sábado, 29 de mayo de 2010

Nanas del penal


No cabe duda que las palabras tienen la capacidad de atraparnos el corazón, pero también es verdad que algunas imágenes son capaces de arrebatarnos el alma. Es lo que me ocurrió a mí, y supongo que a algunos más que yo, hace varios días mientras veía las noticias en televisión. Uno trata de luchar contra todo lo que le afecta o nos deja noqueados, con la sana intención de no caer en la irremediable depresión que supone tanta impotencia como producen algunos hechos, demasiados, que ocurren en el mundo. No es porque quiera pasar de largo sobre el asunto e ignorar la crueldad o injusticia evidente, más bien supone una actitud para protegerme con la coraza que proporciona la templanza, sabiendo que poco puede hacer uno frente a los hechos si no es otra cosa que unir su apoyo a la lucha por estas causas perdidas, y para que el efecto producido no me arrastre hasta el irraciocinio.

No se trataba de nada nuevo ni desconocido, más bien de asuntos pendientes que tenemos la humanidad y que son tantos acumulados que, como tramites burocráticos, se van llenando de polvo sobre los estantes que los mantienen en espera, hasta mejor oportunidad y pendiente de solución en una vida más justa. Como digo, las imágenes helaban el alma y por más que se trata de volverse inmune ante lo reflejado uno no puede esquivarlo, es demasiado tarde cuando la retina ya ha hecho suya la escena que nos muestra el aparato receptor. Las desgracias e injusticias contra el ser humano son las causas más impactantes, dolorosas, y aunque muchos nos quejamos de un exceso de morbosidad, en cierto modo, nunca es suficiente si lo que se trata es de que no pase desapercibido el asunto en cuestión, porque dependiendo del impacto causado tardará más o menos en pasar al olvido.

Las imágenes mostraban a los niños recluidos en las cárceles de Bolivia, menores de edad que aún no tuvieron el tiempo de vida suficiente para delinquir o saltarse las normas de convivencia que nos pueden arrebatar la libertad en caso de no respetarlas, si no porque su corta edad y la falta de familiares en el exterior, que se puedan hacer cargo de su cuidado y necesidades, les obliga a compartir condena junto a sus progenitores. Si ya es duro sobrevivir un ser humano mayor de edad en las circunstancias inhumanas que ofrecen esas cárceles de casi todos los países subdesarrollados, e incluso emergentes, sin servicios sanitarios e higiene y sin oportunidades educativas o de reinserción que les ofrezcan la posibilidad de cambiar el rumbo en sus vidas para poder disfrutar de una oportunidad e integrarse de nuevo en la sociedad, imagínense para un menor que no ha visto de la vida más que lo que entre rejas ésta le muestra, desgraciadamente nada bueno para su formación, su educación y valores que le guiarán en el futuro.

Sin embargo, no se trata sólo de las razones de educación y formación, también de seguridad, ya que esos penales no ofrecen ningún tipo de garantía en ninguno de los sentidos, la peor calaña de la sociedad ronda cada día por entre sus juegos e infancias vacías de maldad. En las principales cárceles de La Paz (Miraflores, Obrajes y San Pedro), y según Rielma Mencias, representante de la Defensoría del Pueblo, existen unos 706 menores de seis años, de los cuales 205 asisten a las guarderías, y 351 mayores de siete, son los que viven con sus progenitores en los presidios, 579 son niños y 478 niñas. La ley boliviana permite a los hijos de los reclusos estar con sus madres y padres hasta los seis años de edad, sin embargo, las autoridades reconocen la flexibilidad que ofrecen en cumplirla por falta de alternativas para el menor, al no contar con familiares que se responsabilicen de ellos en la calle.

Pero una vez que la noticia impacta, el interés amplía la vista hacia otras zonas, tratando de conocer más allá de la problemática que acusa a estos menores en Bolivia y, desgraciadamente, se puede comprobar que es un problema que se extiende por casi todo el mundo. Como ejemplo me servirá Argentina para exponer algunas de las condiciones en las que las madres se tienen que enfrentar a las necesidades que sus hijos demandan. En el caso de este país del cono sur la ley sólo permite a las madres mantener a sus hijos dentro de la prisión hasta los cuatro años de edad y siempre que hayan nacido en reclusión. El artículo 143 de la ley nacional de ejecución de las penas privativas de libertad, establece expresamente que los reclusos y reclusas gozan del derecho a la salud, sin embargo, las carencias existentes de, en este caso las internas en centros penitenciarios, sus derechos respecto a este apartado ponen en tela de juicio la legitimidad por falta de cumplimiento. Para algunos no dejarán de ser meros delincuentes pero para todos no podemos olvidar que se trata de personas.

