viernes, 24 de diciembre de 2010

Sonrisas que alegran el alma (por Navidad)


-¡No me gusta la navidad! Me provoca tristeza tanta obligación a sentirme feliz.
-Entiendo tu estado de ánimo. A mí me ocurrió igual, sentí la misma sensación el día que me enteré de que la lucha libre era ficticia.

Estas frases son parte de la conversación que mantenían "Rafaelillo" y "Manolo el Mellao", este mediodía en la taberna "Los Mosquitos", cuando fui a tomar un aperitivo y a saludar a mi amigo Juan. Es 24 de diciembre y en esta fecha todo está impregnado de navidad, felicitaciones, invitaciones de amigos, regalos, reuniones de las familias, prisas y estrés por que nada quede en el olvido para la cena de Noche Buena. Todo lo que no corresponda a la celebración navideña queda exento de protagonismo en este día.

Rafaelillo está cerca de jubilarse, es platero, como le llamamos en mi ciudad a los que se dedican al oficio de la joyería, y no tiene familia, al menos ningún pariente cercano con quien guarde relación. Manolo es casi una década más joven y, al contrario que Rafaelillo, su familia es numerosa. El apodo de "el Mellao" le viene de joven, de cuando practicaba el boxeo. Disputó dos combates cuando comenzaba y en ambos le sacudieron de lo lindo, en cada uno de ellos perdió un diente y ese fue el detonante que le animó a colgar los guantes para siempre.

A mí, personalmente, tampoco me gustan las fiestas navideñas. En cierto modo me provocan rechazo, y al igual que a Rafaelillo me hacen sentir triste, no porque carezca de familia con quien compartirla, por suerte, aunque no muy extensa, sí tengo familia con quien compartir lo bueno y lo malo que me sucede. Nos vemos casi a diario y no necesitamos de una fecha especial para reunirnos todos.

Hace ya mucho tiempo que la Navidad me decepciona, ya no creo en ese falso mensaje de paz, amor y hermandad entre los seres humanos, ha pasado a formar parte de las utopías que acepto como imposibles. El espíritu navideño nunca va más allá de la sensibilidad que provoca ese empuje que quiere convertirse en revolución humanitaria y nunca pasa de ser un mero intento fallido. Un espíritu que no dura más de lo que se tarda en recoger todos los adornos luminosos, guirnaldas y bolas brillantes, para guardarlos y desempolvarlos al año siguiente.

La Navidad se ha transformado en el ejemplo más cruel del desenfrenado consumismo, nada son estas fiestas sin sus iconos publicitarios que cada año se visten de rojo con barbas y melena blanca, con o sin renos, con o sin trineo. Lejanos quedan aquellos tiempos en los que las fiestas se limitaban a la cena del día 24 y el 25 siguiente, no como en la actualidad, que cada año aparecen los adornos que las anuncian con más días de antelación, y es por noviembre cuando comienzan a vestirse los escaparates de confetis y símbolos navideños, marcados en los cristales con spray de nieve artificial.

Lo cierto es que, sin poder remediarlo y por momentos, uno se contagia de esa falsa y obligada felicidad, aunque nada tienen que ver con aquellos sentimientos que me invadían en la infancia. Eran otros tiempos y otras circunstancias, era otra visión más pura del mundo, como la que pueda tener cualquier niño de hoy. En el contexto navideño de mi niñez no cabían los anuncios publicitarios, no existían ni medios para difundirlos, salvo la radio, ni dinero para adquirirlos, y, por supuesto, no guardaba relación alguna con los Reyes Magos y sus regalos. La navidad de mi infancia era pobre en regalos y juguetes y rica en imaginación y espíritu colectivo. Las calles del pueblo olian a dulces caseros elaborados en cada casa, a pestiños, mantecados, alfajores, roscos fritos, roscos de vino... A matalauva y a canela, a aguardiente de anís dulce y a bracero de picón que ardía bajo la mesa camilla de cada hogar para calentar el frío del invierno.

Los grupos de niños y mayores se armaban de instrumentos musicales improvisados y a ritmo de villancicos visitaban cada hogar, pidiendo el aguinaldo, que no consistía en otra cosa que en una copita de anís para los mayores o un dulce navideño para los niños. Carracas, zambombas, panderetas, almireces, platillos... Rudimentarias orquestas con voces angelicales que se escuchaban como un eco por cada rincón del pueblo. No recuerdo cenas de Noche Buena más especiales de lo normal, recuerdo el ambiente creado alrededor de aquella fecha y los cuentos que mi abuela nos contaba en la mañana de Navidad, cuando corríamos todos al despertar, mis primos y yo, a meternos con ella en su cama.

Pero en realidad, la tristeza que me provoca la Navidad nada tiene que ver con el desencanto de una niñez lejana y perdida, más bien por lo que supone esta celebración en muchos hogares pobres, y por muchas personas que ni siquiera tienen un hogar que los acoja en esta noche tan significativa, o que se encuentren en soledad, sin familia con quien compartirla, como le ocurre a Rafaelillo y a tantas otras personas en el mundo, enfermos, ancianos, emigrantes y otros colectivos que sufren o son desgraciados por unas u otras causas.

Supongo que, como a mí, a todos los adultos nos resultará estas celebraciones como un obligado ejercicio para renovar ese espíritu de generosidad y altruismo, no como una fecha que genere ilusión, sino tristeza por los muchos que no pueden optar a ese derecho de ser felices aunque sea por una sola noche.

En el fondo de la festividad es la infancia, los niños, los que realmente absorben la pureza de esta celebración, al menos es a ellos a quien más les deja impronta, un significado que les marcará para toda la vida, incluso hasta después de desencantados y aceptar a la Navidad como otra más de las utopías imposibles. Por este motivo es por los que quiero desearles felices fiestas a los niños, especialmente a los que padecen enfermedades y que a pesar de sus estados de salud nos regalan cada día sus sonrisas para alegrarnos el alma, sonrisas que tienen más valor que la propia Navidad.

Mis felicitaciones a todos los niños del Hospital Infantil de La Mascota, de Managua, y a la asociación MAPANICA (Madres y Padres de Niños con Leucemia y Cáncer en Nicaragua). ¡Feliz Navidad!

domingo, 19 de diciembre de 2010

Togas cómplices (Réquiem para una madre corage)


Apenas habían pasado unos minutos de las 20:00 hora local, cuando una ambulancia se llevaba el cuerpo moribundo de una mujer que sangraba sobre la acera, frente al Palacio de Gobierno, en la ciudad de Chihuahua, en el estado mexicano del mismo nombre. La fiscalía estatal confirmó más tarde que esa mujer perdió la vida varios minutos después en la Clínica del Parque, cercana al lugar de donde fue socorrida por paramédicos.

Hasta ayer mismo, muy pocas personas fuera de México conocían la existencia de esta mujer, la causa por la que luchaba y el motivo por el que perdió su vida. Marisela Escobedo Ortiz era una madre coraje, una activista que dedicó los dos últimos años de su vida a que la justicia mexicana ejerciera su cometido sobre el asesino de su hija, Sergio Rafael Barraza Bocanegra. El homicida había quedado en libertad, absuelto de todos los cargos, después de que los jueces Catalina Ochoa Contreras, Netzahualcóyotl Zúñiga Vázquez y Rafael Baudib Jurado lo dejaran en libertad por falta de pruebas en el juicio oral llevado a cabo. Pocos días después, tras la apelación, estos mismos jueces rectificaron culpándolo a 50 años de cárcel, pero ya era demasiado tarde, el homicida había tenido tiempo suficiente para escapar.

Rubí Marisol Frayre Escobedo tenía tan solo 14 años cuando se enamoró de Sergio Rafael, desde entonces, hasta que acabó con su vida, no había hecho otra cosa que someterla a una vida de miedo y violencia extrema, al tiempo que la alejaba de sus familiares y amigos. El 28 de agosto de 2008, con tan solo 16 años, la mató, la quemó y la tiró a un basurero clandestino y cementerio de cerdos. Fue violenta con ella hasta el último momento, la destazó y huyó confiado, viviendo tranquilamente en Ciudad Juárez, al menos hasta pasado un tiempo, hasta que la entereza y la lucha incansable de esta madre consiguió que la justicia lo detuviera.

El homicida aceptó su culpabilidad, llevó a la policía al lugar donde estaba el cadáver de Rubí, se declaró culpable en la audiencia y pidió perdón a los familiares, además intentó negociar una pena de veinte años con la fiscalía tratando de esquivar la pena máxima que puede imponer la justicia mexicana, 60 años. Sin embargo, Sergio Rafael quedó absuelto de todos los cargos porque los jueces consideraron que la autoinculpación no era suficiente para meterlo entre rejas. Ni que decir tiene que este caso estremeció a Ciudad Juárez y abrió la herida de los feminicidios aún sin resolver. Durante 2010, cada día una mujer ha sido asesinada en el Estado de Chihuahua.

A partir de ese momento, Marisela luchó con una fuerza sobre humana porque se cumpliera justicia por el asesinato de su hija. Comenzó una caminata de protesta, acompañada de su familia, desde Ciudad Juárez a la capital del país, hasta que el gobernador José Reyes Baeza le pidió que continuara el recorrido en automóvil, a lo que accedió. Llevó a cabo una investigación por su cuenta y consiguió dar con el paradero del asesino prófugo, ubicando a Sergio Rafael en Fresnillo, en el Estado de Zacatecas, pero no recibió el apoyo suficiente y de nuevo consiguió escapar. Después fueron varias las protestas llevadas a cabo tratando de llamar la atención para que el caso del asesinato de Rubí Marisol no quedara sin justicia y en el olvido.

