domingo, 28 de noviembre de 2010

Canciones tristes para la infancia


Nada existe más contagioso de alegría que el recreo de un patio de colegio. La algarabía que se forma no tiene comparación alguna con nada en este mundo nuestro de los humanos, es pura inocencia vestida de alboroto, de juegos, gritos, carreras, risas... y también silencios. Los que emiten algunos niños y niñas ajenos a sus compañeros de enseñanza, que se apartan en su mundo triste y doloroso, en cualquier rincón del patio, buscando el aislamiento y tratando de encontrar respuesta a situaciones y actos vividos que sus cortas edades no alcanzan a comprender. La vulnerabilidad de los menores los hacen presa fácil de adultos perversos que, con sus deleznables acciones, destrozan, desgarran la alegría y la inocencia de lo más hermoso de nuestra existencia, la infancia.

Hace mucho tiempo que no disfrutaba de este alboroto infantil, muchos años, quizás demasiados, que no me recreaba en la verja de un patio de colegio viendo a los niños y niñas vivir el momento de la manera más hermosa, es siempre volver, regresar a un tiempo que ya nos parece lejano y que quedó grabado para siempre en nuestros recuerdos, a veces invernando, dormitando, pero que se activan al grito jubiloso de un recreo. Nos embarga la nostalgia y por momentos nos sentimos parte de ellos, de sus juegos y de su despreocupación ingenua.

Hace varios días coincidí caminando por mi ciudad con la salida al recreo de un colegio. Es imposible quedar indiferente a lo que ocurre al otro lado de los barrotes metálicos que separan su recinto protegido, los niños son nuestro yo más puro, sin la malicia ni la maldad que otorga la experiencia y lo vivido. En ellos vemos lo que somos sin los problemas que nos produce la sociedad y el tipo de vida en el que nos desarrollamos, y al mismo tiempo, son el reflejo de nuestros anhelos, deseos y perjuicios, que se los transmitimos en nuestra educación cargada de moralidad y con el rol que nos tocará aceptar en el futuro y dependiendo del sexo de cada cual.

Nada es igual, todo cambia, evoluciona y se transforma. Sin embargo, todo lo nuevo parece como si comenzara otra vez desde el principio, como un ciclo repetitivo, nuestra limitación en la creación nos hace siempre regresar a lo anterior con algunos retoques de modernidad. Y esto, también ocurre en los juegos infantiles, diferenciados siempre entre niños y niñas, por más que las sociedades de hoy, que somos todos, nos esforcemos en la versatilidad de las funciones de cada sexo, tratando de educar a nuestros hijos en compartir tareas y responsabilidades para el futuro, pero que al mismo tiempo les marcamos los juegos en los que cada cual debe de participar. Con el consiguiente perjuicio añadido, ya desde la infancia, si alguno de estos infantiles decide ser transgresor respecto a los entretenimientos en los que participa.

Ese momento frente a la verja del colegio me sirvió de reflexión para muchos aspectos, y fue curioso comprobar cómo nos enseñan los niños con sus actitudes, con sus juegos, que no son muy diferentes a los que generaciones pasadas jugábamos. Vuelven a verse como una moda los trompos o peonzas girar sobre su púa metálica al ritmo que marca el cordel, mientras que las niñas se divierten a la comba o a la rayuela, es el comienzo para mostrarles qué rol debe asumir cada uno en el futuro, mal comienzo, es continuar diferenciándonos por el sexo.

No obstante, esta reflexión respecto a los juegos no me dejó anclado en la inocencia y la alegría, la ingenuidad infantil es un don hermoso que al mismo tiempo, para muchos de ellos y en otros ámbitos más degradados, les hace víctimas de desalmados, traficantes y criminales, que siempre tienen puesto en ellos su punto de mira. Un ejemplo de esta maldad humana es el tráfico de niños y niñas que se lleva a cabo en Haití, donde son los más vulnerables, hasta el punto de convertirlos en mercancía con la que lucrarse. No hace mucho tiempo, el propio primer ministro haitiano Jean-Mex Bellerive, admitió a The Miami Herald, que el contrabando se ha convertido en una fuerza económica, especialmente después del terremoto. Declaró que: "Es un juego. Mucha gente es traficada. Hacen dinero. Todo el mundo a lo largo de la frontera se está beneficiando. Es su única fuente de ingresos. Y todos lo aceptan así". Los traficantes de niños pagan a los guardias de la frontera, haitianos y dominicanos, para pasar a los menores, que en dos zancadas los cruzan por la frontera del Río Masacre en el mercado binacional, para la explotación sexual y servicios domésticos. Algunos de los niños son abandonados en la travesía desde Haití. Otros permanecen secuestrados hasta que sus familias, que son cómplices, pagan los gastos del contrabando.

