sábado, 18 de agosto de 2012

Cultura mexica ( XI )




Cerámica

La cerámica es uno de los elementos artísticos mexicas menos estudiados, si lo comparamos con otros como dioses, calendarios o mitos, sin embargo, aunque en muchos textos referentes a esta cultura no se recoge su desarrollo ceramista también lo hubo como prácticamente en todas las culturas mesoamericanas, en mayor o menor medida. Porque del mismo modo que en otras culturas la cerámica ha servido como base para estudiar el desarrollo cultural, en la mexica asimismo encontramos esa posibilidad o línea de investigación arqueológica buscando correspondencias temporales y estadísticas. Como ejemplo pondré las 539 vasijas representadas en los códices del grupo Borgia, de los que ya en 1.966 Nicholson apuntaba la necesidad de analizar la riqueza de variedades cerámicas para situarlos con mayor certidumbre en tiempo y el espacio .

El arte ceramista, como los de tejer o construir sus casas, formaba parte del acervo cultural de este pueblo, no todos eran profesionales en estos campos pero sí cada uno hacían sus vasijas de barro para uso común. Existe una gran variedad de formas que van desde ánforas con asas o sin ellas; de formas cilíndricas o troncocónicas; con figuras humanas o de animales; hasta platos, tazas, vasos, escudillas, braceros o cucharas para el copal, entre otras. Las piezas de alfarería destinadas para el uso domestico acostumbraban a decorarlas con formas geométricas mientras que las utilizadas en el culto religioso se ornamentaban con símbolos. En las ornamentaciones se utilizaban los colores amarillo, rojizo, blanco, rojo oscuro, rosa y negro. Entre los diferentes tipos era famosa la cerámica roja y negra. Una pieza necesaria en resaltar era el cumal, vasijas de gran tamaño con tres patas que se utilizaba para cocinar. Entre sus piezas de cerámica fina las había tan buena como la porcelana.

Literatura

Si culturalmente los mexicas sorprenden en sus producciones culturales en el caso de la literatura sobresalen. La creación literaria parece que fue una de sus aficiones favoritas, lo que hace  llamativa a esta cultura y especialmente entre sus gobernantes, que los presentan como dirigentes cultos. De todos ellos el más destacado fue Nezahualcóyotl, el rey poeta de Tetzcoco. También lo fueron los señores de Tlacopan Tetlepanquetzanitzin y Totoqui-huatzin; Chalchiuhtlatonac, rey de Chalco; los señores de Huejotzingo Tochihuitzin, Monencauhtzin y Xayacamachan; o el señor de Azcapotzalco Oquitzin, entre otros.

En el caso de la poesía sí es de agradecer a los frailes misioneros, que gracias a la labor que realizaron de consignar por escrito se conservó una producción literaria muy abundante. La importante colección de poemas que ha llegado hasta nuestros días, escritos en náhuatl, son referentes a diversos temas que van desde los cantos guerreros, cantos floridos, episodios heroicos y otros más.

A fray Bernardino de Sahagún se le atribuye la obra más importante de recopilación en sus obras Códices Matritenses y el Códice Florentino. Manuscritos en los que se conservan un conjunto de poemas y cantares muy importante  que tienen como temática lo histórico y lo religioso. Pero además existen otras colecciones muy importantes como la recopilación realizada por fray Andrés de Olmos, elaborada en una época muy temprana de la Conquista, en 1.528, sobre un conjunto de huehuetlatolli o discursos que se pronunciaban en ocasiones de solemnidad; Romances de los Señores de la Nueva España, que se conserva en la Biblioteca de la Universidad de Texas; y otra variedad de obras escritas en náhuatl o castellano que narran los mitos más importantes. Aunque de todas ellas, por su mayor contenido y por la calidad de sus obras, la colección de mayor importancia de poesía de la época prehispánica se conoce con el nombre de Cantares Mexicanos, que se conserva en la Biblioteca Nacional de México.

Los mexicas denominaban a la poesía flor y canto (in xóchitl, in cuícatl), cuyo significado metafórico era la representación de lo bello, efímero y sutil de la vida. Los poetas se apoyaban en las metáforas y difrasismos para sus creaciones, que generalmente se interpretaban con música y danza. Al margen de la poesía, la prosa existía conocida como tlatolli y a la más destacada de este apartado se le llamaba huehuetlatolli, que contenía los relatos de las cosas antiguas, con función didáctica.

