sábado, 29 de octubre de 2011

Cultura maya ( III )


La decadencia y abandono de la mayoría de los centros importantes de las regiones central y sur estaba condicionada en gran parte por el declive del comercio que se perdía con la caída de las redes tradicionales y mermaba el poder económico, así como el prestigio de los gobernantes. A todos estos factores se le añadió la incursión en el territorio de grupos bárbaros del norte, que trajeron consigo más violencia y los sacrificios humanos a la región. Sin embargo, algunos centros como Caibal y Caracol parece que tuvieron una cierta continuidad, al tiempo que se establecieron pequeños asentamientos alrededor de los lagos del Petén. Por el contrario, algunos sitios del norte alcanzaban su mejor momento, como Uxmal, Edzná, Oxkintok, Labná, Sayil y Kabah.

El movimiento migratorio que se dio a finales del Clásico tuvo como destino la península de Yucatán, principalmente hacia la región del Puuc, en lugares como Uxmal, Kabah, Labná o Chichén Itzá. Es aquí, en este último sitio, donde la influencia tolteca se hace más fuerte entre los años 1.000 y 1.200, dando como resultado la fusión entre las dos culturas mesoamericanas. Aún así, la presencia tolteca no evitó que la región maya conservara su identidad, aunque sus cimientos o patrones culturales sufrieran importantes transformaciones por las nuevas condiciones políticas y sociales que se estaban dando y que compartirían con los pueblos del Posclásico. La última etapa de la historia prehispánica maya estuvo fuertemente marcada por la presencia tolteca, una etapa de militarización creciente similar a la del resto de Mesoamérica.

Al comienzo del Posclásico, la ciudad de Chichén Itzá, en la zona norte de las tierras bajas, tuvo un protagonismo como nunca antes. Una importancia que le vino de la mano del control que sobre ella tuvo el nuevo y agresivo grupo maya putún o chontal, que dominó militar y comercialmente la península de Yucatán. Por esta época, la ciudad de Cobá vuelve a resurgir con un aumento de su población, después del colapso sufrido en el periodo anterior, mientras que, por el contrario, otros lugares de las tierras bajas como Uxmal o Dzibilchaltún comienzan a decaer notablemente.

El último tramo del Posclásico, el Tardío, coincide con el comienzo de la decadencia de Chichén Itzá y el ascenso de Mayapán, así como de otros asentamientos de importancia: Tulum, Isla Mujeres y Cazumel en Quintana Roo; Lamanai y Santa Rita Corazal en Belice; así como Mixco Viejo en Guatemala. De la misma manera, otros asentamientos comienzan a surgir a las orillas de los lagos del Petén como Tayasal, Paxcamá, Macanché y Topoxté.

El comercio no ha sufrido cambios con respecto al periodo cultural anterior, se sigue desarrollando por la costa con la influencia del Golfo, por el contrario el patrón de asentamientos en el altiplano guatemalteco ha tenido sus variaciones importantes. La militarización que domina esa etapa hace que muchos de los centros importantes se construyan en lugares altos, buscando una protección natural, e incluso con refuerzos suplementarios, como Utatlán, Iximché, Mixco Viejo, Zaculeu, Chinautla y Chuitinamit. Estas ciudades eran controladas por grupos de señoríos con sus fronteras delimitadas, entre los que estaban los mames, cakchikeles, tzutuhiles o quichés, el grupo dominante. Sin embargo, la llegada de los españoles acabó con el poder de todos ellos, salvo con Tayasal, en el Petén guatemalteco, que resistió el ataque de los nuevos invasores hasta cerca del siglo XVIII.

lunes, 24 de octubre de 2011

Cultura maya ( II )


El Clásico fue el periodo de mayor esplendor en la cultura maya, ningún otro pueblo de la América precolombina consiguió un nivel de desarrollo como esta civilización mesoamericana. Fue en esta etapa cultural en la que alcanzaron tantos adelantos científicos, técnicos y sociopolíticos. Durante este periodo la población aumentó de manera considerable dentro y fuera de los centros ceremoniales ya construidos en el Formativo y se crearon otros nuevos.

A este llamativo periodo de la cultura maya también se le conoce por Teocrático. La creencia extendida de que eran los sacerdotes los que ejercían el poder político y que toda la económica, sociedad y cultura se desarrollaban en torno a la religión, es el motivo por el que al periodo Clásico se le conoce también de esta manera. Pero las teorías de los arqueólogos del siglo pasado sobre este tema se fueron derrumbando según se iban descubriendo los nuevos datos que revelaban el estudio de su cultura, principalmente por su escritura jeroglífica, que mostraban una imagen de guerras constantes entre las ciudades. Aunque en la actualidad se tiene por confirmada la gran importancia que los sacerdotes ejercían sobre los gobiernos en los Estados mayas de este periodo, de igual modo se da por válida la existencia de una clase noble y los guerreros, donde también se concretaba el poder.

El aumento de la población y la creación de los nuevos centros ceremoniales propiciaron un incremento notable en la agricultura. Pasó de ser una actividad casi de auto-consumo para convertirse en grandes cultivos con grandes contingentes de labradores dedicados a la producción, en una compleja división del trabajo que trajo consigo una también dividida clase social. La concentración de poder y el control de la fuerza de trabajo por parte de algunos grupos conformaron una sociedad altamente estratificada, en la que también surgieron grupos de especialistas dedicados en tiempo completo a ciertas actividades (comercio, artesanía, sacerdocio, etc.).

Entre las más importantes ciudades de las tierras bajas del sur en el Clasico estaban: Tikal, Uaxactún y Quiriguá en Guatemala; Copán en Honduras; Palenque, Yaxchilán y Bonampak en Chiapas; Calakmul en Campeche; Caracol en Belice y Comalcalco en Tabasco. Al norte fueron Cobá en Quintana Roo y, ya en las postrimerías del periodo, Uxmal en Yucatán.

Tikal (800 a. C. al 869 d. C.)fue una de las más importantes ciudades del periodo Clásico, ubicada en la zona del Petén, Guatemala, junto a Uaxactún (600 a. C. al 889 d. C.), localizada a 25 kilómetros de la primera. En Uaxactún se encuentra el templo más antiguo que se conoce en la región, donde se observó por primera vez la existencia del arco falso o bóveda maya, el elemento más distintivo del estilo arquitectónico. La ciudad de Tikal llegó a tener más de 1.000 habitantes en su momento más culminante. Su situación estratégica, entre dos sistemas fluviales que iban al Golfo de México y al mar Caribe, propició su etapa esplendorosa apoyada en el comercio, del que dependía y lo que la convirtió en la ciudad más grande del continente americano en el Clásico Tardío, hoy queda enclavada en pleno corazón de la selva guatemalteca.

