domingo, 25 de julio de 2010

La desvergonzada carta de invitación


En muchas ocasiones, que desgraciadamente sucede más veces de lo que se desea, uno se siente avergonzado por episodios que ocurren en este país, tantas veces madre y demasiadas madrastra, con los emigrantes que llegan especialmente desde Latinoamérica. No me cansaré nunca de mostrar mi apoyo a este colectivo que no sólo tienen que abandonar sus países, a sus familias y amigos por sobrevivir, ellos y en ocasiones también sus seres queridos. Es una pena que después de sufrir la ingrata vida tengan que padecer la ingratitud de algunos españoles, no puedo generalizar porque sería mentir, aún quedan en esta España nuestra gentes con corazón, que entienden las calamidades que, a veces, padecen muchos emigrantes que llegan a buscar un puesto de trabajo. Sin embargo, tengo que reconocer que tenemos muy mala memoria, que pronto se nos olvidó que nuestros padres y nuestros abuelos tuvieron que emigrar a otras tierras donde fueron acogidos y donde encontraron un futuro mejor. Vuelvo a recordar, como siempre que hablo de emigración, que nuestra historia más reciente se escribe desde muchos países, de este y del otro lado del Atlántico, con episodios de separación familiar, y en las mismas circunstancias que los que hoy llegan hasta nuestras fronteras en busca del derecho a un trabajo digno y una más digna calidad de vida.

No obstante, y sin que el tema que me trae no sea precisamente el de la emigración laboral, sí es la causa por la que muchos ciudadanos de América Latina sufren la desvergonzada actitud de muchos policías y agentes de la Guardia Civil. Un amigo nicaragüense, cuando estudiaba en esta ciudad en la que habito, sufrió en primera persona esta actitud por parte de la policía que tanto nos avergüenza a muchos españoles. Solo por el hecho de un color diferente de piel y rasgos latinoamericanos fue parado en plena calle y solicitada su documentación, cosa nada extraña porque cualquier ciudadano puede ser requerido a identificarse, pero en el fondo de la cuestión fue el ser extranjero, pero no de cualquier lugar, el que propició que lo detuvieran y llevaran a comisaría hasta comprobar que residía legalmente y que, además, ocupaba un puesto relevante en una universidad nicaragüense. Volvió a quedar libre y con las consiguientes disculpas presentadas por parte de la policía. Sin embargo, la actitud de los agentes no fue la más correcta, su trato fue degradante y hasta vejatorio si me apuran. Los compañeros españoles de este amigo nicaragüense, pertenecientes a la Universidad de Córdoba, pusieron una denuncia por el trato dado a un ciudadano con documentación en regla y publicaron una nota de queja en el diario de la ciudad. De nuevo se presentaron disculpas por parte del cuerpo policial y pelillos a la mar.

Pero, ¿cómo hubiera sido el trato si este transeúnte no hubiera tenido papeles en regla ni documentación que lo identificara? No sé cual hubiera sido el trato recibido, aunque cualquiera puede pensar lo que quiera, porque de todo hay en la viña del señor, y si los agentes son relativamente respetuosos el trato hacia el detenido no hubiera sido el mismo que los que detuvieron a este amigo nicaragüense que anteriormente he citado.

Me acordé del episodio vivido por este amigo cuando hace unos días leí en el Diario Público una noticia que ha dado la vuelta al mundo por lo de esperpéntica e injusta tiene. Una ciudadana argentina, Ada Ghiara, de 88 años de edad, recién recuperada de un cáncer y con problemas cardiacos, tuvo que soportar las peores 48 horas de su vida en el Aeropuerto de Barajas por culpa de la burocracia y por la necedad de los agentes que, en términos taurinos, les tocaron lidiar a este toro. Ada es maestra jubilada y aterrizó en Madrid después de volar desde Mar de Plata, para pasar el verano en la ciudad de Málaga, con sus hijos y sus seis nietos, como los últimos 30 años anteriores había hecho sin tener problemas de ningún tipo. Claro que en esta ocasión se encontró con estos descerebrados vestidos con traje oficial de la seguridad policial y después de ocho horas retenida en el aeropuerto, sin poder abrazar a sus seres queridos que la esperaban en la puerta de salida y sin siquiera ofrecerle un vaso de agua, la obligaron a subir de nuevo al avión y regresar por donde había venido.

