sábado, 27 de febrero de 2010

Perversidad moral y otros pormenores eclesiásticos


La mayoría de las veces que oigo hablar a los portavoces eclesiásticos sobre la moralidad del ser humano me cuesta mantener el sintonizador del aparato receptor encendido, o mantenerlo en el mismo canal emisor. Pocas son las veces que los escucho sin que se me remueva la conciencia, no porque me sienta culpable de lo que dicen, si no por todo lo contrario, me cuesta soportar tanto cinismo como llevan estos personajes sobre sus mensajes, que sólo ven, o quieren ver, la paja en el ojo ajeno. Cada vez que salen a la palestra a imponer sus tesis doctrinales lo hacen culpándonos a los demás de seres inhumanos, de perversos, de inmorales, que como ovejas siempre descarriadas pareciese que todos los males del mundo son parte o producto de nuestros procederes. Todo esto no estaría de más si realmente quienes nos dan la reprimenda lo hicieran siempre con el ejemplo por delante de sus palabras, o apoyándose en él.

Pero, si ya nos cuesta que nos estén reprimiendo constantemente para cuatro días que nos toca vivir, más aún nos molesta, hasta enojarnos, que por cada imposición religiosa que nos quieren imponer salgan a la luz pública un puñado de contradicciones dentro de sus mismas filas, no predican con el ejemplo si no con la contradicción. Es tanto lo que contradicen sus actitudes que uno llega a pensar, no sólo que nos toman por tontos al resto de los mortales, si no que realmente lo que tienen es un problema de salud mental.

Mi cínico favorito es Juan Antonio Martínez Camino, el portavoz de la Conferencia Episcopal Española. De sobra sabemos que ellos, los eclesiásticos, viven de lo que se proponen, nada lo hacen a la ligera y sin ton ni son, es por eso que molesta mucho más sus palabras cuando sabemos de la mala idea que conllevan. Cuesta aceptar que mentes tan malvadas puedan acoger altruismo, no son compatibles, no se puede ser santo y demonio a la vez, y en tal caso, como así parece ser, no debe ni puede uno fiarse por lo que pueda aconsejar el malvado vestido de bondadoso. De sobra es sabido que defienden como nadie sus intereses, no los de los creyentes, cuidado, son dos cuestiones distintas, los feligreses son sólo moneda de cambio para llevar a cabo sus planes. La oposición encarnizada que han llevado a cabo contra la nueva ley del aborto ha llagado a un punto límite, tanto es así que se ha tornado en esperpéntico, porque como sus amenazas disuasivas de la excomunión ya no mueve conciencias, ni afectan a casi nadie, se rasgan sus santificadas vestiduras y tiran a hacer daño con insultos provocadores como mono con revolver, como iracundo desquiciado que no consigue sus propósitos.

Martínez Camino se extralimitó ayer mismo al calificar la recién aprobada ley del aborto por mayoría absoluta en el senado como "licencia para matar a los hijos". Ni que decir tiene que le han llovido las criticas desde todos los frentes sociales, por lo que se considera una ofensa intolerable al sistema democrático, de todos menos del lado conservador, ya conocemos que su complicidad siempre los llevan de la mano a unos y otros, la derecha adinerada no pierde el tiempo en contradecir lo que opinen los de la conferencia episcopal, si no se puede abortar en España se pagan su viaje a cualquier otro país europeo y se aborta en una clínica especializada, problema resuelto. Pero ahí no queda todo el cinismo expuesto por Martínez Camino, a la pregunta de que si también al rey lo excomulgarían como a todos los políticos que aprobaran la ley en el senado, el portavoz dijo: "que el rey tenga que sancionar con su firma una ley es una situación única. No hay ningún otro ciudadano que se encuentre en esa situación. Por tanto, no son posibles los principios generales para una situación única". El aborto en España es legal, aclaración para quien me lea de fuera de nuestras fronteras, lo novedoso es que se puede interrumpir el embarazo durante las 14 primeras semanas de gestación y que también ofrece más garantías de calidad y seguridad a las mujeres.