Otro asunto también relacionado con los abusos y el maltrato en la infancia es el que denunció días atrás Amnistía Internacional, sacando a la luz pública las violaciones y abusos sexuales que son delitos generalizados en Nicaragua. En esta denuncia exponen que más de la mitad de las violaciones cometidas entre 1.998 y 2.008 se cometieron contra niñas menores de 17 años, de las cuales la mitad eran menores de 14 años. Para estas menores su lucha por obtener justicia se transforma en un infierno, en un sistema judicial donde los fallos y las faltas de recursos permiten que los agresores queden libres. Un ejemplo claro y conocido es el del propio presidente Ortega, que violó y agredió sexualmente a su propia hija durante años y que la prescripción del delito lo absolvió del crimen.

Textualmente añade Amnistía Internacional: "Algunas niñas sobrevivientes se enfrentan a la angustia adicional de descubrir que el violador las ha dejado embarazadas. Las que deciden llevar su embarazo a término reciben apenas una pequeña ayuda del estado, si es que reciben alguna. Para otras, la idea de dar a luz a un bebé fruto de una violación es insoportable. Sin embargo, una ley de 2.008 que tipifica el aborto como delito en cualquier circunstancia, incluso para aquellas víctimas de violación, no les deja muchas opciones".


domingo, 21 de noviembre de 2010

A perros flacos...


"A perro flaco todo son pulgas". Sin ánimo de comparación y menosprecio, este refrán me parece que encaja perfectamente para definir cómo la pobreza hace mella preferentemente entre los más pobres y cómo la miseria siempre se inclina por los más vulnerables. No es cuestión de suerte o de maldición divina, como tratan de hacerles ver los inescrupulosos religiosos buscando aprovecharse de su debilidad anímica o de sus creencias religiosas. No se trata de que la providencia se cebe con lo más pobres, es cuestión de irresponsabilidad, de todos. Comenzando por las naciones que en siglos pasados explotaron sus riquezas y los abandonaron a su suerte, en la inestabilidad política, social y económica, en manos de dictadores corruptos que en la mayoría de los casos mantuvieron desde la distancia esa complicidad colonialista; siguiendo por terceras potencias que continuaron alimentando el ansia de poder de estos dictadores para cubrir sus intereses políticos y terminando por toda la humanidad, que permitimos que estas desgracias continúen aún en la actualidad, criticando la triste, lamentable y bochornosa situación a la que asistimos pero sin hacer nada por solucionar el problema humanitario.

Los arranques de solidaridad con los más desgraciados o desfavorecidos no son más que impulsos de altruismo descafeinado que solamente convencen a nuestras conciencias por el tiempo necesario que consiguen sorprendernos las desgracias humanitarias. Después, cuando la costumbre no consigue mantenernos impresionados o se alía con nuestra memoria, la sensibilidad se vuelve indiferente, inmune, y las víctimas pasan a ser una cifra más, que una vez iniciadas dejan de importarnos de cuántos dígitos se compone.