Su última puesta en escena es la que llevaba desde hace unos días frente al Palacio del Gobierno, donde fue asesinada de un disparo en la cabeza. Las cámaras de vigilancia recogen esos escasos minutos en los que un hombre dobla la esquina caminando, al tiempo que un automóvil de color blanco se sitúa a la altura de la calle donde se encuentra Marisela y un acompañante, junto a la pancarta desplegada. Los asesinos esperaron justo al momento de que cerrara sus puertas el Palacio del Gobierno, para cumplir las amenazas que ya había sufrido Marisela por parte de la familia Barraza. Por las características, se cree que el sujeto que llega caminando pudiera ser el propio Sergio Rafael, se enfrenta a Marisela y a su acompañante, el joven entra en un forcejeo con el asesino y mientras tanto la señora Escobedo huye en dirección al Palacio del Gobierno, pero el sicario sale corriendo tras ella y la última a varios metros de un disparo en la cabeza.

Una historia cruel, que deja un regusto a impotencia, a injusticia, a ira contenida, pero que lejos de dar por finalizado el relato, los hechos ocurridos antes del funeral ponen de manifiesto que no está todo dicho. Esta noche pasada, mientras se velaba el cuerpo de la activista, su familia a vuelto a recibir amenazas, por si no fuera poco lo que ya han sufrido. Han incendiado una maderera propiedad de un familiar de Marisela y han secuestrado al propietario y un empleado del negocio, además de sufrir quemaduras otros dos de los empleados.

Podría seguir echándole culpas al machismo violento que padece la República Mexicana, podría continuar utilizando la palabra feminicidio y volcando todas las miradas a una sociedad hecha por hombres y para hombres, donde las mujeres sufren y son víctimas de la injusticia impartida por el género masculino. Podría continuar con mucho más en favor de las mujeres, si no fuera porque en este caso, mucha de esa responsabilidad la tiene una mujer, la propia jueza que con su decisión contribuyó a que, no sólo quedara libre de asesinato, también tuviera la oportunidad de que de nuevo se cometiera otro crimen, en este caso contra una mujer ejemplar. Ahora que lo sucedido ya no tiene remedio, el presidente del Supremo Tribunal de Justicia, Javier Ramírez Benítez, ha anunciado la suspensión de los tres jueces que absolvieron al asesino Sergio Rafael, tras la iniciativa enviada por el gobernador César Duarte. Explicaron que los tres jueces serán suspendidos, pero no serán puestos a disposición, ni se les arraigará, estarán en total libertad y únicamente dejarán sus funciones como autoridades. No cabe duda que México necesita una nueva revolución, judicial, policial y a otros muchos niveles de la sociedad.


viernes, 10 de diciembre de 2010

Cuando la cultura se impregna de crueldad


Probablemente, si uno tuviese que comenzar a escribir sobre la República Mexicana, y me dieran a elegir el tema sobre el que quisiera profundizar, no terminaría nunca de anotar en un borrador las posibilidades que me ofrece este país de América del Norte y que yo fraternalmente lo saco de ese concepto, saltándome a mi albedrío los protocolos políticos y geográficos, para incluirlo en el contexto latinoamericano. Es ahí donde creo que debe estar. De acuerdo que hace de frontera entre Norteamérica y Centroamérica, pero no es lo mismo que la línea que divide el continente esté arriba, junto a Estados Unidos, que al sur, donde tiene como vecino a Guatemala.

México es un manantial cultural inagotable, que no ofrecería facilidades a la hora de elegir ese tema en concreto para representarlo con palabras en un par de páginas. Sin embargo, y lamentablemente, para quien no conozca su cultura o su historia, tampoco lo tendría fácil a la hora de escoger con qué contenido representaría a la sociedad mexicana de la actualidad. Si se dejara llevar por lo que las noticias nos muestran cada día en los informativos, con toda seguridad haría un retrato muy alejado de lo que yo pienso, eso sí, describiría un país que desgraciadamente comenzamos a acostumbrarnos a él como tal, con una cultura impregnada de crueldad, donde la corrupción y la violencia es el pan de cada día.

Entiendo, y defiendo, que no se puede catalogar a una sociedad entera por las actitudes de unos pocos y algunos hechos aislados que no representan la idiosincrasia de una nación entera. Sin embargo, cuando estos hechos antisociales o incívicos se van haciendo cada vez más cotidianos es que algo falla, algo debe de andar mal en la cuna que mece la cultura, en la educación y en la infancia, porque los niños de ayer son los hombres de hoy. Y digo hombres porque es sobre este género humano, el masculino, donde recaen todas las culpas o sospechas de una sociedad, en parte, machista, racista, xenófoba, violenta y corrupta.

Sí, ya imagino que, mientras me leen muchos amigos mexicanos, estarán poniendo el grito en el cielo y, entre otras cosas, acordándose de mi santa madre y de todos mis honorables antepasados. Pero no conviene olvidar que una sociedad libre e inteligente debe de comenzar primero mirándose al espejo para no tener un concepto equivocado de sí misma. Como digo al principio, son muchos temas positivos los que podría haber elegido para referirme a México, pero no voy a engañar a nadie, este no es el caso. Trataré de ser honrado criticando y denunciando lo que me parece injusto, lo contrario no se necesita resaltar, es lo que nos merecemos en cualquier parte del mundo, la justicia.

Ayer tarde, regresaba del trabajo con los auriculares enchufados a las orejas escuchando en la radio las tertulias y entrevistas de la Cadena Ser. Gemma Nierga entrevistaba a una periodista mexicana, Rosa Isela Pérez, que vive exiliada en España junto a su familia, obligada por las amenazas de muerte que recibió en su país, como venganza a sus denuncias contra los abusos y violaciones, especialmente contra el feminicidio de Ciudad Juáres. Ayer mismo, el Consejo General de la Abogacía Española la premiaba por su valiente trabajo en los XII Premios Derechos Humanos CGAE. Rosa, o Rosita, como la llamaba Gemma, se negaba a aceptar que detrás de todos estos miles de crímenes de mujeres jóvenes y niñas estuviera un asesino en serie, ni siquiera un grupo o varios grupos organizados que se dedicaran a violar y asesinar mujeres, su culpa recaía sobre toda la sociedad, machista, que acostumbrada a que los culpables no paguen su castigo por sus fechorías cada vez ponen la línea roja de la crueldad más alejada de lo ilegal.

Dejando atrás este cruel y traumático asunto, nos damos de bruces con la contradicción social respecto al racismo. Cuesta comprender que, hace tan solo unos meses, México entero clamara justicia contra las leyes racistas en el estado de Arizona y, en cambio, parece como si el racismo que sufre la mayoría de la población, con un 65% de genes indígenas, por parte de una minoría racial fuera lo más normal del mundo. La faz de México es fundamentalmente indígena, sin embargo, el color de la piel no es suficiente en este país para entender el racismo. Slim, el hombre más rico de México y del mundo es un árabe negro; parte de los judíos que dominan a las grandes metrópolis del país son de piel y cabello oscuro, y muchos de los españoles son prietos y calvos. Esta minoría, que en otras partes del mundo podrían ser víctimas del racismo, en este caso son los privilegiados, en contra de los nativos o indígenas. Es la cultura anti-indigenista, el rechazo a toda la herencia cultural autóctona. Parece como si lo valorado fuese el post-Cuahutémoc en detrimento de lo prehispánico. Solo hay que mirar las condiciones de pobreza en la que viven la mayoría de los pueblos indígenas mexicanos para darse cuenta de que el proyecto de sociedad es erradicar absolutamente a las culturas originales.

El apartado de la inseguridad y el narcotráfico es de un calado superior a todos los demás. Ya conocemos la guerra que se libra cada día, especialmente entre bandas mafiosas, en todos los rincones del país y que salpica a todos los ambientes sociales. Nadie está a salvo, nadie está seguro de no ser víctima de la sinrazón que vive México, esté o no relacionado con el narcotráfico. Lo peor no es a lo que ya nos tienen acostumbrados los asesinos, sino que a cada acción cruel nos sorprenden más. La última es la detención del "niño sicario", nada extrañaría si no fuese porque realmente se trata de un menor, un niño de 14 años con varias muertes en su precoz currículum, el encargado de degollar a las víctimas que más tarde aparecían colgadas de los puentes o en cualquier lugar bien vistoso para hacer más espectacular la tragedia sangrienta.