Un ejemplo de estas contradicciones es lo ocurrido al respecto en Nicaragua, desde principios del siglo pasado era legal el aborto, algo a lo que las mujeres, que son la parte perjudicada en el tema siempre que surgieran complicaciones o fuera fruto de una violación, o alguna otra causa que les pusiera en peligro, podían acogerse legalmente para solucionar sus problemas. Pero los intereses políticos en las últimas elecciones generales del país puso a la iglesia en un lugar privilegiado para pedir su eliminación como derecho, a cambio de apoyar a un partido u otro, lo que a todos los obligó buscando el voto aconsejado por la iglesia católica. El Código Penal reformado entró en vigor en julio del 2008 y derogó estas excepciones para poder abortar. Desde entonces el aborto es ilegal en Nicaragua. Este atraso social ha puesto en peligro a muchas madres, ha permitido que jóvenes que fueron violadas tengan que acarrear con una carga de por vida y hacerse responsable del delito que cometieron sobre ella, y otras como es el caso de Amalia, que le han pronosticado cáncer cuando tiene diez semanas de embarazo. Amalia tiene 27 años, es madre de una hija de diez años, y ahora se ve en la situación de tener que dejar que la enfermedad acabe con ella porque la quimioterapia y tratamiento contra el cáncer le afectará al feto, la disyuntiva los ha puesto entre la espada y la pared a los que luchan contra el aborto, porque de esta manera no defienden la vida de un feto, si no que ponen en peligro de muerte también a la madre, que dejaría huérfana a su hija. Parece que sus conciencias no les han dejado dormir, o quizás sea la opinión pública lo que les afecta, porque han buscado la solución lógica, que se lleve a cabo el tratamiento contra la enfermedad, claro que esto afectará sin duda al feto, pero no se practicará el aborto, solamente habrá que esperar a que lo provoque la quimioterapia y así quedarán limpias sus conciencias antiabortistas.

Sin embargo, no todo el cinismo se vuelca en el tema del aborto, también se esconde en la perversidad con la que nos sorprenden cada día y de distintas maneras. Por ejemplo, el cura de Noez, Toledo, que se ofrecía por Internet como prostituto, con fotos semidesnudo hechas dentro de la misma iglesia, que anteriormente había saqueado las arcas de la Hermandad del Cristo de la Salud del pueblo, alrededor de 17.000 euros, y que también intentó vender un cuadro al óleo de San Jerónimo, fechado en el siglo XVII y perteneciente a la parroquia. O el cura que ha entrado en prisión por tráfico de drogas en la cárcel. El clérigo en cuestión organizaba la compra de la droga y su distribución en la cárcel de Topas, en Salamanca, sirviéndose de su condición y la facilidad que tenía para entrar y salir de la prisión. No es una actitud ésta ocasional, son muchos los casos que se dan a menudo y que pasan desapercibidos entre tantas noticias, como la que hace unos días nos sorprendía de igual manera. La asociación de vecinos de Paraños, en Covelo, acusaba a la iglesia de haber vendido la casa rectoral sin consentimiento de la parroquia. Aseguraban que fue vendida a principios del 2009 por 60.000 euros y ahora se puede comprar por Internet por 679.000 euros. Los vecinos cuentan que la casa data de 1870 como residencia del cura y los feligreses han corrido con los gastos de mantenimiento desde entonces. Llevaba sin estar habitada desde 1990 y en el 2003 el cura les comunicó que la casa se la iban a ceder a una familia por 23 años, con la condición de que la restaurasen y también el retablo de la iglesia. Se efectuó la cesión y comenzaron las obras, se construyó una piscina en la finca, se colocó un portón eléctrico y se hicieron una serie de mejoras. Como consecuencia del gasto los inquilinos piden un tiempo de cesión más prolongado, esta es al menos la versión de el obispado, pero sus abogados les desaconsejan que se prolongue, por lo que deciden vender la casa por 60.000 euros. Los vecinos se sorprendieron al ver que la casa se vendía por Internet y acudieron al registro de la propiedad, donde pudieron comprobar que los nuevos dueños son dos. Han creado una comisión y se niegan a que el cura vuelva al pueblo, piden que les den una compensación por los 200 años que los vecinos han mantenido el inmueble y aseguran que se sienten engañados, por lo que advierten a otras parroquias de los pueblos vecinos, donde son dirigidas por el mismo cura.