Las madres de las cárceles argentinas no pueden disfrutar del derecho que las leyes le benefician en salud, no cuentan con esos servicios mínimos que se suponen deben ofrecer los centros penitenciarios. Pero para no perderme por otros derroteros, iré al centro de la cuestión que nos atrae. En lo relativo a las embarazadas, no tienen atención alimentaria y solo le dan un kilo de leche en polvo los viernes, en sus dietas no entran ni yogurt ni otros productos lácteos, aunque lo establece el artículo 65 de la ley 24660, "la alimentación del interno estará a cargo de la administración, será adecuada a sus necesidades y sustentada en criterios higiénicos-dietéticos". Los niños tampoco poseen atención pediátrica, ni lúdica, y rara vez entra un juguete del exterior para que puedan jugar. No les entregan pañales y tienen que ingeniárselas para comprarlos con su peculio, al igual que los lácteos y sus derivados.

En los casos en que los niños padecen desnutrición, comprobados por los profesionales de la salud, no le dan la comida adecuada que necesitan si no que continúan con la misma dieta y sin poner reparo en el desajuste alimenticio del menor. Son normas internacionales y fundamentales en la defensa del menor (Art. 75 inc. 22 "Convención sobre los Derechos del Niño").
Los niños tampoco disponen de espacios específicos donde puedan desarrollar sus juegos alejados de los reclusos que comparten el mismo espacio plural.
Y respecto a la higiene, tres cuartas partes de lo mismo, es difícil imaginar toallitas íntimas, jabones, champú, o cualquier otro elemento relacionado con la higiene, vinculado con el derecho a la salud. El artículo 18 de la Constitución Nacional también dice que: "Las cárceles serán sanas y limpias, no para castigo si no para seguridad de los presos que habitan en ella". Precisamente todo lo contrario a lo que encuentran estos menores inocentes que nacieron con el añadido de tener que escuchar las nanas de sus madres en el penal.

sábado, 22 de mayo de 2010

El Binomio regidor


Demetrio es algo mayor que yo, casi una década, esto quiere decir que ronda los 60 años de edad. Nació en un pueblo del norte de la provincia de Córdoba, a pocos kilómetros de la provincia de Badajoz, y cuando recuerda en voz alta su niñez, en el pueblo y de monaguillo, es como si desempolvara imágenes ya desgastadas por el tiempo que reflejan la realidad de la postguerra en la España profunda de aquellos días. Algunas jornadas acudimos a trabajar juntos al edificio donde desempeñamos nuestra labor, él de jefe de obras y yo de restaurador subcontratado, una hora de ida y otra de regreso que dan para mucho, un tiempo de conversación donde caben muchas anécdotas, muchas historias que, mientras conduce, cuenta y yo escucho como usurpador que absorbe toda esa sabiduría mundana que él ha vivido.

No es de pensamiento radical, más bien diría que está dentro de lo estándar, ni mucho para la izquierda ni tampoco para la derecha, pero con antecedentes históricos familiares apegados a los derrotados, a los perseguidos y represaliados, como la mayoría de los españolitos pobres de por entonces, porque si alguien fue perdedor, si alguien pagó las consecuencias del binomio regidor de la dictadura, justicia y religión, no fue otro que el español pobre.

Hace unos días me contaba cómo el cura de su pueblo los chantajeaba y cómo se libraban de las travesuras que cometían en el pueblo. Siempre corrían a refugiarse a la iglesia, al párroco. Les defendía ante la guardia civil y los propios vecinos diciéndoosles:"No os preocupéis. De los muchachos me encargo yo". Era su protector ante las chiquilladas cometidas, nada más allá que juegos de niños. El cura los protegía y algunos domingos les daba parte del cepillo para repartir, a cambio, los chiquillos no decían ni pío de lo que ocurría muchas veces entre el cura y las solteronas beatas del pueblo en la sacristía y durante las horas de siesta en el verano. También cuenta que en más de una ocasión, ya de adolescentes, monaguillos y sacerdote, se fueron de parranda a pagar hembra de burdel como otro grupo más de amigos. Eso no escandalizaría si no fuera porque la iglesia censuraba esas actitudes y, además, lo hacían con el dinero que los feligreses daban para los pobres más necesitados, que eran muchos.