Las declaraciones de la señora Ada han sido que: "nosotros sabemos que el pueblo español no es como esa persona que nos maltrató en Barajas". El defensor del Pueblo, Enrique Múgica, ha anunciado la apertura de una investigación para aclarar este posible maltrato con esta ciudadana, claro que si nos atenemos a la legalidad quizás los descerebrados no sean estos agentes de aduana si no quienes hicieron la ley que rige este asunto, el de presentar una carta de invitación de la persona o familia que acogerá a ese supuesto turista, tratando de que no se queden en el país como emigrantes indocumentados.

El visitante no comunitario tiene que haber reservado hotel anteriormente por el tiempo que transcurra su tiempo de visita, de no ser así tiene que mostrar una carta de invitación de un amigo o familiar, claro que a su vez, este amigo o familiar, tiene que presentar escritura de propiedad, certificado de nacimiento y hasta declaración de la renta. Tanto el visitante como el anfitrión tienen que reunir una serie de requisitos que demuestren que tienen una relación entre ellos y que su objetivo es el de no superar esos tres meses de estancia legal. La obtención de los trámites es otra barrera más añadida, pues esta carta puede llegar a tardar más de un mes desde que se solicita y su coste oscila entre 104 y 108 euros. Antes de que esta norma entrara en vigor, en 2007, sólo era necesario que la persona que acogía manifestara su interés ante notario, costaba unos 60 euros y tardaba menos de una semana. Pero lo peor y más doliente no es el trámite burocrático, si no que los ciudadanos de América latina son los que más sufren ese regreso obligado, los más pobres, en comparación con los ciudadanos estadounidenses o canadienses, de mayor poder adquisitivo.

La política migratoria española está resultando ser más ofensiva con los ciudadanos de América latina, y son varios países los que se han quejado al Ministerio de Asuntos Exteriores. Argentina, Venezuela, Brasil, Uruguay y Bolivia son algunos de los que lo han hecho formalmente. Son países que los españoles no necesitan visados para entrar en ellos. Las protestas de Argentina y Venezuela, especialmente, aseguran que sus ciudadanos sufren intimidaciones y trato discriminatorio por parte de los funcionarios españoles durante el tiempo de retención. El Ministerio de Interior niega que la policía maltraten a los ciudadanos inadmitidos, que en cifras son: de Argentina y en 2008, 1.100 de los 180.000 que llegan cada año; procedentes de Venezuela, también en 2008, fueron 1.173 los inadmitidos.

Yo que tengo la suerte de poder visitar, aunque de tarde en tarde, algunos países latinoamericanos, siento vergüenza ajena por el trato que a veces sufren ciudadanos hermanos del otro lado del Atlántico, por el sólo hecho de ser emigrantes o simplemente por la creencia por parte de algunos funcionarios policiales de que todos los que llegan a nuestras fronteras lo hacen con intenciones ilegales. Quizás les serviría de bien viajar a cualquiera de estos países, descubrirían que no todos vienen con intenciones delictivas y, de paso, aprenderían de cómo se trata con respeto a los visitantes españoles.

domingo, 18 de julio de 2010

El orgullo arcoíris


La conquista de los derechos civiles nunca fue un tema fácil, al contrario, supuso mucho esfuerzo, sangre y dolor hasta conseguirlos. Curiosamente, el color de la piel y el sexo han sido los caballos de batalla que más han abanderado los radicalismos que han perseguido a quienes pertenecían a una raza distinta a la establecida en el poder y a los que optaban por otra opción sexual diferente a la marcada por esas normas dictatoriales que las religiones señalaron continuamente como aberración, el germen maligno que ha azotado a la sociedad desde su existencia, quizás desde la propia del ser humano.