Por último les propondré una acción altruista, caritativa, apadrinen a un cura por Internet. Tienen la oportunidad de hacer una buena obra con 6 euros al mes, que le permitirá estudiar a 354 seminaristas de los Legionarios de Cristo, que cuentan con las simpatías, entre otros, de Alicia Koplowitz, una de las mujeres más ricas del país, y personajes tan sublimes como Ana Botella, sí, la mujer de Aznar, aquella que puso el ejemplo de peras y manzanas refiriéndose a la homosexualidad. Que contradicción, cuanto cinismo, luchar contra los derechos de los homosexuales y apoyar a la secta religiosa ultraderechista que fundó el famoso pedófilo mexicano Marcial Maciel, a la que sus compatriotas llaman "Los Millonarios de Cristo". Uno de los principales consejeros y aliados de Juan Pablo II, el Papa de los dictadores y combatiente contra los sacerdotes izquierdistas de la Teología de la Liberación, la iglesia de los pobres.

sábado, 20 de febrero de 2010

Sobre la amistad cibernética y los juegos de matar


Todo lo que nos da la vida lo ofrece con dos vertientes, con dos sentidos opuestos entre sí, sin excepción, todo tiene sus lados positivo y negativo, y algunos de estos ofrecimientos, aunque del todo con un solo significado, tienen la naturaleza o bondades de poderse adaptar a nuestros gustos o exigencias. Y como ejemplo, valga este medio o herramienta de comunicación insustituible en nuestros días, Internet es bueno para todos incluso para los que hacen de él un uso inapropiado y se aprovechan de sus características para hacer el mal a otros. Ni que decir tiene que esta polarización va adjunta al comportamiento humano, "nada es como es si no como nosotros lo hacemos". Así que más y mejor nos vale hacer nuestro el refrán que dice: "no hay mal que por bien no venga".

Claro que, tomado al pie de la letra, no sé hasta que punto es aceptable el contenido de este refrán, lo pudiera ser si lo tomáramos como límite o final de ciclo, donde ya nada peor lo puede superar y todo lo que venga después, por fuerza, tiene que ser mejor que lo pasado, de otra manera cuesta entender el susodicho refrán. Ahora bien, también influye la positividad que cada uno acarree consigo, porque, si lo miramos con la cara alegre y optimista hasta nos podía resultar significativo y determinante en contenido, así que si uno no se consuela es porque no quiere.

Volviendo a Internet, no cabe duda que ha eliminado de un plumazo la relatividad espacio tiempo, este sistema de comunicación nos lo ha puesto todo al otro lado de la esquina y en ocasiones detrás de la puerta de la habitación de al lado, ya no tenemos que esperar a que nos ofrezcan la información que les apetezca a quienes corresponda, ahora, y por medio de este medio, uno busca lo que nos sugieren las urgencias necesarias y antes de pedir ya tenemos "el plato puesto encima de la mesa". De esta manera todo se hace más rápido, también más volátil, más efímero, las amistades son más superfluas pero también con menos protocolo, el hecho de que las amistades cibernéticas estén cogidas con alfileres, sin arraigo ni compromiso, nos permite expresarnos y comportarnos en los dos extremos opuestos, o nos abrimos de par en par sin miedo a mostrarnos vulnerables o por el contrario nos cerramos en banda hasta el punto de mostrarnos todo lo contrario de como realmente somos.

