sábado, 30 de enero de 2010

La herencia emigrada


Lo ideal, lo justo, sería que ningún ser humano fuera considerado extranjero en cualquier país del mundo, y si me apuran, que no existieran las fronteras que limitan la libre circulación por este terreno giratorio en forma de esfera semi-aplastada, dividida en enormes parcelas de propiedad compartida por los nacidos en cada una de ellas. Es injusto catalogar de extranjero a los que vienen de otra parcela distinta a la nuestra, entre otras razones porque todos somos extranjeros, todos llegamos a este mundo desde afuera, no desde otro mundo si no desde otro estado, desde la no existencia, y si por esta regla de tres aceptamos la herencia natural como parte esencial del sistema en el que vivimos, entonces estamos cometiendo una enorme injusticia al llamar extranjeros a los nacidos lejos de un país determinado, porque, no podemos obviar que, todos provenimos de la misma bacteria que un día posiblemente llegó a este planeta a lomos de un meteorito, o vaya uste a saber cómo. Lo cierto es que aquí se quedaron nuestros antepasados, aquí evolucionaron, y aquí procrearon para hacer posible nuestra existencia.

Pero no voy a ser yo quien venga a cambiar las normas establecidas, aunque sí al menos a poner un granito de arena en la discordia, la que supone la injusticia de pertenecer, o no, a un país por haber nacido fuera de sus fronteras, o de disfrutar, o no, de unos derechos que por naturaleza deberían de ser heredados. A veces a uno le cuesta entender que si por ley un descendiente de españoles, o no, tiene el derecho legal de reclamar y hacer suya cualquier propiedad heredada por sucesión familiar directa, ¿como no va a poder ser considerado español un descendiente de españoles, aunque emigraran varias generaciones atrás? E aquí el dilema, el derecho a la herencia natural de los emigrantes. Por supuesto, para mi punto de vista la cuestión no tiene ninguna duda, el derecho a ser considerados ciudadanos de un país los descendientes de emigrantes, aunque hayan nacido fuera de él, está claro. Deberían de ser considerados herederos directos sus hijos, sus nietos, bisnietos, tataranietos y toda su estirpe, otra cosa es que quisieran, o no, hacer suya esa opción.

La historia reciente de nuestro país ha dejado a muchos de sus hijos en desamparo por distintas razones, desde la falta de empleo a la inexistencia de libertades y progreso. Son muchos los españoles que tuvieron que emigrar o huir al exilio y que no pudieron regresar nunca más a la tierra de sus antepasados por las razones que fueran, pocos fueron los que emigraron sin motivo y casi todos por el deseo o el derecho de prosperar y vivir en paz. Especialmente en la primera mitad del siglo pasado, primero obligados por las hambrunas que asolaban este nuestro país y seguidamente por el enfrentamiento bélico que partió en dos bandos a los españoles, para más tarde continuar con otra oleada por falta de oportunidades y empleos con los que subsistir. Precisamente ahora, por estos primeros meses del año, se cumple el 71 aniversario del éxodo que llevó al exilio a casi un millón de españoles, ante el final de la guerra que alimentaron los fascistas españoles, alemanes e italianos, contra la recién establecida democracia de la II República Española. Fue un viaje sin retorno para muchos de ellos, aunque nunca perdieron la esperanza de regresar algún día. Sin embargo, anteriormente, en las décadas que le precedían, la emigración fue talvez aún más significativa, por poner un ejemplo, en Cuba, en 1898 había 1.800.000 habitantes y se calcula que aproximadamente un millón de españoles emigró a la isla en el primer tercio del siglo XX, según el consulado español en la Habana.

Es evidente que quedan por corregir muchos errores, muchas deudas pendientes con la historia de estos españoles que tuvieron que salir un día ya lejano lejos de nuestras fronteras para sobrevivir, y algunas de esas deudas pendientes se han tratado de subsanar con la Ley de la Memoria Histórica, que pretende corregir en parte la injusticia considerando españoles a los nietos de los exiliados que tuvieron que renunciar o perdieron la nacionalidad como consecuencia del exilio y que huyeron principalmente a Argentina, Uruguay, Cuba, México, Chile, Venezuela y Francia. La "Ley de los nietos", como se le ha venido a llamar, ha tenido sus puntos de confusión e injusticia, por un lado porque se creía en un principio que a este nuevo procedimiento para ser nacionalizados, demostrando ser hijos o nietos de españoles, se podrían acoger incluidos los descendientes de emigrantes, pero parece ser que no, que sólo tendrán posibilidad los de exiliados, los que tuvieron que salir de España desde 1936 hasta 1954, lo que crea un agravio comparativo con los descendientes de los que tuvieron que emigrar por razones de subsistencia.

