Zacatecas); además de injerencias políticas en ciudades mayas como Tikal (Guatemala).

Al igual que el origen, la decadencia es otro de los misterios que Teotihuacan comparte con las otras grandes ciudades enigmáticas de la época prehispánica. Tampoco en este caso se explica cómo pudo suceder, ¿qué ocurrió para que todo el esplendor de aquella ciudad ideal se apagara? Nada se sabe de lo que pudo causar el abandono por parte de sus pobladores. Sin embargo, también en este aspecto existen supuestas teorías. Quizás las más creíbles son las que aseguran que pudo ocurrir por un cúmulo o conjunto de motivos y situaciones, desde el incremento de guerras, un detalle que se evidencia en el aumento del militarismo en el arte y objetos de la época, hasta la más que probable sobrepoblación y agotamiento de los recursos naturales.

Es fácil imaginar que una de las razones que propiciaron la decadencia de Teotihuacan pudiera haber sido la sobrepoblación, un suelo árido cuya fertilidad no producía el alimento suficiente para una ciudad que superaba los 100.000 habitantes. Aunque por otro lado y a pesar de esas carencias básicas, los teotihuacanos supieron desarrollar unas técnicas de cultivo que quizás pudieron haberle permitido cosechas suficientes para alimentar a toda la población. Algunos estudiosos, como es el caso de Sanders, proponen que entre estas técnicas se encontraban las chinampas en los pantanos del San Juan, la construcción de terrazas, el barbecho, y la ocupación de una parte importante de la población dedicada a la agricultura.

Entre sus cultivos estaban tres variedades de maíz, frijol negro, frijol ayocote, varias especies de calabaza, chile, jitomate, amaranto, quelites, tuna, y frutos como capulín, tejocote y zapote blanco. Recolectaban papas silvestres, tule, verdolagas y huizache. También la caza era importante y entre sus presas estaban las liebres, conejos y venados; de las aguas obtenían peces y algunas aves acuáticas; así como la crianza para el consumo de guajolotes y perros.


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domingo, 22 de enero de 2012

El Preclásico cultural del Centro de México


Preclásico Temprano

El Temprano (2.500-1.250 a. C.), uno de los tres grandes periodos en los que quedan divididos el Preclásico o Formativo cultural del Centro de México, lo hace de la misma manera que en el resto de Mesoamérica. Se caracteriza por las aldeas agrícolas, la actividad en que se basaban plenamente sus economías, y se definen como unas sociedades igualitarias, en las que no existió alteración en número de habitantes en comparación a la etapa previa de sedentarismo preagrícola. Los conocimientos arqueológicos que se tienen de ese periodo de tiempo en la región nos revelan la preferencia por las riberas fluviales y lacustres y el somonte, como lugares donde fijar los asentamientos. Son los casos de Chalcatzingo, en el Valle de Morelos, y Loma de Terremote, El Arbolillo, Tlatilco y Tlapacoya; también hay que tener en cuenta algunas excepciones como Coapexco, en la Cuenca.

Referente a la cerámica de la zona, por los estudios de Richard McNeish sabemos que los primeros datos proceden del Valle de Tehuacán, en Puebla, con fecha aproximada hacia el 2.300 a. C. Nada que ver de esta alfarería con la que se produciría un milenio más tarde. Una cerámica con superficies ásperas en contraste con la belleza de las que se elaborarían en Tlatilco y Tlapacoya. Estas primeras piezas alfareras de la región, de Fase Purrón, nos dejan una información basada en sus características, los más que posibles contactos culturales con San José Mogote y Chupícuaro en la Cuenca de México, encontrados en la similitud de su decoración de rojo sobre fondo bayo.

Preclásico Medio

El periodo Preclásico Medio comienza con unos cambios importantes que se dieron en la región. Los más importantes son el aumento de población y el desarrollo de técnicas de agricultura que permitieron una intensificación en la producción, adaptándose así a las exigencias poblacionales de esta etapa. El Medio (1.250-600 a. C.) se caracteriza por el surgimiento de los centros ceremoniales.