El centro científico del mundo maya fue Copán, Honduras. En él se dieron los grandes avances astronómicos de la civilización maya, se determinó la duración del año tropical, se crearon las tablas de eclipses y se ideó la fórmula para ajustar el calendario, con más exactitud que el que utilizamos actualmente.

La ciudad más occidental del Área Maya es Comalcalco, a la falta de piedras en la región con las que construirla le dio una característica propia, diferente a todas las demás ciudades mayas. Todos sus edificios se construyeron con ladrillos de barro cocido y un estuco a base de conchas de ostión. A Comalcalco podríamos definirla como el "gran banco o la fabrica de la moneda maya", pues la región fue la principal productora de cacao, cuya semilla se utilizó en toda Mesoamérica como moneda de cambio por las distintas culturas.

En Calakmul se hallaron más de cien estelas. Cobá, que floreció en 623 d. C., es el centro teocrático más antiguo del noroeste de la península de Yucatán. De esta ciudad, a orillas de cinco lagos, dijo el arqueólogo Antonio Benavides en su artículo "Cobá": "En Cobá y sus alrededores vivían miles de personas, la mayoría en casas precarias con cimientos de piedra; paredes de lodo y techos de hojas de palma. En el centro de la ciudad, cerca de los templos, de los edificios públicos y de los juegos de pelota, habitaban los gobernantes en casas grandes de piedra decoradas con figuras de estuco. También había amplias plazas en las que se reunía la gente los días de mercado o cuando había alguna celebración pública. La vida de Cobá era muy parecida a la de otras grandes urbes prehispánicas como Teotihuacan y Cholula en el altiplano central o Monte Albán y el Tajín. Existía un sistema de gobierno con grandes diferencias sociales. Un grupo minoritario compuesto por sacerdotes, dirigentes y guerreros de alto rango organizaba y controlaba la mayor parte de las actividades (religión, economía, política, educación, etc.) de una gran población de tal manera que los bienes y servicios eran mayormente disfrutados por ellos".

En la zona donde se localiza Palenque (enclavada en la selva de Chiapas), Yaxchilán, Bonampak y Piedras negras, fue donde se encontraron los primeros indicios de que la guerra era una actividad muy común entre las ciudades mayas. El ejemplo más claro lo encontramos en Becán, en el estado de Campeche, ciudad fortificada rodeada por un foso seco.

Para el final de este periodo la relación existente entre la región maya y el Centro de México fue importante, estrecha y duradera. De los siglos V a VII Teotihuacan controló los centros mayas a través del dominio político y la guerra, aunque más que por esta vía fue mediante la influencia cultural y el acceso de una serie de recursos naturales como el cacao, mercancías básicas de las redes comerciales. Existen muchas opiniones que culpan a esta influencia teotihuacana, con su decadencia y caída, de la desintegración que sufrieron los centros ceremoniales mayas.

No son pocas las teorías que envuelven el misterio de la decadencia y desaparición de los grandes centros teocráticos mayas, entre los años 750 y 900. Todas ellas relacionadas con la superpoblación y la falta de alimentos, así como la desaparición de la selva por culpa de los sistemas agrícolas que empleaban por aquel tiempo. Todas estos motivos bien pudieran ser ciertos pero no lo suficientes como para propiciar el abandono total y repentino de los centros religiosos. La posibilidad de que, unido a estas circunstancias, la desequilibrada e injusta estratificación de la sociedad, cuyo poder estaba en manos de un grupo de nobles y sacerdotes que imponían al pueblo fuertes cargas tributarias en trabajo y especie, propiciara un rebelión sangrienta que obligara a emigrar hacia otras tierras a la mayoría de los habitantes. Por tanto, un colapso social, político, económico y ecológico, fueron las causas más creíbles.

Presumiblemente, a todo esto habría que sumarle la parte influyente de Teotihuacan en la economía y la cultura maya, que fue saqueada y reducida a cenizas entre los años 700 y 750 por fuerzas desconocidas. La caída de Teotihuacan dejó el poder dominante del Valle de México en Xochicalco y más tarde pasó a manos de los Toltecas.



sábado, 22 de octubre de 2011

Cultura maya ( I )


Los mayas no se constituyen como un grupo homogéneo, sino como un grupo étnico con ámplia variedad de lenguas, costumbres y realidades históricas, que comparten una misma cultura. Digo "no se constituyen" porque los mayas nunca desaparecieron, sí lo hicieron sus estados políticos, el modelo de civilización, los descendientes de los antiguos mayas viven en la actualidad en los territorios originales que lo hicieron sus antepasados, con las mismas costumbres y sustentados en la misma concepción ancestral del mundo y de la vida.

En más de 3.000 años de la historia de la civilización maya, hasta la Conquista española que se consumó en 1.697, con la toma de Tayasal, se hablaron cientos de dialectos que generaron las 44 lenguas mayenses que se hablan actualmente. La historia de este pueblo los convierte en una de las culturas más importantes, no sólo de Mesoamérica sino de toda la etapa precolombina del continente americano, con un legado científico y astronómico universal. Obras literarias mayas, como el Rabinal Achí, el Popol Vuh o los diversos libros del Chilam Balam, son también parte de esa herencia que nos dejaron, en la que queda ilustrada la vida de este pueblo mesoamericano. La información registrada en las inscripciones de estos libros, cuya traducción nos van revelando nuevos datos, junto a pinturas como las de Bonampak nos muestran que los gobernantes mayas no eran los sacerdotes pacíficos de una sociedad idílica, como creían los arqueólogos de la primera mitad del siglo XX, al contrario, eran militares que dirigían las guerras y conquistas entre dinastías reales y distintos centros de poder.