Pero mi escrito de hoy no tratará, o al menos con esa idea comencé a escribir, de las historias siempre interesantes y amenas de Demetrio, si no de la herencia que nos dejó la dictadura, atado y bien atado dejó el franquismo el futuro de esa España negra que hoy, entre destellos coloridos, se deja entrever grisácea y rancia como en sus peores días. Ese binomio que aún rige nuestra sociedad, aparentemente democrática, y que continúa moviendo los hilos de la justicia, bajo palio, que aunque no se pasee en procesión de penitencia como antaño si nos hacen comulgar con ruedas de molino, dejándonos impotentes y atónitos todavía y de vez en cuando, al comprobar que la iglesia católica continúa mangonoteando los derechos y libertades de los ciudadanos de esta España democrática en las formas, pero que no en el contenido.

Los religiosos siguen siendo perversos, viciosos y maliciosos, al tiempo que persiguen el derecho de cada uno a elegir la condición política, sexual o religiosa, que nos venga en gana, eso sí, siempre con dinero del contribuyente. Al igual que la justicia, partidista y con intereses propios, hoy no está al servicio de la dictadura pero sí de sus cachorros, los que cada día vemos pasearse con sonrisas y gestos festivos ante la acusación que los tachan de corruptos. Hemos visto recientemente cómo han ido a la caza y captura del único juez decente que la democracia nos ha traído, quizás algunos más se podrían salvar, aunque la mayoría del tribunal supremo (en minúscula) continúan bajo la toga franquista con la que juraron fidelidad al régimen y a su dictador. Sin embargo, lo que no vemos o pasa desapercibido, quizás por la costumbre, es el acoso continuo y sistemático contra esas libertades del individuo.

Esta mañana he leído en el diario Público una noticia con olor a rancio, por varias razones, por el tiempo que hace que ocurrió y por supuesto por el contenido. Javier Krahe es un conocido cantautor de línea claramente progresista, al que siempre relaciono con Joaquín Sabina y viceversa por el doble álbum en directo que editaron hace ya varias décadas, creo que al principio de los 80. Resulta que, según público, el 15 de diciembre de 2004 el programa Lo + plus de Canal Plus emitió unas imágenes del video realizado por Krahe y Enrique Seseña en los años 70, titulado "Cómo cocinar un crucifijo". El crucifijo era troceado, untado en mantequilla y metido en un horno, "saliendo al tercer día en su punto". La emisión del corto parece que tocó los hilos más sensibles del Centro Jurídico Tomás Moro, que según sus estatutos, tiene como fin "la defensa de la dignidad de la persona, de la familia y de los derechos humanos, y en especial la protección del derecho a la vida del nasciturus y del embrión humano". Creo que esto lo dice todo, no hay que aportar nada más al respecto.

Los defensores de tanta dignidad y humanidad presentaron una querella criminal, por entonces, y por escarnio de las creencias religiosas. Ahora, casi seis años después, el juzgado de Instrucción de Colmenar Viejo acuerda la apertura del juicio oral contra Krahe y la productora del programa por un delito contra los "sentimientos religiosos". Yo, personalmente, me pregunto si no será mayor escarnio el de engañar a los creyentes con falsas teorías religiosas que no la creen ni quienes las predican. Esto podría sonar a chiste, si no fuera porque tiene tintes peligrosos, fascistoides, en una ola que atraviesa las instancias judiciales de nuestra piel de toro y que llevan a cabo el binomio de antaño, la justicia franquista de Falange Española de las Jons y los asotanados servidores de cristo.