A pesar de esa intensificación de la agricultura, todo parece indicar que seguían dependiendo del agua de lluvia para regar las cosechas. No obstante, sí se llevaron a cabo importantes adelantos técnicos referentes a esta cuestión o necesidad. Las estimaciones se argumentan en los hallazgos arqueológicos, tanto en las zonas secas de la Cuenca de México como en los valles de Puebla y Morelos, son vestigios de sistemas de terrazas y canalización; así como indicios de los que fueron chinampas en las zonas pantanosas de los lagos.

Las pequeñas aldeas agrícolas constituidas prácticamente por un mismo patrón, dieron paso a una nueva realidad política. Surgieron los centros ceremoniales y en torno a ellos se fueron agrupando numerosas aldeas satélites. Las complejas estructuras políticas y administrativas se conformaron de tal manera que se fueron integrando en un sistema de intercambio a nivel mesoamericano. Algunos de estos sitios destacados en la Cuenca son Tlapacoya, en la ribera lacustre, Tlatilco, en el somonte, y Coapexco, en las estribaciones del Iztaccíhuatl; también destaca por su fuerte influencia olmeca Chalcatzingo, en el valle de Amatzinac, Morelos.

Con los centros ceremoniales nació un nuevo grupo social que, en contra de los patrones establecidos, no se dedicaban a la producción de alimentos. Esta nueva élite social emergente comenzó a destacar en una sociedad más desigual, desigualdad en el prestigio, en bienes y, en definitiva, en poder. Aquel nuevo grupo de prestigio marcaba un orden social diferente, unas nuevas sociedades estratificadas que los situaban en la cima del privilegio. Un estatus evidenciado en los restos arqueológicos de cerámicas con representaciones de individuos ricamente ataviados y en tumbas pertenecientes a esa época, no sólo de adultos, así mismo de niños, en las que se muestran el privilegiado linaje.

La influencia del arte olmeca se deja ver en esos objetos representativos de la nueva élite, es el estilo que aparece generalizado en toda Mesoamérica en dicha época cultural. Los grupos de poder se apoderaron de la organización de producción especializada y del intercambio con otras regiones mesoamericanas, así como de la redistribución de los productos que llegaban procedentes de otros territorios. Los lazos comerciales más importantes durante este periodo se dieron con San Lorenzo, en el área del Golfo de México, con el Valle de Oaxaca y con los pueblos de Chiapas.

En cuanto a la cerámica producida en el Preclásico Medio del Centro de México destacan las figurillas. Estas representaciones muestran, además de las concepciones religiosas, figuras femeninas de caderas anchas que se relacionan con la fertilidad de la tierra; así como individuos de dos caras o cabezas, jugadores de pelota y contorsionistas. Otras expresiones artísticas-culturales revelan la riqueza mitológica de los mesoamericanos del Centro de México en el Preclásico Medio, personajes humanos o divinidades, animales fantásticos, felinos rampantes y motivos fitomorfos de calabazas y bromelias que están relacionados con la agricultura y el culto a la tierra y a la lluvia. Estas representaciones de estilo olmeca aparecen esculpidas en bajorrelieves en las peñas de un cerro, en el impresionante conjunto de Chalcatzingo.

Preclásico Tardío

La transformación de algunos centros regionales en capitales protourbanas, que además de acaparar todo el poder se convirtieron en núcleos de concentración poblacional, es lo que caracteriza al periodo Tardío del Preclásico o Formativo del Centro de México (600 a. C.-150 d. C.). La desaparición de la influencia olmeca marca el inicio de este periodo cultural en el área. También para este tiempo algunos centros desarrollaron la construcción de plataformas-santuarios, plazas, calles, juegos de pelota y sistemas de drenaje.

Uno de los ejemplos más representativos de estos centros es el de Cuicuilco, situado en los márgenes del Lago Xochimilco, cuya fuerza económica y política le permitió levantar un impresionante complejo de edificios públicos en torno a un templo con basamento en forma de cono truncado. Para hacernos una idea de la importancia de Cuicuilco hacia el año 300 a. C., solamente tenemos que dejarnos llevar por las cifras de Sander, quien estima que de los 80.000 habitantes que la Cuenca de México concentraba en dicha fecha, 10.000 ocupaban Cuicuilco. Algunos siglos más tarde llegó a contar con el doble de población cuando en la Cuenca rondaban los 140.000 habitantes. Para ese tiempo Teotihuacan ya alcanzaba los 40.000.