Pero aún hay más, porque si la injusticia se vuelca del lado de los que son considerados emigrantes y sólo se congratula la ley con los exiliados, doble injusticia si además de emigrante era mujer, porque, según el código Civil de 1889, al casarse con un ciudadano del país en el que residía perdía automáticamente la nacionalidad española para asumir la del marido. La ley se suavizó en 1954, pero siguió marginando a la mujer hasta 1975. Hace algunos meses la DGRN subsanó en parte esta injusticia al establecer que las abuelas que perdieron la nacionalidad por matrimonio durante su exilio sí pueden transmitir a sus nietos la ciudadanía, pero aún así la trampa existe y continúa la desigualdad, porque, siguiendo el ejemplo de Cuba, sólo el 5% de los expedientes que solicitan la nacionalidad corresponden a descendientes de exiliados, el otro 95% son de nietos de simples emigrantes.
El gobierno español ha calculado que serán alrededor de 1,5 millones en total, los nietos de exiliados que podrán optar a la ciudadanía española, pero la inmensa mayoría de herederos naturales se quedarán sin sus derechos, los que heredaron de sus abuelos por el sólo hecho de haber nacido españoles.

domingo, 24 de enero de 2010

Vulnerables entre la tragedia


Uno piensa que ya pocas cosas o causas nos pueden inquietar o producir desazón, más allá de un par de noticieros o telediarios que nos sorprenden en la hora del almuerzo o la cena de cada día, quizás sea la hora escogida para evitar que apaguemos el aparato receptor y nos dediquemos a otra cosa, ignorando así la noticia y evadiéndonos de la realidad que nos incomoda. Pero lejos de lo que nosotros pensamos, de vez en cuando nos sorprende la vida y, sí, surgen situaciones que nos dejan sorprendidos, atónitos, durante un tiempo más amplio, dependiendo del tamaño o envergadura de lo acontecido. Entonces ya no sólo sentimos lastima, pena, por lo que sufren los protagonistas elegidos al azar por la desgracia, en la mayoría de las ocasiones los más pobres, hasta el punto de que llegamos a pensar si la propia vida es mucho más cruel y ruin de lo que en un principio imaginamos, demasiado en la mayor de las veces.

Esta semana que despedimos han pasado muchas cosas en el mundo, la inmensa mayoría del tipo que nos "incomoda" cuando aparecen en las noticias, talvez porque son inmensamente superiores en número a las agradables o simpáticas, claro que siempre nos queda la duda, por lo tanto la esperanza, de que sea al contrario y que se trate sólo de una estrategia para vendernos televisión con imágenes y sucesos impactantes, y que la vida en el planeta no está envuelta en tanta tragedia como nos muestran. Sin embargo, existen sucesos que superan todo lo imaginado y sí consiguen atraparnos en la angustia, en el dolor de los protagonistas que sufren lo acontecido, las víctimas del drama, por mucho más tiempo de lo acostumbrado. Es probable que poco a poco y con el paso de los días las portadas de los diarios y noticieros audiovisuales vayan dejando protagonismo y espacio a otras noticias de más actualidad, pero aun así es imposible que lo sucedido en Haití se nos olvide tan de repente, necesitará mucho tiempo el olvido para arrebatarnos tanta desdicha humana de nuestras mentes.

No obstante, si algo de bueno tiene la globalización, el acercamiento de los pueblos, es que lo que sucede en otro punto alejado del planeta nos parezca que está o sucedió al otro lado de las colinas que podemos ver en nuestro horizonte más cercano, afortunadamente las distancias se han reducido no sólo en términos comerciales si no también humanos. La actitud generosa y solidaria se puede comprobar en cualquier lugar del mundo, desde el país más desarrollado al más pobre, en todos se han movilizado para recaudar fondos que ayuden a paliar las necesidades básicas de los haitianos, ya que el dolor sólo lo podamos compartir. En España, en mi ciudad, por poner un ejemplo, las ONGs se han puesto el uniforme de trabajo y no existe un enclave ciudadano donde no aparezca una iniciativa solidaria, desde supermercados a niños que venden figuras de papel coloreadas por las calles para ayudar a los damnificados por el violento terremoto que destruyó la capital del país. Uno no puede quedarse al margen de la tragedia, aunque de repente dejaran de emitir noticias impactantes cada día, sería inútil, nuestra retina se ha adueñado de tal manera del sufrimiento que nuestra condición humana no nos permitiría mirar para otro lado sin el menor remordimiento.