De todas maneras, como diría Serrat, "uno solo es lo que es y anda siempre con lo puesto", y no llegaríamos muy lejos mostrándonos diferentes a como somos. Ya metidos en refranes, me agarro a aquel que dice que: "se descubre antes a un mentiroso que a un cojo". Realmente pienso que tampoco existe mucha diferencia entre la amistad personal y la cibernética, cuando se es amigo se es de cualquier manera. Presumo por ejemplo de mi amistad con Néstor Rubén Giménez, escritor, de Quilmes, Argentina, del que pasan los meses sin tener noticias suyas y de pronto aparece como el Guadiana (cuando le viene en gana), como si de repente nos hubiéramos encontrado al doblar la esquina de cualquier calle de nuestra ciudad, aunque vivamos en continentes distintos y sin habernos contado nunca cómo nos va la vida tomado una cerveza en la barra de cualquier bar, para saludarnos y despedirnos después sin más.

De igual manera, Internet también ha tenido a bien obsequiarme con la complicidad en puntos de vista que comparto con Alejandro Monzón, de Guanajuato, México, el que me resulta un hombre honorable con una dedicación muy digna, en un contexto no siempre bien acogida por algunos pero de tan necesaria aportación a la sociedad. Al igual que con Néstor, la casualidad nos puso en el camino y lo que comienzan con simples comentarios sobre un tema en concreto continúa con un respeto mutuo sobre las creencias y pareceres del otro. El blog de Alejandro se llama Reforma policial en México, y acostumbro a pasar de vez en cuando por el sitio a leer lo que nos ofrece, al igual que él hace con mis entradas en El Mirador Impaciente. Siempre es un placer mantener con Alejandro cuatro líneas de conversación entre comentario y comentario, mucha culpa de esto la tiene, supongo, su calidad como sociólogo policial, a lo que se dedica, especializado en el análisis de las conductas juveniles como las pandillas. Sin duda, como apuntaba anteriormente, su dedicación laboral es de incalculable valor para nuestro concurso como ciudadanos, que queremos que nuestros hijos elijan un camino correcto en esta vida, que las nuevas generaciones encuentren un respeto en la convivencia, al menos como el que nosotros hemos recibido de nuestros antecesores, y que ésta se desarrolle en un clima respirable para disfrutarla en el futuro. Es sembrar los pilares que soportarán las actitudes sociales del mañana.

De Alejandro recibí un comentario en mi correo electrónico la semana pasada, referente a la entrada anterior a ésta, "Menores delincuentes, victimas victimarios", adjunto al comentario me enviaba un archivo con una noticia que ha pasado desapercibida por estos lares, aunque sí es mucho lo que nos viene de México referente al narcotráfico, sicarios, y matanzas, un día sí y el otro también. La noticia la recogen muchos noticiarios mexicanos, después lo he podido comprobar, y casi todos coinciden en titular, "Cayó sicaria de 13 años en Tabasco". Una menor de 13 años que resultó ser una gatillera, según las autoridades, fue detenida en un operativo policial en el estado mexicano de Tabasco. Uno no acaba nunca de acostumbrarse a los menores asesinos, entre otras cosas, o razón principal, porque aún no han dejado la infancia atrás por muy asesinos que resulten ser. Somos concientes que son víctimas, usados como victimarios por unos intereses deleznables, no solo en países africanos como Liberia, Costa de Marfil o Sierra Leona, también en Asia, Oceanía o América. Utilizados como guerrilleros, como soldados, niños que juegan a matar, a la violencia, a la muerte, que son robados de su entorno y "tirados a los leones", con un arma entre las manos que los hace blanco y presa del infortunio.

La violencia que vive hoy día México ha llegado a un extremo impensable, niños como esta joven, sacados de las escuelas y entrenados para delinquir y matar por miembros del crimen organizado. De la misma manera que la guerrilla colombiana recluta, secuestra, roba, a niños y niñas que acaban matando por orden de sus raptores. Esta misma semana visitó España una ex-guerrillera colombiana, una joven que abandonó las armas en cuanto pudo, María tenía sólo 12 años cuando fue reclutada por la guerrilla, fue maltratada física y verbalmente, testigo de abusos sexuales y de asesinatos entre menores combatientes para demostrar fidelidad al grupo. María ha contado en una entrevista para Amnistía Internacional, cómo encontró la fuerza para escapar después de 4 años como niña guerrillera. Hoy tiene 25 años y trabaja para ayudar a otras menores afectadas por el conflicto. Se calculan al menos 8.000 niños y niñas utilizados como soldados en Colombia, y aunque es imposible calcular cuantos menores son utilizados como soldados en todo el mundo, sí se estima que al menos son en 24 países donde son utilizados.