Los primeros desarrollos culturales de Área Maya se dieron en la zona sur, así lo indica la primera cerámica que se produjo en la ciudad de Cuello (Belice), cuya influencia parece ser derivada de las tradiciones sudamericanas, o los primeros ejemplos de escritura jeroglífica y un estilo propio de escultura. Este pueblo no sólo ha conservado sus costumbres y creencias ancestrales, también han llegado hasta nuestros días sus crónicas históricas, además de en sus libros, en altares, estelas, dinteles y otros monumentos, que por los progresos obtenidos en los últimos treinta años de estudio nos han revelado muchos de los misterios que guardaba esta civilización.

Historia

Es a partir del periodo Formativo o Preclásico cuando la cultura maya comienza a definirse con los asentamientos sedentarios que provocaron la agricultura, así como con el surgimiento de la cerámica. Sin embargo, algunos miles de años antes, durante el Lítico, los antepasados de estos grupos sedentarios ya deambulaban por la región recolectando frutos silvestres y cazando animales salvajes, componentes todos de sus dietas de supervivencia. Los hallazgos de objetos líticos, con una antigüedad de 9.000 años, asociados con animales que ya desaparecieron así lo indican. Las muestras de este periodo que permiten considerar la existencia de grupos humanos en el Área Maya fueron encontradas en cuatro lugares principalmente: Los Tapiales, en el Altiplano Occidental de Guatemala; la Cueva de Santa Marta en Chiapas; la Cueva de Loltún, en la planicie yucateca; y en algunos sitios de la selva tropical de Belice.

El Arcaico fue el periodo transitorio o puente entre los grupos nómadas y los sedentarios, que comenzaron a domesticar las primeras plantas típicas en la agricultura mesoamericana: frijol, calabaza, maíz. Por otro lado, los asentados en la costa se fueron especializando en la recolección de moluscos, como lo demuestran los montones de conchas encontradas y que se conocen con el nombre de "concheros".

Aquellos primeros asentamientos del Formativo o también llamado "Periodo agrícola" dejaron la prueba de su existencia en distintas huellas en forma de elementos de diferentes formas, desde las plataformas bajas que seguramente formaron parte de las casas que construyeron con materiales perecederos a los restos de cerámica anteriormente mencionada que se halló en Cuello; enterramientos, hogares, pruebas evidentes que, además de en la ciudad beliceña, salieron a la luz en otros sitios como Maní y la Cueva de Loltún en Yucatán, Altamira en Chiapas o en la costa guatemalteca del Pacífico, en Ocós y Salinas la Blanca. A mediados de este periodo la influencia olmeca se dejó sentir fuertemente en todo el área, especialmente en la cerámica, pero de igual modo en la escultura monumental. Es en el tercio final del Preclásico cuando comienzan a asentarse en lugares que más tarde serían de gran esplendor, ciudades de Guatemala como Tikal, Uaxactún y Esibal.

Son tiempos de cambio social, político y religioso, los grupos crecen en número de individuos y la sociedad comienza a definirse en diferentes estratos, a jerarquizarse, como así lo muestran la construcción de grandes estructuras monumentales como las de Lamanai o El Mirador, En Belice y Guatemala respectivamente. Otras ciudades que comenzaron a desarrollarse en esta zona sur del Área Maya fueron: Kaminaljuyú, Abaj Takalik y El Mirador (Guatemala), Izapa y Chiapa de Corzo (Chiapas) y Chalchuapa (El Salvador). Los rituales y las formas de religiosidad que prevalecerán en el futuro comienzan a fraguarse también en este periodo cultural.

Entre los años 100-250 d. C., en lo que pasó a llamarse el Protoclásico y que no está del todo definido por los especialistas, el declive se hizo patente en todos los centros importantes de la zona sur y algunos de las tierras bajas. Algunas teorías culpan de esta decadencia a la incipiente colonización de los teotihuacanos, que aprovecharon esta circunstancia para hacerse con el control del monopolio del comercio de cacao, jade y obsidiana en la superárea cultural. Por el contrario, en lugares como Noh, Holmul o Barton Ramie, la población aumentó y se inició la producción en serie de objetos de cerámica que se haría característica de la zona, con soportes mamiformes en forma de cuencos y fuentes engobadas, la cerámica Usultán, la policromada y otras más.

martes, 18 de octubre de 2011

Subáreas culturales mesoamericanas: Área Maya


Existen dos variantes en cuanto a la división del territorio mesoamericano. Por un lado están los que la dividen en cinco subáreas y por otro los que lo hacen en seis subáreas o regiones culturales. La diferencia se encuentra en el Área Maya, una de las más amplias de Mesoamérica, es en este territorio donde se sitúa el punto diferencial, en la que unos incluyen o separan la Zona Centroamérica, que ocupa la parte occidental de Honduras y Nicaragua y las áreas circundantes del golfo de Nicoya en Costa Rica, donde existieron los reinos de Nicoya y Chorotega. Por mi parte, tomaré como referencia la división en cinco territorios culturales que señaló Kirchhoff, aunque marcaré y diferenciaré la llamada Zona Maya de la Centroamérica.

La Zona Centroamérica podríamos catalogarla como un anexo a la superárea mesoamericana, que formó parte de este territorio sólo temporalmente. Considerada como zona de transición y conocida también como Área Intermedia entre el norte y el sur continental, entre las culturas mesoamericanas y las culturas de los Andes. El clima es tropical y en su territorio se encuentran los dos grandes lagos del istmo, Nicaragua y Managua o Cocibolca y Xolotlán.

En esta región sur de Mesoamérica los primeros indicios de relación directa con la zona nuclear pertenecen al Preclásico y corresponden a la influencia olmeca. Para el Posclásico la influencia norteña había dejado paso a las culturas del subcontinente, entonces el influjo exterior provenía del altiplano colombiano y trajo consigo el desarrollo metalúrgico a Centroamérica antes que a otros pueblos mesoamericanos. Sin embargo, en este periodo cultural toda la zona quedó incluida en la esfera mesoamericana ampliándose hasta el departamento de Escuintla, en Guatemala, e invadida por pueblos nahuas como los nicaraos o pipiles, que introdujeron el náhuatl, dialecto de los mexicas, y la influencia cultural de toltecas y aztecas. Así mismo, otros pueblos otomangueanos emigraron a la zona centroamericana, como los mangues, a Nicaragua, y los subtiabas, que llegaron a Honduras.

