lunes, 26 de septiembre de 2011

Cultura zapoteca ( V )


Arquitectura

La arquitectura zapoteca tiene como máximo exponente a su mítica capital, Monte Albán. Hay que pasar por sus construcciones para entender el arte arquitectónico de este pueblo oaxaqueño, un majestuoso complejo que se levanta alrededor de una gran plaza, que a su vez se divide en plazas, plataformas y edificios, y que ocupa una superficie de aproximadamente 300 metros de largo por 200 metros de ancho, sobre un eje central que divide el espacio abierto de norte a sur. Probablemente, el conjunto arquitectónico más equilibrado de la América prehispánica. Asentada sobre un cerro aplanado artificialmente y construida en varias etapas. Dos de sus edificios más importantes pertenecen a la primera de ellas, Los Danzantes y el Edificio J.

Aunque la construcción de Los Danzantes data de la primera de las etapas de Monte Albán, uno de los más antiguos de la zona, también en la tercera tuvo sus modificaciones. El nombre que recibe este magnífico ejemplo arquitectónico se debe a las figuras en relieve que aparecen en algunas de las lápidas del edificio. Los seres humanos representados en estas piedras, con escritura y glifos calendáricos a sus lados, se muestran en actitud dinámica, en plena práctica del juego de pelota, y evidencian una clara influencia olmeca.

El tablero, que se conoce por el nombre de doble escapulario, constituye uno de los elementos arquitectónicos más importantes del centro y deriva del tablero teotihuacano, aunque con señas propias de identidad. Su forma de C o E, acostada y alargada, crea una peculiar silueta que se refuerza por un sencillo remetimiento de paños y adorna con alguna deidad rematando la parte superior. Son dos cámaras las que normalmente componen sus templos, algunas son abiertas y otras ligeramente cerradas por muros o puertas divididas por columnas, siempre seguidas una de otra. Las columnas son un elemento muy utilizado en la arquitectura, principalmente como soporte en los pórticos de acceso a los templos.

El Edificio J se ha venido a llamar como el primer observatorio astronómico mesoamericano, aunque también se cree que pudiera ser un edificio dedicado a la conmemoración de las conquistas. La existencia de glifos de lugares, invertidos en sus paredes en bajorrelieve, interiores y exteriores, aviva la creencia de esta hipótesis. La planta del montículo es de forma pentagonal, separada de los tres edificios centrales que asemejan la forma de una punta de flecha, en cuya base se encuentra la escalinata que da acceso. En el interior, un pasadizo abovedado con aberturas en la parte superior sugiere que desde ahí se observaban las estrellas para su estudio.

Otros edificios del complejo, como el G, H, I o P, no reúnen unas características especiales a destacar. Sin embargo, El Palacio lo hace por su número de habitaciones, 13, dispuestas alrededor de un patio central, las que se piensan fueron habitadas por nobles o sacerdotes.

El edificio Plataforma Sur, con una escalinata que da a la misma plaza y desde donde se domina toda ella, con varias estelas que muestran esculpidos a varios personajes, gobernantes o guerreros, en las esquinas de la base piramidal, es el que cierra por el lado sur.

El Montículo M y el Sistema IV comparten los mismos elementos y composición arquitectónica, son los que ponen límite por el noroeste. El primero de ellos se levanta sobre una base piramidal con escalinata y patio central, con otra base en forma de pirámide y escalinatas en el exterior; del antiguo templo sólo quedan los restos de cuatro columnas que formaban parte de su fachada como testigo de lo que fue, así como las lápidas con danzantes de su lateral. En el Sistema IV, en el exterior y hacia el norte, se halla una enorme estela con glifos; en su parte media central un patio acoge un adoratorio.

La escalinata de la Plataforma Norte se desliza hacia la plaza flanqueada por dos gruesas alfardas. En su parte superior una estela y en los laterales son altares los que contienen lápidas con relieves de personajes y glifos. Los escalones daban a un vestíbulo, hoy derruido, en su parte superior con acceso a un patio central con adoratorio, del que sólo se conservan la base de varias columnas. Por el costado este y oeste son los edificios A y B los que ponen cerco, ambas construcciones se creen que pudieron ser las viviendas de los gobernantes y sus familias.

No se puede obviar la cancha del juego de pelota, ni la importancia que para los zapotecos tenía. En forma de una gran I mayúscula, se sitúa a la izquierda de la entrada a la gran plaza, con unos pequeños nichos en las esquinas noroeste y sureste. El disco de piedra queda en el centro del rectángulo enmarcado por dos taludes que aún conservan en la parte superior los cimientos de lo que en su día pudieron ser templos. En uno de los cuatro edificios cercanos, situados en la parte oriental de la plaza, se encuentra el elemento singular del conjunto, la escalera de entrada al túnel que conecta con los edificios centrales de la plaza, por el que los religiosos acudían a sus ceremonias religiosas sin ser vistos por la multitud.

Por último, la arquitectura funeraria zapoteca conserva una serie de tumbas y enterramientos que dicen mucho de la importancia que este pueblo daba a la muerte. Todas las tumbas se construyeron subterráneas y en piedra, con escaleras y figuras modeladas en estuco. Cuentan de una o dos cámaras por lo general y destacan por su belleza y rica decoración. Son más de 200 las tumbas que se han descubierto hasta ahora en el área monumental y las laderas de la montaña.

lunes, 19 de septiembre de 2011

Cultura zapoteca ( IV )


Arte

El arte zapoteca, al igual que en la mayoría de las culturas antiguas, es el medio por el que los investigadores revelan algunos de sus aspectos culturales, sus tradiciones, costumbres y forma de vida, que quedaron reflejados en sus construcciones, pinturas y glifos plasmados en los monumentos. Aunque Monte Albán es la "joya de la corona" o su expresión más preciada para los zapotecos, no fue éste el primer centro que fundaron, el honor le correspondió a Teotitlán del Valle. A lo largo de su desarrollo cultural, sus expresiones artísticas tuvieron diversas etapas de influencia clara de otras culturas de otras subáreas mesoamericanas, primero fueron los olmecas y más tarde los teotihuacanos y mayas, un aporte enriquecedor sin duda que dio como resultado una personalidad y características propias.

La piedra fue principalmente el soporte para el desarrollo de sus expresiones artísticas. En ella dejaron sus trabajos realizados en bajorrelieves y pinturas murales, hermosos diseños decorativos que abundan en su arquitectura y que constituyen algunos de los fragmentos más apreciados y preciosos del arte prehispánico en Mesoamérica. Pero, de todos ellos, los logros culturales más importantes de los zapotecos es la creación de su calendario y la escritura.