Ahondar más en la herida de la realidad mexicana no es nada agradable, si acaso inquietante, porque si miramos el mapa geográfico y social de Centroamérica comprobaremos que, al contrario de poner freno a todas estas injusticias y crueldades, el mal se expande como una mancha de aceite sobre el papel, sobre la realidad que se vislumbra en países como Guatemala, Honduras, El Salvador y Nicaragua, a las puertas todos ellos de la importación no deseada, pero que también muestra parte de racismo, de machismo, de violencia, corrupción y donde las bandas mafiosas de narcotraficantes comienzan a largar su influencia.

domingo, 28 de noviembre de 2010

Canciones tristes para la infancia


Nada existe más contagioso de alegría que el recreo de un patio de colegio. La algarabía que se forma no tiene comparación alguna con nada en este mundo nuestro de los humanos, es pura inocencia vestida de alboroto, de juegos, gritos, carreras, risas... y también silencios. Los que emiten algunos niños y niñas ajenos a sus compañeros de enseñanza, que se apartan en su mundo triste y doloroso, en cualquier rincón del patio, buscando el aislamiento y tratando de encontrar respuesta a situaciones y actos vividos que sus cortas edades no alcanzan a comprender. La vulnerabilidad de los menores los hacen presa fácil de adultos perversos que, con sus deleznables acciones, destrozan, desgarran la alegría y la inocencia de lo más hermoso de nuestra existencia, la infancia.

Hace mucho tiempo que no disfrutaba de este alboroto infantil, muchos años, quizás demasiados, que no me recreaba en la verja de un patio de colegio viendo a los niños y niñas vivir el momento de la manera más hermosa, es siempre volver, regresar a un tiempo que ya nos parece lejano y que quedó grabado para siempre en nuestros recuerdos, a veces invernando, dormitando, pero que se activan al grito jubiloso de un recreo. Nos embarga la nostalgia y por momentos nos sentimos parte de ellos, de sus juegos y de su despreocupación ingenua.

Hace varios días coincidí caminando por mi ciudad con la salida al recreo de un colegio. Es imposible quedar indiferente a lo que ocurre al otro lado de los barrotes metálicos que separan su recinto protegido, los niños son nuestro yo más puro, sin la malicia ni la maldad que otorga la experiencia y lo vivido. En ellos vemos lo que somos sin los problemas que nos produce la sociedad y el tipo de vida en el que nos desarrollamos, y al mismo tiempo, son el reflejo de nuestros anhelos, deseos y perjuicios, que se los transmitimos en nuestra educación cargada de moralidad y con el rol que nos tocará aceptar en el futuro y dependiendo del sexo de cada cual.

Nada es igual, todo cambia, evoluciona y se transforma. Sin embargo, todo lo nuevo parece como si comenzara otra vez desde el principio, como un ciclo repetitivo, nuestra limitación en la creación nos hace siempre regresar a lo anterior con algunos retoques de modernidad. Y esto, también ocurre en los juegos infantiles, diferenciados siempre entre niños y niñas, por más que las sociedades de hoy, que somos todos, nos esforcemos en la versatilidad de las funciones de cada sexo, tratando de educar a nuestros hijos en compartir tareas y responsabilidades para el futuro, pero que al mismo tiempo les marcamos los juegos en los que cada cual debe de participar. Con el consiguiente perjuicio añadido, ya desde la infancia, si alguno de estos infantiles decide ser transgresor respecto a los entretenimientos en los que participa.

Ese momento frente a la verja del colegio me sirvió de reflexión para muchos aspectos, y fue curioso comprobar cómo nos enseñan los niños con sus actitudes, con sus juegos, que no son muy diferentes a los que generaciones pasadas jugábamos. Vuelven a verse como una moda los trompos o peonzas girar sobre su púa metálica al ritmo que marca el cordel, mientras que las niñas se divierten a la comba o a la rayuela, es el comienzo para mostrarles qué rol debe asumir cada uno en el futuro, mal comienzo, es continuar diferenciándonos por el sexo.

No obstante, esta reflexión respecto a los juegos no me dejó anclado en la inocencia y la alegría, la ingenuidad infantil es un don hermoso que al mismo tiempo, para muchos de ellos y en otros ámbitos más degradados, les hace víctimas de desalmados, traficantes y criminales, que siempre tienen puesto en ellos su punto de mira. Un ejemplo de esta maldad humana es el tráfico de niños y niñas que se lleva a cabo en Haití, donde son los más vulnerables, hasta el punto de convertirlos en mercancía con la que lucrarse. No hace mucho tiempo, el propio primer ministro haitiano Jean-Mex Bellerive, admitió a The Miami Herald, que el contrabando se ha convertido en una fuerza económica, especialmente después del terremoto. Declaró que: "Es un juego. Mucha gente es traficada. Hacen dinero. Todo el mundo a lo largo de la frontera se está beneficiando. Es su única fuente de ingresos. Y todos lo aceptan así". Los traficantes de niños pagan a los guardias de la frontera, haitianos y dominicanos, para pasar a los menores, que en dos zancadas los cruzan por la frontera del Río Masacre en el mercado binacional, para la explotación sexual y servicios domésticos. Algunos de los niños son abandonados en la travesía desde Haití. Otros permanecen secuestrados hasta que sus familias, que son cómplices, pagan los gastos del contrabando.

Otro asunto también relacionado con los abusos y el maltrato en la infancia es el que denunció días atrás Amnistía Internacional, sacando a la luz pública las violaciones y abusos sexuales que son delitos generalizados en Nicaragua. En esta denuncia exponen que más de la mitad de las violaciones cometidas entre 1.998 y 2.008 se cometieron contra niñas menores de 17 años, de las cuales la mitad eran menores de 14 años. Para estas menores su lucha por obtener justicia se transforma en un infierno, en un sistema judicial donde los fallos y las faltas de recursos permiten que los agresores queden libres. Un ejemplo claro y conocido es el del propio presidente Ortega, que violó y agredió sexualmente a su propia hija durante años y que la prescripción del delito lo absolvió del crimen.

Textualmente añade Amnistía Internacional: "Algunas niñas sobrevivientes se enfrentan a la angustia adicional de descubrir que el violador las ha dejado embarazadas. Las que deciden llevar su embarazo a término reciben apenas una pequeña ayuda del estado, si es que reciben alguna. Para otras, la idea de dar a luz a un bebé fruto de una violación es insoportable. Sin embargo, una ley de 2.008 que tipifica el aborto como delito en cualquier circunstancia, incluso para aquellas víctimas de violación, no les deja muchas opciones".


domingo, 21 de noviembre de 2010

A perros flacos...


"A perro flaco todo son pulgas". Sin ánimo de comparación y menosprecio, este refrán me parece que encaja perfectamente para definir cómo la pobreza hace mella preferentemente entre los más pobres y cómo la miseria siempre se inclina por los más vulnerables. No es cuestión de suerte o de maldición divina, como tratan de hacerles ver los inescrupulosos religiosos buscando aprovecharse de su debilidad anímica o de sus creencias religiosas. No se trata de que la providencia se cebe con lo más pobres, es cuestión de irresponsabilidad, de todos. Comenzando por las naciones que en siglos pasados explotaron sus riquezas y los abandonaron a su suerte, en la inestabilidad política, social y económica, en manos de dictadores corruptos que en la mayoría de los casos mantuvieron desde la distancia esa complicidad colonialista; siguiendo por terceras potencias que continuaron alimentando el ansia de poder de estos dictadores para cubrir sus intereses políticos y terminando por toda la humanidad, que permitimos que estas desgracias continúen aún en la actualidad, criticando la triste, lamentable y bochornosa situación a la que asistimos pero sin hacer nada por solucionar el problema humanitario.

Los arranques de solidaridad con los más desgraciados o desfavorecidos no son más que impulsos de altruismo descafeinado que solamente convencen a nuestras conciencias por el tiempo necesario que consiguen sorprendernos las desgracias humanitarias. Después, cuando la costumbre no consigue mantenernos impresionados o se alía con nuestra memoria, la sensibilidad se vuelve indiferente, inmune, y las víctimas pasan a ser una cifra más, que una vez iniciadas dejan de importarnos de cuántos dígitos se compone.

Para el resto de la humanidad, o para la mayoría, parece que fue ayer cuando el infierno sacó su cabeza desde las profundidades en forma de terremoto haciéndose visible en Haití. La desgracia de este pueblo caribeño no parecía tener fin, por si no era ya suficiente encabezar el triste ranking de ser el país más pobre de todo el continente americano. El zarpazo que dio en enero pasado la naturaleza nos mostró que las desgracias ni nunca tienen fin ni nunca vienen solas. No me atrevo a poner una cifra de cuántos muertos por cólera van contados a día de hoy porque seguramente quedaría obsoleta antes de acabar este razonamiento, empujado a escribirlo a partes iguales entre la tristeza y la impotencia, sabiendo que esta enfermedad es hoy fácilmente superable y ha conseguido arrebatar más de mil vidas humanas por nuestra desidia, nuestra irresponsabilidad, por no acudir en ayuda de quienes lo necesitan... para ellos ya es demasiado tarde. Para las otras más de 200.000 personas, de los 10 millones de habitantes que tiene el país, que la ONU estima podrían ser víctimas de la enfermedad en los próximos meses, el terror ya les devoró las pocas esperanzas que pudieran tener de sobrevivir en ese infierno vestido de hambre y calamidad.

Sumadas a estas desgracias, por inoperancia y deshumanización, están las maniobras de los buitres carroñeros que sobrevuelan el territorio, ayudando a sembrar la discordia entre la población y acusando a los soldados de la ONU de haber llevado el cólera hasta ellos, mientras las masas enfurecidas protestan inmersos en la inmundicia, en el basurero en que se han convertido las calles de Haití. La falta de higiene es la base principal de la propagación de la enfermedad. Los enfrentamientos habidos en días pasados entre los soldados de la ONU y grupos armados han dejado un balance de dos haitianos muertos y más de treinta heridos. Los militares que fueron acusados de estas muertes ni siquiera estaban en el lugar de los hechos, según el portavoz de la Misión de la ONU.