Es un bombardeo constante de noticias relacionadas con el suceso, cada jornada nos despiertan con nuevos datos, que nos alegran y nos levantan el ánimo por momentos, y nos lo vuelven a derramar por los suelos, porque si nos dicen que los equipos de rescate internacionales consiguieron sacar de entre las ruinas a un número de personas indeterminado, seguidamente las cifras son las de muertos y heridos, personas sin hogar o niños huérfanos, que quedaron de la catástrofe, la realidad no nos deja respirar un momento de alivio, es tan cruel...

Pero de todo este conglomerado de víctimas son los niños huérfanos los que me parecen más vulnerables que cualquier otra, la indefensión en la que quedan los hacen no sólo víctimas si no también presa de los desalmados que, como alimañas, se mueven por entre la vulnerabilidad que sufren para convertirlos en especie, con la que comercializarán sin escrúpulos, son los primeros en movilizarse entre el desconcierto, mucho antes que cualquier organismo que les proteja o garantice una seguridad. Esta actitud de las mafias que trafican con seres humanos no es nueva, también se pudo comprobar cuando en 2004 Asia fue golpeada por el tsunami. Para estas redes, las catástrofes humanitarias, son un terreno propicio para llevar a cabo su deleznable plan, el que activan nada más ocurrir la desgracia, aprovechando la debilidad en coordinación de los responsables para secuestrar niños y sacarlos del país.

Desgraciadamente, es en todos los países pobres donde los traficantes de niños ponen sus puntos de mira, y en Haití ya existía la trata de niños antes del terremoto. Estas mafias también tienen sus vínculos con la adopción, además del tráfico de órganos, y las alarmas han saltado a los pocos días del seísmo ocurrido cuando Unicef ha denunciado la desaparición de 15 niños de los hospitales haitianos, son niños que se encuentran sin familiares, a los que se les supone desaparecidos o muertos bajo los escombros. Según declaró Jean-Luc Legrand, consejero regional del Fondo de Naciones Unidas para la Infancia, Unicef, "hay un cierto número de pruebas sobre la existencia de redes de trata de niños, en particular a través de Santo Domingo", la capital de la vecina República Dominicana. También recordó que los países que acogen a niños de Haití deben respetar la Convención de La Haya, que protege a los niños y a sus familiares de riesgos de adopciones ilegales, por lo que tienen que asegurarse que estos niños no fueron robados o vendidos. La Unicef acoge cada día en 20 centros a unos 2.000 niños que no tienen noticias de sus familiares, desde que el 12 de enero la desgracia, si no era ya bastante con ser uno de los países más pobres del planeta, azotó a Haití.

domingo, 17 de enero de 2010

Inmigración y esclavitud



Ante los recientes acontecimientos vividos en la ciudad italiana de Rosarno, Calabria, hace apenas un par de semanas, un amigo africano me decía que aunque parezca mentira el concepto de esclavitud sigue estando aún hoy muy latente, no es algo que hayamos superado la humanidad, si no que ha cambiado, evolucionado, para adaptarse a los nuevos tiempos, en los que las sociedades no toleran esa aberración humana, esa actitud deleznable que algunos seres de nuestra especie llevan a cabo contra otros de nosotros mismos, sólo que ahora ya no arriban barcos negreros a las costas africanas a secuestrar personas para luego enriquecerse vendiéndolos y traficando con ellos, hoy se ahorran esos gastos adicionales de entonces. Los países del primer mundo han robado todas las riquezas de los llamados del tercer mundo y los han dejado en la más cruda de las miserias, obligándolos a emigrar a los países desarrollados para sobrevivir. Los que consiguen llegar vivos a las costas del "paraíso", después de un penoso trayecto lleno de peligros y abusos por parte de las mafias que trafican con seres humanos, encuentran que no es tal, si no el propio infierno donde continúan enriqueciéndose a su costa. Por un lado los empresarios que los contratan, en su mayoría patrones sin escrúpulos que se aprovechan de su irregularidad, de su ilegalidad civil, para emplearlos por sueldos míseros en jornadas interminables de trabajo duro, por el otro, los que también se hacen de oro cobrándoles precios escandalosos por viviendas alquiladas que no reúnen las mínimas condiciones de habitabilidad, pisos patera donde mal viven apilados como bestias, sin derecho a ningún derecho, como debiera cualquier trabajador o ciudadano de un país democrático. Es la esclavitud del siglo XXI.