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sábado, 15 de mayo de 2010

La falsa percepción de la bondad


Fue a principios de la década pasada cuando, en una visita que hice al centro de la Hermandad de la Cruz Blanca, descubrí, o al menos intuí, lo que se cocía entre los fogones de la perversidad humana tras aquella aparente bondad y altruismo hacia los demás, en este caso a uno de los colectivos más necesitados de ayuda y cariño, los discapacitados psíquicos, y por añadidura físicos. No es que uno tenga un don sobrenatural para ver lo que a simple vista no se ve, no, sólo que a veces la percepción de lo evidente no muestra el trasfondo negativo que lleva a cabo la cara oculta de los seres humanos, portadores todos de los dos polos opuestos, el bien y el mal.

Hace varios días, a raíz del escándalo que ha salido a la palestra de los abusos por parte de religiosos, me decía un compañero de trabajo que no entendía porqué existen mentes tan malvadas en este mundo, que se ceban con los más débiles, por ejemplo los abusos sexuales en la iglesia católica. Por supuesto que de filósofo tengo muy poco, al contrario, a veces me veo como una persona demasiado simple, y así, simple, también fue mi respuesta a lo que pensaba al respecto, que no creo en que existan personas más perversas que otras, ni más maliciosas, si no que la circunstancia y el entorno o contexto donde desarrollamos nuestra vida nos hace ser de una manera u otra. Lo de los abusos sexuales, la ira, el odio, la venganza, etc., son sentimientos que cualquier ser humano puede sacar a la luz el día menos pensado, el más noble, el más bondadoso de las personas puede convertirse en el más ruin de los mortales. Todos somos posibles asesinos en potencia, ladrones, maltratadores o violadores, la diferencia radica entre cruzar la línea roja o no cruzarla, es lo que nos sitúa en uno de esos dos polos opuestos que llevamos añadidos las personas en nuestros genes.

Sin tratar de rebuscar una respuesta filosófica en lo que respecta al comportamiento humano, le decía a mi compañero que, posiblemente, el padre Manolo, como tantos otros religiosos en tela de juicio por sus perversas actuaciones, sería una persona bondadosa, altruista y generosa hacia los demás, pero que el contexto donde desarrolla su vida no le permite sacar al aire sus necesidades íntimas y dejarlas en su entorno más reservado para poder dedicarse por entero a su labor social, sin que ésta se pueda ver contagiada por esas necesidades humanas que no entienden de contextos ni diferencian entre lo lúdico y lo laboral, lo íntimo y lo social. Seguramente, si la mayoría de estos inculpados, y por supuesto presuntos hasta que la justicia dicte sentencia, estuvieran casados o en pareja, o al menos no tuvieran la prohibición de desarrollar su sexualidad como cualquier persona, no habrían cometido estos actos criminales contra víctimas indefensas.

Bien poco me importa que la opción de cada religioso sea heterosexual, homosexual o bisexual, no creo que esta condición afecte a la actitud de abusar o no, porque de la misma manera también pienso que todos podemos ser homosexuales ocasionales en un momento determinado, influidos por ese contexto al que me refería, si no, porqué en las cárceles la práctica homosexual está tan generalizada, ¿acaso todos los reclusos son gay? No, pero la necesidad biológica nos hace irresponsables y rebeldes a nuestra verdadera condición en ese momento determinado. Es muy probable que la mayoría de los religiosos abusadores se sientan mal anímicamente y culpables del abuso que acaban de cometer, saben que existen unas líneas rojas en la convivencia y el respeto entre los seres humanos que nunca debemos traspasar, no importa el contexto en el que nos encontremos.

Es por lo que pienso que los religiosos deberían abandonar el celibato, eso sin duda les haría a muchos realizar su labor sin ese estigma al que están sometidos y que los convierte en monstruos, en criminales, descargando toda su perversidad entre los más débiles, que no son otros que de lo que viven y habitan el contexto en el que desarrollan sus vidas, niños, discapacitados, ancianos, en definitiva indefensas víctimas que los sitúa en el punto más visible de la vulnerabilidad.