Para terminar lo haré con las declaraciones de un adolescente colombiano de 17 años, extraídas también de la página de Amnistía Internacional, que se unió a un grupo paramilitar cuando era un niño de la calle de 7 años de edad: "Te dan un arma y te obligan a matar a tu mejor amigo. Lo hacen para ver si pueden confiar en ti. Tuve que hacerlo porque de lo contrario me habrían matado a mí. Por eso me salí, no podía resistirlo más".

sábado, 13 de febrero de 2010

Menores delincuentes, víctimas victimarios


"Aquella madrugada de primavera Sandra reía rebosante de inocencia junto a su ex novio en la parada del autobús nocturno, para que la llevara a casa, al barrio de Las Margaritas, en Getafe. Eran las tres y media del 17 de mayo del 2003 y había estado de copas junto a sus compañeros del taller ocupacional donde estudiaba, en la zona norte de la capital, al día siguiente su hermano hacía la primera comunión y quería estar descansada para acompañarlo en la celebración. Ya había llamado por teléfono a sus padres y les había dicho que estaba en la parada de la plaza Elíptica y que estaba a punto de subir al transporte público.

Paralela y ajena a esta escena, tres jóvenes van juntos en un coche oscuro a recoger a un cuarto amigo a las fiestas de San Isidro, cerca de donde se encontraban Sandra y su ex novio, en la avenida de la Ermita del Santo. Cuando recogen al cuarto amigo, el mayor de los tres, de 18 años y apodado "el Malaguita", le dice que esa noche tienen que salir a trabajar, en un principio se niega y prefiere seguir en la fiesta pasándoselo bien, pero termina por decidirse y acompañar al grupo, son delincuentes y expertos en alunizajes, empotrando coches contra escaparates de las tiendas para robar. Junto al Malaguita, suben al coche "El Ramón", "El Ramoncín", y "El Rafita", de 17, 16, y 14 años respectivamente, camino de Vallecas, donde esperan encontrarse con un quinto miembro, pero no consiguen dar con él y deciden dirigirse a Alcorcón, allí les esperaba su "herramienta de trabajo" escondido en un garaje, un vehículo robado que les serviría para realizar sus fechorías.

Es en ese trayecto cuando el infortunio se cruza en el camino de la joven Sandra Palo, de 22 años y con una leve discapacidad psíquica, al pasar por la plaza Elíptica el Malaguita la ve, que ya la conocía, y le dice a su compañero de 16 años que haga todo lo posible por convencerla para que suba al coche, "porque quiero liarme con ella", y lo hizo, a Sandra y al joven que le acompañaba, intimidándola a punta de navaja. En dirección a Getafe, a los pocos kilómetros, detienen el vehículo y obligan a bajar de él al ex novio, continúan su viaje por la carretera de Toledo, se desvían por un descampado, y junto a la fábrica de rótulos Fraile se detienen. Es la última parada del trayecto en la corta e inocente vida de la chica.