En cuanto a la Zona Maya también existen diferencias a la hora de dividir en partes el territorio. Hay quienes lo hacen en dos grandes áreas naturales y otros en tres. En este último caso nos encontramos al sur las tierras altas de Chiapas, Guatemala y Honduras; en el centro la selva del Petén y cuencas de los ríos Usumancita, Grijalva y Motagua; al norte quedarían las llanuras semiáridas de Yucatán. Son aproximadamente 325.000 km² lo que abarca el territorio de los antiguos mayas, que incluyen los estados mexicanos de Yucatán, Tabasco, Campeche, Quintana Roo y parte de Chiapas, así como Guatemala, Belice, el oeste de Honduras y parte de El Salvador.

La Península de Yucatán es una plataforma calcárea, tierras bajas con un clima caliente que tiene como enemigos naturales a los huracanes y las tormentas tropicales del mar Caribe que las azotan. Un paisaje llano que suavemente se eleva hacia el sur, en la llamada Sierrita. En la zona oriental de la península caen lluvias en abundancia, es una región de lagos, cenotes y grandes estanques, sin embargo, la excesiva permeabilidad del suelo hace que no se encuentren cauces superficiales, es en el subsuelo donde se hallan las corrientes de agua.

Las tierras altas comprenden los altiplanos de Guatemala, Chiapas, el occidente de Honduras y el occidente y centro de El Salvador, y no están fuera del radio de acción de la influencia de los ciclones caribeños. El clima de la región es templado-frío y las lluvias abundantes. En cuanto al terreno, las laderas de las montañas están cubiertas de una espesa vegetación que pone muy difícil el desarrollo de la agricultura.

Respecto a la influencia del clima en la cultura maya, Raúl Pérez López-Portillo escribe en "Los Mayas: Historia de un pueblo indómito": "Melgarejo expone dos corrientes, la de Ellsworth Huntington, que cree que la civilización maya surge cuando la oleada climática sustrajo humedad y la selva fue sustituida por la sabana, o la de Arnold J. Toynbee, que sin desechar los fundamentos ni las relaciones entre clima y civilización, dentro de su marco de incitación y respuesta, estima que la tremenda selva maya acuna los elementos de una civilización adecuada para domarla".

jueves, 13 de octubre de 2011

Cultura mixteca ( IV )


Arquitectura

La arquitectura mixteca no destaca por grandes y monumentales edificaciones, al contrario, sus aportaciones en este campo son relativamente sencillas. Hay que tener en cuenta que los edificios de Yugul y Mitla fueron construidos por los zapotecos bajo el dominio mixteco, la aportación arquitectónica de los mixtecos se basa en la decoración, lo que dio como fruto un estilo con rasgos de las dos culturas. Entre las decoraciones mixtecas destaca la realizada con grecas, con piedras recortadas y labradas con notabilísima elaboración. También sobre arquitectura cuentan mucho los códices, por ellos se sabe que sus templos se ubicaban sobre estructuras piramidales y que disponían de escalinatas. De la misma manera conocemos que los edificios civiles se construían alrededor de grandes espacios abiertos y que en su interior los departamentos habitacionales se sucedían en torno a patios. En cuanto a la calidad de las viviendas es prácticamente la misma que los zapotecos, las viviendas de los grupos sociales más bajos se construían con materiales poco resistentes, como el bajareque para las paredes y las hojas de palma para los techos. Los campesinos y las clases más desfavorecidas vivían junto a los campos de cultivo, alrededor del centro ceremonial.

La construcción de Yugul fue ideada como ciudad fortaleza y se cree que fundada por los mixtecos. En la parte central del recinto levantaron el palacio y la convirtieron en su centro administrativo-político, en el que sus edificios y la cancha del juego de pelota se entrelazan por amplias plataformas. De todas las construcciones del complejo, la más interesante sin duda alguna es el llamado Palacio de los Seis Patios que se levanta sobre un montículo de una extensión de 5.000 metros cuadrados, el que artificialmente nivelaron apoyándose sobre las rocas que se situaban en su parte norte.

La relación directa con Monte Albán, la que se supone sirvió de referencia, es clara. Muchos elementos arquitectónicos de la que fuera capital de los zapotecos tienen en Yugul sus similitudes, principalmente de la III fase. Al igual que en Monte Albán, se construyeron tumbas y altares decorados de la misma manera, con grecas formadas de mosaicos pétreos; murales pintados al estilo mixteco; palacios y edificios con la misma distribución de los espacios; canchas de juego de pelota. Una manera de construir que representa la transición hacia la arquitectura en Mitla, aunque se cree que esta ciudad fue contemporánea a Yugul, al menos en parte.

Mitla, por su parte, ofrece una belleza arquitectónica de gran solidez. Todo indica que estuvo ocupada en la misma época de Monte Albán I y también se cree que todavía estaba habitada cuando llegaron los conquistadores españoles, aunque su época de esplendor se sitúa mucho más atrás en el tiempo. Los palacios de Mitla muestran el esplendor de la cultura mixteca en la majestuosidad de sus salones, en las piedras ajustadas que se utilizaron para la construcción de sus muros, sin mortero y revestidos de piedras hermosamente labradas. Así como en los tableros que forman las millares de pequeñas piedras de colores que conforman sus grecas decorativas de dibujos geométricos o las enormes columnas monolíticas que sirvieron de apoyo al techo del vestíbulo principal.

La zona arqueológica de Mitla está formada de cinco grupos de edificios, junto a restos de viviendas, algunas tumbas y la fortaleza sobre el cerro. El Grupo de las Columnas es un cuadrángulo con un patio derruido que contiene un adoratorio central. Sobre una plataforma a la que se accede por una escalinata se levanta el edificio más importante, con un salón de 38 m. de largo por 7 m de ancho, en el que se levantan seis columnas monolíticas que sostenían el techo.

Al sur del Grupo de las columnas se halla otro espacio de forma cuadrangular conformado de grandes piedras cortadas con precisión que contiene un pórtico, debajo del cual se encuentra la entrada a una tumba decorada con grandes losas de piedra. Otra tumba cruciforme es la que se sitúa debajo del edificio del norte, con una columna monolítica que sujeta el techo del espacio mortuorio y a la que se le conoce por la Columna de la Vida.

El conocido por Grupo de la Iglesia tiene un cierto parecido al de las columnas, aunque conservado en peores condiciones, debido a que sus piedras se utilizaron para la construcción del templo católico.