A nadie se le escapa que estos intentos de desestabilización están organizados tratando de influir en las próximas elecciones generales que están en puertas de celebrarse. Los rumores circulan por los noticieros como parte casi obligada de estos procesos electorales, utilizando cualquier artimaña con tal de mermar la confianza, por si no estuviera ya lo suficientemente mermada en el actual gobierno, que no ha conseguido sacar a su país de la miseria más cruda. Estos rumores apuntan que desde el gobierno y la oposición están armando e incitando a la violencia para sacar rédito electoral.

También, recientemente, hemos podido comprobar que la enfermedad no entiende de fronteras, ni de controles, aunque sí es verdad que en cualquier otro país más desarrollado el cólera tendría sus días contados. Como fue en el caso de una ciudadana de Haití que regresó a Florida con la enfermedad después de visitar a unos familiares, pero que bajo control la ha superado sin más peligro. O como en el vecino país, República Dominicana, donde también se han dado varios casos que al parecer no suponen mayor peligro. Sin embargo, no quiero imaginarme un escenario como Centroamérica, donde algunos países podrían verse afectados por su cercanía, y por qué no decirlo, también por su posible poca preparación o resistencia para luchar contra esas epidemias, sabiendo que su campo de propagación es la falta de higiene e insalubridad, características que se dan fundamentalmente en escenarios de pobreza. Me pregunto si no serían estos países un campo abonado para la propagación de la enfermedad y si realmente estarían preparados para defender a la población del desarrollo de la epidemia.

sábado, 13 de noviembre de 2010

Segundas partes nunca fueron buenas


En mi última entrada en El Mirador Impaciente, La frontera de la discordia (1ª parte), dejé pendiente la segunda entrega referente al desencuentro fronterizo que trae de cabeza a ciudadanos de los dos países en disputa, Nicaragua y Costa Rica. Sin embargo, después de varios días observando el paisaje político que se muestra desde ambos gabinetes, he decidido que ya fue suficiente con lo expuesto en la primera parte, que no voy a participar en este juego nacionalista que solo alimenta a los amigos del odio y donde los iracundos patriotas de hojalata se sienten como pez en el agua. Me niego a contribuir a este uso partidista de los gobiernos que sacan su hacha de guerra a la menor brisa, tratando de que el sol las alumbre y de que su sombra cubra las miserias nacionales, como tortuga hace con sus huevos en la arena de la playa.

Rotundamente digo no. No a la utilización de los sentimientos patrióticos de los dos gobiernos, y más cuando no hay nada que discutir, nada que pelear ni nada que defender. Ni los nicas tienen culpa de la actitud ridícula y chapucera de su gobierno comprobando en google lo que debió haber hecho en su cartografía oficial, como si de un juego de niños se tratara, ni los ticos merecen que su presidenta los mande a pelear con sus vecinos para desviar su atención en casos tan rechazables como el de Las Crucitas, entre otros asuntos.

En esta ocasión me agarro a la frase de que "nunca segundas partes fueron buenas", para formalizar mi rebeldía a este abuso desmedido por parte de los gobiernos y medios de información que, como cómplices, se dejan arrastrar por esta vorágine, por este torbellino de despropósitos echando a pelear a ciudadanos de un lado y otro de la frontera, fomentando la xenofobia, el rechazo y la intolerancia. Los desencuentros y enfrentamientos entre pueblos no traen nada positivo, nada. Porque si a Costa Rica no le interesa para su turismo una imagen inestable del país, Nicaragua no puede permitirse perder sus energías alimentando el odio hacia sus hermanos ticos, algo que no podrán negar ni los más reaccionarios, porque son muchos, de un lado y del otro, los que sienten dolor por este absurdo enfrentamiento que ya está durando demasiado. Los gobiernos responsables se sientan y dialogan, que para eso se les elige, no para que abandonen sus verdaderas obligaciones como vecindonas barriobajeras tirándose los trastos a la cabeza.

De sobra es conocida mi simpatía por Nicaragua, pero este sentimiento no me va a convertir en cómplice del mal uso que Ortega hace de la palabra y el significado patria. Me duele Nicaragua por sus gentes y por todo lo que encierran en su idiosincrasia, no por la falsa estampa de unos políticos de pacotilla firmes ante la bandera hondeando donde seguramente muchos de ellos nunca antes estuvieron, ni volverán, a no ser que se regale protagonismo interesado como en esta ocasión.

Me duele la Nicaragua que aplaude a sus representantes que fueron a buscar honorabilidad a sesionar a la frontera y da la espalda a sus hermanos que padecen el hambre que pudieron haber evitado de no tirar el presupuesto en absurdas puestas en escena. La verdadera patria son sus ciudadanos y no existe mayor honra que la de trabajar por cubrir sus necesidades básicas, porque mientras aprobaban mayor presupuesto para proteger un río-frontera que nadie pone en duda a dónde pertenece, muchas personas se acostaron aquella misma noche con el estomago vacío bajo las estrellas del firmamento nicaragüense.

Me duele la infancia de Nicaragua que tiene que salir a las calles a manifestarse para recordarles a sus gobernantes que dejen de mirar hacia la frontera y que vuelquen sus esfuerzos en sus necesidades, de salud y de educación, que miren hacia el futuro y que no jueguen a buenos y malos patriotas.

Me duelen las 62 comunidades del Río Coco que, aunque no es frontera, también arrastra necesidades primordiales, las de sus más de 24.000 pobladores que, más pronto que tarde, serán pacto de la hambruna sin que les alimente el orgullo patriótico de los desaforados nacionalistas.

Por estas, y por otras muchas más razones, me declaro en rebeldía con un ¡Basta Ya! Ante la abusiva actitud de nacionalismo barato que opaca el sentido y la razón de ser de los verdaderos patriotas.

domingo, 7 de noviembre de 2010

La frontera de la discordia (1ª parte)


A vueltas con la rivalidad existente entre Nicaragua y Costa Rica, de nuevo asistimos a otro desencuentro diplomático entre los dos países, nada que no se pueda solucionar con palabras, aunque a veces, los mandatarios de turno, se empecinen en hacer de una gota de agua un mar inmenso, de un asunto de poca importancia que se podía haber resuelto por vía fraternal elevarlo a una dimensión casi estratosférica. No son nuevas las discrepancias surgidas a lo largo de tiempos pasados sobre la frontera que divide a los dos países, la culpa la tiene el río que los separa y que a la vez los une, el Río San Juan. A partir de un punto determinado y a lo largo del cauce fluvial, el San Juan toma protagonismo fronterizo y es cercano a su desembocadura en el Océano Atlántico donde surgen los malentendidos por su caprichoso discurrir.

El Río San Juan es genuinamente nicaragüense, sobre su nacionalidad no se discute. Su cauce es el desaguadero del gran Lago Cocibolca o Nicaragua y sus riberas están escritas de acontecimientos históricos y leyendas. Es la margen derecha el que marca la línea fronteriza y, aunque su caudal pertenece a la patria de Sandino, el vecino del sur tiene derecho a navegar por sus aguas. Esto podría definir absolutamente dónde comienza un país y termina el otro, pero no es así, como digo anteriormente, su antojadizo recorrer sitúa la margen derecha en un punto más o menos elevado en el mapa geográfico.

El episodio dio comienzo el pasado día 21 de octubre, cuando el Ministro de Seguridad costarricense, José María Tijerino, declaró tener indicios de que algo muy grave estaba ocurriendo en la zona limítrofe entre Costa Rica y Nicaragua, en la región del río San Juan. En sus declaraciones, el ministro denunciaba la incursión de militares nicaragüenses en territorio tico, según habían reportado vía telefónica el día anterior campesinos de Delta Colorado y El Jobo de Sarapiqui, quienes aseguraban que habían matado ganado en la finca de un costarricense, donde supuestamente trabajaban en el dragado del río San Juan, con Edén Pastora al mando de las tareas de limpieza.

Al día siguiente, como había adelantado Tijerino la noche anterior, después de enviar una nota de protesta al gobierno nica, un contingente de 70 oficiales de la Fuerza Pública se situaban en Isla Calero, la zona fronteriza de los hechos. Horas más tarde el ministro tico declaraba que creían en que todo se debía a un error o a una bravuconada de Pastora, a quien no reconocían como portavoz del gobierno Ortega. Sin embargo, el otrora comandante Cero y amigo del presidente sandinista, más tarde enemigo y a la postre nuevamente aliado político, negaba la violación de la soberanía de Costa Rica. Edén Pastora, responsable del dragado del río por encargo del presidente Daniel Ortega, manifestó que "la margen derecha del río es territorio costarricense y eso nosotros lo respetamos".

El día 23, y en medio de la tensión diplomática, Nicaragua envía tropas a la frontera. La acción, según el gobierno nica, estaba relacionada con el narcotráfico, no como respuesta al desplazamiento de policías que hizo el país vecino, hay que recordar que Costa Rica abolió el ejército hace más de 60 años. Una maniobra danielista que sólo distrajo la atención principal del problema por un día, tratando de hacer creer que esta incursión tenía un fin distinto, una manera de ganarse las simpatías de sus ciudadanos que aún no sabían con certeza de qué iba el asunto. Pero Costa Rica, después de ofrecerse para la lucha conjunta contra el narcotráfico, continuó exigiendo a Nicaragua la salida de su territorio, al tiempo que abría una investigación por los daños causados por el dragado, donde, la misión al sitio, detectó tala de árboles y acumulación de unos 2.500 metros cuadrados de sedimentos en un humedal, lanzados por dicha draga, no así la presencia de militares nicaragüenses en ese momento.