En principio se bajan del coche la chica y el joven de 16 años, comienzan a besarse en la parte trasera del vehículo y sobre el capó realizan el acto sexual, mientras tanto los otros tres se quedan dentro. Al subirse de nuevo al coche los restantes le dicen que ellos también quieren tener relaciones, y es entonces, al negarse Sandra, cuando la agarran entre dos mientras un tercero la viola, y así sucesivamente, turnándose hasta consumar el acto los tres. 45 minutos interminables de tortura para la joven que apoyada sobre el muro de la fábrica intentaba ponerse en pie a duras penas, los violadores se montan en el coche y, mientras Sandra se estaba vistiendo, el Malaguita, con el volante entre las manos, piensa que podría reconocerles y denunciarles, pues los cuatro estaban fichados por la policía, es entonces cuando pisa el acelerador y atropella a la joven repetidamente, una y otra vez, hasta ocho veces le pasó por encima, hasta pensar que ya estaba sin vida. Mientras huían del lugar, uno de ellos descubre que tenía unos arañazos provocados por Sandra en su intento por defenderse, y deciden quemarla para eliminar huellas. Van a la gasolinera de plaza Elíptica y compran un euro de combustible, con disimulo y tapándose el rostro para evitar ser reconocidos por las cámaras de seguridad. Cuando regresan descubren que Sandra aún no había muerto, estaba malherida, pero el inesperado estado no los retuvo, la rociaron con el combustible y la prendieron fuego. Las graves quemaduras acabaron por matarla. El menor de 16 años es identificado por algunas llamadas recibidas en la policía y es detenido el 12 de mayo siguiente, tras el robo de un jaguar e intentar atropellar a un peatón en Puente de Vallecas. Al resto de los asesinos los detuvieron algunos días más tarde en sus domicilios y el coche oscuro nunca lo recuperaron, según la policía fue quemado cerca de Valde-mingómez."

Desgraciadamente este sí es un relato real, no tiene un ápice de ficción como en otras ocasiones, en las que me serví de una historia ficticia para enlazar una problemática social o injusticia humanitaria. El asesinato de Sandra Palo fue un suceso de los más crueles que retiene la historia reciente de España, que tuvo como protagonistas victimarios a un grupo de jóvenes, tres de ellos menores de edad y el cuarto recién cumplida la edad adulta. Al mayor de ellos, al Malaguita, le cayó una condena de 64 años de cárcel, sin embargo, la resolución aclara que son 30 los años que cumplirá, como máximo efectivo. Los otros tres, ecepto uno que ya salió en libertad, cumplen condena en centro de menores, al Ramón y al Ramoncín le condenaron a 8 años cada uno y 4 al Rafita. A este último lo detuvieron por robo tras abandonar el centro de reclusión y últimamente ha salido en un programa de "telebasura" como invitado, haciendo declaraciones sobre el suceso que coprotagonizó hace 7 años. Una oferta televisiva que no le hace bien ni al Rafita ni a la sociedad, convirtiéndolo en un friki al que sus atrocidades le generan riqueza.

Este asesinato, junto a otros sucesos protagonizados por menores recientemente, han llevado a la sociedad a exigir penas más elevadas para estos delincuentes asesinos, que, por días o meses, se salvan de cumplir la condena que cualquier otro cumpliría por ser mayor de edad o adulto. A veces cuesta creer que un individuo que no ha necesitado de su mayoría de edad para cometer tales aberraciones sí se aproveche de ese límite para salir impune de castigo. Pero no debemos dejar que los acontecimientos nos arrastren y el dolor se alíe con la ira para abandonar el civismo y la responsabilidad como sociedad civilizada, porque los sentimientos no nos permiten razonar y probablemente nos empujen a cometer nuevos errores, los mismos que hemos cometido al convertir a menores en asesinos en potencia, no toda la culpa la debe de tener el menor, también nosotros como sociedad debemos de aceptar parte de esa culpa, de esa responsabilidad en evitarlo.

Estos victimarios son el fruto de nuestras sociedades de hoy, víctimas del desarraigo, de la droga, del desempleo, de una mala prevención y nula educación cívica, en definitiva fruto de lo que nosotros proponemos como sociedad. En mi pensamiento no cabe, no le permito al castigo que se adueñe de la posibilidad de la reinserción, como reparación, como enmienda del mal provocado, creo en el derecho a la reinserción por encima del endurecimiento de castigo, porque esa actitud sólo nos lleva por el camino que hemos marcado a muchos jóvenes, el camino erróneo. Pero no es fácil, habría que comenzar por terapias acordes con la necesidad de esos menores en los centros que los acogen, erradicar las prácticas contrarias a sus derechos como personas y no permitir que sucedan los abusos de todo tipo por parte de educadores que más que educando deberían de estar recibiéndola. Casos como el de Miguel, el hijo de Margarita González, que se suicidó con 17 años en el centro de reforma de Ilundain, que después de sesenta días internado se quitó la vida. Según el atestado de la policía, estaba en tratamiento psiquiátrico y tomaba medicación, aunque no tenía diagnóstico, "me dijeron que lo iban a educar y me lo devolvieron en una bolsa de plástico", palabras de su madre Margarita.