Teotihuacan se convirtió en el centro más poderoso de la Cuenca, según algunos estudiosos gracias a la captación de la población de Cuicuilco, la que se cree que desapareció antes de que el volcán Xitle erupcionara. Entre los años 100 a. C. y 150 d. C. se calculan que habitaban alrededor de 90.000 personas, el 75% de los habitantes de la Cuenca. Tal concentración humana permitió que en Teotihuacan se levantaran las pirámides del Sol y de la Luna y el surgimiento de la monumental ciudad, que extendió sus influencias más allá de los límites de la región, convirtiéndose en la ciudad más poblada y mejor planificada de Mesoamérica.


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sábado, 14 de enero de 2012

Altiplano Central


Al área cultural denominada Altiplano Central se le conoce también como Centro de México. De todas ellas quizás la más conocida debido a la abundante fuente de información escrita que se realizó durante el siglo XVI, así mismo es también la más investigada arqueológicamente. En esta zona, desde muy temprano, se desarrollaron diversas culturas que desempeñaron un papel muy importante dentro de Mesoamérica.

Debido a su privilegiada situación geográfica y buenas condiciones climatológicas, el Altiplano Central ha tenido desde siempre un papel muy relevante en todas las influencias culturales que se dieron a lo largo y ancho del territorio de la superárea. No obstante, de la misma manera que influenció en otras culturas, también absorbió de otras corrientes culturales. La más temprana de todas esas influencias recibidas es la de la cultura olmeca, durante el primer milenio a. C. Poco tiempo después surgieron en el Altiplano Central algunas culturas que nacieron de sí mismas. Una de estas ciudades endógenas fue Teotihuacan, la ciudad precolombina más poblada y mejor planificada, una de las culturas más importantes de Mesoamérica que llegaron a influir en otras regiones más al norte, como Aridoamérica y Oasisamérica.

Cuando la decadencia consumió a la que los mexicas llamaron "ciudad de los dioses", Teotihuacan, otras culturas se asentaron en sus proximidades, y surgieron diversas ciudades que se consideran herederas de la cultura teotihuacana, durante el Epiclásico. Tales ciudades fueron Cholula, Xochicalco, Cantona, Teotenango, Cacaxtla y Xochitécatl. Ya en nuestra era, después de las invasiones toltecas, se fundó la ciudad que fuese capital del Imperio Azteca, Tenochtitlan.

La cuenca lacustre del valle de México es una de las regiones más significativas política y culturalmente de la región mesoamericana, pues aquí, entre los lagos y lagunas que la componen, en torno al lago Texcoco, crecieron ciudades tan importantes como Cuicuilco (en el Posclásico), Teotihuacan (en el periodo Clásico) y Tula y Tenochtitlan en el Posclásico.

No fueron fáciles aquellos primeros comienzos de los mexicas en el Valle de México, quién les iba a decir en 1.325, cuando se asentaron en aquellos territorios, que a la larga llegarían a ser el grupo dominante más fuerte de toda Mesoamérica. Un poderío que comenzó a fraguarse al siglo de su llegada, cuando Izcóatl liberó al pueblo mexica de manos de los señores de Azcapotzalco. En 1.430 quedó constituida la Triple Alianza (Texcoco, Tlacopan y Tenochtitlan). Fueron tiempos en los que los mexicas reescribieron la historia de su pueblo, cuando Izcóatl, por consejo de Tlacalael, mandó quemar los códices de la historia azteca. La Triple Alianza necesitó menos de un siglo para conquistar gran parte de Mesoamérica, con una característica muy especial, permitieron conservar a los pueblos sometidos su cultura y religión. En cuanto al Altiplano Central, las de la Triple Alianza fueron las últimas culturas antes de la llegada de los conquistadores.

