sábado, 26 de diciembre de 2009

Cuento triste (por navidad)


Érase una vez un hombre que vivía feliz en un mundo feliz, su felicidad radicaba en la ignorancia, en el desconocimiento de lo que sucedía en otros países y lugares del mundo menos felices. Él creía que su mundo, y lo que le rodeaba, era una imagen calcada al de otros hombres y mujeres de otros lugares, tal vez por eso nunca se preocupó de conocer la realidad de los seres que vivían en el planeta. Su mundo era tan feliz que nada le hacía inmutarse ante la posibilidad de que otras personas no fueran tan felices como él, ni siquiera le preocupaba que su propio futuro estuviera en riesgo de acabar con aquella felicidad en la que estaba inmerso, era tan feliz... Hasta que cierto día de navidad, al salir de su hogar, encontró un diario junto a su puerta, hacía tantos años que no se preocupaba por lo que sucedía en el mundo que aquellas páginas impresas le provocaron curiosidad por lo que pudieran contener. -¡Un diario!- exclamó al encontrarlo sobre el felpudo de su puerta, medio cubierto por la nieve caída la noche anterior. No pudo contenerse y se atrevió a indagar, a navegar por entre las noticias que traían el diario de la mañana.

Lo desplegó y el primer impacto fue la foto del papa Benedicto XVI "desparramado por los Suelos", junto a un mar de agentes de seguridad vestidos de negro que parecían sujetar a una mujer de rojo. "Una mujer desequilibrada mental derriba al Papa por los suelos", la noticia continuaba tras el titular diciendo que sólo pretendía abrazarlo, al igual que algunos años antes que también lo intentó, sólo que en aquella ocasión el Papa alemán apenas se enteró de la intención de la italo-suiza, que quedó ingresada en un hospital bajo control médico. Curiosamente, bajo aquella foto del Papa desparramado, aparecía otra más pequeña de Berlusconi, con la cara ensangrentada y algunos dientes de menos; era fruto del ataque sufrido por otro desequilibrado mental días antes. Berlusconi decía no entender el por qué tanto odio hacia él, algo que tampoco entendía el hombre feliz mientras leía la información periodística.

La felicidad de aquel hombre parecía no sentirse afectada por las primeras noticias que continuaba encontrando reflejadas en el papel, "Otros dos obispos irlandeses dimiten por los abusos a niños". Ante este titular quedó algo contrariado, y aunque extrañado, se adentró en el contenido de la noticia esperando encontrar en ella una explicación lógica, pero, lejos de encontrar la respuesta esperada a sus dudas, halló que no eran dos los religiosos implicados en tales abusos, si no que fueron muchos más y durante muchos años, décadas, unos abusos sexuales generalizados a niños que las autoridades eclesiásticas habían encubierto durante 30 años, por parte de algunos religiosos. En la misma página, en la columna de la derecha, otro titular le atrajo sobremanera, "Marcha contra el hambre en Argentina".-¿Cómo es posible que exista el hambre?-se preguntaba el hombre feliz al leer aquella frase, él que pensaba que el hambre estaba erradicado del planeta... Al leer el contenido de la columna descubrió que en Argentina el hambre lo sufrían el 7´3% de la población, 1,8 millones de personas, pero su sorpresa fue mayor cuando descubrió que sólo en América Latina mueren más de 100 niños al día por diarrea, que 85 millones de personas viven aún sin agua potable en sus viviendas y que 38.000 son los que mueren al año por enfermedades intestinales fácilmente prevenibles.

La felicidad del hombre feliz comenzaba a resquebrajarse, Cómo era posible aquella situación, él que creía que nada de esto pudiera estar sucediendo a estas alturas de la humanidad y resultaba que aún quedaban personas en el mundo que no eran felices, y eso que desconocía los miles de millones de personas que pasan hambre cada día en el planeta. El número de muertos sucedían según iba leyendo noticias, 20 muertos por disparos de arma de fuego en Guatemala, en la celebración de la "noche buena"; 23 personas fallecidas en varios ataques terroristas perpetrados en Bagdad; un coche bomba mata a cinco personas en Kabul; otro ataque terrorista mata a 20 personas en Pakistán... Un baile siniestro de números se acumulaba ante los ojos del hombre feliz, perplejo de lo que estaba descubriendo. La foto que vino a continuación le retuvo, no precisaba si lo que nublaba la imagen de aquellas grandes chimeneas industriales que mostraba la instantánea era eso, humo, o la nieve que caía copiosamente sobre el paisaje, las dudas se disiparon cuando leyó, "Una gran tormenta de nieve causa 18 muertos en el centro de EE UU", esta fue la noticia con la que se adentró en los problemas que causa el cambio climático que el hombre feliz desconocía, no tenía conciencia de que el clima en el planeta fuera un problema tan acuciante y causante de tanta alarma para la población mundial. Sin embargo, también pudo comprobar que no parecía tal para los gobernantes responsables, que después de más de dos semanas reunidos en Copenhague, 192 países, no consiguieron un mínimo acuerdo para poner fin a este problema común, los intereses propios de cada país, cínicamente, se sobreponían ante un mal que nos dejará sin hábitat para sobrevivir a la especie humana más pronto que tarde.