Códices

El mecanismo de destrucción que pusieron en marcha los conquistadores, tratando de instaurar sus creencias religiosas en detrimento de las establecidas, comenzó por todo lo que estuviera relacionado con la religión, algo difícil de separar con lo mundano en la cultura mexica pues todo estaba impregnado de ella. El hecho es que los códices, como manuscritos sagrados que eran, no fueron muchos los que lograron escapar de la destrucción. Sin embargo, algunos de ellos fueron reproducidos en los primeros años de la época virreinal aunque, eso sí, siguiendo los patrones y modelos prehispánicos. La influencia europea se dejó marcar en todos los aspectos de la civilización azteca y por supuesto también en la elaboración de los nuevos códices que más tarde realizaron los indígenas, pero ya no fue lo mismo. A estos manuscritos se les conoce con el nombre de Códices techaloyian.

La mayoría de los códices mesoamericanos, también los mexicas, se elaboraban con un papel especial que fabricaban con la corteza de árbol conocido como papel amatl. Aquellos artistas de la élite cultural recibían el nombre de tlacuilos y seguían las técnicas de diferentes tradiciones mesoamericanas. Así, por ejemplo, las pequeñas huellas de pie pintadas representaban los caminos andados y las palabras que hablaban los personajes las simbolizaban con volutas. Los códices recogen todo tipo de temática, representaban dioses, personajes de la nobleza, guerreros, animales, plantas y cualquier hecho en la vida real. Verdaderas obras de arte que se realizaban con tintas variadas, con las que conseguían vivas y hermosas policromías.

Entre los códices que llegaron hasta nuestros días de carácter calendárico y ritual, de procedencia mexica o pertenecientes a la cultura náhuatl, están: los del grupo Borgia (Borgia, Cospi, Vaticano A y Fejérvary Mayer); el Códice Borbónico y el Tonalámatl; el grupo Magliabechianus (Tudela, Magliabecchi, Ixtlixóchitl y Veitia); el Códice Humboldt; el Telleriano Remensis y el Códice Ríos. Además existen otros de diferente contenido, como el Códice Mendocino y la Matrícula de Tributos, que contienen información sobre la tributación; y algunos con información histórica de origen mexica: Azcatitlan, Sigüenza y Osuna. Los también históricos Xólotl, Tlotzin y Quinatzin son de origen tetzcocano.

Textiles y plumaria

Las vestimentas de los mexicas, hasta la fundación de Tenochtitlan, se elaboraban exclusivamente con la fibra del ixtle o del maguey. Así lo recoge la historia de la peregrinación desde Aztlán. Pero a partir de su asentamiento en el islote del lago Texcoco y empezar a obtener de los pueblos conquistados el algodón, los nobles comenzaron a cubrirse con mejores vestimentas y este tejido fue imponiéndose.

En el vestir de los mexicas, al igual que en todas las culturas a lo largo de la historia, existían adornos o detalles que diferenciaban el rango que ostentaba cada uno y para ello se valían de la plumaria, una de las expresiones más originales y características de esta cultura. El arte con plumas ocupaba un reconocido referente y sus especialistas, los amantecas, eran muy apreciados, entre los que destacaban los de Tlatelolco, Texcoco y Huaxtepec. Aún se conservan varios ejemplares de aquellos diseños entre los que destacan el escudo del dios de la lluvia y por encima de todos ellos el penacho o corona de Moctezuma II, que se conserva en el Museo Etnográfico de Viena. Las plumas se obtenían  mediante técnicas muy refinadas para no dañar el plumaje del ave, que se cazaban o criaban en cautividad para estos fines. Las verdes del quetzal, las rojas del tlauquecholli y las azules turquesas del xiuhtótotl eran las más apreciadas y valoradas.

Música

El sonido musical de los mexicas resultó más complicado conservarlo. Aún así y al contrario de como se creía, que su música era solamente pentatónica, sus características estructurales eran melódicas, rítmicas, prosódicas, tímbricas, y además variaban dependiendo de la región y la lengua autóctona. A la par que los estudios arqueomusicológicos van avanzando, también se descubre que el panorama musical mexica o azteca es mucho más complejo de lo que pensaban los clásicos apenas varias décadas atrás. De todas maneras, tendremos que imaginarnos que no existía la escala musical y que por lo tanto sus sonidos eran tonalidades que dependían del habla tradicional de cada región, teniendo en cuenta que la mayoría de las lenguas que se hablaban entonces eran tonales.



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