Situación geográfica

El Altiplano Central está conformado por los valles de tierra templada a fría que se localizan en la parte meridional de la Altiplanicie Mexicana y en el norte de la cuenca del río Balsas. Su clima es templado y no existen corrientes de agua importantes que destaquen. Tampoco las lluvias son del todo abundantes, que se dan entre los meses de abril a septiembre. Esta ausencia del líquido elemento fue lo que motivó un desarrollo temprano de obras hidráulicas. Se canalizaron los ríos y se crearon sistemas de almacenamiento de agua de lluvia, en las acequias de las laderas de los cerros.

El territorio del Centro de México se compone fundamentalmente por cuatro unidades geográficas enlazadas entre sí, grandes extensiones de tierras fértiles. Al sur el Valle de Morelos; al oriente son los valles de Puebla-Tlaxcala: el Valle de Tolula en el occidente y en el centro la Cuenca de México. Sólo uno de estos valles, el de Morelos, se sitúa en tierra caliente, las otras tres unidades se localizan rodeadas de altas montañas que superan los 2.000 msnm, al norte del Eje Volcánico.

La séptima parte de la superficie de la Cuenca de México que estaba compuesta de lagos y pantanos, su temperatura benigna, la buena calidad de sus suelos aluviales, sus bosques, la diversidad de sus ecosistemas y su posición central en el territorio, propiciaron un importante desarrollo cultural que tuvo un gran protagonismo en toda Mesoamérica. Desde mucho antes de la aparición de la agricultura y su desarrollo, ya existían en la Cuenca comunidades de vida sedentaria que vivían de la recolección y la caza en las orillas de los lagos.




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martes, 10 de enero de 2012

Cultura purépecha (III)

Arquitectura

Los datos arqueológicos que obtienen los especialistas en los sitios que se estudian es la fuente principal de información que se tiene de la historia de los pueblos, también en el caso de los purépechas. Sin embargo, respecto a esta cultura se tiene otro cauce de información escrita que no siempre tenemos la ventaja de poder contar. La Relación de Michoacán, de Fray Jerónimo de Alcalá, o la Crónica de Michoacán, del padre Beaumont, ambas ilustradas con dibujos, nos revelan algunos datos que difícilmente podríamos aclarar por la arqueología, si no es por suposiciones más o menos lógicas.

Esto sucede en el caso de la arquitectura de las ciudades purépechas, por lo recogido en estos dos libros, principalmente en la Relación, el de mayor relevancia. En la obra de Fray Jerónimo de Alcalá, el autor describe que las construcciones eran de madera o de palma, materiales que se encuentran abundantemente en la región. Una opción u otra dependía de los materiales que encontraban en el entorno del lugar en cuestión. Lo que los arqueólogos nos descubren de estos edificios, mayormente construidos con materiales perecederos, son las piedras que prácticamente se usaban para construir los basamentos de los templos. Las yácatas, como se denomina a los templos, tenían distintas formas, aunque la más extendida es la que simula una T y termina en una plataforma circular sobre la que se alzaba el santuario con materiales de origen vegetal.

Las yácatas tenían otra función además de la religiosa, se usaban como monumentos funerarios, junto a ellas se realizaban entierros colectivos de hombres y mujeres por separado. Los entierros de los personajes relevantes de la sociedad purépecha era motivo de lujosa notabilidad, una ceremonia en la que también se sacrificaban a sus mujeres y sirvientes, que se enterraban con el difunto junto a ricas ofrendas de cerámica policromada.

La construcción de terrazas y plataformas se llevaban a cabo con los mismos procedimientos que los basamentos, por capas de piedra alternadas con otras de lajas sin cortar recubiertas de losas de piedra volcánica bien cortadas y pulidas, algunas de ellas con motivos grabados. Los tecacha eran los trabajadores especializados para la construcción, que se agrupaban u organizaban y cuyo símbolo era el hacha o azuela. Por otro lado estaban los grupos que se dedicaban a cortar vigas y hacer tablas de madera, a los que se les denominaba puriuqari; los canteros o cacacha. También existía un mayordomo mayor que se encargaba de dirigir y ordenar a los oficiales dedicados a la construcción y renovación de edificios públicos y habitacionales.