Dos días más tarde Costa Rica vuelve a pedir a Nicaragua explicaciones por la violación de su soberanía. "Podríamos presumir que Edén Pastora está actuando abusivamente y esperamos que el gobierno de Nicaragua nos lo aclare", afirmaba el vicecanciller costarricense, Carlos Roverssi. La respuesta nica se dio al día siguiente por medio de una carta hecha pública en medios nicaragüenses por parte del Ministro de Relaciones Exteriores Manuel Coronel Kautz, confirmando que las labores de limpieza en el río continuarían y en la que se decía: "todas las labores de limpieza realizadas en el Río San Juan, se han ejecutado en territorio nicaragüense, conforme a los derechos establecidos en el tratado de límites Jerez-Canas y demás instrumentos, Laudo Claveland y Laudos Alexander", donde también rezaba que: "El gobierno de Reconciliación y Unidad Nacional por este medio expresa su más enérgica protesta por las reiteradas violaciones de tropas de las fuerzas armadas costarricenses a territorio nicaragüense. El gobierno de Nicaragua exige que hechos como este no vuelvan a repetirse" ... ante esto uno se queda perplejo. Un ejemplo claro que la táctica tomada, en términos futbolísticos, es la de que no hay mejor defensa que un buen ataque, al reprochar a Costa Rica lo que realmente habían hecho por parte nica.

El día 29, un video policial costarricense muestra un aparente intento de desviar el Río San Juan. Las imágenes revelaban la apertura de una importante trocha en suelo tico, de un ancho similar al del río, en un trazado más directo hacia el mar Caribe, por donde se desbordaría con las próximas lluvias y marcaría la nueva frontera. El área talada se localiza en el lugar conocido como Aragón, en un cuello de suelo costarricense de casi 1,5 kilómetros de ancho, cerca del punto donde autoridades nicaragüenses han dragado el cauce en las últimas semanas. El área que bordea actualmente el río mide cerca de cuatro kilómetros cuadrados y pertenece a Costa Rica, según copias de los mapas oficiales de ambos países, sin embargo, al abrir este trecho, un nuevo caño, el trozo de tierra cambiaría de nacionalidad al cambiar el río su cauce.

A partir de ahí las declaraciones de una parte y de otra van cargadas de reproches y al décimo día del conflicto entra en escena el ejército nica en una subida de patriotismo que cominza a dejar al descubierto lo que se esconde detrás de todo este asunto, cuando el general Julio César Avilés Castillo instó a todos los nicaragüenses a cerrar filas en contra de aquellos que pretenden hacer creer que Nicaragua está violentando leyes internacionales e invadiendo territorios que no les pertenecen. Aseverando: "yo creo que este tema de soberanía, no solamente es responsabilidad de las autoridades, de nosotros los militares, es un tema en el que todos nosotros, ustedes como periodistas, deberíamos de cerrar filas y dejar a un lado los supuestos y basarse en hechos reales". Unas declaraciones que evidencian dos posibilidades, la de buscar apoyo después de haber errado, poniendo de por medio el patriotismo, o la misma intención con distinto fin e interés, el de hacer de este asunto una cortina de humo que opaque los muchos problemas que tiene ante sí el gobierno de Daniel Ortega, sociales, económicos y de gobernabilidad, entre otros.

El tratado que marca las delimitaciones establecidas datan del año 1.900, por recomendaciones del ingeniero árbitro Alexander y dice así: "... En este estado toda porción de las aguas del río está en jurisdicción de Nicaragua. Toda porción de la tierra de la margen derecha está en jurisdicción de Costa Rica. La media y la localización hecha ahora por las partes en el campo día por día, determina puntos sobre esta línea a convenientes intervalos, pero la línea divisoria entre estos puntos no corre por línea recta, sino por el borde de las aguas en el estado navegable como arriba se dijo, marcando así una línea curva de irregularidades innumerables que son de pequeño valor y que exigirían un gran gasto para trazarse minuciosamente.

Las variaciones del nivel del agua no alterarán la localización de la línea divisoria, pero los cambios de los márgenes o de los canales del río, la alterarán como puede ser determinado por los preceptos de las leyes internacionales, aplicables a cada caso, según ellos acontezcan.

Soy, señores, muy respetuosamente de usted obediente servidor.

(f) E.P. Alexander, Ingeniero árbitro.
Ministerio de Relaciones Exteriores:
"Situación Jurídica del Río San Juan" 1954 pág. 35 - 37 ..."

La evidencia no da lugar a dudas, en lo que los ticos defienden sobre esta lengua de tierra llevan la razón, coincide con el Laudo 3 de Alexander.

Los últimos movimientos diplomáticos tienen como invitado al Secretario General de la OEA, (Organización de Estados Americanos) José Miguel Insulza, quien a petición de Costa Rica ha entrado de intermediario en el conflicto, algo que Ortega no admite de buena gana y prefiere la Corte Internacional de La Haya, aunque ha aceptado a reunirse con él después de que el chileno lo hiciera el día anterior con su homóloga Laura Chinchilla, quien ha asegurado que si falla la OEA convocará al consejo de seguridad de la ONU. Todo indica que el asunto irá para largo, mientras tanto, quizás sea hora de mirar un poco hacia atrás y a los interiores e intereses que han llevado a Daniel Ortega a meterse en este callejón sin salida, sabiendo que la razón no está de su parte. Por la mía, por mi parte, me inclino a pensar que la artimaña, para cubrir los verdaderos problemas de país, se le fue de las manos al Presidente-Compañero.




jueves, 21 de octubre de 2010

Entre Ticos y Nicas


Entre ticos y nicas, y para concretizar, entre josefinos y managuas, por ser los gentilicios de los ciudadanos capitalinos de los dos países, Costa Rica y Nicaragua, existe una rivalidad como en cualquier parte del mundo cuando se refieren a vecinos. Nicaragua y Costa Rica no se llevan mal, son dos naciones soberanas con identidad propia que, más que separarlos, son muchas razones y puntos en común los que los unen, los hermanan. Es evidente, cuando uno pasea por estas dos ciudades, que la diferencia apenas existe, en cuanto a rasgos raciales y costumbres o tradiciones cotidianas. Sin embargo, esta sana rivalidad que se evidencia cuando, desde cada lado de la frontera que los separa política y geográficamente, se inclinan por sacar al aire los trapos sucios de cada uno, se descalifican y catalogan siempre degradando la idiosincrasia de cada cual con sambenitos maliciosos, como en reunión de vecindonas que se sacan a espaldas de la otra defectos atribuidos que no siempre andan por la senda de la verdad, más bien caminando de puntillas como funámbulo inseguro por el alambre de los tópicos, pero que no son barreras suficientes como para que entre los ciudadanos de ambos países se formen uniones familiares en distintos territorios, con más frecuencia de lo que a primera vista pudiera parecer.

Entre el estado laboral y económico de Nicaragua y Costa Rica existe una diferencia clara, Costa Rica se sitúa un punto por encima de Nicaragua en lo que se refiere a la realidad social que disfrutan sus ciudadanos, los datos de emigración por parte de nicas hacia el país vecino lo ponen de relieve. Se estima que ronda los 800.000 ciudadanos los que viven y trabajan en Costa Rica, de los cuales entre 300.000 y 350.000 están legales, es decir que están nacionalizados o que residen legalmente.

El nivel social que se disfruta en Costa Rica se nota en las calles de San José, populosas y dinámicas, en sus fachadas coloristas y adornados escaparates de los comercios, que ofrecen a los consumidores una gran variedad de productos nacionales y de importación. En su estética se mezcla lo autóctono y lo foráneo, lo tradicional y lo importado por la globalización en un escenario de capital con un nivel discretamente desarrollado, si comparamos con otras ciudades de occidente, de Europa o América del norte. Por parte de Managua, en lo que pude deducir en relación con su homóloga, ofrece la misma dinámica popular, sus calles muestran el mismo colorido que las identifican con respecto a otras ciudades de latitudes alejadas. Sin embargo, la capital nicaragüense no ofrece la misma vistosidad en sus comercios y escaparates, aunque sí se mezclan, al igual que en San José, las mercancías del país y de otros mercados internacionales. Los productos que se pueden encontrar en sus comercios son los mismos que al otro lado de la frontera, no así la misma alegría por parte de sus ciudadanos a la hora de adquirir ciertos artículos comerciales.

Existe una relativa similitud en cuanto a transporte público, de un tiempo a esta parte los buses de Managua se van sustituyendo por otros más remozados, que daran a la ciudad otra percepción más renovada y más acorde con lo que sus ciudadanos demandan, lo que poco a poco los iran comparando a los de San José. Relativo a otros transportes como es el taxi, no hay mucha diferencia, en las dos ciudades se echan de menos los taxímetros, que marquen el importe real que tiene que pagar el usuario cuando realiza un recorrido por la ciudad, sin miedo a que lo engañen y sin tener que negociar el importe cada vez que se solicita el servicio. La picaresca es algo compartido, lo que pude comprobar en ambas ciudades.