Escritura y calendario

En la escritura que desarrollaron los zapotecos se utilizaba un carácter individual para representar cada sílaba o palabra del lenguaje. Los estudios que en su día llevó a cabo Alfonso Caso han permitido identificar más de cien glifos. Una escritura ideográfica y parcialmente fonética que perduró más de un milenio en el territorio mesoamericano pero que, como en otras culturas, sólo estaba al alcance de unos pocos. Con la llegada de la colonización continuaron escribiendo subrepticiamente acerca de sus tradiciones y su lengua pero usando la escritura alfabética europea. Los soportes en los que se desarrollaban eran diversos, los materiales, además de la piedra, eran la concha, el hueso y la cerámica. También se cree que se usaron otros materiales perecederos para desarrollar la escritura, como madera, tejidos de algodón, papel o pieles. Los glifos narraban una memoria de guerras o los sucesos históricos y las fechas en las que ocurrieron, no obstante, también se le dio un uso particular por las clases dominantes, que la utilizaban para llevar un registro vigente de sus hechos y el control de sus bienes. Las inscripciones siempre aparecen acompañadas de imágenes de hombres y mujeres particularizados por glifos onomásticos. En cuanto a la numeración, vigesimal, no hubo diferencia con las demás culturas mesoamericanas.

Eran dos los calendarios por los que se regían; el denominado Pije, mágico ritual, tenía una duración de 260 días; el Yza era de carácter agrícola, contaba de 365 días y se basaba en el ciclo solar. Entre los glifos existen algunos que son calendáricos, que determinan fechas e indican los nombres de personas con el día en que nacieron.

Escultura

Los escultores zapotecos alcanzaron un notable valor artístico en la realización de sus piezas en bajorrelieve. El bulto redondo lo desarrollaron especialmente en cerámica. La dedicación plena a su oficio los convertía en profesionales de esta actividad, que tiene su máxima expresión en los Danzantes. En estas lozas de la primera etapa de Monte Albán se nota la clara influencia olmeca, en sus incisiones en piedra de un relieve muy bajo, en las que sus figuras representadas son individuos con deformidades en el cuerpo, figuras en actitud dinámica. De esta primera fase también tienen su relevancia el grupo que constituyen los jugadores de pelota de Dainzú, y al igual que en los Danzantes, sus movimientos parecen propios de la actividad del juego, aparecen brincando, hincados o volteándose, entre otros movimientos violentos, casi imposibles.

La fase II ofrece una continuación y un cambio, una evolución. De esta etapa son los diversos relieves relacionados con los Danzantes que aparecen en el Montículo J, así como otros que constituyen una serie de jeroglíficos superpuestos que muestran una conquista; las figuras altas indican el lugar y las bajas con la cabeza invertida señalan a un conquistado o muerto. La escultura cerámica tiene entre sus representaciones más destacadas a Cocijo, el dios del agua, representado en los braceros cilíndricos con la cara del dios del fuego al frente. También aparecen en este segundo periodo de Monte Albán grandes figuras como el enorme jaguar que se muestra sentado sobre sus patas traseras, con una tela colgada del ancho collar que porta.

El máximo esplendor logrado en la escultura zapoteca llegó en la fase III. Las urnas de barro pintadas de distintos colores, amarillo, azul, blanco, rojo o negro, representando a diosas y dioses con sus acompañantes son de las piezas más representativas de este periodo, especialmente prolífico en el arte funerario zapoteco.

Cerámica

Las ollas, cajetes o sahumerios están entre las formas principales que los ceramistas de Monte Albán creaban, en un barro color gris con una muy pulida terminación. También en este campo artístico el segundo periodo significó innovación, que poco a poco fue perdiendo la influencia olmeca. La fabricación de sus vasijas toma otro sentido comercial, dejaron de ser utensilios prácticos para ir creándolos de tamaño más grande destinados al uso ceremonial. Con las formas y el tamaño la innovación trae consigo un barro de otro color, naranja, así como sus dibujos o decoraciones, cuyos motivos son grecas o líneas curvas paralelas o figuras geométricas.

En la fase tercera se distingue la influencia del Altiplano. En sus formas, con ollas de doble asa vertedera, y en sus decoraciones en la pared exterior de las piezas. Sus motivos representados también cambian, como son los casos en los que el dios Cocijo de los zapotecos es sustituido en ocasiones por Tláloc, deidad teotihuacana. Las figuras de este periodo representan rostros de hombres o animales con complicados tocados, con las piernas cruzadas y se sitúan sobre pedestales.

Pintura

El apartado pictórico tuvo un uso prácticamente ceremonial, aunque también fue utilizado en la decoración de vasijas. La técnica que usaban era al fresco y no en grandes tamaños. Sus murales, generalmente realizados en el interior de las tumbas, no se hacían a grandes escalas. Este arte tuvo entre los zapotecos un gran simbolismo religioso, se utilizaba para cubrir las paredes de las tumbas y se representaban figuras de dioses o escenas relacionadas con la vida de los personajes difuntos que las ocupaban. Sus dibujos eran figuras planas, en dos dimensiones, sin perspectiva ni volumen o rotundidad que dieran la sensación de movimiento.

Los primeros dibujos datan de entre los años 200 y 400 d. C. y son símbolos utilizados para decorar las tumbas. Como en otros campos de la cultura zapoteca, también en este arte es clara la influencia teotihuacana. Algunas muestras lo dan por hecho, como en el caso de la Tumba 112 en la que el diseño central quedó enmarcado con bandas horizontales decoradas con ganchos verdes sobre un fondo rojo. De la misma manera, la cultura maya dejó su influencia en la Tumba 115. En ella están representadas, entre dos franjas, siete parejas acompañadas de jeroglíficos e insignias relacionadas con sus nombres y rangos. La franja superior es de color celeste, ocupada por las fauces del cielo y adornada con ojos estelares; la franja inferior representa la banda terrestre.





jueves, 15 de septiembre de 2011

Cultura zapoteca ( III )


Organización económica

El sistema de vida de los zapotecos, desde que se crean como grupo humano, siempre fue sedentario, desde los primitivos arcaicos hasta el final de las etapas que marcan su desarrollo cultural. Sería difícil de entender si no fuera porque las extraordinarias condiciones climáticas del terreno les fueron propicias, un aliado natural que les ofrecía enormes posibilidades de supervivencia y para el desarrollo de la agricultura, que se convirtió en la principal actividad económica de este pueblo. El frijol, chile, calabaza y cacao estaban entre las plantas principales de sus cultivos, que ponían en práctica con la herramienta agrícola más extendida por toda Mesoamérica, la coa. Pero el más importante de los cultivos fue sin duda el maíz, que a principios del Clásico era el alimento básico de numerosas aldeas. Para este periodo se introdujeron novedades en sus costumbres agrícolas, se construyeron terrazas escalonadas en las laderas de los cerros y nuevos sistemas de riego se pusieron en práctica. Las innovaciones provocaron un incremento considerable en la producción de las cosechas.

El ofrecimiento que la naturaleza en cuanto a animales y frutos silvestres significó un aporte importantísimo a su dieta. Sus representaciones artísticas son la principal fuente de información para conocer cuáles eran esos animales de los que se alimentaban, venados, conejos, jaguares, armadillos, serpientes, patos, guajolotes, ranas, que los zapotecos cazaban con arcos y flechas o trampas. Así mismo la pesca fue otra actividad importante, que practicaban en las zonas costeras empleando anzuelos, redes y canastas.