El hombre feliz continuaba perplejo leyendo lo que resultaba como una broma macabra en el día de los "santos inocentes", ni siquiera podía imaginar que aquellas noticias fueran la realidad que el mundo vive cada día. Pero aquellas páginas no cesaban en mostrar la tristeza que rodea al mundo, las injusticias continuaban con las privaciones de libertad, en el caso de los activistas saharauis, no solo en el de la señora Haidar, que gracias a la presión internacional conseguía que Marruecos respetase su derecho a regresar a su tierra, que ilegítimamente ocupa el reino alauí, si no a otros disidentes también saharauis que luchan por la libertad de su pueblo. Algo más a la izquierda, la foto de un hombre de nacionalidad china, Liu Xiaobo, que ha encontrado la condena a 11 años de cárcel en su país, por haber publicado en Internet artículos críticos con el Partido Comunista Chino pidiendo democracia; bajo esta columna, escuetamente, aparecía una crítica sobre la explotación laboral infantil, una injusticia que sufren millones de niños en el mundo, para beneficio de las grandes compañías multinacionales de ropa, zapatos, juguetes...

El hombre feliz lo iba siendo menos según avanzaba páginas, habían bastado algunos minutos para tirar por tierra aquella felicidad ingenua que disfrutaba, creyendo que "todo el monte era orégano", que todo el mundo era tan feliz como él y que las necesidades e injusticias sólo formaban parte de los cuentos de terror pertenecientes a otros tiempos pasados. El hombre feliz había regresado a la realidad y comprendió que ya nunca más sería tan feliz como antes, que su conciencia no le permitiría ignorar aquella realidad descubierta por casualidad, cuando aquella mañana navideña, radiante de felicidad, se disponía a disfrutar de la vida ignorando los sufrimientos que millones de personas padecen en otros lugares menos felices.
Y colorín colorado, este cuento... probablemente continuará.

sábado, 19 de diciembre de 2009

Espíritu de superación


Dicen que en los momentos más importantes de la vida de las personas pasan por nuestras mentes, en forma de recuerdos, todo lo acontecido anteriormente hasta llegar a ese momento significativo. Y si algo de verdad tiene este dicho, es muy probable que al atleta español, nacido en Etiopía, le ocurriera lo mismo hace tan sólo unos días cuando ganaba el campeonato de Europa de cross. De hecho, ser campeón en cualquier deporte ya tiene su mérito, llegar hasta donde muchos no lo consiguen ni siquiera dedicándole todo su esfuerzo, pero en el caso de Bezabeh es distinto y más meritorio aún, si cabe. Probablemente, cuando cruzaba la meta en Dublín, Alemayehu Bezabeh recordaría todo lo mal que se le presentó la vida anteriormente, todos los apuros y penurias que tuvo que pasar hasta lograr su sueño.

Rara vez escribo sobre temas que no sean referentes a problemas sociales o injusticias, pero el caso de este etiope nacionalizado español, desde hace dos años, merece no solo mi respeto si no también toda mi atención. La trayectoria de Bezabeh es un ejemplo para todos, para los que ven en él la posibilidad de alcanzar el sueño más deseado, y sobre todo, para los que ven en los emigrantes solo puntos negativos, como la delincuencia o los gastos que cuesta al país mantener su seguridad social o la creencia de que nos quitan los puestos de trabajo. En definitiva, los emigrantes siempre nos dan más de lo que nosotros les concedemos, como es el caso de Bezabeh.