No es sólo xenofobia, no es sólo racismo, no se trata de una raza en concreto, se trata del abuso al irregular, al indefenso, al que no tiene nada con qué continuar ni con qué defenderse, es la imagen cruel de lo que realmente somos los seres humanos, alimañas insaciables que no nos para ni el más mínimo sentimiento de solidaridad ante nuestro desenfrenado impulso de avaricia. Algunos críticos achacan los acontecimientos anti-racistas, altercados de protesta, a la actual crisis económica y de empleo que vivimos, que trae consigo la inseguridad de los trabajadores y ciudadanos de los países donde suceden, como es el caso de Italia, pero yo no pienso que sólo sea ese condicionante, es un cúmulo de factores que envenenan la convivencia entre nativos y foráneos, entre los que incluyo los anteriormente mencionados. Los trabajos que realizan estas personas inmigrantes son los que nosotros dejamos de realizar hace ya mucho tiempo, por duros y mal remunerados, nosotros ya no aceptamos jornadas interminables de trabajo en el campo, de sol a sol, sin seguridad social y sueldos irrisorios, los inmigrantes que aceptan este tipo de empleos no nos hacen la competencia, al contrario, nos hacen un favor a la sociedad porque alguien tendría que realizarlos y un aporte económico a los desalmados patronos que los emplean por menos de la mitad que cualquier otro, a sabiendas que los irregulares no tienen otra alternativa ni tampoco les resultarán un problema denunciando su situación por la irregularidad que sufren y en la que viven.

El estallido de protesta que sucedió en Rosarno es calcado al que sucedió en España en el año 2000, en El Ejido, Almería. Entonces el detonante fue el asesinato de dos agricultores de la zona a manos de un inmigrante marroquí, los ciudadanos salieron a las calles en protesta en contra de los inmigrantes, con unos tintes xenófobos impresentables, tratando de diferenciar entre los que querían trabajar y los asesinos, aquel asesinato fue el fruto del abuso, se pudo comprobar cómo los inmigrantes vivían apilados a la intemperie, en campamentos infrahumanos y dependiendo de lo que los empleadores agricultores de la zona les satisfacía pagarles. En El Ejido no existía crisis por entonces, es uno de los municipios con la renta per cápita más alta de toda España, si no el que más. El estallido de violencia vino provocado por aquella indecencia de algunos abusadores, que después pretendieron hacer ver a todo el mundo que los inmigrantes que se aglutinaban en el municipio almeriense eran en su mayoría gente de baja calidad humana que no buscaban trabajo si no delinquir y vivir de lo ajeno.

En esta ciudad del sur de Italia lo que ha ocurrido ha sido tres cuartas partes de lo mismo, son miles de temporeros africanos rebelados por los disparos cometidos por dos vecinos locales, con pistola de aire comprimido, contra dos trabajadores y sin motivos aparentes, esta fue la mecha que encendió la rebelión contra el abuso de las mafias de Calabria. "Esclavos" que vivían en condiciones infrahumanas y que han estallado en protesta. Al día siguiente otros dos trabajadores inmigrantes fueron hospitalizados en el hospital de la zona con disparos en las piernas. Al igual que en El Ejido, la Piarna de Rosarno es una rica zona agrícola al norte de Reggio Calabria, dominada por empresas vinculadas a la 'Ndrangheta, la poderosa mafia local. Los aproximadamente 3.000 trabajadores mal viven de forma infrahumana en silos y fabricas abandonadas, sin camas ni baños, reclutados al arbitrio de los capataces de las bandas mafiosas que poseen la tierra. El reclutamiento lo realizan al amanecer como si un mercado de ganado se tratara, eligiendo a los más fuertes, para jornadas laborales de 12 a 14 horas a 20 euros diarios, además, los elegidos, deben de pagar un "pizzo", una comisión, de cinco euros a quienes les reclutan.