Escultura

Las mejores esculturas realizadas por los mixtecos son de pequeño tamaño, talladas con virtuosidad y profusión en materiales como el hueso, madera, obsidiana, cristal de roca, jade, turquesa, ágata, amatista, ónice, amazonita y otras piedras semipreciosas, que servían para la realización de collares, pendientes y otras alhajas. También en este tipo de figurillas se representaban algunos de sus dioses e incluso figuras zoomorfas estilizadas como monos, conejos, y otros. El arqueólogo mexicano Alfonso Caso llegó a compararlas con las mejores tallas chinas por la exquisitez con la que estaban realizadas.

Sin embargo, los mixtecos destacaron sobre todo en el arte lapidario. Las estelas encontradas en localidades como Yucutia o Yucuñudahui, que al igual que en la cerámica, muestran las influencias que ejercieron zapotecos y teotihuacanos en su realización durante los periodos Preclásico y Clásico. Las estelas de Yucutia tienen un relieve tan bajo, tan poco trabajadas, que cuesta aceptarlo como bajorrelieve. En estas grandes piedras se inscribieron fechas y nombres calendáricos de personajes. También en Cerro de las Minas y Huajuapan se encontraron dinteles con símbolos ñuiñe que servían de adorno en grandes edificios.

En cuanto a escultura monumental no existen muchas referencias, no fue una técnica muy desarrollada por los mixtecos. Algunos ejemplos son el Monolito de Tututepec en Oaxaca y algunas losas de Tilantongo.

Lengua, escritura, códices y calendarios

Según Spores, el idioma que se hablaba en la región mixteca en el periodo Preclásico era protomixtecano, el tronco del cual derivan no sólo todas las lenguas mixtecas conocidas en la actualidad, también otras como la de los triquis, asentados en la parte meridional de la Mixteca Alta. Fueron los monjes dominicos, Antonio de los Reyes y Francisco de Alvarado, los encargados de la evangelización de Oaxaca, los que editaron por primera vez la gramática que se hablaba por aquellas tierras en tiempo de la Conquista. La variedad recogida tiene relación con la que se hablaba Yucundaa, la lengua franca de la región, conocida en la época como dzaha dzahui.

Los primeros datos que se tienen referentes al sistema de escritura que desarrollaron en el área mixteca corresponden a la Mixteca Alta y en el Preclásico Tardío, entre los siglos V a, C. - I d. C. Estos primeros indicios se realizaron en el sistema de escritura zapoteco, a partir del cual se originaron los diferentes sistemas empleados en el centro de la superárea allá por los periodos Clásico y Posclásico. Estas primeras inscripciones calendáricas son las que se localizaron en Huamelulpan, en algunos dinteles, y parecen corresponder a los nombres de dirigentes de la antigua ciudad mixteca. La escritura ñuiñe, cuyos símbolos se asemejan a la escritura zapoteca de Monte Albán, comenzó su aparición con el florecimiento de la Mixteca Baja en el periodo Clásico, sin embargo, esta semejanza complica la identificación de su área de difusión. Es en los albores del Posclásico cuando aparece el estilo Mixteca-Puebla, dentro de una corriente estilista, y con él lo hace la llamada escritura mixteca, básicamente pictográfica aunque con número importante de elementos jeroglíficos e ideográficos. La numeración era representada únicamente con puntos, de la misma manera que los mexicas y a diferencia de los mayas, que lo hacían con puntos y barras.

La otorgada autoría mixteca a sus códices se debe a Alfonso Caso, fue él quien se los atribuyó al pueblo Mixteco, después de mucho tiempo creyendo que pertenecían a las culturas maya y mexica. Los prehispánicos códices mixtecos conforman un importante documento de la historia mesoamericana, en los que se representan temas rituales, calendáricos y astronómicos, aunque también los hay que narran conquistas y los nombres de los caudillos que las realizaron. Estos seis libros o códices ricamente dibujados son en realidad ocho relatos histórico-pictográficos, elaborados en distintas épocas y por diferentes autores, muchos de ellos compuestos de una parte anversa y otra reversa que no constituyen una unidad. Entre los que se conservan actualmente cuentan: el Becker I y el Códice Viena o Vindobonensis que se hallan en Austria; el Nuttal, Bodley y Selden en Inglaterra y el Colombino, que se conserva en México.

Estos códices se realizaron en trozos de piel de vacuno curtida que se pegaron hasta formar tiras de diferentes tamaños, que van desde cuatro a doce metros de largo plegados a manera de biombo. La preparación del soporte consiste en una imprimación de cal blanca o estuco sobre la que se pintaron los símbolos con colores vegetales o minerales a base de agua, probablemente con pinceles de pelo de conejo, poniendo primero los colores negro, gris, azul, verde, amarillo, ocre, café, morado y rojo, delimitando las figuras al final con una línea negra.

Dos fueron los calendarios que desarrollaron los mixtecos, uno ritual y otro solar. El primero compuesto de 260 días y el segundo de 365. Semejantes al Pije de los zapotecos y al Tonalpohualli de los mexicas, aunque con ciertas diferencias respecto a signos que daban nombre a los años en cuanto al de sus vecinos zapotecos, que cambiaron por palabras mexicas.




domingo, 9 de octubre de 2011

Cultura mixteca ( III )


Arte

Las expresiones artísticas de los mixtecos son consideradas débiles, especialmente en la arquitectura y la escultura, cuando se comparan con las de otras culturas mesoamericanas. El mismo Barbo Dahlgren llegó a pensar que en cuestiones artísticas se dedicaron a recoger las tradiciones de otros pueblos anteriores, especialmente las de sus vecinos los zapotecos. No obstante, en las artes menores si tuvieron un desarrollo de notable belleza. Las piezas testigo de ese desarrollo artístico mixteco nos revelan que tuvo su mayor apogeo en el Posclásico, entre los siglos X y XVI de nuestra era, al menos es a ese periodo al que corresponden la mayoría de las piezas encontradas. Así mismo, los estudios nos dicen que los temas casi siempre están relacionados con la mitología y el culto a los dioses, es la muestra evidente de la importancia que este pueblo rendía al culto a la muerte, casi todas estas piezas estaban destinadas a los altares o para uso de rituales.