El territorio zapoteca, además de las magníficas condiciones climatológicas, también ofrecía una situación geográfica inigualable, un punto estratégico para la actividad comercial que significaría un pilar importantísimo para la economía zapoteca. La ubicación geográfica jugó un papel determinante en el desarrollo cultural, fue la frontera natural entre el Altiplano Central y la zona Maya, un cruce de culturas y de influencias que terminó por dar sus frutos culturales.

Orden social y político

Sabemos que la organización política y social de los zapotecos estuvo dividida en varios estratos pero con dos etapas diferentes de gobierno. Hacia el año 900 d. C. la clase gobernante estaba basada en una concepción teocrática, sin embargo, para la época en que llegaron los conquistadores españoles eran los guerreros los que habían afianzado en el poder y los que gobernaban al pueblo zapoteco. La estructura piramidal de las clases sociales mantenía en todo lo alto a la aristocracia, compuesta por los sacerdotes y los guerreros; les seguían los funcionarios de gobierno, los comerciantes y artesanos especializados como los alfareros, tejedores o pintores, y en el escalón más bajo los campesinos o agricultores.

En cuanto a núcleos urbanos, la estratificación se extendía de la misma manera. Monte Albán fue la que dominó política y económicamente a las comunidades que se asentaban a su alrededor. Es muy probable que las alianzas entre matrimonios tuvieran mucho que ver a la hora de elegir el gobernante de turno de cada ciudad, pueblo o aldea. Durante el periodo Clásico, en los valles centrales de Oaxaca existía una jerarquía de líderes y caudillos gobernados y dirigidos desde Monte Albán. Los demás núcleos urbanos asentados en el valle acataban las decisiones que imponían los gobernantes de la capital zapoteca y esto permitió que alcanzaran la unidad política que les convirtió en Estado. Dentro de Monte Albán las familias también se diferenciaban por estatus, desde las más poderosas, que tenían grandes residencias y enterraban a sus muertos en lujosas tumbas con numerosos objetos, a las familias menos pudientes y con casas más pequeñas, que lo reflejaban de igual modo en los enterramientos de sus difuntos. El lujo y la grandiosidad de sus tumbas diferenciaban la clase social también más allá de la vida, aunque todas las familias compartían la misma costumbre de enterrar a sus familiares muertos bajo el suelo de sus viviendas, esto muestra la importancia que la familia tenía para los zapotecos.

El arte funerario de los zapotecos está entre las expresiones artísticas más reconocidas. Al principio enterraban a su difuntos dentro del espacio doméstico o en un sitio cercano, sin ningún tipo de construcciones mortuorias definidas. Fue a la par que su cultura se desarrollaba cuando las construcciones funerarias se hicieron más complejas. Las cámaras funerarias de los zapotecos se edificaban con cubiertas abovedadas, con jambas y dinteles bajo relieves, vestíbulos y murales. Los bajorrelieves representados en piedra eran muy detallados y entre sus figuras aparecían sacerdotes, ofrendas y jaguares. El significado ritual y simbólico del juego de pelota hizo que ésta fuera una de las escenas más repetidas de todas cuantas aparecen labradas en las piedras funerarias. Del mismo modo que las representaciones de sacrificio, que muestran figuras agonizantes y sacrificadas, como en la conocida galería de Los Danzantes. En la última etapa, las tumbas de altos cargos se edificaban con escalinatas y con fachada con tablero doble, el nicho central para la colocación de la divinidad, una antecámara y una cámara funeraria con un nicho en el fondo y otro a los lados. Gracias a esta costumbre zapoteca, de enterrar a sus muertos bajo el suelo de la vivienda, y la calidad y cantidad de objetos hallados en sus tumbas, los arqueólogos han encontrado el camino más fácil para entender y explicarnos cómo era su forma de vida y el respeto que profesaban a sus difuntos y hacia la muerte.

Religión

La fe religiosa de los zapotecos se repartía en distintas divinidades, que tenía como dios más importante a Cicijo, dios del trueno, del rayo y de la lluvia, una variante zapoteca de Tláloc, dios de la lluvia y los mantenimientos de los mexicas. La galería politeísta de divinidades zapotecas estaba representada por diferentes dioses relacionados con los elementos naturales como Cocijo, pero también otros como: Copichja, el dios del sol y la guerra; Pitao-Cazobi, el dios del maíz; Pita-Coo, el dios de los temblores de tierra; Pitao-Xicala el del sueño, el amor y la lujuria o Coqui-Bezelao y Xonoxi-Quecuya, dios y diosa de la muerte y el inframundo. Sin embargo, por encima de todas estas divinidades creían en un dios supremo llamado Coqui-Xel, Coqui-Cilla, Pije-Tao o dios Trece.

También la influencia olmeca se notaba en todas sus representaciones con la aparición del jaguar de manera predominante. Para los zapotecos, este animal representaba a un dios muy importante, al que relacionaban con los montes, la tierra y la lluvia, símbolo de poder y dominio. De igual manera, el murciélago era para ellos un animal sagrado, al que representaban en una deidad asociada a él.

La jerarquía religiosa estaba organizada por edades y era mantenida por los servicios que daban a la población. Se podría decir que entre sus sacerdotes los había para especializaciones determinadas, como los que interpretaban los agüeros, que se servían para ello del calendario adivinatorio o Pije. Estos sacerdotes especialistas en la buena fortuna también determinaban cuáles eran las ceremonias adecuadas a realizar e influenciaban en los aspectos más importantes de la vida, como evitar contraer matrimonio entre dos personas que hubieran nacido en el mismo día, considerado un síntoma de mal agüero.

Entre sus supersticiones conocidas sabemos la que llamaban "tonal". La costumbre de esta superstición era la de poner ceniza en la choza donde había un recién nacido y al día siguiente, el animal que la hubiera pisado era el que lo representaría y daría su personalidad, su "tótem".



domingo, 11 de septiembre de 2011

Cultura Zapoteca ( II )


Monte Albán

La ciudad de Monte Albán se fundó hacia el año 500 d. C., hacia el final del periodo Formativo, coincidiendo con el surgimiento de una nueva cultura en el Valle de Oaxaca, que tuvo como seña de identidad cultural más relevante una cerámica gris que más tarde representaría a la cultura zapoteca. La procedencia del nombre de Monte Albán le viene de la época hispánica. Se cree que fue renombrada de esta manera en el siglo XVI, en honor al terrateniente español de apellido "Montalbán". Sin embargo, no es este el único nombre que recibió a lo largo de su historia. Los zapotecos la llamaban Dani Baá, "Montaña Sagrada", y los mixtecos Yucucúi, "Cerro Verde".

La montaña sagrada de los zapotecos fue una ciudad con población pluriétnica, como lo fueron las grandes ciudades mesoamericanas, que a lo largo de toda su historia mantuvo vínculos con otras culturas de la región. Durante la primera etapa de Monte Albán se evidencian las influencias teotihuacanas, que quedó reflejado en sus expresiones culturales como la cerámica y sus monumentos, arquitectónicos y escultóricos. Todo parece indicar que fueron unas relaciones pacíficas entre los dos pueblos, una época de paz, quizás debido a que la capital zapoteca no ofrecía peligro ninguno de competencia política y económica. Por aquellos años Monte Albán se mostraba como un centro aislado, tradicional, e incapaz de competir con Teotihuacan.