Otro ejemplo es el centro de Galapagar, centro de menores de Madrid, donde dos jóvenes denunciaron presuntos malos tratos físicos y psíquicos por parte de varios educadores a los internos, castigándoles sin cenar y dejándoles como castigo en pijama durante horas en el jardín del centro, pese a las bajas temperaturas. O como la denuncia de malos tratos que realizó ante la fiscalía un ex vigilante de seguridad en el reformatorio de Ceuta, en el que asegura que fue testigo de como los menores del centro son esposados con grilletes a los pies de la cama, con los brazos en cruz y en posición claudicante, manteniendo esa posición durante horas, para reprimir las conductas de los internos cuando pegaban gritos, daban patadas o llamaban al timbre demasiado reclamando atención.





sábado, 6 de febrero de 2010

Infancias mutiladas


"Aquella mañana bajábamos mi hermana y yo por las escaleras como cada día, nos habíamos retrasado tomando el desayuno y porque Cristina se entretuvo mirándose al espejo más de lo acostumbrado, últimamente se ha vuelto más presumida, quizás sea por Dani, yo sé que le gusta y trata de que él se sienta atraído por ella. Al llegar al rellano de la primera planta, donde viven Aisha y Samira, dos policías uniformados llegaban subiendo los escalones casi a la par de nosotras, nos sorprendió porque los agentes se adelantaron a llamar al timbre antes que mi hermana y yo. No quisimos esperar y decidimos continuar solas al colegio, era tarde y seguramente nuestras amigas del primero ya se habrían marchado ante nuestra tardanza. Cuando llegamos a clase ya estaban allí, les dijimos del encuentro con los agentes y no parece que ese detalle les preocupara demasiado, en más de una ocasión tuvieron visitas relacionadas con la documentación y la residencia, claro que ya hacía algunos años que residían en España y su padre, Hakeem, trabajaba dado de alta en una panificadora, asegurado y con empleo estable.

Pasaron varios meses del encuentro casual en el rellano y ya había quedado en el olvido, hasta que nos enteramos del motivo, de la razón por la que los dos agentes llamaron al domicilio de nuestros vecinos, aquel día llegaban a entregar una citación del juzgado, los servicios sociales habían denunciado a los padres de nuestras amigas por la ablación sufrida por ellas, Aisha y Samira nunca nos dijeron nada, pero el revuelo formado de periodistas y cámaras de televisión interesándose por el tema fue mayúsculo, por eso nos enteramos. Después de algunos días de ausencia a clases de nuevo comenzaron a asistir, cuando el juez archivó el caso por haber prescrito, así que todo quedó en nada, aunque desde entonces ya nadie las miraba igual, unos con lastima y otros con curiosidad, y todos cuchicheaban a su paso. Fue muy duro para ellas, porque además de haber padecido la mutilación ahora tenían que enfrentarse a la indiscreción de la gente, que les hacía sentirse como bichos raros.