Cerámica

La cerámica es la que predomina entre las piezas artísticas que se conocen y las más antiguas pertenecen al Preclásico Medio. Consistían originalmente en vasijas monocromas de color negro o gris y en ellas se refleja la influencia olmeca y zapoteca; las de la última época son bicroma y policroma. Un ejemplo de la influencia zapoteca se halla en el estilo ñuiñe, la alfarería encontrada en Monte Negro así lo ratifica. La cerámica desarrollada durante el Clásico en la Mixteca Baja deja a las claras las mezclas de ideas zapotecas con elementos decorativos teotihuacanos. En el estilo ñuiñe destacan las cabecitas colosales que se encontraron en varias localidades como Acatlán, Aninaco y otros lugares de la Mixteca poblana. Algunas de estas piezas aún siguen siendo objeto de culto por grupos de nahuas, tlapanecos y mixtecos, en localidades de La Montaña. El Posclásico fue el periodo estrella en cuanto a su desarrollo en la región. En él se difundió un estilo iconográfico heredado de otras culturas mesoamericanas, de la teotihuacana, la zapoteca y la maya, y aunque en un principio se creía que estas influencias provenían de lo que se denominó mixteca-Puebla, la región que comprende a Cholula, Tlaxcala y La Mixteca, cuando se estudiaron otras regiones de Mesoamérica se descubrió que el estilo en cuestión forma parte de la iconografía panmesoamericana.

Las características de las piezas cerámicas pertenecientes al Posclásico mixteco están bien definidas: su acabado es muy fino y de gran riqueza decorativa, de delgado grosor y barro color generalmente rojizo o café con una calidad en el bruñido que a primera vista parecen terminadas de un barniz brillante; en sus decoraciones predominan los iconos y colores que encontramos en sus códices. La cerámica policroma mixteca estaba destinada al uso de la élite, muchas de ellas se han encontrado en otras regiones alejadas de La Mixteca.

Orfebrería

También la orfebrería tuvo un importante desarrollo en el área oaxaqueña. Los mixtecos fueron extraordinarios joyeros y orfebres, a los que se le atribuye el mérito de ser los que importaron la técnica metalúrgica a México alrededor del año 900 d. C., procedente posiblemente de Panamá, Colombia o Perú. El hallazgo de hachas de cobre en la zona pone de relevancia que el trabajo de los metales en Oaxaca no sólo se dio en piezas con uso ornamental. Aunque en el Posclásico el oro se convirtió en un signo del sol, lo cierto es que este metal era considerado por los mesoamericanos como el excremento de los dioses. Este es el motivo por el que se han encontrado piezas de exquisita joyería, compuestas de oro y turquesa, la piedra solar por excelencia en la cultura mesoamericana.

El oro, el cobre y raras veces la plata fueron los tres metales con los que los orfebres mixtecos realizaron una gran variedad de formas y ricos adornos que se combinaban con jade, turquesa, plumas y tejidos finos. Básicamente fueron dos técnicas las que se emplearon en la creación de las joyas mixtecas. La más sencilla es la que se realiza a base de láminas muy finas, en frío y martilleando hasta obtener decoraciones repujadas. Con la otra técnica se obtienen piezas más refinadas, es la que se conoce como "cera perdida", por el procedimiento de fundición. Entre sus elaboraciones destacan las conocidas como "falsas filigranas", joyas que a simple vista parecen realizadas con hilo de oro, pero que si se examinan detenidamente se observa que tales alambres o hilos no están soldados, sino que se fundieron en una sola pieza, lo que les da más mérito.

A la llegada de los españoles muchas piezas se fundieron para hacer lingotes que se enviaron a España, pero otras muchas piezas también viajaron a Europa salvando su destrucción artística. Entre 1.931 y 1.943, el arqueólogo mexicano Alfonso Caso descubrió 180 tumbas, entre las que destacan las 104 y 105, y particularmente la Tumba 7, en ella fue enterrado un sacerdote mixteco sobre un jefe zapoteco. En la Tumba 7 se encontraron los mejores ejemplos de las joyas mixtecas que se conservan en la actualidad. Las ofrendas que junto a los restos óseos se hallaron consistían en figurillas de barro, collares, urnas, un cráneo humano decorado con incrustaciones de conchas y turquesas, además de otras joyas, entre las que destacan el pectoral de la vida y la muerte. En Monte Albán también fue hallada una mascarilla de oro que representa al dios mixteco "Nuestro Señor el Desollado", Xipe Tótec, así como otra representación del dios de los muertos.

martes, 4 de octubre de 2011

Cultura mixteca ( II )

Economía, política y sociedad

La diversidad de ambientes climatológicos de la Mixteca fue el condicionante clave para que sus pobladores desarrollaran una variedad determinada de cultivos agrícolas. La subsistencia del pueblo Mixteco se basaba en la agricultura, del mismo modo que el resto de pueblos de la Mesoamérica precolombina. Cuatro fueron los cultivos, con sus diversas variedades, los de vital importancia para la dieta de los mixtecos, chile, frijol, calabaza y el más importante de todos, el maíz. Sin embargo, esa riqueza climatológica les permitió otros cultivos como el algodón, que encontró el suelo y las condiciones propicias en los climas semitropicales de la Mixteca Baja, la Cañada de Cuicatlán y la Costa de Oaxaca. De igual manera sucedió con el cacao, aunque este último se desarrolló en zonas más húmedas.

No cabe duda que lo abrupto del paisaje mixteco supuso grandes problemas que superaron con ingenio, con terrazas artificiales, con la idea de ampliar la escasa superficie cultivable de la que disponían. Indicios de estas prácticas de cultivo se han encontrado en las laderas de las montañas que rodean algunos valles, como el de Tlaxiaco. Las terrazas artificiales, además de ampliar el suelo de cultivo, tenían un doble cometido tan importante como la propia tierra, era el de un mejor aprovechamiento del agua disponible. La agricultura ofrecía mejores condiciones en los valles entre montañas de la Mixteca Alta en comparación con las tierras de la Mixteca Baja y la Mixteca de la costa, que disfrutaban un clima más cálido y seco.