Aquella ausencia de enfrentamientos bélicos trajo consigo una reorganización profunda en el Valle de Oaxaca, de la que surgieron cinco tipos de asentamientos jerarquizados que llegan a tener responsabilidades administrativas y monumentos tallados al mismo estilo que en Monte Albán, aunque sin celebraciones ceremoniales ni de élite. Algunas de estas comunidades, Huijazoo, Lambityeco, Cerro de las Campanas, Yagul o Mitla, llegaron a tener varios miles de habitantes y la etapa se caracterizó por la construcción de monumentales edificios de piedra, por el uso del calendario y la escritura.

Dani Baá nunca llegó a ser una metrópoli importante desde el punto de vista económico como lo fueron otras capitales mesoamericanas, quizás porque tampoco nació con esas inquietudes, más bien las de ser una capital política, destinada a coordinar las actividades de las otras comunidades menores, de su organización política, económica y militar. No obstante, la ciudad creció rápidamente y llegó a contar con 150.000 habitantes, convirtiéndose en la ciudad dominante y el gran centro religioso de los zapotecos. Monte Albán no fue sólo un centro ceremonial, la ciudad tenía templos, palacios, mercados, tumbas con ofrendas suntuosas, sistemas de almacenamiento y drenaje, y dos canchas de juego de pelota. Fue una ciudad viva, dinámica, en la que habitaban artesanos, comerciantes, sacerdotes y gobernantes; sus edificios estaban recubiertos de estuco con el color rojo predominando. Las casas del pueblo se distribuían en las laderas, fuera del conjunto central, y se componían además de las viviendas de una pequeña huerta, pozo y espacio para taller artesano.

La piedra angular del dominio de Monte Albán estaba en su cultura, en las innovaciones que llevaron adelante en la astronomía, el calendario, la escritura o la religión. De esta segunda fase data el edificio llamado de Los Danzantes, construido con elevados muros, revestidos de grandes losas y con figuras en movimiento, grandes y verticales, pequeñas y horizontales. En este edificio se encuentra una clara influencia olmeca, de La Venta, así como una cerámica de notable elaboración y original y que parece tener una procedencia exterior o al menos la influencia que la originó.

No es coincidencia que justamente cuando comenzó a decaer San José Mogote se diera el nacimiento de Monte Albán, que a la par que iba menguando el número de habitantes de la primera ciudad se fuera incrementando en la segunda. Los estudios que Kenny Flannery llevó a cabo junto con sus colaboradores a partir de 1.966 en San José Mogote, dejan abierta la posibilidad que los primeros habitantes de Monte Albán, sus fundadores, llegaran del anterior lugar buscando un sitio elevado para construir su gran plaza desde dominaran los valles.

Monte Albán III fue la etapa de mayor esplendor de la cultura zapoteca, en la que destaca su magnífica cerámica, a la que se le atribuye la clara influencia maya del Petén, Guatemala, en sus técnicas de fabricación y sus bellas formas. La época coincide con el desarrollo del sistema de escritura glífica en estelas e inscripciones en las lápidas que forman los edificios monumentales. Tampoco es coincidencia que el mayor esplendor de los zapotecos coincida en tiempo con las culturas clásicas Teotihuacana y maya, desde el siglo III d. C. al siglo IX d. C., es la prueba evidente de la influencia cultural mesoamericana. Para esta época ya tiene bien definida su personalidad la cultura zapoteca, a ella corresponde el máximo poderío económico y político, la mayoría de los edificios de la ciudad, y se caracteriza por la construcción de amplias tumbas subterráneas, con fachadas de piedra y pinturas murales interiores, representando sacerdotes y deidades.

Durante la tercera fase se dio un cambio importante que significó el surgimiento de lo que se conoce como estilo zapoteca. Esto sucedió con la llegada de un grupo procedente de la zona de Chiapas, que acabaría por fusionarse con el grupo original. El fruto de esta fusión se mezcló con la ya existente influencia teotihuacana y es lo que provocó el resultado conocido.

Al final del cuarto periodo, alrededor del año 800 d. C., los grandes centros urbanos fueron abandonándose paulatinamente. Se desconoce el motivo por el que dejaron de funcionar, muchas voces apuntan a diferentes causas que van desde sequías prolongadas, epidemias, hasta posibles problemas sociopolíticos. Del siglo X al XV, Monte Albán entra en decadencia y los zapotecos abandonan su capital coincidiendo con la llegada de los mixtecos a Oaxaca, que la ocupan y comienza a convertirse en el gran cementerio mixteco. Los antiguos habitantes de Monte Albán establecen su capital política en Zaachila y en Mitla fundan su santuario junto con la residencia de la clase sacerdotal.

Al igual que en otras regiones mesoamericanas, a partir del 1.200 d. C. comienza una nueva etapa, el Posclásico, que afianza el dominio de los mixtecos en Oaxaca. Para el V periodo Monte Albán se había transformado en un majestuoso cementerio; Yagul, Zaachila y Mitla fueron las ciudades-estado que más florecieron en los valles centrales, especialmente esta última, que se convirtió en el claro ejemplo de la nueva arquitectura con sus palacios, y una novedosa cerámica policroma, junto a otros objetos de filiación mixteca, hacen su aparición en la región.


viernes, 9 de septiembre de 2011

Cultura zapoteca ( I )


A pesar de ser una de las culturas más conocidas de Mesoamérica, los orígenes de los zapotecos no muestran indicios claros que nos digan cuál es su procedencia. La mitología zapoteca es la que marca el principio de este pueblo que, a diferencia de otros, no tienen una tradición o leyenda que revele su origen. El vocablo zapoteca es de origen náhuatl y quiere decir "zaa poxtecatl, comerciante zaa o de las nubes", aunque ellos se autodenominaban binni záa o be'nezza, que significa "gente de las nubes". La creencia mitológica del pueblo zapoteco dice que nacieron directamente de las nubes, de los árboles, de las rocas, del jaguar... Como si fueran hijos legítimos de los dioses, es por eso por lo que les gustaba nombrarse binni záa.

Cronología

La cronología de Monte Albán se define en cinco periodos, cinco etapas que estableció el maestro Alfonso Caso a partir de 1.931 durante una serie de exploraciones en la capital zapoteca, en sus 15 siglos de desarrollo cultural. Las etapas oaxaqueñas quedaron definidas de la siguiente manera:

Preclásico

Tierras Largas 1.400-1.150 a. C.
San José 1.150-1.000 a. C.
Guadalupe 900-800 a. C.
Rosario 700/650-500 a. C.
Monte Albán Ia 500-400 a. C.
Monte Albán Ib ca. 300 a. C.
Monte Albán II 200 a. C.-100 d. C.