Para el resto de la humanidad, o para la mayoría, parece que fue ayer cuando el infierno sacó su cabeza desde las profundidades en forma de terremoto haciéndose visible en Haití. La desgracia de este pueblo caribeño no parecía tener fin, por si no era ya suficiente encabezar el triste ranking de ser el país más pobre de todo el continente americano. El zarpazo que dio en enero pasado la naturaleza nos mostró que las desgracias ni nunca tienen fin ni nunca vienen solas. No me atrevo a poner una cifra de cuántos muertos por cólera van contados a día de hoy porque seguramente quedaría obsoleta antes de acabar este razonamiento, empujado a escribirlo a partes iguales entre la tristeza y la impotencia, sabiendo que esta enfermedad es hoy fácilmente superable y ha conseguido arrebatar más de mil vidas humanas por nuestra desidia, nuestra irresponsabilidad, por no acudir en ayuda de quienes lo necesitan... para ellos ya es demasiado tarde. Para las otras más de 200.000 personas, de los 10 millones de habitantes que tiene el país, que la ONU estima podrían ser víctimas de la enfermedad en los próximos meses, el terror ya les devoró las pocas esperanzas que pudieran tener de sobrevivir en ese infierno vestido de hambre y calamidad.

Sumadas a estas desgracias, por inoperancia y deshumanización, están las maniobras de los buitres carroñeros que sobrevuelan el territorio, ayudando a sembrar la discordia entre la población y acusando a los soldados de la ONU de haber llevado el cólera hasta ellos, mientras las masas enfurecidas protestan inmersos en la inmundicia, en el basurero en que se han convertido las calles de Haití. La falta de higiene es la base principal de la propagación de la enfermedad. Los enfrentamientos habidos en días pasados entre los soldados de la ONU y grupos armados han dejado un balance de dos haitianos muertos y más de treinta heridos. Los militares que fueron acusados de estas muertes ni siquiera estaban en el lugar de los hechos, según el portavoz de la Misión de la ONU.

A nadie se le escapa que estos intentos de desestabilización están organizados tratando de influir en las próximas elecciones generales que están en puertas de celebrarse. Los rumores circulan por los noticieros como parte casi obligada de estos procesos electorales, utilizando cualquier artimaña con tal de mermar la confianza, por si no estuviera ya lo suficientemente mermada en el actual gobierno, que no ha conseguido sacar a su país de la miseria más cruda. Estos rumores apuntan que desde el gobierno y la oposición están armando e incitando a la violencia para sacar rédito electoral.

También, recientemente, hemos podido comprobar que la enfermedad no entiende de fronteras, ni de controles, aunque sí es verdad que en cualquier otro país más desarrollado el cólera tendría sus días contados. Como fue en el caso de una ciudadana de Haití que regresó a Florida con la enfermedad después de visitar a unos familiares, pero que bajo control la ha superado sin más peligro. O como en el vecino país, República Dominicana, donde también se han dado varios casos que al parecer no suponen mayor peligro. Sin embargo, no quiero imaginarme un escenario como Centroamérica, donde algunos países podrían verse afectados por su cercanía, y por qué no decirlo, también por su posible poca preparación o resistencia para luchar contra esas epidemias, sabiendo que su campo de propagación es la falta de higiene e insalubridad, características que se dan fundamentalmente en escenarios de pobreza. Me pregunto si no serían estos países un campo abonado para la propagación de la enfermedad y si realmente estarían preparados para defender a la población del desarrollo de la epidemia.

sábado, 13 de noviembre de 2010

Segundas partes nunca fueron buenas


En mi última entrada en El Mirador Impaciente, La frontera de la discordia (1ª parte), dejé pendiente la segunda entrega referente al desencuentro fronterizo que trae de cabeza a ciudadanos de los dos países en disputa, Nicaragua y Costa Rica. Sin embargo, después de varios días observando el paisaje político que se muestra desde ambos gabinetes, he decidido que ya fue suficiente con lo expuesto en la primera parte, que no voy a participar en este juego nacionalista que solo alimenta a los amigos del odio y donde los iracundos patriotas de hojalata se sienten como pez en el agua. Me niego a contribuir a este uso partidista de los gobiernos que sacan su hacha de guerra a la menor brisa, tratando de que el sol las alumbre y de que su sombra cubra las miserias nacionales, como tortuga hace con sus huevos en la arena de la playa.

Rotundamente digo no. No a la utilización de los sentimientos patrióticos de los dos gobiernos, y más cuando no hay nada que discutir, nada que pelear ni nada que defender. Ni los nicas tienen culpa de la actitud ridícula y chapucera de su gobierno comprobando en google lo que debió haber hecho en su cartografía oficial, como si de un juego de niños se tratara, ni los ticos merecen que su presidenta los mande a pelear con sus vecinos para desviar su atención en casos tan rechazables como el de Las Crucitas, entre otros asuntos.