La práctica de nuevas tecnologías puestas en marcha por los mixtecos les permitió desarrollar una agricultura rentable. Las coo yuu (lama-bordo) o terrazas eran construidas con diques de mampostería que permitían conservar el suelo deslavado de los taludes de la montaña, lo que al cabo de 3 ó 4 años se obtenía la formación de plataformas que daba como resultado buenas cosechas de maíz. No obstante, las coo yuu requerían un mantenimiento especial para combatir a sus enemigos naturales, la erosión y el desgaste del suelo, lo que se combatía con el empleo del caliche, que se obtenía de las minas de la región. El sistema de cultivo de los mixtecos consistía en cortar o desmontar la vegetación original de las laderas de los montes y prenderle fuego, de esta manera los restos vegetales de la quema se convertían en el abono natural. Este sistema es el conocido por tumba-roza-quema. En contra, estas prácticas ocasionaron graves problemas ecológicos, la deforestación afectó a una parte importante del territorio, hasta el punto de ser uno de los suelos más erosionados de la República Mexicana.

Pero no sólo de agricultura se sustentaba la economía mixteca, también recurrieron a la pesca, la recolección de frutos silvestres y a la cacería para complementar su dieta y otras necesidades. Fueron pocas las especies de animales salvajes que se domesticaron en Mesoamérica, entre estos destacan el guajolote (Meleagris gallopavo) y el xoloitzcuintle, que aportaban la poca cantidad de carne que consumían los mixtecos. Es importante destacar la crianza de la cochinilla, un parásito del nopal muy apreciado por su intenso color rojo, que adicionalmente se desarrolló en la mixteca como un aporte complementario a la economía de la zona y que se utilizó como tinte natural en el textil. La incorporación a la amplia red comercial mesoamericana supuso para los mixtecos un importante despegue económico y social, y junto a la agricultura y la cochinilla, intercambiaban con otros pueblos materias preciosas y manufacturadas. Hay que tener en cuenta que los mixtecos se integraron como productores de minerales, especialmente de magnetita, desde fechas muy tempranas. Prueba del intercambio comercial quedó la cerámica Rojo sobre Bayo de Tayata (Mixteca Alta), que durante el Preclásico Medio se comercializó con los olmecas del Golfo de México.

La organización política de los mixtecos estaba fragmentada en numerosos pequeños estados o señoríos que a su vez dominaban otros pequeños territorios, en los que no siempre reinaba el entendimiento y los conflictos entre sí sucedían continuamente. Así mismo, la sociedad estaba dividida en dos grupos. Por un lado el grupo dominante constituido por los señores, caciques, sacerdotes, mercaderes y guerreros, los que disfrutaban del poder político y económico. El otro grupo lo componían el resto de la sociedad, artesanos, labradores y esclavos, que tenían la obligación de pagar tributo al grupo dominante.

La exploraciones arqueológicas que se han realizado dentro de Monte Albán han dado excelentes resultados que nos ayudan a imaginar las costumbres y forma de vida de los mixtecos. Al menos son 15 los barrios que se han estudiado y que nos han revelado que quizás vivieran en ellos igual número de linajes o grupos dedicados a diferentes ocupaciones o actividades productivas. En cada conjunto se han hallado de dos a cuatro montículos dispuestos en torno a patios. Al rededor de los conjuntos se situaban las terrazas de viviendas donde se cree vivían la mayoría de los mixtecos. Las terrazas, de las que se han encontrado más de 2.000, no tienen una medida determinada, algunas no miden más de 10 metros de largo por 5 de ancho y otras alcanzan los 300 por 100 metros. Es fácil de suponer que en relación al tamaño iría la calidad de las viviendas que se alzaban en cada una de las terrazas, así como a la prosperidad de sus habitantes, sin embargo, estas diferencias sociales en calidad y tamaño no alteraban el tipo de construcciones que seguían el mismo modelo.

Las características o patrón del modelo de viviendas se distribuían en una serie de habitaciones independientes que se comunicaban por un patio central de forma rectangular. La mayor parte de la población, entre el 96 y 98%, vivían en casas pequeñas o medianas que no sobrepasaban los 312 metros cuadrados de promedio, incluidos espacios techados y descubiertos. También los materiales tenían mucho en relación con el poder adquisitivo de quienes moraban en ellas. La más pequeñas se construían con muros de carrizo o bajareque y sus tumbas eran simples fosas que delimitaban con piedras o lajas. Por el contrario, las de mayor tamaño eran también las más sólidas y sus paredes se levantaban con adobes; así mismo sus enterramientos evidenciaban la jerarquía de la familia, en cuyas tumbas se encontraron mejores acabados y ofrendas. Las tumbas y las joyas fueron dos aspectos entre los que sobresalieron especialmente.

El pueblo mixteco era esencialmente guerrero, desde su creación fue una declaración hostil constante contra sus vecinos zapotecos, a los que poco a poco fueron desplazando hacia el sur. Fueron 500 años de conquistas continuadas hasta que a finales del siglo XV tomaron Mitla, la última ciudad zapoteca y la última porción del Valle de Oaxaca. Una característica especial de este pueblo es su condición de restaurador más que de constructor. El mérito de los mixtecos está en la reconstrucción de los lugares que ocupaban y en no destruir nada de lo que encontraban a su paso de conquista.

sábado, 1 de octubre de 2011

Cultura mixteca ( I )


La importancia de la cultura mixteca se basa en su cronología, una de las más extensas y antiguas de Mesoamérica. Los etónimos mixteca o mixteco provienen del náhuatl, de la palabra mixtécatl, que significa habitante del país de las nubes. No es casualidad que se denominen de igual manera que los zapotecos, de hecho compartieron con este pueblo muchos rasgos culturales. Su lengua pertenece al grupo de lenguas mixtecanas, emparentadas con el zapoteco y el otomí. El territorio histórico que tradicionalmente se le atribuye a los mixtecos se conoce por el nombre de Mixtecapán o Mixteca y está situado entre los estados mexicanos de Puebla, Oaxaca y Guerrero. En el idioma mixteco a su territorio le llaman Ñuu Dzahui, que traducido viene a llamarse país o pueblo de la lluvia o de las nubes.

Sus códices y leyendas revelan que los mixtecos llegaron de otro lugar al área oaxaqueña, aunque no tienen orígenes claros. Achiutla, Apoala, Chalcatongo, Tilantongo, Yanhuitlán eran sedes de ciudades-estado. Sus manifestaciones culturales más antiguas datan del Preclásico medio y abarcan hasta la llegada de los conquistadores españoles. Algunos de los productos mixtecos se encuentran entre los objetos de lujo hallados en el área nuclear olmeca. A partir del siglo XII de nuestra era fue cuando los mixtecos se establecieron en los valles, en los mismos territorios que conquistaron a los zapotecos: Monte Albán, Cuilapan, Quiotepec, Mitla, Yagul, Zaachila, Tlacolula, Xaanga, Xoxocotitlán y otros.