Clásico

Monte Albán IIIa 100-400 d. C.
Monte Albán IIIb 400-600 d. C.
Monte Albán IV 600-900 d. C.

Posclásico

Monte Albán V 950-1.500 d. C.

Los primeros pobladores de Oaxaca eran sedentarios y vivían en pequeños asentamientos compuestos por grupos de una o varias familias, eso sucedía durante el periodo Arcaico, entre los años 8.000 y 2.000 a. C. Se dedicaban a la recolección de plantas silvestres y a la caza del venado, entre otras especies ya desaparecidas. De entre todos los hallazgos arqueológicos encontrados en la zona oaxaqueña, las piezas más antiguas son unos implementos de piedra lascada, similares a los utilizados por la cultura Clovis. El fin de este periodo nómada lo marca la agricultura, era el principio de los cultivos, que para este tiempo ya dominaban o domesticaban algunas plantas, como teosintle y algunas variedades de frijol y chile.

Las primeras aldeas oaxaqueñas comenzaron a surgir alrededor del año 1.600, en el valle de Etla, San José Mogote, Tierras Largas y Hacienda Blanca. La agricultura ya se había convertido para entonces en la primera dedicación para su dieta, que complementaban con la caza y la recolección. Los pequeños grupos fueron aumentando en número de componentes y con ello se fue constituyendo la organización política y social, lo que trajo consigo la diferenciación de grupos sociales. Un par de siglos más tarde, el surgimiento de nuevas aldeas se fue extendiendo a otras partes de los valles de Oaxaca y Nochixtlán. Sus casas se construían con bajareque y la dedicación a la agricultura en las riberas de los ríos les proporcionaba el sustento necesario para la supervivencia; sus muertos los enterraban en fosas cercanas a sus viviendas y comenzaron a establecerse las primeras rutas comerciales, que se iniciaron intercambiando conchas, obsidiana, cerámica y productos perecederos, con otros pobladores de los valles, para más tarde extenderse a otras regiones mesoamericanas.

La expansión comercial y el intercambio trajo de la mano otras influencias, principalmente la de la cultura olmeca, que empezó a notarse en la elaboración cerámica, en su diseño y decoración, así como en las figurillas de hombres con deformación craneana, muy características de la cultura madre mesoamericana. Corría el tiempo por entre los años 1.200 y 800 a. C. y aquella influencia se notaba especialmente en los núcleos poblacionales más importantes, en San José Mogote, en el Valle de Etla, y en Etlatongo, en el Valle de Nochixtlán. Los zapotecos se ganaron el reconocimiento de hábiles lapidarios y ceramistas, conocieron el calendario y desarrollaron una escritura jeroglífica que aún hoy nos resulta un verdadero enigma que no se ha conseguido descifrar. Durante el reinado de Moctezuma I, tras la caída de los zapotecos y los mixtecos, la dominación mexica estableció una colonia militar en el Valle de Oaxaca, hasta 1.521, año en el que los españoles lo conquistaron y fundaron la antigua Antequera, hoy ciudad de Oaxaca.

jueves, 8 de septiembre de 2011

Subáreas culturales mesoamericanas: Zona Oaxaqueña


La Zona Oaxaqueña es una de las más importantes entre las subáreas culturales mesoamericanas, una de las más evolucionadas, destaca por su pluralidad, por su riqueza cultural y lingüística. El desarrollo de las culturas de la Zona Oaxaqueña se dio dentro de los límites que marcan el actual estado de Oaxaca, en una zona de unos dos mil kilómetros cuadrados, limitada por la Sierra Madre del Sur y el escudo o nudo mixteco. Se trata de un territorio sumamente montañoso que incluye una porción de la cuenca del río Balsas, caracterizada por su clima cálido y templado y su compleja topografía. La región se divide en tres zonas principales: las montañas, los valles y la costa.

Las sierras son el elemento principal de su horizonte, de su paisaje y de su historia, determinan el curso de los ríos e influye en su temperatura, así como en las lluvias, la vegetación, y por lo tanto en el desarrollo de los pueblos y pobladores que habitaron la región. La geografía oaxaqueña es rica y de gran variedad en cuanto a ecosistemas, que van desde las selvas húmedas y bosques tropicales semihúmedos, hasta las selvas secas, los bosques espinosos y los matorrales xerófitos. La costa ofrecen lagunas, esteros, dunas, playas y acantilados, con numerosos manglares; palmares, sabanas y matorrales en su vegetación. Son pocas las planicies que se encuentran en la Zona Oaxaqueña: los valles centrales de Oaxaca, las planicies semiáridas del Istmo de Tehuantepec y el Valle de Nochixtlán en la Mixteca Alta. Algunas de las ciudades importantes que florecieron en estas planicies fueron Monte Albán, Mitla, Zaachila, Dainzú, Yugul, Lambityeco o Hijazoo, entre otras.

La historia cultural de esta subárea tiene dos escenarios principales, el de la cultura zapoteca en el periodo Clásico y la mixteca en el Posclásico. Sin embargo, también otras culturas tuvieron su desarrollo en la zona oaxaqueña. Otros como los chinantecos, mixes, zoques, mazatecos o cuicatecos también habitaron la subárea mesoamericana. En la región de Oaxaca actualmente existen 16 grupos indígenas que hablan distintas lenguas. En primer término, la cultura zapoteca es una de las más antiguas y conocidas de Mesoamérica, que se desarrolló en los valles centrales de Oaxaca a partir de los cacicazgos regionales que controlaban la fértil tierra de cultivo de los pequeños valles de Etla, Tacolula y Miahuatlán. Prueba de la importancia cultural de la región es que aquí se recogen algunos de los primeros ejemplos de gran arquitectura en Mesoamérica, como el centro ceremonial de San José Mogote. Las estelas asociadas al Edificio de los Danzantes muestran una escritura y un calendario bastante desarrollados. Bernal apunta sobre estos dos aspectos que, sino el primero, fue de los primeros pueblos mesoamericanos en desarrollarlos. Cuando este centro ceremonial perdió la hegemonía en el valle pasó a manos de la capital clásica de los zapotecos, Monte Albán.

Desde Monte Albán, nos dice Covarrubias, se conoce el calendario y la escritura. La capital zapoteca se levanta impresionante sobre una colina cercana a la actual ciudad de Oaxaca. La región oaxaqueña es como una frontera, que toma y asimila elementos culturales tanto de los mayas como de los habitantes del altiplano mexicano. La caída de Teotihuacan, en el siglo VIII d. C., fue el condicionante que permitió el gran apogeo de la cultura zapoteca. La ciudad fue abandonada en el siglo X d. C. y su poder pasó a una serie de centros ceremoniales muy activos que se disputaban la hegemonía política en los valles: Mitla, Zaachila y Cuilapan.

Por otra parte, la región Mixteca se localiza al poniente de los valles centrales, con una orografía sumamente montañosa y de altitudes muy variables que sobrepasan los 3.000 metros sobre el nivel del mar. Sus climas son templado montañoso y trópico seco, con escasas lluvias y pocas corrientes de agua.