Sin embargo, esto no quiere decir que sólo en lugares donde se dan revueltas de este tipo existen los abusos, la "esclavitud de los inmigrantes sin papeles". En otros lugares, no sólo en España, también se dan políticas que van en esta misma dirección, la de la xenofobia, como es el caso de Vic, en la provincia de Barcelona, donde el equipo de gobierno del ayuntamiento pedirá el visado a los inmigrantes en situación irregular y en caso de que no los tengan le negarán el trámite de empadronamiento, medida que ha sido calificada de ilegal por parte de la vicepresidenta del gobierno español, María Teresa Fernández de la Vega, y el Ministro de Trabajo, José Corbacho. Aún así, otro municipio en la Comunidad de Madrid, Torrejón de Ardoz, se ha sumado al movimiento anti-inmigrante cambiando las normas de empadronamiento y endurecido las condiciones para que los inmigrantes pudieran registrarse en el padrón. Paradójicamente, casi siempre, detrás de estas medidas están las políticas conservadoras o capitalistas, que se oponen a que los inmigrantes puedan regularizar sus estancias y así no ser explotados por los patronos, los mismos que a la postre acaban por aprovecharse de la ilegalidad del trabajador y depositan en las urnas los votos conservadores.

domingo, 10 de enero de 2010

Traficantes de altruismo


Eran tiempos duros los que estaba pasando, sin trabajo y sin perspectivas económicas de futuro. Aquella mañana llegué a las oficinas de la Consejería de Asuntos Sociales casi a la par de abrir las puertas al público y ya había una larga cola de personas que se disponían a solícitar ayudas sociales del gobierno autónomo andaluz. Los Juegos Olímpicos de Barcelona se preparaban para dar el pistoletazo de salida y en Sevilla, a poco más de 100 Km. de mi ciudad, la Exposición Universal mostraba al mundo un país moderno, dinámico y con un futuro mucho más esperanzador y halagüeño que el mío. Estaba claro que no todo era dinamismo en aquel país que se trataba de vender al exterior, claro que "al burro hay que ponerlo lo más inteligente posible para venderlo", si no, ¿que comprador, o inversor, se atrevería?

La gente continuaba llegando con la misma intención, la de solicitar ayudas económicas, a aquellas oficinas especialmente instaladas para tal función, la de atender a tantos desempleados y necesitados por aquellos días. Los rostros de la mayoría de los solicitantes lo decían todo, era la expresión de la necesidad, de la desesperanza, la de los padres y madres que no sabían con qué alimentar a sus hijos aquel día de primavera. Cada vez que alguien llegaba se ponía en funcionamiento la misma pregunta, ¿quién es el último? E idéntica respuesta por parte del aludido, ¡Yo! Así una y otra vez. Mientras tanto el silencio se instalaba entre miradas perdidas de los presentes y el movimiento de papeles sellados en el mostrador de recogida de documentos.

Aquel hombre grueso, obeso, con bigote y portapapeles, entró con voz decisiva, ¿el último? Preguntó, y después de obtener respuesta de turno se acercó hacia donde yo me situaba desde hacía ya un buen rato. Al contrario que los demás, su mirada parecía impaciente, como queriendo examinar todo lo que mostraba aquella aglomeración de necesitados, entre los que yo me situaba, al igual que él mismo. El hombre se mostraba inquieto, intranquilo, y como si me conociera de tiempo atrás comenzó a expresar comentarios impropios y nada agradables: "no esperaba que hubiera tanta gente esperando", "quizás mejor venir otro día... con las cosas que tengo que hacer", "tanta gente pidiendo en lugar de estar buscando trabajo por hay... parásitos". En voz baja estuvo profiriendo sandeces en contra de todos cuantos allí nos encontrábamos. No sé porqué razón fue a mí al que se dirigía, y no a otro, quizás lo hacía pensando que yo no pertenecía a aquel grupo de excluidos desempleados que demandaban ayuda, cuando él se suponía que estaba allí por la misma razón que los demás.