En esta ocasión me agarro a la frase de que "nunca segundas partes fueron buenas", para formalizar mi rebeldía a este abuso desmedido por parte de los gobiernos y medios de información que, como cómplices, se dejan arrastrar por esta vorágine, por este torbellino de despropósitos echando a pelear a ciudadanos de un lado y otro de la frontera, fomentando la xenofobia, el rechazo y la intolerancia. Los desencuentros y enfrentamientos entre pueblos no traen nada positivo, nada. Porque si a Costa Rica no le interesa para su turismo una imagen inestable del país, Nicaragua no puede permitirse perder sus energías alimentando el odio hacia sus hermanos ticos, algo que no podrán negar ni los más reaccionarios, porque son muchos, de un lado y del otro, los que sienten dolor por este absurdo enfrentamiento que ya está durando demasiado. Los gobiernos responsables se sientan y dialogan, que para eso se les elige, no para que abandonen sus verdaderas obligaciones como vecindonas barriobajeras tirándose los trastos a la cabeza.

De sobra es conocida mi simpatía por Nicaragua, pero este sentimiento no me va a convertir en cómplice del mal uso que Ortega hace de la palabra y el significado patria. Me duele Nicaragua por sus gentes y por todo lo que encierran en su idiosincrasia, no por la falsa estampa de unos políticos de pacotilla firmes ante la bandera hondeando donde seguramente muchos de ellos nunca antes estuvieron, ni volverán, a no ser que se regale protagonismo interesado como en esta ocasión.

Me duele la Nicaragua que aplaude a sus representantes que fueron a buscar honorabilidad a sesionar a la frontera y da la espalda a sus hermanos que padecen el hambre que pudieron haber evitado de no tirar el presupuesto en absurdas puestas en escena. La verdadera patria son sus ciudadanos y no existe mayor honra que la de trabajar por cubrir sus necesidades básicas, porque mientras aprobaban mayor presupuesto para proteger un río-frontera que nadie pone en duda a dónde pertenece, muchas personas se acostaron aquella misma noche con el estomago vacío bajo las estrellas del firmamento nicaragüense.

Me duele la infancia de Nicaragua que tiene que salir a las calles a manifestarse para recordarles a sus gobernantes que dejen de mirar hacia la frontera y que vuelquen sus esfuerzos en sus necesidades, de salud y de educación, que miren hacia el futuro y que no jueguen a buenos y malos patriotas.

Me duelen las 62 comunidades del Río Coco que, aunque no es frontera, también arrastra necesidades primordiales, las de sus más de 24.000 pobladores que, más pronto que tarde, serán pacto de la hambruna sin que les alimente el orgullo patriótico de los desaforados nacionalistas.

Por estas, y por otras muchas más razones, me declaro en rebeldía con un ¡Basta Ya! Ante la abusiva actitud de nacionalismo barato que opaca el sentido y la razón de ser de los verdaderos patriotas.

domingo, 7 de noviembre de 2010

La frontera de la discordia (1ª parte)


A vueltas con la rivalidad existente entre Nicaragua y Costa Rica, de nuevo asistimos a otro desencuentro diplomático entre los dos países, nada que no se pueda solucionar con palabras, aunque a veces, los mandatarios de turno, se empecinen en hacer de una gota de agua un mar inmenso, de un asunto de poca importancia que se podía haber resuelto por vía fraternal elevarlo a una dimensión casi estratosférica. No son nuevas las discrepancias surgidas a lo largo de tiempos pasados sobre la frontera que divide a los dos países, la culpa la tiene el río que los separa y que a la vez los une, el Río San Juan. A partir de un punto determinado y a lo largo del cauce fluvial, el San Juan toma protagonismo fronterizo y es cercano a su desembocadura en el Océano Atlántico donde surgen los malentendidos por su caprichoso discurrir.