No voy a hacer de este escrito un recorrido histórico de lo que la homosexualidad ha significado en otras culturas, como la griega o la romana, entre otras, me limitaré a la actualidad y a los tiempos que vivimos, porque lo que sí está claro es que de aquellos polvos, el pasado, sufrimos estos lodos, el presente. El futuro es incierto, por lo tanto dediquémonos a lo que nos atañe, la realidad y los derechos a la igualdad social.

La justicia, la religión y el poder siempre fueron de la mano, las leyes siempre se dijo que eran normas impuestas por los ricos para defenderse y para castigar a los pobres; en las religiones pasa tres cuartas de lo mismo y, aunque se apoyan en la imagen de los débiles, son los poderosos los que disfrutan de todos los privilegios divinos, mientras que los pecadores somos los humanos que sólo disponemos de nuestra dignidad y la fe puesta en la esperanza por un mundo más justo, apoyados siempre en el que se supone rige con la equidad, el dios todo poderoso.

La presidenta de Argentina, Cristina Fernández de Kirchner, dijo hace varios días, cuando se legalizó el matrimonio homosexual, que esta conquista social era similar a la del derecho al voto democrático de la mujer. Tengo que dejar bien claro que no siempre estoy de acuerdo con su manera de gobernar y con sus declaraciones, no obstante, en esta ocasión sí comparto sus palabras. El derecho social que las mujeres merecen en igualdad con los hombres fue una empresa difícil hasta poder equipararse al sexo masculino, y aún hoy existen muchos países donde las mujeres continúan siendo un cero a la izquierda, donde ser mujer es un castigo divino impuesto por las religiones que las sostuvieron varios escalafones por debajo que al hombre. La mayoría de las religiones en la actualidad continúan desvalorando al sexo femenino hasta el punto de negarle cualquier protagonismo, especialmente en las tres monoteístas más importantes que profesan la mayoría de los seres humanos de este planeta.

Precisamente, esta mañana, escuchaba en la radio la historia con detalles de Sakineh Mohammadi Ashtiani, la mujer iraní que el gobierno de Irán culpa de adulterio. La presión internacional ha conseguido que se paralice esa inhumana y monstruosa ejecución a pedradas, la lapidación. Sin embargo, todo parece indicar que la ejecución sólo ha sido aplazada, y que seguramente se llevará a cabo. La radio esta mañana decía que los dos hijos de la viuda habían hecho pública una carta pidiendo el regreso de su madre. Sakineh fue violada por el asesino de su marido, pero fue antes del asesinato, por lo que la justicia iraní opina que durante la violación aún estaba casada, por lo tanto cometió adulterio, aunque fuese obligada, forzada. Uno no sabe cómo reaccionar ante esta injusticia y no puede pensar nada más que en maldad por parte de la justicia islámica de ese país. ¿Cómo es posible que la víctima sea la culpable?

Volviendo al tema principal, el de los derechos civiles y sociales de los homosexuales, dejaré bien claro mi apoyo a este colectivo, que debe tener derecho a todos cuantos tenemos el resto de ciudadanos. Una opción sexual no es causa para ser ciudadano de segunda fila. El matrimonio entre parejas del mismo sexo no es un problema para los ajenos a esa unión. Es cuestión de respeto hacia los demás, que merecen ser respetados por sus decisiones entre personas responsables y mayores de edad en plenas facultades. No se puede catalogar como aberración, como intenta la iglesia católica, que siempre estuvo en contra, en contra de sus intereses, que son los de influir en la vida de todos los ciudadanos, creyentes o no. A la iglesia sólo le interesa lo establecido porque de ello vive, de las miserias de los seres humanos, de sus desgracias, de sus enfermedades, de sus necesidades, de la muerte y del infortunio. Prefieren luchar contra la adopción dentro del matrimonio del mismo sexo mientras que permiten que se mueran de sida los niños en el mundo, por negarle a sus padres el uso del condón o profilácticos en la prevención. Estas contradicciones dejan bien a las claras la naturaleza carroñera de estos inhumanos religiosos que andan dando latigazos, o apedreando a los inocentes, mientras que sus maldades contra los más débiles en todo el mundo ni siquiera les ruboriza.