Pasó el tiempo y a mí se me olvidó aquel desagradable y casual encuentro con aquel tipo grueso, que tenía pinta de no haber doblado la espalda desde muchos años atrás. No recuerdo con exactitud si fue al día siguiente o varios días después cuando encontré en los anuncios del diario local una oferta de trabajo, se trataba de una asociación de minusválidos que demandaba personal, comerciales, y no perdí el tiempo en llamar. Me dieron cita para el día siguiente y me personé en las dependencias a la hora acordada. La tarde era calurosa, la recuerdo muy bien, y era a las 4 cuando tenía concertada la entrevista para el empleo. Fue una grata sorpresa porque, quien me esperaba era una vieja amiga de la adolescencia, no me imaginaba que se dedicara a aquellos menesteres sociales, yo la recordaba vendiendo seguros y empleos por el estilo. El empleo era mío, era una asociación que vendía productos por los pueblos de la provincia, puerta por puerta, y de cada producto vendido me llevaba una comisión, el 40%, ambientadores, almanaques, imágenes religiosas, llaveros... No parecía nada agradable patear cada calle, hiciera sol o lloviera a cantaros, para vender como mínimo 35 de aquellos productos que cada día nos daban a la llegada al pueblo de turno, nos asignaban una zona y nos reuníamos a una hora determinada de la tarde para regresar a la ciudad. No era el empleo más apetitoso pero mi situación no me dejaba otra opción que la de aceptar.

Con los días aquel empleo se convirtió en un infierno. Lo que se ganaba era mínimo y además había que descontarle los gastos del almuerzo, por lo que muchos días trabajaba sólo por la comida, y más aún cuando fui descubriendo que aquella asociación era una farza que se aprovechaba de los discapacitados físicos, psíquicos y sensoriales, para enriquecerse con el altruismo de las buenas personas que compraban aquellos productos, sólo por la creencia de que ayudaba a otros necesitados. La sede nacional de aquella asociación estaba en Mislata, un pueblo de Valencia, y se trataba de una asociación creada por un avispado sin escrúpulos, que en su nombre había creado grupos por todo el país y a todos les proporcionaba aquellos productos, vendiéndoselos a un precio determinado, luego el responsable de cada grupo nacional se quedaba con otro tanto por ciento y el restante para el vendedor. Para los minusválidos sólo se destinaba una aportación minima, una vez al año el creador del negocio sufragaba los gastos de una excursión a un grupo de niños discapacitados en Valencia.

Sin duda se trataba de un negocio redondo, apoyado en la beneficencia, el altruismo de las personas y el vacío legal que la justicia ofrecía en ese tema. No obstante, no les parecería suficiente trafico de buenas conciencias, al que aquella amiga de la adolescencia parecía haberse entregado sin escrúpulos, que al poco tiempo puso en práctica otra idea importada también de la misma asociación fraudulenta, se trataba del comercio de ropa usada. Por aquel entonces el novio de Matilde, así se llamaba mi amiga, era un holandés instalado en Marbella, había puesto una boutique de ropa cara en Puerto Banus y no parecía ser un negocio rentable, por lo que se hizo cargo de la ropa de segunda mano y se olvidó del glamour marbellí. El holandés me llamó un día y me ofreció trabajar para él en el nuevo negocio, invitación que acepté por el sólo hecho de escaparme de aquella mala conciencia que me creaba la venta de los falsos "productos benéficos". Pero pronto descubrí que aquel nuevo negocio era más de lo mismo y que se cimentaba en el engaño, en el altruismo y generosidad de las personas, que entregaban sus ropas y zapatos usados creyendo que en otro lugar del mundo serviría para cubrir las necesidades de otros más pobres. No tardé mucho tiempo en abandonar y rechazar aquel trabajo de la recogida de ropa usada, la gota que colmó el vaso fue el día que acudí con el holandés a una nave en un polígono industrial de la ciudad, donde se almacenaba toda la ropa recogida, los trabajadores eran todos emigrantes, probablemente sin dar de alta en la seguridad social, sin documentación en regla y seguramente con sueldos míseros, el encargado sí parecía español, y en lo alto, como en un altillo acristalado desde donde todo se divisaba, se dejaba entrever un tipo grueso con bigote, era el mismo que encontré aquella mañana de primavera en las oficinas de asuntos sociales. Era el dueño de todo aquel entramado que no sólo abusaba del altruismo de los demás y de los emigrantes sin derechos, si no que además era tan miserable que acudía como otro excluido más para aprovecharse de las ayudas a los necesitados en desempleo.