Escultura

La escultura purépecha quedó recogida en un plano de técnica artesanal, limitada a una serie de miniaturas realistas en piedra que tienen una marcada influencia tolteca. Sus rasgos son simples y las formas muy esquemáticas. Son pocas las piezas que se han hallado, por lo que se cree que este arte bien se pudo haber desarrollado con otros materiales, como la madera o la pasta hecha con una mezcla de caña de maíz y pulpa de bulbos de orquídea, por lo que su naturaleza perecedera no le habría permitido conservarse hasta nuestros días. El hallazgo de algunos objetos en formas de coyote y algunas figuras antropomorfas, hechos con piedras duras como el basalto y otras semipreciosas, nos revelan que también desarrollaron el arte de la lapidaria.

Cerámica

El arte de la cerámica no fue tan relevante para el pueblo purépecha como para otros pueblos mesoamericanos. Realizaban dos tipos de vasijas destinadas a distintos fines. La alfarería se fabricaba para uso doméstico, comercial y ceremonial. Las vasijas policromadas en colores crema, rojo, negro y otras tonalidades tenían como finalidad la de formar parte de las ofrendas a los muertos.

Orfebrería

La metalurgia es la aportación más importante de la cultura purépecha al Posclásico mesoamericano, es la característica más importante de este pueblo. Los primeros trabajos con metales aparecen en la superárea cultural hacia el siglo VIII, en la costa del Pacífico, en Oaxaca, Guerrero y Michoacán. El hecho de que no se hayan encontrado evidencias del inicio del desarrollo en el trabajo con metales hace suponer que estas técnicas fueron importadas por inmigrantes, probablemente de Sudamérica, Ecuador, Colombia y Perú. Los metales que trabajaron fueron el oro, la plata y el cobre, y no sólo en piezas de ornamentación. Los purépechas fueron los únicos que adaptaron la tecnología a objetos de uso cotidiano, como las puntas de coa, agujas, hachas, azuelas, leznas y otras.

Otras artes

Otras artes desarrolladas en la cultura purépecha no tienen tanto protagonismo, pero no por eso deben de ser marginadas y dejadas en el olvido. Algunas como la pintura no son muy representativas pero sí son meritorias. Es el caso de las jícaras, que aún se realizan, donde se pueden apreciar hermosos decorados con temas relacionados con la naturaleza, flores, pájaros, etc. Las pinturas se obtenían con tierras y aceites vegetales o grasas animales.

También trabajaban piedras como el ámbar, azabache, turquesa y cristal de roca, con las que realizaban collares y dijes, combinados con metal. Así mismo la obsidiana era mineral preferido para la realización de puntas de flecha, instrumentos cortantes, y motivos ornamentales como orejeras, bezotes, cuentas, máscaras y espejos. Cabe destacar la artesanía plumaria, que se aplicó en la confección de mantas, escudos, capas, abanicos y otras prendas, destinadas especialmente a los dignatarios y sacerdotes.



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sábado, 7 de enero de 2012

Cultura Purépecha (II)


Orden político y social, economía y religión

Para los purépecha la cuestión militar era muy importante, esto lo pone de relieve la organización social fuertemente centralizada y jerarquizada, monárquica y elitista. Su gobierno era teocrático, lo que quiere decir que su rey era al mismo tiempo el líder religioso o espiritual, una autoridad suprema que tenía como máxima tarea la de mantener el culto a su principal deidad, el dios Curicaveri. Son varias teorías las que existen respecto a la sucesión del trono, mientras algunos estudiosos apuestan por la herencia directa al primero de sus hijos del primer matrimonio, otros en cambio creen que el poder hereditario se repartía de distinta manera, sí herencia pero su sucesor se elegía entre sus parientes más próximos a la muerte del gobernante o cazonci.