Argentina se ha convertido en el décimo país del mundo en reconocer los derechos civiles de este colectivo y el primero en Latinoamérica. Habían pasado las cuatro de la madrugada cuando el Senado autorizó la ley sobre el matrimonio homosexual, tras un debate ininterrumpido de 15 horas. De esta manera la sociedad argentina se suma a la de Holanda, Bélgica, España, Canadá, Sudáfrica, Noruega, Suecia, Portugal e Islandia, donde la presidenta del país se casó recientemente con su compañera, en reconocer el matrimonio homosexual. También en Estados Unidos se reconoce este derecho en diferentes distritos, como en Massachusetts, Connecticut, Iowa, Vermont, New Hampshire y Washington D.C.; de igual manera en algunas ciudades como la capital de México. En cambio y reconocidas como uniones civiles entre personas del mismo sexo, lo son por la legislación colombiana y la uruguaya, país que además autoriza la adopción; últimamente también se ha aceptado este tipo de enlaces en el Estado Río Grande do Sul en Brasil y en Coahuila, México.

Sin embargo, los derechos de los homosexuales en todo el mundo aún están por conquistar. Son muchos países todavía los que castigan con pena de muerte, no sólo la unión entre las personas del mismo sexo, si no que el simple hecho de consumar una relación es sinónimo de pena de muerte. Otros países, como Malawi, mantienen en su legislación castigos severos y crueles contra este colectivo. En diciembre del año pasado, Amnistía Internacional circulaba una noticia que revelaba la condena de una pareja a 14 años de trabajos forzados por "ultraje contra la moral pública". Esta "pareja inmoral" había cometido el aberrante delito de haber celebrado una ceremonia de compromiso en el municipio de Chirimba, en Blantyre, el 28 de diciembre del 2009. Steven Monjeza y Tiwonge Chimbalanga fueron detenidos por la policía y encarcelados, después de haberlos sometido a torturas, malos tratos y vejaciones. En esta oportunidad también fue la presión internacional la que obligó a poner en libertad y sin condiciones a esta pareja de homosexuales que sólo pretendía unirse en matrimonio y compartir sus vidas.

sábado, 10 de julio de 2010

En negro y sepia


Llevaba más de treinta horas seguidas de viaje y había pasado por cuatro aeropuertos distintos, de tres países diferentes, cuando por fin pisé tierra pinolera por primera vez. El cansancio de tanto trajín de estaciones de tren, de aviones y puertas de embarque, de horas de espera, de idas y venidas por pasillos interminables en aeropuertos que, como laberintos de diseño, se abrían a un lado y a otro con direcciones en distintos idiomas y con la mezcolanza de razas diferentes que daban colorido a tanto dinamismo, no había conseguido hacer mella en mi organismo que, inmune, se dejaba llevar por la vorágine e inercia del trayecto de Córdoba a Managua.

Sin embargo, a pesar de tanto ajetreo y cansancio, nunca me arrepentí de haber iniciado mi primer viaje a Nicaragua. Hubo momentos de decaimiento, en los que llegué a pensar si valdría la pena haber puesto mis ojos en el mapa de la patria de Sandino, ya lo comprobaría, lo que sí conservaba intacta era la esperanza de que así fuera, de que no me arrepentiría de no haber escogido otro destino turístico. El trayecto escala de Miami a Managua ya me dejó ver que en aquel país exótico, hasta entonces para mi, encontraría un calor humano digno de reseñar. La compañera de viaje que me tocó en suerte fue un nica que regresaba a su país, después de algún tiempo, lo deduje cuando al mirar por la ventanilla y ver la ciudad capitalina iluminada en la tarde noche exclamó: ¡Dios mío, que grande se hizo Managua! Las dos horas en compañía de aquella nicaragüense fueron las más amenas de todo el recorrido, me dio su tarjeta de visita y se ofreció a ayudarme por si la necesitaba ante cualquier problema que me surgiera, sabedora de que en Nicaragua sólo conocía a dos personas, en León y Managua. No llegué a necesitar de su ayuda pero aún conservo con agradecimiento la tarjeta de visita del ofrecimiento desinteresado de aquella señora.