El negocio creado en todo el mundo con las prendas de vestir usadas es uno de los más rentables. Lo que en los países desarrollados o industrializados desechamos se destina a los países más pobres del planeta, que ven cómo, aún siendo usada, no les queda más remedio que comprarla a precios que cuestan varias jornadas de trabajo para adquirirlas, mientras los usureros traficantes se hacen de oro negociando con la beneficencia. Paradójicamente, la mayoría de esas prendas usadas que se venden en el tercer mundo se fabricaron varias temporadas atrás en los mismos lugares, donde las grandes compañías multinacionales fabrican a bajo precio, con sueldos irrisorios, y una vez que ganaron con su venta en el primer mundo lo recogen otros usureros y se los venden ya usados a precios casi como ellos mismos lo fabricaron. Doble abuso, doble injusticia.

viernes, 1 de enero de 2010

Economía delictiva


"El dinero honrado es el que mejor se gasta". Esto bien podría ser un proverbio chino, maltés o de la Cochinchina, vaya usted a saber, porque a lo mejor no es ni proverbio. De todos modos me resulta esta frase como ideal para describir cómo se siente uno cuando el dinero que se gana es legalmente, sin miedos al delito cometido, judicial o moral, que siempre deja un regusto a conciencia intranquila... al menos a los que tenemos conciencia de honradez. Otros, que también los hay, piensan que esto de ser honrados es de tontos, de torpes que no sirven para otra cosa que para trabajar jornada tras jornada por un misero sueldo al final de mes, que no nos lleva a ninguna parte más allá de sobrevivir cada día. Sin embargo, nosotros "los torpes", los que se supone que no servimos para otra cosa que para ser pobres, tenemos algo que esos "listos" que nos desvaloran no poseen, eso se llama honradez y es parte del respeto que se tiene a las pertenencias de otro, porque todo lo que no es de uno es de otro, y si no se consigue legalmente entonces estamos cometiendo un delito. Aunque en ocasiones no hace falta saltarse las reglas del juego para apropiarse de las pertenencias de otro dentro de la legalidad, claro que entonces se juega con el engaño y para no sentirse culpable por esta actitud hay que estar hecho de una pasta muy miserable y canalla.

Sin duda, existen muchas maneras de ganar el dinero fácil, eso no quiere decir que los que somos legales no tengamos esa inteligencia necesaria para conseguirlo, todos podríamos hacerlo... si no fuera por esa conciencia nuestra que no nos lo permite, porque en la balanza de la avaricia y la honradez siempre puede más esta última. En cambio, los otros, los listos o avariciosos, no tienen ese problema de conciencia, el respeto hacia los demás no tiene mucho sentido y si para conseguirlo es necesario mercadear con la libertad y vida de otras personas se mercadea y punto.

A veces, cuando uno piensa en la honradez, a la que siempre miro como a una cadena con candado que no me deja soltarme más allá de un pensamiento, mezcla de avaricia y rebeldía, acabo por sentirme atrapado por el miedo, el de perder la libertad por el delito que me permita ganar el dinero fácil. El temor termina por convencerme de que más vale se pobre y honrado que no pasarse un puñado de hermosos años de mi vida encerrado entre rejas y lamentándome por mi mala cabeza. Por supuesto, como cualquier ser humano, cuando me atrapa esa rebeldía avariciosa siempre lo hace a lo grande, el asalto a un banco o algo por el estilo, nunca caigo en la posibilidad de aprovecharme de un inocente, los caudales de un banco parecen como si no tuvieran dueño y, en el caso de tenerlos, siempre se me antojan buitres carroñeros, que nacen con el delirio de la usura añadido a sus genes. Pero como digo, no pasa de ser un pensamiento fugaz que se esfuma cuando la cadena enllavada de la honradez no me deja continuar valorando esa posibilidad.

No obstante, entre los valores que recibí en la educación que mis padres me inculcaron está el de no caer en esa tentación fácil, que a la larga sale más cara y costosa que ganarse el dinero honradamente, no merece la pena arriesgarse cuando el fruto de ese riesgo consiste en convertirse en un tramposo. Pero como digo, los hay que desconocen ese valor y se aprovechan de que otros valoremos la honradez, porque, ¿que pasaría si todos fuésemos tramposos y no respetásemos las reglas del sistema establecido? Posiblemente andaríamos constantemente entre la inseguridad y el caos.