Las calles de una y otra ciudad ofrecen distintos conceptos cuando se trata de pasear, un ejercicio casi obligado para la relajación y necesario para una buena calidad de vida. Las calles de San José muestran una mejor oferta para esta cuestión, en esto tiene mucho que ver el terremoto de 1972, que destruyó gran parte de esa Managua antigua, con un trazado más acorde a este apartado. Nada tendría que envidiarle la Managua de antaño a la San José de hoy, sus calles pensadas para el ciudadano, no como en el caso de Managua, que son grandes y amplias vías las que la cruzan, trazadas más para el futuro y menos para los ciudadanos de a pie. A esto hay que añadir la falta de semáforos en puntos específicos y en muchos casos simples pasos de cebra por donde el ciudadano pueda cruzar la calzada sin miedo a ser atropellado. Cruzar las calles de Managua es siempre una aventura arriesgada. También el estado de sus aceras y el piso rodado las diferencian de relativa manera. En San José es el alquitrán lo que impera y el cemento en sus aceras. Por parte de Managua, poca diferencia en la parte peatonal, en cambio, el alquitrán no se evidencia tanto y es el adoquín de cemento el que predomina en las calzadas.

En las dos ciudades se pueden encontrar calles limpias y también otras que demandan más limpieza, quizás en Managua se ven menos papeleras donde depositar los papeles y otros envoltorios que el consumo actual conlleva y, por añadidura, también entra dentro de la lógica que sus calles estén algo menos vistosas, más sucias, por culpa de esa falta de recipientes donde depositar la basura que genera el elevado consumo. Además, también habría que añadir a esta diferencia la costumbre nica de consumir más comida en la calle, sus puestos de fritanga se encuentran por cada esquina de la ciudad, sin contenedores donde depositar todos los platos, vasos de plástico y envases de bebidas que genera tanto consumo. Esta costumbre está menos extendida en San José, los puestos de comida y bebida se sitúan mayormente en locales adaptados para tal actividad, ofrecen mejores garantías de sanidad y calidad, más controlados por las autoridades y más garantías de higiene para los consumidores. Pero aparte de estas características particulares, en Managua, tiene en su contra la contaminación visual, los grandes carteles publicitarios se expanden por todo el territorio capitalino como un mal estético que afea esta ciudad junto con las pintadas en rojo y negro, colores del partido que gobierna el país. No existe una farola, tronco de palmera o poste del cableado eléctrico que no tenga dos metros de altura pintado en estos dos colores. Esta cuestión publicitaria está discretamente aceptable en San José, donde no llega a perturbar la imagen.

En cuanto a cultura e historia, las dos ciudades retienen mucho de su pasado, tanto Managua como San José tienen un peso histórico muy importante en Centroamérica. Sin embargo, es en la capital tica donde se evidencia en mayor grado, como ya expuse anteriormente por culpa del terremoto de 1972, que destruyó gran parte de la ciudad dejando sólo un puñado de edificios en pie. Pero independientemente de los edificios históricos en Managua, los pocos que pueden admirarse, como la catedral antigua, semi-derruida pero con su estructura exterior conservada en su totalidad, o el Palacio Nacional, hoy convertido en museo de historia y arte, los grandes carteles glorificando la supuesta y en entredicha heroicidad del gobernante de turno no permiten que puedan apreciarse en su totalidad. En Managua no existe mucha oferta cultural donde el viajero y los residentes puedan disfrutar. Además de lo citado anteriormente, algunos cines y contadas actuaciones musicales y teatrales, teniendo uno de los mejores teatros de Latinoamérica, el Teatro Nacional Rubén Darío. En este terreno también le supera San José, donde sí se evidencia una mayor oferta de actividades culturales, museísticas y de participación ciudadana. De igual manera los josefinos se enorgullesen de su Teatro Nacional, una joya arquitectónica que no se debe olvidar de visitar.

En cuanto al clima, los josefinos disfrutan de una temperatura templada que ronda los 25º durante todo el año. Los managuas, en cambio, viven en una de las capitales más cálidas de Centroamérica, por su altura fácilmente se alcanza los 35º. En cuanto a número de habitantes es una cifra prácticamente compartida, las dos rondan los 2,6 millones de personas en sus áreas metropolitanas.

La gastronomía de las dos ciudades es muy parecida. No obstante, en Managua se puede disfrutar de una cocina más tradicional, que aún conserva sus rasgos característicos, todo lo contrario que en San José, donde los platos internacionales han tomado posesión como ciudad más avanzada. Pero no todo está del lado tico, mientras estos acusan a los managuas de ser perezosos, entre otros calificativos, los de managua tachan a los josefinos de ser tacaños y poco sinceros. Cierto o no, supongo que no sería justo generalizar. Sin embargo, como visitante imparcial pondré a los managuas a favor de mi balanza, por el trato y atención al visitante. Mientras que en San José era necesario pedir a varios viandantes el favor para conseguir que me tomara solo uno de ellos una foto con mi cámara, en Managua a la primera petición estaban predispuestos con una sonrisa en los labios. En esta cuestión, la calidez y gentileza de los nicas superó a la de los ticos.

domingo, 17 de octubre de 2010

Malditos en el nombre de Dios (2ª parte)


Si ya es difícil vivir en cualquiera de los países en desarrollo, con todas las carencias y necesidades que sufre la población, más cuesta arriba se pone poder sobrevivir dignamente para el colectivo de enfermos mentales, que se encuentra entre los grupos más marginados de la sociedad. Como expongo en la primera parte de esta mirada, además del rechazo que sufren públicamente, apartados de la sociedad como si de apestados se tratara y, en el mejor de los casos, aislados con ese sobrenombre vergonzoso que llevan como añadido a su lamentable realidad, "endemoniados", también padecen el olvido y la exclusión que les brindan las políticas de desarrollo destinadas a la reducción de la pobreza. Una evidente realidad que denuncia la OMS, la Organización Mundial de la Salud.

En un informe que divulgó la ONU hace unos meses, afirma que más del 80% de los enfermos con desórdenes mentales y discapacidades intelectuales carecen de tratamientos adecuados a sus condiciones o necesidades, y mucho menos tienen oportunidad de acceder a actividades educativas y laborales para desarrollar sus potenciales como seres humanos. Es una penosa e injusta realidad la que viven estos maldecidos por la sociedad y por los dioses que veneramos, que son víctimas de la ignorancia y el fundamentalismo religioso, además del problema familiar que, como un estigma, supone convivir con este duro padecimiento mental en alguno de sus componentes.

Si el apartado sanitario, el de los tratamientos medicinales y centros hospitalarios adecuados, es deficitario en los países pobres o subdesarrollados, el educativo y laboral no es menos alarmante, en mi opinión de la misma importancia que el hospitalario o medicinal, o quizás más. Aún hoy se desconocen la mayoría de las causas que provocan estas dolencias mentales provenientes del cerebro, un autentico desconocido en la medicina de nuestro tiempo. De igual manera, el apartado laboral va unido al educativo, es parte de esos tratamientos psicológicos, además de la importancia económica que tiene para los enfermos que no disponen de otra fuente económica que les permita sobrevivir. Referente a estos datos laborales, también la ONU indica en el mismo documento que la tasa de desempleo de las personas que padecen enfermedades mentales alcanza el 90%. Las organizaciones sanitarias mundiales y los que trabajan en materia de desarrollo deben de volcar sus energías en revertir estos datos, deben de prestar una mayor atención a esta realidad que sitúa a los enfermos mentales en el escalafón más bajo de cuantos están por debajo de los límites de la dignidad humana.

Desde luego que se trata de un reto enorme, el de revertir esta situación en la que viven muchas personas en el mundo, un reto de gran importancia, si tenemos en cuenta que una de cada cuatro personas en el mundo padece algún tipo de trastorno mental a lo largo de su vida. Así mismo, el informe de la ONU resalta que este tipo de enfermedades representan entre el 8,8% y el 16,6% de las dolencias en los países de ingresos bajos y medios, respectivamente.

Siguiendo el ejemplo de Nicaragua, que daba pie a este artículo referente a quienes sufren de algún tipo de trastorno mental, continuaré con otro país que le arrebata el protagonismo en cuanto a pobreza se refiere en Latinoamérica. Haití es el país más pobre de todo el continente y esto también se refleja en la calidad de vida de sus enfermos mentales. Desde que la capital, Puerto Príncipe, fue destruida el 12 de enero, uno de los mayores centros públicos para enfermos psiquiátricos, el hospital Mars & Line, se ha convertido en una perrera, en una pocilga donde malviven algunos de los internos que no tienen familiares que se hagan cargo de ellos. De los 80 internos que albergaba el edificio, la mayoría se fueron con sus familias, casi todos a vivir en la calle, donde duermen la mayor parte de la población desde que el terremoto los dejó sin viviendas. Sin embargo, algunos de ellos no tienen a donde ir, ni quienes los cuiden, los protejan o los reclamen y han continuado viviendo entre las ruinas del antiguo hospital.