La lluvia caía suave en la terminal del Augusto C. Sandino y la cálida temperatura ambiental me traía a la memoria las noches de agosto de mi infancia cordobesa. Buen comienzo, buen presagio, ya comenzaba a sentirme como en casa. Mi amigo nicaragüense tampoco faltó a la cita y allí estaba, estoicamente aguantando el leve retraso del vuelo. Tras los cristales le vi levantar los brazos tratando de llamar mi atención y hacia su encuentro me dirigí. Desde aquel mismo momento se convirtió en el mejor cicerone que se puede desear. Nos subimos a su vehículo y fuimos directos al hotel que ya había reservado con antelación algún tiempo atrás. Soltamos las maletas y me invitó a cenar en un restaurante cercano.

A la salida del restaurante quiso enseñarme la ciudad en un paseo rápido, por las vías principales del centro y sus lugares emblemáticos, pero tengo que reconocer que de nada me sirvió, de noche todo es diferente y a la mañana siguiente estaba como al principio. Sólo me quedó un detalle, al pasar junto a la "Ciudadela Nemagón" me puso al corriente que se trataba de una acampada protesta, por el problema químico que ha causado tantas desgracias a los trabajadores nicaragüenses que utilizaron el nefasto pesticida. Automáticamente lo relacioné con otra acampada protesta que sucedía por las mismas fechas en Madrid, en el Paseo de la Castellana. En el mismísimo centro de la capital española, los trabajadores de la empresa Sintel levantaban sus tiendas de cartón y plásticos, instalándose a vivir allí hasta que tiempo después se resolvieron sus problemas.

No pasó lo mismo con los compañeros y trabajadores nicaragüenses, que fueron utilizados durante décadas por unos y por otros. Por las multinacionales americanas de la industria química, que provocaron sus problemas de salud e incluso la muerte para muchos de ellos y para sus hijos, que nacieron con malformaciones y enfermedades incurables. Desde que a mediados del siglo pasado los laboratorios Dow Chemical Company y Shell Chemical Company crearon el DBCP, conocido comercialmente como Nemagón, no han dejado de luchar contra los causantes de sus males, en forma de cánceres, deficiencias mentales, malformaciones genéticas, esterilidad y dolores por todo el cuerpo, entre otras dolencias.

Standard Fruit Company, en 1969, fue la primera compañía en consumir el Nemagón en sus plantaciones bananeras, sin indicaciones o etiquetas que advirtieran de la peligrosidad del producto químico. Con los años el producto se fue extendiendo y aplicándose en otros países como Honduras, Costa Rica, Panamá, Ecuador, Estados Unidos, Israel, Guatemala, Dominica, Santa Lucía, San Vicente, Burkina Faso, Costa de Marfil, España, Filipinas y otros países. No fue hasta 1975 cuando la Agencia de Protección Ambiental de Estados Unidos (EPA), determinó que el DBCP se trataba de un posible agente cancerigeno. Tras años de lucha, los trabajadores nicaragüenses consiguen que la justicia dicte la primera sentencia en diciembre del 2002, las multinacionales Dow Chemical, Shell Oil Company y Dole Food Company deben abonar 490 millones de dólares a cerca de 600 trabajadores de los 5.000 que han presentado demanda. No obstante, de nada sirvió la sentencia, las empresas la han eludido tachándola de ley inconstitucional, al tiempo que acusaron a la justicia nicaragüense de corrupta. Aún así, esta sentencia nicaragüense recorre el canal legal necesario hasta los Estados Unidos. Sin embargo, en 2003 no es admitida por la jueza Nora M. Manella, de la Corte del Distrito Central de California, alegando defectos de forma porque la Dole Food Company no fue demandada correctamente, ya que técnicamente no existe al denominarse en Estados Unidos Dole Food Company Inc. y no Corporation.