Como apuntaba al principio, fue hace ya algunos años, eran malos tiempos para mí y el trabajo escaseaba. Un amigo me dijo un día que fuera a hablar con su padre, él estaba bien relacionado y seguramente me podría ayudar recomendándome para un puesto de trabajo. Así lo hice, al día siguiente acudí a su taller de platería y me acompañó a solicitar ese puesto laboral. Yo desconocía de qué se trataba en un principio, cruzamos la calle y, justo en la casa de enfrente, entramos en el zaguán, que dejaba ver un patio interior cerrado, con columnas y arcos a cuatro lados. No fue buena la primera impresión, encontré al padre Manolo rodeado de discapacitados entre carcajadas, hablaba con otro religioso y entre los dos mantenían un dialogo que los tenía a todos a risa limpia. Claro, esto no tiene nada anormal a simple vista, al contrario, una actitud saludable la de sonreír, sin embargo, no es así como lo percibí, el dialogo era el propio de dos "mariquitas arrabaleras", que me hizo sentir vergüenza ajena y sospechar que esa actitud no era la de personas responsables. El padre de mi amigo me presentó al religioso y tras solicitarle un puesto laboral me respondió que no era posible por aquellos días, no existían plazas bacantes para ocupar.

Esta fue la única ocasión en la que entré a esta casa familiar de la Hermandad de la Cruz Blanca, pero cuando leí la noticia de los abusos sexuales contra discapacitados no me sorprendió, al contrario, pensé que había tardado demasiado tiempo en salir a la luz. Esta semana, especialmente, ha sido noticia tras noticia referente al caso, las que han salido en las portadas de los diarios, al igual que los imputados, uno tras otro hasta cuatro. Todo comenzó con una denuncia anónima en octubre pasado, a los pocos días fue detenido un presunto abusador que se encuentra en prisión preventiva. Ante el alboroto, los familiares de los discapacitados pidieron explicaciones al responsable, al padre Manolo, y éste, sólo les dijo que se trataba de un colaborador externo, sin entrar en más explicaciones, negándose a ello. Pero las aclaraciones posteriores han demostrado que no se trataba de colaborador externo, si no de un novicio que había abusado de un discapacitado con un 86% de minusvalía, y no una vez, si no en tres ocasiones, en la ducha del dormitorio.

Nuevas denuncias contra el centro por un grupo de familiares ha llevado a nuevos interrogatorios por parte del juez y con tres imputados más, entre ellos el padre Manolo, a quien les han prohibido contacto alguno con trabajadores del centro y discapacitados. Hasta aquí todo es denigrante, sin embargo, parece que el hilo de la bobina que envuelve los abusos en la Hermandad de la Cruz Blanca no ha dejado al descubierto todo el entramado perverso, porque también en esta semana, otro centro de Sevilla y de la misma hermandad de franciscanos, ha sido denunciada por abusos, en esta ocasión parecen ser los malos tratos y castigos fuera de lógica. Quizás las instituciones gubernamentales deberían de plantearse si en lugar de beneficiar a estas víctimas con subvenciones públicas se está utilizando el dinero de los contribuyentes para convertir la vida de muchos de ellos en un verdadero suplicio.

sábado, 8 de mayo de 2010

Ignominia contemporánea


La ignominia es una afrenta pública, así lo dice la RAE, el diccionario de la Real Academia Española, y no cabe duda de que la esclavitud lo es, pero no sólo para quien la sufre directamente, también para los que desde una posición más contemplativa vemos cómo aún hoy se da la esclavitud en muchos lugares del mundo, especialmente en los países pobres o no desarrollados, donde la pobreza es un aliado insustituible para los esclavistas que, sin escrúpulos algunos, tratan a otras personas como si de mercancía se tratara. Un animal de carga para enriquecerse a su costa. Aunque también habría que especificar, porque no todo el que esclaviza es rico ni latifundista, los hay pobres entre ellos cuyos esclavos son los más pobres de los pobres, los miserables. Y entre todas estas víctimas, son los niños y las mujeres los más vulnerables.

Cuando pensamos en la esclavitud se nos vienen al pensamiento escenas de ficción vividas en el cine, directamente la relacionamos con la raza negra y con una época de la humanidad a la que mejor ni recordar, por lo que tiene de vergonzosa, no así olvidarla para no repetirla. Sin embargo, aunque la esclavitud del comercio transatlántico fue abolida la noche del 22 al 23 de agosto de 1791 en la isla de Santo Domingo, hoy Haití y República Dominicana, no fue erradicada del todo, aún quedan muchos rincones en el mundo donde muchas personas son esclavos de diferentes maneras, es la esclavitud contemporánea y tan reprochable y mezquina como la que trataba a las personas de raza negra de la misma manera que al ganado.