Siete hombres y una mujer, casi todos menores de 30 años, duermen bajo las ruinas que quedan en pie, sobre los escombros que cubren el solar de lo que un día fue el centro que los acogía. Expuestos a que un nuevo temblor termine por sepultarlos en algunas de las habitaciones, donde un puñado de profesionales les siguen atendiendo en lo que pueden. Es fácil de entender que no disponen de medicinas u otras necesidades médicas... si ni siquiera tienen para comer y alimentarse cada día. Ahora, el jardín de la entrada al psiquiátrico se ha convertido en el hogar de muchas personas que no tienen donde ir, viviendo bajo los sombrajos que instalaron meses atrás. Paradojas de la vida, tienen que suceder estas tragedias para que los enfermos mentales se pongan a la misma altura social de quienes no sufren este tipo de trastornos.



jueves, 14 de octubre de 2010

Malditos en el nombre de Dios (1ª parte)


Por estos días, que corren a una velocidad de vértigo por el calendario de octubre, disfruto del acogimiento que me brindan en Nicaragua, con un trato amable y cálido como nadie en ningún otro lugar de los que visité. No es que los demás lugares me merezcan desconsideración, no es así, no se trata de comparación. Los nicaragüenses tienen grabado a fuego en sus genes ser agradables y amables en el trato directo. No hace falta conocerse de nada para cruzarse caminando por la calle y recibir un saludo respetuoso con una sonrisa en los labios. Algunos nicaragüenses, managuas, me cuentan que su capital no tiene una personalidad propia, que no es precisamente una ciudad hermosa, que resulta caótica para muchos visitantes que se deciden por recorrer sus calle... Es posible que así sea, que tengan parte de razón sus propios pobladores. Sin embargo, Managua, Nicaragua en toda su totalidad, tiene un embrujo no identificado que hechiza al visitante, o al menos eso me sucede a mí cada vez que piso estas tierras después de cruzar el Atlántico que nos separa.

Como ya he contado en otras ocasiones, sigo a diario las noticias que acontecen en este país que me hace sentir bien cuando lo visito, lo hago a través de las ediciones digitales o electrónicas de sus dos diarios más conocidos. Así que cuando me encuentro entre estos lagos y volcanes que me rodean dejo a un lado la costumbre cotidiana y salgo temprano a la calle, a tomar un riquísimo café nica mientras leo las noticias del día en versión impresa. Un ritual pausado que llevo a cabo entre sorbo y artículo, y que me hace disfrutar de unos momentos placenteros cada mañana.

Por supuesto que no todo lo que reflejan sus páginas son noticias agradables, en eso existe poca diferencia con otras comparaciones, las noticias desagradables ocupan una parte importantísima en todos los diarios de todo el mundo. Una de estas noticias que hoy reportaba el Nuevo Diario nicaragüense titulaba con una frase que al principio me resultó relacionado con la delincuencia, "Amarran a jovencito por supuesta posesión". Lo primero que se me vino a la mente antes de leer lo que contenía la noticia fue que aquél jovencito portaba drogas o algo por el estilo, y que lo amarraron o detuvieron mientras se lo llevaba la policía o eran éstos los que ya lo habían detenido amarrándolo. Pero no era así, me traicionó la manera que tienen los periodistas en España de expresar las detenciones de la policía por posesión de drogas. El titular se refería a una posesión diabólica y la foto que acompañaba la noticia mostraba a un joven atado de manos y tumbado sobre un banco de madera con la cabeza girada hacia un lado.

Si confuso y desorientado me dejó en un principio el titular, más fuera de lugar me dejó el contenido periodístico que ofrecían las columnas. Uno no es falto de conocimiento para entender que los países pobres no tienen recursos suficientes para cubrir los gastos que generan todas las atenciones médicas que necesitan, no sólo los enfermos mentales si no todos los enfermos en general. Tampoco se cumplen todas las carencias respecto a los enfermos que sufren de estas dolencias psíquicas en otros países más desarrollados y que disfrutan de una atención médica más de acorde con las necesidades de la población, por mucha atención que se tuviera nunca sería suficiente para estas complicadas enfermedades de la mente que necesitan de tantas atenciones humanas y profesionales. No podemos olvidar que se trata del segundo país más pobre de toda América Latina, y este detalle no sólo se aprecia en las estadísticas oficiales, también en el día a día y con una simple mirada alrededor.

En todo Nicaragua solo existe un único hospital destinado para este tipo de enfermedades, el Hospital Psiquiátrico de Managua, insuficiente para atender a los más de 500 pacientes que requieren atención cada año, pues sólo dispone de 160 camas. Pero el problema no queda ahí, se agrava cuando nos ponemos a considerar el costo de los medicamentos, pues sólo existe un centro de salud en toda Managua, el "Pedro Altamirano", donde se brindan gratuitamente; cada tratamiento ronda entre los 1.000 o 3.000 córdobas cada mes, que al cambio en dólares serían aproximadamente entre los 50 y 150. A esto habría que sumarle el precio de cada consulta médica, que oscila entre los 500 o 600 córdobas (la moneda nacional), 25 0 30 dólares, demasiado para un país donde la mayoría de la población sobrevive con algo más de un dólar al día.

Esta es una radiografía sobre la atención médica real en el país, pero lo que más me impresionó de la noticia no fue precisamente este apartado de necesidad sanitaria, si no la parte espiritual, la emocional, la que aún hoy continúa considerando a estos enfermos como endiablados, como absorbidos por el diablo. La ignorancia de las personas, en cualquier parte del mundo, les lleva a cometer tales aberraciones que nos hacen sentirnos culpables de los padecimientos que sufren los enfermos mentales en sitios tan remotos y alejados de una educación real, más en consonancia y basada en perjuicios religiosos como si estuviéramos aún anclados en plena inquisición en el siglo XVI. Lo más doloroso y bochornoso, además de las necesidades económicas y de atención médica que padecen estas personas y por añadidura también sus familiares directos, es la influencia que ejercen los religiosos, en este caso la pastora de la Iglesia Evangélica de Dios de El Realejo, María Auxiliadora Castro, que dijo que, además de Christopher, su hermano Manuel de Jesús y la madre de ambos también están poseídos pero en menor intensidad.

Christopher tiene 19 años y hasta ahora parecía un chico normal que trabajaba en el campo, que no tiene ningún vicio a destacar ni tampoco ha sufrido enfermedades. Desde hace 15 días aproximadamente se ha vuelto violento, voltea los ojos y grita, un extraño comportamiento que ha llevado a que sus familiares le aten de pies y manos ante el temor de que pueda ser peligroso su comportamiento para con los demás familiares. La pastora evangélica en cuestión, que para mi punto de vista es la que no sólo tenía que estar amarrada, si no detenida por la autoridades civiles, por la influencia que ejerce sobre estas pobres e ignorantes personas, también dijo que cuando lo llevaron al templo el joven convulsionó, señal inequívoca de que se trata de un caso de posesión diabólica, es por lo que ha aconsejado a sus familiares que no le suministren alimento alguno, sólo refresco para la sed, porque la falta de alimento hará que la posesión disminuya y se torne débil.

viernes, 8 de octubre de 2010

La patria aviesa


Anteponer los intereses de uno por delante de los de la patria es un hecho reprochable por todos los ciudadanos de adentro de nuestras fronteras, e incluso, dependiendo de cómo sea el atrevimiento alcanza una difusión e importancia que supera a otros comportamientos humanos de índole más vergonzosa aún que el de la traición. La patria es la madre, el mayor de los orgullos de cualquier ciudadano, al menos así se supone y, por encima de casi todo, exige respeto de solemnidad. Pero... ¿Qué ocurre cuando quien lleva a cabo la traición es la patria contra sus ciudadanos, la madre contra sus hijos?

La patria es la casa que nos acoge a todos, el techo que preservamos y defendemos ante cualquier contrariedad. Sin embargo, quienes dirigen o gobiernan el buen funcionamiento de la patria son ciudadanos tan vulnerables y humanos que, como cualquier otro, andan siempre al filo de la legalidad y la honradez, al borde del precipicio que deja ante sus pies a la honorabilidad. Es ahí, al traspasar las fronteras éticas, incluso excusándose en el interés general de los ciudadanos, cuando la traición se consume y la madre se transforma en madrastra, incluso al anteponer o sacrificar a uno de sus hijos por salvaguardar a otros. Esta actitud bien podría entenderse, he incluso aceptarse por el bien de los demás hermanos que acoge el techo patriótico. No así, cuesta aceptar cuando esta traición se lleva a cabo sin obtener a cambio un fruto general y necesario, de lo que todos sus hijos se beneficien, si no que los beneficiarios son privados o particulares y, en todo caso, aunque sea a beneficio general, tiene que apoyarse en una causa suficientemente importante como para sacrificar a los hijos hasta con la propia muerte.

A toro pasado y hace unos días, nos enteramos en todo el mundo de la traición que sufrieron algunos patriotas estadounidenses por parte de sus gobernantes en la década de los 40. Después de 64 años, la investigadora de la Universidad de Weliesley, Susan Reverby, nos reveló con sus trabajos a muchos ignorantes de estos casos, que el Servicio de Salud Pública norteamericano utilizó a sus conciudadanos como cobayas. El caso "Tuskegee", para serles sincero, no me resultó extraño. No es nueva esta actitud miserable, comparable a la que llevaron los nazis contra todos los que no fuesen de la raza aria, negros, gitanos, judíos, polacos, comunistas... Si el doctor Mengele ("el ángel de la muerte") nos provoca sentimientos de rabia e impotencia con sus experimentos criminales, no menos es lo que surge cuando uno lee estos abusos contra los colectivos más vulnerables, como lo eran los negros de aquella época en el "país de las libertades", y más aún si éstos eran pobres o pertenecientes a colectivos como los enfermos mentales, presidiarios o prostitutas.