El Río San Juan es genuinamente nicaragüense, sobre su nacionalidad no se discute. Su cauce es el desaguadero del gran Lago Cocibolca o Nicaragua y sus riberas están escritas de acontecimientos históricos y leyendas. Es la margen derecha el que marca la línea fronteriza y, aunque su caudal pertenece a la patria de Sandino, el vecino del sur tiene derecho a navegar por sus aguas. Esto podría definir absolutamente dónde comienza un país y termina el otro, pero no es así, como digo anteriormente, su antojadizo recorrer sitúa la margen derecha en un punto más o menos elevado en el mapa geográfico.

El episodio dio comienzo el pasado día 21 de octubre, cuando el Ministro de Seguridad costarricense, José María Tijerino, declaró tener indicios de que algo muy grave estaba ocurriendo en la zona limítrofe entre Costa Rica y Nicaragua, en la región del río San Juan. En sus declaraciones, el ministro denunciaba la incursión de militares nicaragüenses en territorio tico, según habían reportado vía telefónica el día anterior campesinos de Delta Colorado y El Jobo de Sarapiqui, quienes aseguraban que habían matado ganado en la finca de un costarricense, donde supuestamente trabajaban en el dragado del río San Juan, con Edén Pastora al mando de las tareas de limpieza.

Al día siguiente, como había adelantado Tijerino la noche anterior, después de enviar una nota de protesta al gobierno nica, un contingente de 70 oficiales de la Fuerza Pública se situaban en Isla Calero, la zona fronteriza de los hechos. Horas más tarde el ministro tico declaraba que creían en que todo se debía a un error o a una bravuconada de Pastora, a quien no reconocían como portavoz del gobierno Ortega. Sin embargo, el otrora comandante Cero y amigo del presidente sandinista, más tarde enemigo y a la postre nuevamente aliado político, negaba la violación de la soberanía de Costa Rica. Edén Pastora, responsable del dragado del río por encargo del presidente Daniel Ortega, manifestó que "la margen derecha del río es territorio costarricense y eso nosotros lo respetamos".

El día 23, y en medio de la tensión diplomática, Nicaragua envía tropas a la frontera. La acción, según el gobierno nica, estaba relacionada con el narcotráfico, no como respuesta al desplazamiento de policías que hizo el país vecino, hay que recordar que Costa Rica abolió el ejército hace más de 60 años. Una maniobra danielista que sólo distrajo la atención principal del problema por un día, tratando de hacer creer que esta incursión tenía un fin distinto, una manera de ganarse las simpatías de sus ciudadanos que aún no sabían con certeza de qué iba el asunto. Pero Costa Rica, después de ofrecerse para la lucha conjunta contra el narcotráfico, continuó exigiendo a Nicaragua la salida de su territorio, al tiempo que abría una investigación por los daños causados por el dragado, donde, la misión al sitio, detectó tala de árboles y acumulación de unos 2.500 metros cuadrados de sedimentos en un humedal, lanzados por dicha draga, no así la presencia de militares nicaragüenses en ese momento.

Dos días más tarde Costa Rica vuelve a pedir a Nicaragua explicaciones por la violación de su soberanía. "Podríamos presumir que Edén Pastora está actuando abusivamente y esperamos que el gobierno de Nicaragua nos lo aclare", afirmaba el vicecanciller costarricense, Carlos Roverssi. La respuesta nica se dio al día siguiente por medio de una carta hecha pública en medios nicaragüenses por parte del Ministro de Relaciones Exteriores Manuel Coronel Kautz, confirmando que las labores de limpieza en el río continuarían y en la que se decía: "todas las labores de limpieza realizadas en el Río San Juan, se han ejecutado en territorio nicaragüense, conforme a los derechos establecidos en el tratado de límites Jerez-Canas y demás instrumentos, Laudo Claveland y Laudos Alexander", donde también rezaba que: "El gobierno de Reconciliación y Unidad Nacional por este medio expresa su más enérgica protesta por las reiteradas violaciones de tropas de las fuerzas armadas costarricenses a territorio nicaragüense. El gobierno de Nicaragua exige que hechos como este no vuelvan a repetirse" ... ante esto uno se queda perplejo. Un ejemplo claro que la táctica tomada, en términos futbolísticos, es la de que no hay mejor defensa que un buen ataque, al reprochar a Costa Rica lo que realmente habían hecho por parte nica.