Es bueno recordar el día internacional dedicado a la esclavitud, pero mejor lo es hacerlo más a menudo, para que no se convierta en un trámite burocrático más, sino como una práctica que hay que perseguir con todas las de la ley, y con todas las que la dignidad del ser humano exige. Se estima que son alrededor de 12.000.000 de personas las que hoy en día sufren la esclavitud en el mundo, de distintas maneras: trabajos en condiciones de servidumbre, trabajos forzosos, explotación sexual de menores con fines comerciales, reclutamientos obligatorios, tratas o tráfico de seres humanos, matrimonios forzados, niños adoptados, turismo sexual, trabajo infantil o la esclavitud tradicional.

La pobreza y la falta de empleo es el caldo de cultivo donde estos desaprensivos esclavistas echan sus redes, casi siempre con falsas promesas de un mundo mejor o una simple oportunidad para salir de ese mundo mísero donde viven las víctimas, aunque también los hay que ya nacieron en esas condiciones, en la de la esclavitud, y aún no conocen la libertad de poder elegir como cualquier persona. En América Latina se calculan que existen más de 1,3 millones de esclavos, un comercio que mueve más de 30.000 millones de dólares anuales. Durante el gobierno de Fernando Henrique Cardoso, en Brasil, fueron 8.000 los esclavos liberados por la Policía Federal y el Ministerio de Trabajo, pero más reciente, en el gobierno de Lula, han sido 30.000 los puestos en libertad. En la Región Norte de Brasil, en la Región Sudeste (Río y Sao Paulo) y hasta en Río Grande do Soul, tanto en el campo como en la ciudad, la esclavitud es una realidad que nadie desconoce. Los campesinos pobres son atraídos con falsas promesas de trabajo bien remunerado en lugares distantes de sus pueblos con los gastos pagados, pero acaban siendo sometidos a sus patrones por un sistema de endeudamiento perpetuo, sin poder elegir con libertad entre quedarse o regresar con sus familias, bajo las amenazas de armas de fuego u otros medios intimidatorios. Esta práctica esclavista es denunciada en Brasil desde hace más de 20 años por la Comisión Pastoral de la Tierra, y desde los años 70 existen registros de esos abusos criminales, pero es como gritar en el desierto, no existen leyes eficaces para luchar contra eso, la justicia no es competente para perseguir y castigar a los criminales porque muchos de ellos tienen asiento de legisladores en el Congreso Nacional.

La esclavitud no es seña de identidad de una cultura o de un país, la historia de la humanidad está llena de episodios en todas las épocas y en todas las razas. La esclavitud es todo aquel trabajo mal remunerado o muy mal pagado en el que los seres humanos laboran privados de garantías y de libertad. Son muchas las muchachas mexicanas que viajan a Israel para trabajar en lo mismo que hacen en su país, en tareas domésticas, que son engañadas por sus patrones que les ofrecen sueldos muy por encima de lo que cobran en su tierra, hasta más de diez veces mayor. Una vez en Israel "no es tanto oro lo que reluce", les retiran sus documentos y les impiden salir a la calle para que no sean deportadas.

No obstante, no hay que alejarse mucho de nuestras fronteras tan desarrolladas y tan del primer mundo, en España como en Inglaterra abundan los talleres clandestinos de emigrantes chinos que son tratados como los esclavos de otras épocas pasadas por sus mismos compatriotas. Vienen de sus países asiáticos con la esperanza de encontrar el futuro deseado y se encuentran con que todo lo prometido es falso, los amontonan en locales ocultos donde trabajan y duermen por turnos, confeccionando tejidos sin salir al exterior durante meses y años, durante el tiempo que tardan en cubrir el precio del viaje desde sus países de origen y la manutención, un tiempo que se convierte en interminable y sólo recuperan la libertad cuando la policía los descubre y deporta a los esclavos a sus lugares de origen, y a los criminales los mete entre rejas para que cumplan castigo.