También existen otros modos de ganar el dinero fácil, aparte de apropiarse de las propiedades o pertenencias de otro, es la de enriquecerse jugando con la libertad y poniendo en riesgo la salud o vida de otros inocentes, eso me resulta aún más lamentable, un acto deleznable del ser humano. Estas actitudes miserables se dan en escenarios distintos, tanto en países pobres como en desarrollados, en territorios donde la pobreza se convierte en el mejor aliado para cometer esos delitos. Y es en estos contextos, entre la pobreza y la marginación, donde surgen los delincuentes traficantes de los derechos y la salud, porque territorios marginados existen en todos los países y ciudades. Para ejemplos he escogido dos distintos, que aún teniendo el mismo fin, el de enriquecerse fácilmente, cada uno tiene como mercancía diferentes conceptos, el de los secuestros y el tráfico de drogas.

Hace algunas semanas hemos vivido en España uno de estos episodios en que el secuestro del barco pesquero Alakrana mantuvo en vilo al país entero pendiente de las noticias durante muchos días, demasiados. Un secuestro emitido por entregas, como si de una telenovela se tratara, en la que los secuestradores se llevaron un botín y en el que tuvieron como aliados, así se puede llegar a comprender si entendemos que las declaraciones y presiones por parte de familiares, políticos de la oposición y medios de comunicación, fueron utilizados a sabiendas que los intereses de cada cual estaba por encima de los propios secuestrados. Por un lado el miedo de los familiares a que sufrieran un trágico final si no cedía el gobierno a los chantajes piratas, por parte de la oposición porque cuanto peor se resolviera el secuestro mejor para sus intereses, y para los medios de comunicación porque se trataba de un filón del que fueron sacando tajada minuto a minuto.

El premio por tanta irresponsabilidad de unos y otros fue de cuatro millones de dólares, que cayeron de golpe como un lujo en un pueblo somalí de 6.000 habitantes, Harardhere, a 40 kilómetros de la costa, donde viven en la más absoluta pobreza, con sus calles sin asfaltar y con todas las carencias imaginables. Hoy es la población más rica de Somalia, al menos en termino de dinero circulante, porque si los secuestradores repartiesen todo el dinero entre todos los habitantes tocarían a 600 dólares por cabeza, algo así como si a los habitantes de la comunidad de Madrid le dieran a cada uno 48.000 dólares de una tacada. Ni que decir tiene que la inflación en este pueblo de Somalia ha propiciado que los precios se hayan desorbitado hasta el 2.000%, como en el caso de las prostitutas, que son las que más están ganando, junto al prestamista que dio un crédito a los secuestradores antes de cometer el delito de piratería. Les prestó 1.700 dólares a un tipo de interés del 140%, eso quiere decir que el usurero prestamista se llevó 4.000 dólares sobre el dinero prestado.

Por otro lado está el de las "narcoaldeas", como el caso de Walpasiksa, una aldea perdida en la zona caribeña de Nicaragua. La costa atlántica nicaragüense se ha convertido en un paso privilegiado de la cocaína, una región olvidada por el gobierno donde la pobreza y falta de opciones para sobrevivir honradamente han creado ese caldo de cultivo que tanto beneficia a los narcotraficantes, a cambio de jugar con la salud y la vida de tantas personas no sólo en su destino final, también entre los mismos habitantes de Walpasiksa, que se enfrentaron con el ejército con el resultado de dos oficiales de la Fuerza Naval muertos y cinco gravemente heridos, por defender su único medio de vida mientras que los narcotraficantes huyeron sin dejar rastro, después de haber armado hasta los dientes a los nativos para que los defendieran.

En esta aldea, donde la pobreza es generalizada, así como la falta de agua corriente y luz eléctrica entre otros servicios básicos, son una realidad. El dólar había sustituido a la moneda nacional, el Córdoba, y los precios habían subido de tal manera que quienes no participaran del narcotráfico no podían subsistir en dicha aldea. La cerveza nacional, en lata, costaba 20 dólares y cuando ésta escaseaba se duplicaba el precio, el aceite para cocinar costaba por encima de los 25 dólares el litro, la libra de arroz costaba seis dólares al igual que la harina, la leche en polvo se vendía a 50 dólares, y hasta un simple calmante para el dolor de cabeza, que cuesta un córdoba, cinco céntimos de dólar, se vendía a 2 dólares.
El resultado es evidente, mientras los narcotraficantes del cártel se inflaron de ganar dinero fácil, los nativos sufrieron las consecuencias legales y físicas, víctimas junto a tantas personas adictas a las drogas en cualquier país del mundo.