Aunque las capitales mixtecas no alcanzaron nunca la magnitud de sus vecinas zapotecas, la región mixteca es también una zona ocupada desde tiempos inmemoriales. Algunos núcleos poblacionales importantes como: Yucuita y Cerro de las Minas datan del Preclásico. Sin embargo, el mayor esplendor de la cultura mixteca se dio en el periodo Posclásico, cuando Ocho Venado, el gran gobernante mixteco, señor de Tututepec y Tilantongo, emprendió la campaña de unificación de las ciudades-estado mixtecas, que llegaron a ocupar los valles centrales de Oaxaca.

sábado, 3 de septiembre de 2011

Cultura huasteca ( IV )


Las expresiones artísticas de los huastecos no fueron tan esplendorosas como pudieron serlo las de otras culturas mesoamericanas, aún así, no se les puede catalogar de arte pobre. Lo que se conoce sobre su pintura es prácticamente lo que encontramos en su cerámica, un campo donde sí se dieron buenos artistas, al igual que en su relevante escultura, con piezas realmente notables. Aunque la región conservó parte de sus rasgos arcaicos en la lengua, los ritos y la elaboración de piezas artísticas, la influencia de otros pueblos mesoamericanos, especialmente procedentes del Altiplano Central, se hizo notar sobremanera. Principalmente de Teotihuacan durante el Clásico y lo proveniente de Tula y los mexicas en el Posclásico.

Arquitectura

Los restos arqueológicos encontrados reflejan cómo se fueron extendiendo por el territorio los grupos de tradición costeña. Nos muestran que los primeros asentamientos se dieron en la zona norte de Veracruz y el sur de Tamaulipas, para más tarde extenderse por la llanura costera, por la de San Luis Potosí y la Sierra de Tamaulipas. La llanura costera fue testigo del avance que continuaron durante el periodo Clásico hasta llegar al Altiplano potosino, extendiéndose más tarde hasta Querétaro, la sierra de Hidalgo y el norte de Puebla.

Los primeros asentamientos en la Huasteca fueron pequeñas y dispersas aldeas constituidas de algunas casas de barro y varas, principalmente de planta oval. Luego vinieron las casas construidas sobre pequeñas elevaciones artificiales tratando de evitar la humedad. La construcción de las plataformas que sostenían sus templos comenzó más tarde, posiblemente entre los años 1 y 100 de nuestra era.

Los perfiles identificativos de la arquitectura huasteca comenzaron a darse entre los años 200 y 500, fue cuando dominaron las formas circulares o derivadas del círculo con las que levantaron plataformas y templos. Esta característica en formas circulares u ovales es propia de los huastecos, al menos en esa creencia se apoyan los investigadores tras comprobar que estas ideas arquitectónicas surgieron mucho más tarde en las otras áreas culturales que tuvieron contacto con la Huasteca.

En todo el territorio podemos encontrar infinidad de montículos circulares llamados cúes, donde construían sus adoratorios. Muchos de ellos se localizan en El Ébano, Tancahuitz, El Tamuín y Cacahueanteco, sin embargo, esto es considerado la punta del iceberg arqueológico, por el poco terreno explorado en relación con la zona. Algunas de las plataformas están recubiertas con piedras y de estuco que muestran restos de pintura, es el caso de la pequeña estructura circular de El Tamuín, decorada con un mural pintado en rojo oscuro sobre un altar cubierto de estuco.

La etapa de mayor desarrollo cultural de los huastecos se sitúa en el Posclásico, es durante este periodo cuando se construyen El Tamuín, Cacahuantenco y Las Flores, al norte de Veracruz, y Buena Vista, El Ébano y Tancahuitz en el estado de San Luis Potosí. La culpa de que no sea mucho lo que se conserva de la arquitectura huasteca la tienen especialmente los materiales perecederos con los que construyeron. Sus estructuras se recubrían con techos de madera y hojas de palma, y otros materiales que no sobrevivieron al paso del tiempo. Es por eso por lo que sólo se conservan restos de los basamentos y muros de aquellos edificios mayoritariamente de forma circular o con esquinas redondeadas, sobre las que se encontraban los templos dedicados a sus dioses, especialmente a Quetzalcóatl, en su evocación al dios del viento Ehécatl y las viviendas de la clase superior.

Escultura

De todas las expresiones artísticas de los huastecos la escultura es su medio más importante, es en este campo donde se encuentra la mejor representación de esta cultura. La piedra arenisca, una roca sedimentaria integrada por arena de cuarzo, es el material más utilizado para labrar las notabilísimas piezas escultóricas que se conservan y que dan importancia a la cultura huasteca. Son varias, distintas, las características que identifican a sus esculturas, generalmente inexpresivas, de representaciones mayoritariamente humanas, de animales y rara vez zoomorfas. Dentro de la amplia gama de figuras se distinguen las de sexo indefinido. Su imagen estilizada y lineal ha provocado que muchas de ellas fueran confundidas con formas de adolescentes. La mayoría son representadas de pie y con la mirada siempre al frente; las femeninas con los brazos sobre las costillas o el vientre y las masculinas con un brazo sobre las costillas y el otro extendido. Los extensos y complejos tatuajes corporales y faciales, así como sus tocados, el cónico y el de forma de abanico, que se combinan en ocasiones, son detalles propios e inconfundibles de la escultura huasteca.

El museo Nacional de Antropología de la ciudad de México y el Museo Regional de Antropología de la ciudad de Xalapa son dos centros artísticos que recogen gran parte de las figuras escultóricas encontradas, especialmente en este último. Entre las más reconocidas se encuentra el Adolescente Huasteco, que representa a un sacerdote joven de Quetzalcóatl que lleva en la espada un niño que simboliza el sol. La Apoteosis es una figura humana que muestra dos caras, cuyo significado es una dualidad, por el frente de la escultura muestra la vida y por la parte posterior a la muerte. Entre ellas hay un tipo de figuras que son frecuentes y que se les llama "viejitos", en postura encorvada y recargados sobre un pene, por lo que también se les conoce como "viejitos libidinosos", que representan a la vida. El viejito le abre paso a nuevas vidas, es la expresión del ciclo de la renovación universal.

De la misma manera que con la piedra, los huastecos encontraron en las conchas un material idóneo para realizar objetos de muchas y diferentes formas, como anzuelos, agujas, botones, cinceles, anillos, brazaletes, pulseras, orejeras, cuentas para collar, pendientes, pectorales lisos, cascabeles, trompetas. Un sin fin de utilidades que tiene su mayor mérito en las escenas míticas y religiosas de una notabilísima calidad plástica que grabaron en pectorales.

Cerámica

El estudio de la cerámica es un requisito importantísimo para conocer el desarrollo cultural de los pueblos mesoamericanos. Analizando su cerámica se pueden definir sus épocas evolutivas, los motivos religiosos y la estética de aquellos pobladores, así como los recursos tecnológicos. De la misma manera resulta interesantísima la información que se obtiene sobre las rutas comerciales existentes y los intercambios entre culturas.