Otro ejemplo de esclavitud contemporánea es el que también se da en países subdesarrollados o en desarrollo, y que tiene que ver con la infancia y el abuso sexual. Son niños y niñas que trabajan en la calle y que son explotados por adultos u otros niños mayores que ellos, los tienen en condición de esclavos con jornadas interminables de trabajo y sin remuneración económica. Son explotados por algo de alimento y un techo donde duermen todos juntos.

Otro ejemplo sangrante es el del Chaco boliviano. El que me ha empujado a escribir sobre la esclavitud actual después de leer el artículo de Santiago O'Donnell en Página 12. Cerca de la frontera con Argentina y Paraguay viven actualmente unas 600 familias guaraníes en condiciones de esclavitud, una denuncia echa por la CIDH, la Comisión Interamericana de Derechos Humanos. Según la comisión esas prácticas esclavistas se vienen dando desde hace más de un siglo, ante la pasividad de las autoridades regionales e internacionales. Ni siquiera el gobierno actual de Evo Morales, el primer gobierno con presidente indígena de América Latina, ha podido acabar con esta situación, aún llevando a cabo la reforma agraria más radical de la región. No voy a negarle los intentos al presidente Morales por erradicar la esclavitud en su propio país, pero es una muestra de lo arraigada que está esta práctica criminal en muchos lugares de la tierra.

La propia comisión detalla y pone en valor la cantidad de iniciativas al respecto que ha puesto en marcha el gobierno de Bolivia en favor de los guaraníes chaqueños, pero de igual manera pone en evidencia los distintos factores y actores que conspiran contra esas medidas hasta ponerlas prácticamente de inútiles o contraproducentes, para los supuestos beneficiarios. Esos enclaves donde viven en esclavitud los guaraníes, están situados en territorio controlado políticamente por la oposición, los que impiden que se lleven a cabo las reformas que perjudican a los latifundistas. Los opositores se oponen a la distribución de tierras en favor de los guaraníes, con mucho interés por su parte, pues muchos de estos hacendados forman parte de la clase política que gobierna la región.

Según la CIDH, estas prácticas esclavistas en el chaco fueron alentadas durante décadas por el propio gobierno boliviano, despojando a los guaraníes de sus tierras y dándoselas a los latifundistas blancos. Durante la reforma agraria de los 50 Bolivia sufrió una gran transformación, salvo en el Chaco, donde pasó casi inadvertida y la elite local consiguió preservar todos sus derechos.





domingo, 2 de mayo de 2010

Las Madres de Soacha


"Víctor desapareció el 23 de agosto de 2008. Dos días después mostraron su cadáver vestido de guerrillero. Lo mató el ejército. Desde entonces no cesaron las amenazas por investigar la muerte de Víctor". "A Jhon lo tiraron desde un puente para matarlo. Se salvó. Lo operaron para que no quedara parapléjico. Como siguió investigando, el 4 de febrero de 2009 lo mataron con balas de una pistola con silenciador. Yo tuve que marchar del barrio. No me callarán en mi busca de justicia y castigo para los responsables de estos crímenes de estado. No tengo miedo porque aprendí a vivir con el horror. Si me pasa algo, el gobierno es responsable. No quiero escolta porque ellos mismos son los que matan a mis hijos", dice Carménza Gómez Romero, madre de los dos jóvenes hermanos asesinados.

"No tuvieron piedad con Fair a pesar de sufrir retraso mental. lo asesinaron los militares de la brigada 15 de Ocaña. Pese a su deficiencia mental lo acusan de ser jefe de un grupo narcoterrorista. Ni pudo aprender a escribir, ni identificaba el dinero; a los tres meses sufrió meningitis. Los detenidos por el crimen ya están libres". "Todavía debo nueve millones de pesos por el traslado del cadáver de mi hijo desde Ocaña, donde encontramos sus restos en una fosa común, hasta Soacha. Tenía un seguro de exequias con Mafre, pero no ha querido saber nada", comenta Luz Marina Bernal, madre de Fair Leonardo, que desapareció el 8 de enero de 2008.

Julián, el hijo de Blanca Nubia Monroy, tenía 19 años cuando lo mataron, y su madre cuenta de él que " era un chico juicioso, estudiaba y trabajaba en una buseta para ayudarme. Buscaban chicos de familias humildes, pobres como nosotros. Creían que al matarlos nadie reclamaría por miedo. No pararemos hasta limpiar el nombre de los hijos y que los militares paguen sus crímenes".