Es la primera vez que España consigue el campeonato de Europa de cross y es un título que hay que agradecerle a un inmigrante de 23 años, que ni siquiera él sabía con exactitud el año en que nació. En su documento nacional de identidad puede leerse que fue el 1 de enero de 1986, pero este no es más que un dato concluso de pruebas médicas para poder conocer su verdadera edad. Y aunque su historia no es la de tantos emigrantes que pasaron penurias cruzando fronteras y siendo víctimas de las mafias que especulan con su suerte y hasta con sus vidas, sí tiene todos los tintes de cualquiera de ellos, de los que recorren las ciudades españolas buscando un trabajo, un plato de comida o un techo donde poder resguardar sus huesos del frío y la intemperie, o de los indecentes que se divierten a su costa cuando los encuentran durmiendo en cualquier rincón refugiado entre cartones.

Alemayehu admiraba a los atletas españoles y vino desde su país invitado a competir, le surgieron algunos problemas con su pasaporte y decidió quedarse, pero... ¿quien dijo que iba a ser fácil? Tuvo que dormir en los parques de Madrid y sin conocer a nadie ni saber nada de español. Sin embargo, la providencia siempre nos brinda una oportunidad en la vida para salir de los peores momentos y situaciones, en el caso de Bezabeh fue el encuentro con otro compatriota suyo, Fakidu Bekele, antiguo campeón del Maratón Popular de Madrid. Fakidu llegó a la Asociación Karibu, de acogida a los africanos, diciendo: "He conocido a un chico de mi país tirado en un parque, ¿podemos hacer algo por él? Necesita abrigo y algo de dinero". Después le enseñaría el club atlético en donde desarrollaría todo su talento.

En Karibu le ayudaron a sobrevivir y le colocaron en un piso de acogida en la zona de Delicias, junto a otros africanos, un piso para los que no han cumplido los 18 años pero sí terminaron su tutela. Sin duda, el apoyo que recibió de su club, el Bikila, fue fundamental para sus triunfos, que no pararon de llegar uno tras otro, le prestaron toda su ayuda y le asesoraron dónde conseguir los papeles de residencia en España. Cuando pudo competir le apuntaron al Nacional sub-23 de Valladolid e hizo un buen papel. Al principio no ganaba pero sí eran buenas las posiciones en que quedaba. Aunque la reciente ha sido la mayor e importante victoria que Bezabeh ha tenido, no le ha reportado nada de dinero, tan solo bonos de la marca deportiva que le viste. Sin embargo, para él, este triunfo no es el momento más feliz que haya tenido, queda reservado para el día en que le concedieron la nacionalidad española. En los juegos de Pekín quedó undécimo en los 5.000 y ese puesto le valió para mejorar su beca ADO hasta los 17.000 euros anuales que cobra ahora.

No obstante, no es único el caso de Bezabeh en el deporte español, también en el diario Público he podido encontrar referencias de otros deportistas inmigrantes que sin duda darán gloria a nuestro país, como son el caso de Ana Izurieta, gimnasta artística de Guayaquil, Ecuador, que llegó a España de manos de sus padres que buscaban un futuro mejor; Frank Casañas, discóbolo nacido en Cuba, que escapó de la isla para casarse con la lanzadora de martillo gallega Loli Pedralbes; Glori Alozie, nigeriana, campeona de 100 vallas en los europeos del 2002; Niurka Montalvo, saltadora cubana, oro en longitud en los mundiales de Sevilla 99; Joan Lino, atleta, bronce en Atenas 2004... Y así hasta 173 becados que ponen su espíritu de superación al servicio y beneficio de España, el país que los acoge. ¿Quien dijo que los emigrantes solo restaban?







sábado, 12 de diciembre de 2009

Techos de cartón


Sólo un día a la semana, alternándolo, faltaba Carmen cruzando el Puente Romano desde hacía 25 años, de ida a trabajar poco antes de que amaneciera, de vuelta con los últimos rayos de sol de la tarde, y nunca antes había encontrado tanto bullicio de sirenas, de ambulancia sanitaria y policiales. Ni siquiera cuando el puente estaba abierto al transito rodado y prácticamente toda la población del Campo de la Verdad y del Sector Sur lo cruzaba para acudir y regresar a otros puntos de la ciudad. La única vez que encontró algo parecido fue al final de la década de los ochenta, cuando un cordobés desesperado decidió quitarse la vida arrojándose al río Guadalquivir y con una grúa de vehículos sacaban los bomberos el cuerpo sin vida de entre las aguas, aquel suceso le vino a la memoria cuando rodeó la Torre de la Calahorra y, a lo lejos, se encontró con el revuelo de luces intermitentes y giratorias a la mitad del puente, a la altura de la imagen en piedra del protector de la ciudad el arcángel San Rafael.