El airear sus intimidades llevó a nuestras amigas a mostrarse más hurañas ante los vecinos, ya se mostraban un tanto retraídas en el contacto vecinal, pero desde entonces apenas salían por el barrio y cuando lo hacían era acompañadas por su madre, Lesha, a la que últimamente imitaban en el vestir, ataviadas con el tradicional pañuelo que llevan en su país de origen, Mauritania. En España está penalizado practicar la ablación y los servicios sociales no se olvidaron de su hermana menor, Jamila, ya conocían los antecedentes y pensaron que si se llevaban de vacaciones a la niña de siete años a su país probablemente harían con ella igual que con sus hermanas mayores, por lo que les retiraron el pasaporte y las autoridades le prohibieron a los padres salir del país con ella. Pero no sé por qué motivo les devolvieron el pasaporte al año de retirárselo y esta vez sí se fueron de vacaciones toda la familia, cuando regresaron lo hicieron los padres solos, nunca más volvimos a ver a Aisha, Samira y Jamila, aunque con el tiempo nos enteramos del motivo por el cual no regresaron, la noticia volvió a ocupar primeras páginas y en ellas se decía que el caso fue sobre-seguido interesadamente y, los periodistas, habían descubierto que a las dos hermanas mayores, de once y doce años, los padres las habían vendido en casamiento a dos hombres mayores empresarios de su pueblo, en Mauritania, la pequeña falleció, pocos días después de que le hicieran la ablación, murió desangrada y sin atención médica. Cuando de nuevo saltó a la palestra la noticia los padres abandonaron el barrio y nunca más supimos de ellos, desde entonces no he dejado de preguntarme ¿por qué las madres son partícipes y consienten esta aberración contra sus propias hijas?"

Este relato podría ser real, no lo es, pero si está basado en un caso que ocurrió hace algunos años en España, aunque con resultado final incierto. Precisamente que hoy se celebra el día mundial contra la ablación, me ha parecido oportuno recordar el sufrimiento que llevan a cabo contra 8.000 niñas cada día en todo el mundo, se estima que son 150 millones de mujeres y niñas en todo el mundo las afectadas por la ablación de clítoris o mutilación genital femenina, por razones culturales o religiosas. Aunque el origen es de procedencia incierta se cree que comenzó en el antiguo Egipto y a partir de ahí se extendió a África, donde parece estar más arraigada la costumbre, aunque también en Oriente Medio, Asia, América, Australia y Europa, a donde ha sido exportada por los emigrantes africanos. En muchos casos se practica como ritual de iniciación a la edad adulta, y aunque en muchas ocasiones se recurre a tradiciones religiosas como argumento a su favor, lo cierto es que tanto la religión musulmana como la cristiana prohíben esta práctica.

La principal consecuencia de esta aberrante costumbre, apoyada en el machismo, es la sensibilidad sexual, es la dote que la esposa entrega a su marido cuando se casa, los que tratan a las mujeres como simple mercancía. Siempre se juega con la ignorancia de las niñas a las que se les convencen e inculcan de que el rito es necesario para ser mujer en el futuro, por lo que muchas veces se celebra una fiesta después de la práctica. Sin embargo, en otras ocasiones cogen a la niña sin previo aviso ni explicación entre seis u ocho personas, de las muñecas y los tobillos, y las mutilan, a lo que le sigue el añadido trauma sicológico. Muchas niñas mueren desangradas o por infección en las semanas posteriores por el riesgo asumido, al que se exponen por realizar la mutilación casi siempre de manera rudimentaria, con herramientas nada aconsejables, como cristales, cuchillos o cuchillas de afeitar, y por supuesto alejados de cualquier centro sanitario.

La mutilación genital a la que las someten tiene por sentido que la mujer deje de sentir placer sexual, y que de esta manera pueda llegar virgen al matrimonio, de lo contrario se corre el riesgo de que pueda ser rechazada por el futuro marido y también para evitar la supuesta promiscuidad del sexo femenino. La paradoja y contradictorio de este asunto de derechos humanos es que son las propias madres de las víctimas o las mujeres mayores de la familia las que lo practican, las que se convierten en guardianas de la tradición, con la menopausia ganan poder por primera vez en su vida y lo llevan a la práctica controlando a las generaciones más jóvenes, lo que agudiza el problema.
Solo en 14 de los 28 países donde se practica la ablación se ha prohibido por ley, pero en Europa, por ejemplo, existen países como Italia e Irlanda donde no está penalizada la intervención, un continente donde 500.000 niñas están en riesgo de padecerla.