Estos son algunos de los testimonios de las Madres de Soacha, a cuyos hijos los secuestraron y asesinaron los militares colombianos para después mostrarlos al mundo mediático como guerrilleros abatidos en la guerra contra el narcotráfico. Son falsos positivos, en el argot militar un positivo es una baja guerrillera, un eufemismo con el que se conoce la ejecución extrajudicial de miles de civiles inocentes para cobrar recompensa y recibir ascenso y permisos. Los soldados son premiados económicamente según la cantidad de guerrilleros muertos, un premio macabro que reciben por la directiva 029 de la Presidencia de Colombia, firmada en el año 2005, poniendo precio a los guerrilleros muertos en combate. Un premio que crea una dinámica perversa y que va más allá aún de los miembros del Ejército Nacional de Colombia, creando grupos paramilitares subvencionados por el propio Estado colombiano.

Desde el golpe de estado de Pinochet en Chile, en 1973, no se había conocido en todo el continente americano tanto horror y tanta sangre inocente derramada por los propios militares. Y si esto les ha hecho llevarse las manos a la cabeza más horrorizados quedarán cuando les diga que, aún así, la popularidad de Uribe y del candidato a la presidencia Juan Manuel Santos, ex ministro de Defensa y responsable del ejército, no ha mermado un ápice. Los colombianos entienden y aceptan estos crímenes como un mal menor en la política de seguridad del presidente Álvaro Uribe, estos asesinatos se tienen en Colombia por tolerados socialmente.

Las denuncias de estas madres de Soacha, población periférica al sur de Bogotá, por el asesinato de 19 chicos, han destapado el escándalo en el país, y a raíz de tales denuncias la fiscalía se ha visto inundada por la avalancha de demandas presentadas en todo el estado. Miles de madres desesperadas piden información sobre sus hijos y la respuesta que reciben es tan cruel como falsa: su hijo era un guerrillero muerto en combate.
Las autoridades judiciales investigan más de 2.000 casos de homicidios extrajudiciales perpetrados por las fuerzas de seguridad. La indignación de estas madres de Soacha aumentó cuando conocieron la información de que otros 17 militares implicados en las muertes de sus hijos fueron liberados, con lo que ya son 48, los que están en la calle sin ser juzgados.

Las voces se alzan en protesta por la muerte de un mínimo de 2.000 jóvenes como falsos positivos, y no sólo por parte de sus madres y familiares, también a nivel internacional claman justicia contra estos asesinatos que obedecían a una política prefijada. Según Philip Alston, representante de la ONU, "las ejecuciones se perpetraron de manera sistemática por una cantidad significativa de militares". Al respecto, también se ha difundido un informe del departamento de Estado de Estados Unidos, en el que se denuncia que "el número de casos, las zonas geográficas, y la diversidad de las unidades militares implicadas, indican que estos asesinatos fueron cometidos de manera sistemática por elementos significativos dentro de los militares".

Pero el derecho y el deseo que han llevado a estas madres y a sus familiares a exigir el esclarecimiento de las muertes llevadas a cabo por militares del ejército de su país, ha provocado que ellas mismas se conviertan en víctimas de los mismos verdugos que dieron muerte a sus hijos. Las amenazas y hostigamientos contra ellas y sus familiares han sido constantes, es lo que les llevó a romper el miedo y a denunciar los asesinatos de sus hijos. Las madres de Soacha presentaron en rueda de prensa lo relativo a estos seis casos de Luz María Bernal Porras, Carménza Gómez Romero, María Ubilerma Sanabria López, Blanca Nubia Monroy, Edilma Vargas Rojas y Flor Hilda Hernández, dando detalles sobre la ejecución de sus hijos y haciendo públicas las amenazas y persecuciones que han sufrido. A estas demandas se han unido el Movimiento Nacional de Crímenes de Estado, haciendo evidente la responsabilidad del estado colombiano en dichos asesinatos y la obligación que tiene el ejecutivo de esclarecerlos, al tiempo que responsabilizan al Gobierno de Colombia de lo que pueda sucederle a las madres o familiares de estos jóvenes asesinados por el ejército de su país.