Al tiempo que los zapotecos se extendían hasta el Istmo, fundando comunidades en Tehuantepec y Guiengola, los mixtecos hacían lo mismo por el Valle de Oaxaca. Sin embargo, su expansión no quedó limitada a los valles centrales, también llegaron hasta la costa, donde crearon una importante comunidad en Tututepec, que fue controlado por el gobernante al que los códices llaman Ocho-Venado-Garra de Jaguar.

Cronología

En las excavaciones arqueológicas realizadas en la región Mixteca, en Monte Negro, en las cercanías de Tilantongo, se han encontrado indicios de la cultura mixteca que datan del año 500 a. C., lo que demuestra que los mixtecos fraguaban su identidad por el Preclásico. La cronología de los mixtecos comienza como resultado de la diversificación cultural de los pueblos de habla otomangueana en el área de Oaxaca.
Aunque la historia que nos dejaron los mixtecos es precisa y con abundancia de hechos y fechas, ésta comienza a escribirse a partir del año 692 d. C. y concluye con la llegada de los españoles.

Origen mítico

La mitología mixteca no queda al margen de las tradiciones mesoamericanas, es más, muchas de ellas se comparten con otras culturas de otras subáreas. Cada pueblo tenía su adoratorio y sacerdotes al cargo de los rituales, de las ofrendas, de las fiestas donde se ofrecían sacrificios a los dioses, no sólo de animales, también corría la sangre humana. Mitológicamente compartían una creencia con los mayas, la de estar viviendo en la era del Quinto Sol, y al igual que ellos, pensaban que anterior a su tiempo la tierra estaba inmersa en un caos, después de haber pasado por una serie de creaciones y destrucciones. En este contexto tan confuso, las fuerzas de la creación volaban en el aire. Estos espíritus creadores se llamaban Uno Venado-Serpiente de Jaguar y Uno Venado-Serpiente de Puma, que corresponden con los nombres de Ometecuhtli y Omecíhuatl, los Señores Dos.

Las dos divinidades representantes de la dualidad del universo son las responsables de haber separado la luz de la oscuridad, la tierra del agua, el arriba del abajo y de crear a los cuatro dioses que a su vez crearon a otras divinidades y a la humanidad a base de maíz.

Uno de estos cuatro hijos de la pareja creadora, al que la mitología mixteca conoce por el nombre de Nueve Viento y que se identifica con uno de los nombres de Quetzalcóatl, la Serpiente Emplumada, es el que asegura la leyenda que hizo un agujero en un árbol que se hallaba en las nubes y copuló con él. De esta extraña relación nació un ser que se enfrentó en lucha a muerte con el señor de la Mixteca, el sol. De este enfrentamiento quedó vencedor el Flechador del Sol, quien disparó sus flechas contra la estrella solar mientras que el astro respondía con sus rayos. Después de un tiempo de lucha, al atardecer, el sol caía herido de muerte y huyó a esconderse tras las montañas.

La leyenda del Flechador del Sol cuenta que, ante el temor de que su contrincante se recuperara y regresara de nuevo a las tierras que le había ganado, el triunfador del combate trajo a la gente para que estos se apresuraran a cultivar las milpas de maíz en aquella misma noche. Al día siguiente, cuando el derrotado regresó, ya nada pudo hacer por recuperar sus tierras, los mixtecos ya se habían ganado el derecho divino y militar de ser sus dueños.

Historia

Aunque las pruebas existentes de ocupación humana en la Mixteca son una evidencia desde el año 5.000 a. C., el punto de partida de la creación de la cultura mixteca no se da hasta después del desarrollo de la agricultura en Mesoamérica. Dos mil años más tarde empezaron a aparecer los primeros poblados agrícolas en la región, y sus economías se movían alrededor de los cultivos del maíz, el frijol, el chile y la calabaza. Tuvieron que pasar otro par de mil años hasta que se dio la revolución urbana, era en el Preclásico medio. Los núcleos de población habían crecido y empezaron a integrarse en la amplia red comercial que fue uniendo a los pueblos de Mesoamérica.

Al contrario que en el Posclásico, la historia del preclásico y el Clásico mixteco es poco conocida en relación con otros pueblos contemporáneos. Corría el año 300 a. C. cuando en Monte Albán se construía Los Danzantes, al mismo tiempo que en Monte Negro se levantaba un edificio con patios y columnas. Por aquellas fechas la Mixteca recibía una fuerte influencia teotihuacana aunque sin dejar de depender de Monte Albán. Más tarde, 400 años después, en Acatlán se dan los primeros indicios de un nuevo estilo que se denominó mixteco-poblano. Aquella influencia del grupo olmeca xicalanca, formado por nahuas, mixtecos y chochopopolucas, se fue extendiendo hasta el centro y sur de Veracruz, lo que trajo consigo la sustitución de la antigua tradición popular por la de Cholula y la expulsión de los habitantes nahuas que allí se habían asentado desde la decadencia de Teotihuacan.

Fueron 500 años lo que duró el dominio del grupo olmeca xicalanca sobre Cholula, hasta la llegada de los toltecas. La decadencia de Tula provocó que sus habitantes se refugiaran en Cholula, conquistándola y apoderándose de la ciudad; la conquista significó la expulsión de sus antiguos habitantes a finales del siglo XII. Algunos siglos antes de que esto ocurriera, los mixtecos extendían sus dominios. El gobernante mixteco Ocho-Venado-Garra de Tigre había conquistado por el sur hasta Zapoteacapan Tututepec, y hasta Teotitlán del Camino y la zona popoloca poblana por el norte.

Al tiempo que los olmecas xicalancas eran expulsados de Cholula, a finales del siglo XII, a la mixteca poblana llegaron numerosos grupos de chichimecas procedentes del Valle de México. La llegada de estas tribus del Altiplano fue la causante de que los mixtecos no rebasaran sus fronteras hacia la zona zapoteca y los chichimecas se apoderaron de Monte Albán. Sin embargo, durante el periodo de la supremacía tepaneca de Azcapotzalco, a finales del siglo XIV, fueron los mixtecos los que se establecieron en Chalco y se extendieron hasta Tetzcoco, influenciando de esta manera en la cultura chichimeca.