En lo que sí parece que existe unanimidad de criterio es en que la sociedad purépecha estaba muy estratificada, que existían diversas categorías sociales. En la parte más alta de la pirámide social se situaba el cazonci y su familia, el gobernante al tiempo que ejercía el máximo poder se erigía en el representante de la diosa Cuerauáperi. En el escalón inferior a la cúspide se encontraba el petámuti, sacerdote mayor, a quien les seguían los altos funcionarios: el agantácuri o gobernador y capitán general, el ocambecha o recaudador general y los señores de las fronteras que recibían el nombre de caracha capacha.

A continuación de todos estos cargos relevantes se situaba la clase media, la que constituían los diputados o mayordomos mayores, cuya dedicación se centraba en la recaudación del tributo en las diferentes áreas. Seguidamente estaban los productores, trabajadores, artesanos, cazadores, pescadores y comerciantes; por último los esclavos.

Los purépechas acostumbraban a una estética personal generalizada y definida, en la que la pintura facial y corporal tenía un relevante protagonismo. A los hombres les gustaba pintarse el pelo de blanco, mientras que las mujeres se inclinaban por el color rojo, usaban fleco y trenzas de listones. Los adornos eran generalizados, tanto ellas como ellos usaban ojorcas y orejeras circulares, así como collares, brazaletes y pulseras.

En cuanto a la organización económica, las ganancias se distribuían conforme a la participación que cada uno había tenido, era el jefe el que decidía el reparto de lo obtenido en el desempeño de las diferentes actividades laborales, que pasaban por la caza, la pesca, el comercio y especialmente en la agricultura. El trueque era el sistema que se usaba localmente, sin embargo, cuando el intercambio se realizaba con otras regiones era el cañuto de pluma lleno de polvo de oro lo que se usaba como moneda; una tercera opción se empleaba para pequeñas operaciones, una unidad que llamaban pijar, cuyo valor se estimaba equivalente a cinco mazorcas de maíz.

Es importante resaltar la relevancia de los metales en la economía, hay que tener en cuenta que el purépecha era un pueblo principalmente guerrero y, como tal, todo lo relacionado con lo militar disfrutaba de una cierta categoría en importancia. La metalurgia purépecha, relacionada también con la guerra, fue una de las aportaciones a la Mesoamérica posclásica. La vocación expansionista estaba igualmente unida a la economía, cuyas conquistas generaban botines de guerra y nuevos tributos. Los ascensos sociales no contaban con muchos mecanismos posibles y de ellos el camino militar era el más valorado para subir de categoría.

Sus especies agrícolas eran principalmente: maíz, frijol, calabaza, algodón y chía; para sus cultivos empleaban el bastón plantador o coa, con la particularidad de la punta de cobre que utilizaban para hacer los agujeros en la siembra. Considerados buenos pescadores, para el desarrollo de esta actividad usaban canoas, redes y anzuelos de cobre, con lo que pescaban charales y truchas, entre otras especies.

A diferencia de la mayoría de los pueblos mesoamericanos que representaron a sus dioses en materiales más duraderos como la piedra, o en otros soportes y expresiones como las pinturas murales, los purépechas no dejaron muestras donde poder estudiar su panteón religioso, sus deidades. Esto no significa que su religión no tuviese un peso específico en la sociedad, la creencia es que sí pudieron haber realizado esas representaciones pero es muy probable que lo hiciesen en otros materiales más efímeros, perecederos como madera o pasta y que no llegaron hasta nuestros días.

Aun así, se conoce que su dios principal era Curicaveri, que representaba al sol y al fuego; Cuerauáperi era la madre de los dioses, la encarnación femenina de las fuerzas productivas de la tierra y de los ciclos de la naturaleza; la diosa de la fertilidad, hija de Cuerauáperi, recibía el nombre de Xarantanga; y de otros dioses como Peuame, diosa del parto, o Auicanime, deidad del hambre, no se tienen mucha información. De lo que sí se tiene conocimiento es de la fiesta que se celebraba en honor de la madre de todos los dioses, Cuerauáperi, y que recibía el nombre de Sicuíndiro, en la que se sacrificaban a los esclavos delincuentes sacándole el corazón.


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