El día 29, un video policial costarricense muestra un aparente intento de desviar el Río San Juan. Las imágenes revelaban la apertura de una importante trocha en suelo tico, de un ancho similar al del río, en un trazado más directo hacia el mar Caribe, por donde se desbordaría con las próximas lluvias y marcaría la nueva frontera. El área talada se localiza en el lugar conocido como Aragón, en un cuello de suelo costarricense de casi 1,5 kilómetros de ancho, cerca del punto donde autoridades nicaragüenses han dragado el cauce en las últimas semanas. El área que bordea actualmente el río mide cerca de cuatro kilómetros cuadrados y pertenece a Costa Rica, según copias de los mapas oficiales de ambos países, sin embargo, al abrir este trecho, un nuevo caño, el trozo de tierra cambiaría de nacionalidad al cambiar el río su cauce.

A partir de ahí las declaraciones de una parte y de otra van cargadas de reproches y al décimo día del conflicto entra en escena el ejército nica en una subida de patriotismo que cominza a dejar al descubierto lo que se esconde detrás de todo este asunto, cuando el general Julio César Avilés Castillo instó a todos los nicaragüenses a cerrar filas en contra de aquellos que pretenden hacer creer que Nicaragua está violentando leyes internacionales e invadiendo territorios que no les pertenecen. Aseverando: "yo creo que este tema de soberanía, no solamente es responsabilidad de las autoridades, de nosotros los militares, es un tema en el que todos nosotros, ustedes como periodistas, deberíamos de cerrar filas y dejar a un lado los supuestos y basarse en hechos reales". Unas declaraciones que evidencian dos posibilidades, la de buscar apoyo después de haber errado, poniendo de por medio el patriotismo, o la misma intención con distinto fin e interés, el de hacer de este asunto una cortina de humo que opaque los muchos problemas que tiene ante sí el gobierno de Daniel Ortega, sociales, económicos y de gobernabilidad, entre otros.

El tratado que marca las delimitaciones establecidas datan del año 1.900, por recomendaciones del ingeniero árbitro Alexander y dice así: "... En este estado toda porción de las aguas del río está en jurisdicción de Nicaragua. Toda porción de la tierra de la margen derecha está en jurisdicción de Costa Rica. La media y la localización hecha ahora por las partes en el campo día por día, determina puntos sobre esta línea a convenientes intervalos, pero la línea divisoria entre estos puntos no corre por línea recta, sino por el borde de las aguas en el estado navegable como arriba se dijo, marcando así una línea curva de irregularidades innumerables que son de pequeño valor y que exigirían un gran gasto para trazarse minuciosamente.

Las variaciones del nivel del agua no alterarán la localización de la línea divisoria, pero los cambios de los márgenes o de los canales del río, la alterarán como puede ser determinado por los preceptos de las leyes internacionales, aplicables a cada caso, según ellos acontezcan.

Soy, señores, muy respetuosamente de usted obediente servidor.

(f) E.P. Alexander, Ingeniero árbitro.
Ministerio de Relaciones Exteriores:
"Situación Jurídica del Río San Juan" 1954 pág. 35 - 37 ..."

La evidencia no da lugar a dudas, en lo que los ticos defienden sobre esta lengua de tierra llevan la razón, coincide con el Laudo 3 de Alexander.

Los últimos movimientos diplomáticos tienen como invitado al Secretario General de la OEA, (Organización de Estados Americanos) José Miguel Insulza, quien a petición de Costa Rica ha entrado de intermediario en el conflicto, algo que Ortega no admite de buena gana y prefiere la Corte Internacional de La Haya, aunque ha aceptado a reunirse con él después de que el chileno lo hiciera el día anterior con su homóloga Laura Chinchilla, quien ha asegurado que si falla la OEA convocará al consejo de seguridad de la ONU. Todo indica que el asunto irá para largo, mientras tanto, quizás sea hora de mirar un poco hacia atrás y a los interiores e intereses que han llevado a Daniel Ortega a meterse en este callejón sin salida, sabiendo que la razón no está de su parte. Por la mía, por mi parte, me inclino a pensar que la artimaña, para cubrir los verdaderos problemas de país, se le fue de las manos al Presidente-Compañero.