La cerámica huasteca de los primeros periodos de la costa ha sido identificada con otras del Veracruz central, del área maya e incluso con las primeras fases de Monte Albán. Es alrededor del año 300 (Pánuco III) cuando los investigadores estiman que apareció la llamada cerámica de pasta fina, que tiene como característica especial su acabado y la dureza superior a otras de anteriores periodos. La inexistencia, o que no se hayan encontrado restos, de este tipo de cerámica en otras áreas de Mesoamérica, ha hecho que los arqueólogos coincidan en la creencia de que su origen se encuentra en la Huasteca y que no existieron vínculos cerámicos con otros pueblos, aunque se han hallado desarrollos similares en el centro de Veracruz.

Para el cuarto periodo o Pánuco IV la cerámica huasteca comenzó a tener una fisonomía propia, entre los años 700 y 900, que no muestra ninguna relación o parecido con otras. Sin embargo, las cerámicas pintadas de rojo en el exterior guardan similitud con las de El Tajín del periodo Clásico, lo que ofrece la posibilidad de que pudiera deberse a un desarrollo cerámico común. En el Posclásico, la influencia de otras culturas en la cerámica huasteca es clara. La denominada de Las Flores es la más notable de todas cuantas se realizan y muestran el vínculo existente con las del área maya y el centro de Veracruz. En el último periodo, cercano a la llegada de los españoles, la cerámica huasteca era un producto comercial importante, por el norte hasta el río Bravo y por el sur hasta Nautla y Cempoala.

También las figurillas huastecas surgieron desde el principio, desde el periodo Preclásico se han encontrado algunas piezas que tienen una influencia clara con la cultura olmeca. Aunque sus rasgos fueron otorgándole una identidad propia, el uso de los moldes las identifica con las técnicas realizadas en otras zonas mesoamericanas.

Pintura

La pintura no es el apartado artístico más relevante de los huastecos, más bien todo lo contrario, son muy pocas las representaciones pictóricas que se han conservado hasta la actualidad. Es el soporte cerámico el medio por el que nos podemos hacer una idea de cómo eran sus pinturas artísticas.

Su débil arquitectura, su vulnerabilidad, no ha permitido seguramente que muchos de sus murales hayan llegado a nuestros días. Por suerte no todas estas expresiones pictóricas las devoraron el tiempo y la naturaleza. Es el caso del mural encontrado hace más de medio siglo, en 1.946, por los arqueólogos del Instituto Nacional de Arqueología e Historia, cuando exploraron el edificio A de la zona de El Tamuín, San Luis Potosí. El muro hallado estaba cubierto con un fino acabado de estuco blanco sobre el que se representaban motivos de plumas, círculos y adornos de personajes ya borrados. Los cinco primeros parecen sentados, con los ojos típicos huastecos y los dientes limados, que portan abanicos y grandes tocados; otros aparecen en actitud de caminar y muestran máscaras diversas, así como complejos tocados, abanicos, orejeras, gorros cónicos, sonajas, máxtlatl con la punta redondeada y vírgulas de la palabra saliendo de sus bocas como entonando un canto; y grecas. Todo en color rojo. La influencia de estas pinturas son claramente tolteca, por lo que se estima fueron creadas en el siglo IX de nuestra era.




viernes, 2 de septiembre de 2011

Cultura huasteca ( III )


Religión y sexualidad

La religión de los huastecos va unida de la mano de la sexualidad desde el primer momento que comenzó a fraguarse esta cultura, esta característica religiosa parece que no tiene rechazo por parte de los estudios antropológicos realizados, aunque no se les puede calificar de libertinos, viciosos e inmorales, como hicieron ver desde Europa, desde que los cronistas españoles reflejaban en sus escritos los actos de escarnio que veían en algunas de sus costumbres.

Visto desde otro prisma más humano y menos fanático, como lo perciben y describen las fuentes históricas desde el contexto fundamentalista católico que se respiraba por aquellos días, la religiosidad huasteca tiene entre sus manifestaciones principales el culto a la fertilidad. Es muy probable que la diosa madre fuese Tlazoltéotl, creadora de la vida y la primera diosa sin imagen determinada, ni humana ni animal, a la que los mexicas adoptaron como diosa de la lujuria, de los placeres carnales, lo que demuestra que compartían con los españoles el mismo concepto inmoral sobre los huastecos, aunque también es verdad que pudiera ser por la influencia ejercida de los conquistadores.

Los elementos naturales como la lluvia, el viento, el sol y la luna también eran objetos principales de culto, costumbre que compartían con los chichimecas, quienes identificaban a los dos últimos como el padre y la madre de la naturaleza. Durante el Posclásico existieron muchas influencias, especialmente de los toltecas y de los mexicas, sin embargo, hay que valorar las que sucedieron al contrario en el apartado religioso, las deidades de origen huasteco que fueron integradas en el Altiplano Central. Los dioses huastecos son representados con un gorro cónico o copilli, es el caso de Éhecatl, el dios del viento, o Quetzalcóatl, la serpiente emplumada, Tlazoltéotl, Ixcuina y, aunque no se tiene con certeza absoluta, también pudieran se de origen huasteco Xipe-Tótec, dios de los orfebres, y Ometachtli, dios del pulque.

Las fuentes que nos llegan del siglo XVI recogieron de la mitología huasteca que sus antepasados tomaron su nombre de un héroe llamado Cuextecatl, que fue quien los condujo a la región. Los míticos relatos también cuentan que los primeros pobladores llegaron a la región de Pánuco cruzando el mar con embarcaciones, aunque sin precisar el lugar exacto desde el que partieron, para después caminar siguiendo la ruta que marcaba la Sierra Nevada y los volcanes hasta llegar a Tamoanchan. En este lugar se produjo un desarrollo cultural prolífico, fértil, que propició el invento del calendario y la escritura, además de conocer los adelantos de las antiguas civilizaciones. Pero como ningún líder es perfecto, al heroico personaje se le abrió una fisura por su punto más débil, el que le hizo caer de su simbólico pedestal. La afición al pulpe y a la embriaguez que producía su consumo en exceso le jugó una mala pasada que le llevó a perder el juicio y a desnudarse en público. Aquel acto reprobable obligó a su pueblo a regresar por donde habían llegado y asentarse en el Pánuco y su región. El mito de Cuextecatl da la consistencia necesaria a la creencia de que los cultos a Quetzalcóatl surgieron en la Huasteca.

Esta historia es la que parece dar explicación a la incidencia huasteca del culto fálico y a toda la sexualidad humana, así como la afición a la embriaguez, que tanto reprueban otros pueblos y especialmente los mexicas. Sin embargo, no todo era rechazo sobre este tema, también provocaba admiración a los mexicas que, dicho sea de paso, consideraban a los huastecos sus parientes lejanos. El ejemplo está en que una de las veinte fiestas anuales que tenían celebraba una ceremonia pública en la cual desfilaban individuos portando enormes falos a la manera huasteca.