Desde entonces la batalla legal continúa abierta. El 31 de enero del 2004, cerca de 5.000 trabajadores arrancan su tercera gran marcha a pie y comienza la acampada de los afectados en condiciones lamentables frente a la Asamblea Nacional de Nicaragua. Se anuncian huelgas de hambre, la enfermedad, el cansancio y hasta la muerte, hace que algunos abandonen las protestas. La embajada norteamericana deniega los visados a numerosos trabajadores que tenían que ir a declarar en el juicio abierto en los Estados Unidos y la situación se denuncia el 13 de abril ante la Comisión de los Derechos Humanos de las Naciones Unidas en Bruselas, todo ante el abandono gubernamental.

La ciudadela Nemagón fue un símbolo de dignidad y resistencia cívica en Nicaragua, formándose una ola de solidaridad enorme con ellos, dentro y fuera del país, artistas, deportistas, intelectuales, grupos religiosos, empresarios, sociedad civil, estudiantes, médicos, políticos... Lo cierto es que el tiempo pasa y su causa continúa sin resolverse. Cuando Daniel Ortega llegó al poder lo hizo enarbolando su bandera, sin embargo, lo único que han conseguido los afectados es que también él se aproveche de ellos, utilizándolos como rezadores en las rotondas capitalinas hondeando la bandera del Frente Sandinista, prometiéndoles un sueldo que nunca llegó, e incluso llegaron a revelarse contra el tirano dictador Ortega por sus promesas incumplidas. Hace unos días leí en el Nuevo Diario que las champas de la ciudadela Nemagón han sido arrasadas, con la promesa de preparar el terreno para construirles 400 casas gratis para otras tantas familias de afectados. Les diré lo que pienso al respecto, me agarro al refrán español que dice: "Piensa mal y acertarás". Mi intuición me dice que se trata de otra nueva maniobra de engaño contra estas víctimas que, como su causa, se visten de negro y sepia, como el color del plástico y el cartón de sus champas, y como el aire que envuelve su añejo retrato de protesta.

viernes, 2 de julio de 2010

De Boaco a la democracia


No sé si para comenzar tendría que hacerlo pediendo disculpas o reconociendo que en ocasiones uno se deja guiar por la primera imagen que se le cruza por delante de la retina. Ya lo dice el refrán: "Una imagen vale más que mil palabras". Sin embargo, es de honrado reconocer que me equivoqué, cuando en otra ocasión, después de visitar Nicaragua varios meses antes de las elecciones municipales del 2008, escribí sobre el candidato oficial del Frente Sandinista, que con mano de hierro dirige el que antaño también formó parte de mi galería de mitos, hasta que su pedestal se derrumbó. No sé si de hierro o de plomo, lo que sí está claro es que cualquiera de estos metales que utiliza Daniel Ortega está rodeado de sangre, de muertes violentas y de corrupción mafiosa gubernamental que acorrala en su historia reciente a este hermoso país centroamericano.

El concepto, la impronta, que me creó Alexis Argüello no me fue positivo en el primer impacto. Recuerdo aquellos carteles de la propaganda política que adornaban todos los rincones de Managua por aquellos días, en la que mostraba una postura risueña, con traje o saco gris en tono oscuro. A mis amigos nicaragüenses les hice llegar mi opinión, aquel candidato me resultaba la de otro corrupto más metido a político, descaradamente cínico, que no le importaba en demasía que los electores conocieran su historial impresentable, rodeado de drogas, alcohol y no se cuantos asuntos más no aptos para el curriculum de un futuro alcalde de la municipalidad más importante del país.