Los experimentos se llevaron a cabo en el estado de Alabama a lo largo de los años 40, observando el progreso de la sífilis y la gonorrea en las personas que fueron utilizadas como conejillos de indias, inyectándole la enfermedad venérea directamente. En las últimas décadas el gobierno de los Estados Unidos ha estado ensayando más de 40 estudios en el terreno nacional, siempre de forma ilegal y oculta a las víctimas que fueron utilizadas.

Como digo anteriormente, esta noticia no me sorprende en demasía, si hacemos caso de las leyendas que circulan públicamente sobre otras enfermedades que se crearon o propagaron con intereses siempre deleznables, como el SIDA, que según estiman algunos especialistas se fue contagiando por vía intravenosa en las cárceles de los Estados Unidos; o más recientemente la gripe A (H1N1), de la que los laboratorios farmacéuticos hicieron negocios multimillonarios creando una alarma social a nivel mundial, que hizo invertir a los gobiernos de todo el mundo en vacunas que no sirvieron para nada, con el hambre que se podría haber quitado del planeta con ese costo.

Pero si esta actitud de la patria estadounidense con sus hijos nos resulta bochornosa, más perversa y desvergonzada me parece que no se quedaran dentro de sus fronteras patrias, si no que, como es costumbre en ellos, con su prepotencia paternalista y complejo de superioridad, se atrevieron a cruzar sus fronteras para continuar con sus ensayos en otro país de los injustamente llamados del tercer mundo. Guatemala se convirtió en el laboratorio a coste cero de la prepotencia norteamericana por aquellos tiempos en los que llevaron "al infierno" a los negros de Alabama. La buena labor de investigación de la doctora Reverby dio sin proponérselo, mientras investigaba el caso Tuskegee, con los informes de los ensayos llevados con el mismo fin en Guatemala. Si en Alabama fueron alrededor de 400 las personas utilizadas en los experimentos, en el país centroamericano casi se doblaron en número, llegando a los 696 casos. Estas son las cifras que estima el gobierno norteamericano, por parte guatemalteca se dice que los damnificados fueron 1500 personas. También aquí los elegidos fueron del mismo tipo social o colectivos marginados, pobres, enfermos, presidiarios y prostitutas. La administración Obama no ha tenido más remedio que salir a la palestra y pedir disculpas por las atrocidades cometidas contra los ciudadanos guatemaltecos. Hillary Clinton telefoneó al presidente Álvaro Colom para disculparse por el cruel estudio llevado a cabo con ciudadanos guatemaltecos por la Organización Panamericana de la Salud, además de los institutos nacionales de la salud estadounidenses y la Casa Blanca.

La reacción pública del gobierno guatemalteco ha sido como debería de esperarse, calificando de espeluznantes los experimentos llevados a cabo con sífilis y gonorrea sin el consentimiento de los contagiados, aseverando que fue una fuerte violación de los derechos humanos y que su país se reserva el derecho de la denuncia ante las instancias internacionales correspondientes para exigir una indemnización por los daños causados. Estas son las lógicas reacciones gubernamentales, pero mucho me temo que, aunque Guatemala reciba una contraprestación o indemnización acordada con el gobierno estadounidense, nunca será lo justo, entre otras razones porque nunca el coste será suficiente como para que en el futuro continúen utilizando a los ciudadanos como cobayas, o traicionando a los hijos de la nación como madrastra cruel.

sábado, 25 de septiembre de 2010

Marabunta centroamericana


Hace apenas unos años la palabra Mara tenía para mí un significado meramente femenino, un nombre de mujer, aunque inocuo para mis recuerdos, no existía nadie que conociera con ese nombre. Fue así hasta que mi amigo Néstor, argentino de nacimiento y con sangre malagueña por sus venas, puso ante mí vía Internet un archivo de música de Víctor Heredia, también con este nombre de mujer. Mara es una hermosa canción que su autor dedicó a su hermana, desaparecida durante la dictadura de Jorge Rafael Videla, una de tantas personas que desaparecieron para siempre durante la cruel etapa militar que gobernó Argentina entre 1976 y 1981. Desde entonces, cada vez que la oigo se me eriza la piel y se pe ponen los bellos como escarpias, me emociona y hace que florezcan mis sentimientos más puros, me embarga la sensibilidad y me hace sentir como si Mara hubiera sido mi propia hermana. Una canción llena de ternura, de amor, y, aunque suene contradictorio, de esperanza.

Pero Mara ya no me trae al pensamiento sólo la canción de Víctor Heredia, de unos años a esta parte la misma palabra se ha tornado en dualidad, como el extraño caso del doctor Hekill y Mister Hyde, con doble significado y radicalmente opuestos. Actualmente decir Mara para la mayoría de los habitantes del planeta es sinónimo de violencia, de extorsión, de terror, de sangre, de muerte. Un premio injusto y cruel para los ciudadanos de los tres países que sufren esta plaga antisocial, Honduras, Guatemala y especialmente El Salvador, donde las pandillas se han convertido en un asunto extremadamente peligroso, hasta el punto de poner en jaque al propio gobierno de la nación.

Mara es la abreviación de marabunta, la hormiga devoradora de la Amazonía. Actualmente más de 7.000 pandilleros están presos en las cárceles de El Salvador, aunque se estima que pueden haber actuando libremente por las calles del país entre 9.000 y 20.000 más. Las más famosas de estas pandillas son la Mara 18 y la Mara Salvatrucha, que surgieron en los barrios latinos de Los Ángeles, en la década de 1980, y se extendieron a Centroamérica por las deportaciones de miles de inmigrantes llevadas a cabo por el gobierno de los Estados Unidos. Pero no sólo son estas dos pandillas, otras de menos renombre también ejercen con la misma crueldad y violencia, como MS 13, Mara Maquina o Mara Mao Mao.

Según la directora del Instituto de Opinión Pública de la Universidad Centroamericana (UCA), Jannet Aguilar, en declaraciones a la AFP, las investigaciones realizadas durante 15 años demuestran que las pandillas son el resultado de la confluencia de factores de orden social, económicos, políticos, institucionales y geopolíticos. El resultante de familias disfuncionales que no asumen su papel de tutela y de los estados que privilegiaron la represión y no alentaron verdaderas oportunidades educativas y laborales.

Donde el fenómeno ha tomado mayor fuerza, en El Salvador, las maras se han convertido en verdaderas organizaciones mafiosas, implicadas en tráfico de droga, de armas, extorsión y secuestros, también se les atribuyen a ellas gran parte del alto número de homicidios que se dan en el país, una media de 13 al día. Es tanto lo que supone el problema para el gobierno salvadoreño que se ha promulgado una ley para intentar atajar la expansión de este mal social. Esta ley de proscripción de maras, pandillas, agrupaciones, asociaciones y organizaciones de naturaleza criminal conocida como "antimaras", fue aprobada por el Parlamento el pasado 1 de septiembre y sancionada nueve días después por el presidente Mauricio Funes, que descartó negociar con los pandilleros ante el pulso que éstos le presentaron, cuando a comienzos de este mes impusieron un paro de autobuses durante tres días, tratando de impedir la promulgación de la ley que las proscribe. La ley las deja en la ilegalidad y les fija penas de prisión por el sólo hecho de pertenecer a alguna de estas organizaciones, de siete a diez años para sus líderes y de seis años para los otros miembros.

De igual manera, quedan facultados la fiscalía y los jueces competentes para ordenar la inmovilización de las cuentas bancarias e incautar los bienes relacionados con sus actividades delictivas. En Guatemala, por ejemplo, tres de cada diez guatemaltecos son extorsionados en el país, a viviendas, comercios y pasajeros del transporte público, unos delitos que les generan a los pandilleros alrededor de 8.75 millones de dólares anuales. Sólo en lo que va de año se han tramitado 3.601 denuncias sobre casos de extorsiones y, de ese total, 2.387 se llevaron a cabo en el departamento de Guatemala, que incluye la capital. También en lo que va del 2010 han sido desarticulados 27 grupos dedicados a estos asuntos delincuenciales, lo que dio como resultado la detención de 344 personas. El 80% de las extorsiones se hacen al azar desde el interior de las cárceles y a través del teléfono.

Ahora el temor, ante la ley antimaras salvadoreña, es que los pandilleros huyan hacia otros países vecinos y agraven la situación, como es el caso de Honduras y Guatemala, o a la cercana Nicaragua, donde hace sólo un par de días ya detuvo la policía al líder de una de estas maras cuando cruzaba la frontera. Aún así, no queda otro remedio que poner fin a estas actitudes antisociales que amenazan a los ciudadanos indefensos, las únicas víctimas, de la dejadez de los gobiernos que no sólo no previenen la creación de estos movimientos delictivos si no que, además, también los dejan indefensos cuando se hacen realidad. Únicamente se atreven a dar la cara al problema cuando es a ellos a quienes acorralan. Esperemos que la iniciativa de Mauricio Funes no caiga en saco roto y se sumen a ella otros gobiernos afectados, por la paz y tranquilidad de sus ciudadanos.