A pesar de la fama de libidinosos, concupiscentes y crueles que marcó a los huastecos, el análisis cuidadoso de sus manifestaciones eróticas nos revela que no son más que rituales profundamente arraigados a la naturaleza humana. El culto a distintas partes erógenas del cuerpo no es exclusividad de los huastecos, son numerosas las culturas mesoamericanas que lo comparten. La mala interpretación por parte de los conquistadores del culto y los rituales, de lo que veían y de lo que creían ver, creó esta mala percepción de la realidad. Bernal Díaz del Castillo nos cuenta lo que escuchó de sus compañeros y de algunos indígenas informantes referente a sus costumbres: "Eran todos sométicos, en especial los que vivían en la costa y tierra caliente. (...) tenían excesos carnales hijos con madres, y hermanos con hermanas y tíos con sobrinas, hallándose muchos que tenían este vicio de esta torpedad; pues de borrachos no les sé decir tantas suciedades que entre ellos pasaban".




jueves, 1 de septiembre de 2011

Cultura huasteca ( II )


Organización económica

La principal ocupación de los huastecos era la agricultura, era la base de su alimentación y de su economía. Naturalmente, si los huastecos se dedicaban a los cultivos agrícolas especialmente era porque la tierra fértil que ocupaban les ofrecía la garantía de buenas cosechas de diferentes productos. El de milpa era el sistema de cultivo que utilizaban y para ello se valían de la coa o palo cavador, que junto al arco y las flechas eran los utensilios o herramientas básicas que les permitían complementar su dieta. Aunque también recolectaban miel y otros productos silvestres como el arum ( el quequéxquic de Sahagún), chiles pequeños y el fruto del Brosimun alicastrum, que tanta importancia tenía en épocas de hambrunas; ostras de las lagunas costeras y mariscos que el mar dejaba en las orillas arenosas.

En Tonacatlalpan o "tierra de comida", se daban gran variedad de cultivos en las tierras cálidas de la vertiente del Atlántico, como el maíz, frijoles, calabazas, calabacines y diversos chiles, además de raíces, tubérculos (yucas, camotes y jícamas) y numerosos frutos. La sal la llevaban de Campeche; no la recogían de las salinas de Tampico por la hostilidad que los indígenas de la zona presentaban. En cuanto a la caza debió haber tenido un protagonismo importante, porque además de los animales cazados meramente para la alimentación, había otros que tenían otro fin, como el estético y los rituales, por sus pieles y sus plumajes: el jaguar, el ocelote, el águila, la guacamaya y los periquitos. También la pesca tuvo que ser intensa, al menos esa posibilidad les ofrecían las cercanas lagunas y los grandes ríos.

El arqueólogo Richard MacNeish encontró en algunas cuevas de la Sierra de Tamaulipas los testimonios de la evolución y domesticación del maíz, lo que indica que fue la Huasteca uno de los lugares donde se dieron los primeros pasos para el cultivo del maíz y por consiguiente el desarrollo de la agricultura mesoamericana. Sin embargo, no fueron los huastecos los primeros agricultores de la región, la filiación de estos promotores era otomí, fueron ellos los que se establecieron en las orillas del río Pánuco hacia el 2.500 a. C. La llegada de los huastecos al territorio se dio un milenio más tarde.

Sin duda, el cultivo del algodón tuvo su importante protagonismo para los huastecos. Una planta muy valorada, muy apreciada en toda Mesoamérica y que servía de intercambio con otros pueblos de distintas zonas mesoamericanas. Junto a este cultivo, presumiblemente la alfarería ocupó su relevante papel en la economía de los huastecos, la práctica generalizada del intercambio invita a suponer esa posibilidad, especialmente durante el periodo Clásico, de las que existen evidencias con los teotihuacanos, de los que obtenían sus afamadas piezas de alfarerñia de color café y con representaciones de nubes de humo y alas de mariposa.

Orden político y social

Tal como se analiza la estructura social y política de los huastecos pudiera aparentar que se trataba de un puñado de pequeños poblados dispersados sin relación alguna entre sí, sin ningún compromiso político o económico con los demás, y que no llegaron nunca más allá de ser simples señoríos. El considerable número de provincias internas, en las que gobernaba un señor independiente y la baja densidad de población organizada en pequeños poblados o villas, invita a pensar de esa manera. Las fuentes históricas se refieren a estas provincias como Tzicóac, Tamuín, Pánuco, Tampatal, Tuxpan Huejutla Tamapache, entre otras, y es fácil de adivinar que esa relativa lejanía e independencia se presentaba como un inconveniente a la hora de enfrentarse a los invasores. La información que se tiene referente al orden social y político de los huastecos es poca, aún así, por las fuentes históricas que contaron los cronistas de los propios indígenas, especialmente del Posclásico tardío, se supone que la sociedad estaba compuesta de diferentes estratos sociales, que por orden de poder quedaban primero los jefes, shamanes, guerreros, comerciantes, artesanos y campesinos agricultores. El cacicazgo era su sistema de gobierno y los grupos que constituían la sociedad vivían relativamente aislados en las sierras donde se asentaban.

Los cacicazgos eran hereditarios y si el cacique moría le sucedía el hijo ocupando su lugar, siempre que fuera adulto en el momento de recibir los poderes, de lo contrario se nombraba un tutor hasta que el heredero cumpliera la edad adulta. Podía ocurrir que no tuvieran hijos varones, ante esa situación el puesto de gobernante lo ocupaba un principal que recibía el nombre de "pascole", y aunque no era lo normal, en ocasiones se nombraba cacica a la esposa o hermana.

Un puesto importante dentro del organigrama político de los huastecos era el del oklek, una especie de primer juez auxiliar que se ayudaba de los mayules (mayores) que integraban una fracción de gobierno. Cada uno de los cacicazgos estaba integrado por una ciudad importante, con una o varias plazas, en torno a las cuales se levantaban basamentos, pirámides y plataformas; todas las pequeñas poblaciones cercanas existentes le tributaban bienes y servicios. La particular estructura político y social de los huastecos propició que estuvieran constantemente en guerras, en alianzas continuas entre los señoríos que buscaban de esta manera hacerse fuertes ante las invasiones externas, especialmente de los mexicas y sus aliados. Aún así, el orden político sobrevivió a las conquistas mexicanas y a la posterior conquista española.

La fragilidad o poca consistencia de las informaciones que se tienen en cuanto a la organización social y política de los huastecos, como de otras culturas mesoamericanas, hacen que dichos conocimientos dejen de ser válidos dependiendo de las investigaciones y los estudios que se realizan. Los recientes descubrimientos que se han dado en el área cultural huasteca lo ponen de ejemplo. Los importantes vestigios arqueológicos hallados en Tamtoc, el complejo urbano de grandes dimensiones, podría mandar al traste todo lo que se atribuye a la cultura huasteca. Aunque la ubicación del complejo ya se conocía, las nuevas catas arqueológicas ponen de manifiesto la similitud existente entre los centros urbanos huastecos y los grandes centros de Mesoamérica. Sin duda, estos nuevos descubrimientos se pueden considerar la llave que abra nuevas perspectivas en el horizonte político, económico, social, artístico y religioso de esta cultura mesoamericana.