Al año de su llegada a la alcaldía como mandatario, desperté con la noticia en los diarios nicaragüenses sobre la repentina muerte del que fuera tres veces campeón del mundo de boxeo; todo parecía indicar que se trataba de un suicidio. Fácil de aceptar y entender si de antemano conocemos sus idas y venidas con el alcohol y las drogas, curas de adicción, caídas y recaídas. El resultado de un abuso constante que destrozó su estado anímico.

Esta es la manipulada versión oficial del gobernante partido sandinista, otra cosa son las pruebas evidentes de la autopsia que revelan otra manera diferente de despedirse de esta vida. La trágica muerte del tricampeón, no sé si acierto a llamarlo alcalde porque entiendo que nunca ejerció como tal, me hizo interesarme más en profundidad por el personaje que no me daba buena espina y, al contrario, encontré a un hombre distinto a como lo imaginé. Alexis Argüello fue sólo una víctima a lo largo de su vida, un hombre manipulado por casi todos los mandatarios, que interesadamente sacaron beneficio del cariño que los nicas le dispensaban. Ya en la anterior etapa de gobierno, Daniel Ortega y su frente de secuaces corruptos, lo dejaron en la miseria arrebatándole todas sus pertenencias, excusándose en que fueron fruto de la dictadura somocista. Tuvo que huir del país y refugiarse en Miami para regresar cuando las aguas volvieron a correr tranquilas por los causes políticos.

Del dirigente Ortega nada me sorprende, ni a mí ni a nadie en el mundo. La historia ha demostrado cómo se las gasta y hasta qué punto es capaz de llegar por tal de aferrarse al poder que es su máxima en la vida. No existen barreras para lo que se proponga el ex-revolucionario, que se alzó al poder gracias al generoso esfuerzo que ofrecieron tantos nicaragüenses con sus vidas, tantas víctimas de aquella revolución que él y un puñado de mafiosos corruptos le han usurpado al pueblo. Tanta desgracia y sangre derramada sólo para alimentar los sueños de un dictador delirante sin escrúpulos.

Los acontecimientos vividos esta semana pasada en Boaco, con la destitución del alcalde electo de ideología liberal, ha provocado un nuevo movimiento social, el enésimo, que se alzaba contra los mangoneos dictatoriales de Ortega, empeñado en conseguir la reelección de la manera que sea, usando todas las artimañas, todas las trampas que sean posibles, constitucionales o no, porque para un dictador nunca existe constitución que valga, él siempre estará por encima de todo eso. Tengo que confesar que también mi esperanza estaba con los manifestantes por las calles de la ciudad del departamento de Chontales. De Boaco a la recuperación de la democracia, pero no, otra vez quedó en saco roto y el dictador se salió con la suya, la de ir cambiando a su antojo los alcaldes de las ciudades que no son de su condición. Primero fue en las urnas, en las elecciones, cuando robó la mayoría de la voluntad del pueblo nica, para después usar las triquiñuelas que les permiten todos los poderes del estado, manipulados y controlados a sus órdenes, comprados con el dinero de los contribuyentes, como buen dictador.

Hay quienes opinan que Alexis fue el primero, la primera víctima, del fraude, de la manipulación que se reveló contra el tirano del Carmen. Ortega va a por un número determinado de alcaldías utilizando la sustitución anticonstitucional, todas gobernadas por la oposición y con la única intención que la de controlarlas para así acceder a la tercera reelección, la que no le permite la carta magna nicaragüense. Su estrategia no tiene límites y volverán a caer nuevas víctimas, trágicamente y envueltas en misterio, como ya lo hicieron todos aquellos políticos o personajes públicos honrados que le plantaron cara no aceptando sus actitudes mafiosas. Carlos Guadamuz, Herty Lewites, Alexis Argüello... Son algunos de ellos, que nos mostraron con sus actitudes que en Nicaragua también nacen personas honradas, con nobleza, que no se dejan intimidar ni comprar por un puñado de voluntades. Es la esperanza para seguir soñando que un cambio es posible en este país, que cualquier rincón de Nicaragua puede ser Boaco y, de ahí, de nuevo a la democracia.