-¿Que habrá sucedido?- se preguntaba para sí, bien abrigada, con la bufanda al cuello y la suave niebla dándole un aire de misterio a la escena. Con el bolso colgado al hombro y las manos en los bolsillos del abrigo, Carmen continuaba su paso ligero con la inquietud de no saber a qué se debía tanto alboroto de sirenas, vallas metálicas cerrando el paso y agentes de la seguridad prohibiendo la circulación de los peatones. Apenas una docena de personas aguardaban poder cruzar al otro lado del río mientras esperaban horrorizados que el juez diera orden del levantamiento del cadáver que yacía a los pies del arcángel pétreo, junto a las velas encendidas que le alumbraban, cubierto de pies a cabeza con un tejido color aluminio y un charco de sangre que se expandía como muestra de lo que parecía un asesinato.

Aquella jornada laboral fue interminable para Carmen. La imagen del cuerpo difunto tendido en el suelo y ensangrentado se convirtió en la única imagen que se pasaba por su mente. Pero la desdicha de aquel hombre asesinado la escogió a ella como testigo de los acontecimientos que siguieron al vil ataque en la madrugada por parte de tres individuos jóvenes, que no tendrían otra cosa más indecente que hacer que golpear hasta la muerte a un pobre indigente que dormía entre cartones junto a la imagen religiosa del siglo XVII. A la vuelta del trabajo de nuevo halló a lo lejos vehículos policiales y una grúa que bajaba y subía a varios agentes con traje de buzo buscando entre las aguas del río. Carmen no preguntó que ocurría de nuevo, supuso que algo relacionado con el suceso de la mañana, la gente arremolinada como espectadores intrigados comentaban e incluso apostaban que no encontrarían el arma blanca homicida que acabó con la vida de Manuel, "El Cojo", y que supuestamente había arrojado al Guadalquivir uno de los asesinos tras el ataque.

Aquellos comentarios le dieron un vuelco al corazón de Carmen, Manuel "El Cojo" fue un compañero suyo en el hotel donde trabajaba, hacía casi un lustro que no tenía noticias de él ni tampoco podía imaginar que aquel cuerpo que dormía muchas noches bajo los cartones era el de su antiguo compañero de trabajo. Angustiada no quiso continuar ni un minuto más en el macabro lugar del asesinato. Camino de su casa las lagrimas de Carmen brotaban de dolor recordando a Manuel, que la vida lo puso a los pies del infortunio en forma de juguete para tres jóvenes hijos de familia de elevada posición social. Las últimas noticias que tenía de él eran referentes a su separación matrimonial, casi al tiempo de perder el empleo de conserje que tuvo durante años en el hotel. La mala situación económica lo llevó a quedarse sin vivienda y a comer y dormir de la caridad, en ocasiones dormía en albergues, pero la mayoría de las veces eran las estrellas las que se situaban por encima de los cartones que le cubrían. Manuel no era alcohólico, ni drogadicto, ni sufría enfermedades mentales que lo llevaran a la situación que padecía, sólo el infortunio fue el causante de su desdicha, el mismo que nos puede elegir a cualquiera de nosotros cualquier día que se le antoje como capricho, y ponernos a los pies de otra imagen religiosa implorando otra suerte más justa en esta vida.

Manuel "El Cojo", el protagonista de este relato imaginado, bien pudiera ser el indigente que muchas mañanas encuentro a los pies del arcángel San Rafael situado en el Puente Romano de Córdoba, durmiendo bajo cartones y la silla de ruedas, muestra de su discapacidad física, a su lado. Este también pudiera ser uno de los peligros que corren y a los que están expuestas las personas que tienen que vivir a la intemperie por carecer de un techo o vivienda digna que los acoja. Precisamente hoy me decidí a escribir sobre el tema por una noticia que me sobrecogió cuando caminaba antes de acudir al trabajo, las noticias de las siete de la mañana comentaban que habían encontrado el cadáver de un hombre en una calle de Fuengirola, Málaga. Era un indigente que conocían en el barrio y presentaba un hacha incrustada en la cabeza.

De repente me vino a la memoria la señora de 50 años que incendiaron en Barcelona tres jóvenes hace algunos años, cuando dormía refugiada en el cajero automático de un banco, la rociaron de disolvente después de golpearla e insultarla y le prendieron fuego. Gracias a la cámara de seguridad del banco la policía pudo detener a los asesinos y comprobar la brutalidad y sangre fría con la que actuaron. María Rosario, que así se llamaba, tenía estudios universitarios y una vida social llena de éxitos, además de reconocidas cualidades humanas sociales y laborales, pero también la vida la puso en esas circunstancias extremas. Según el diario El Mundo, entre 25.000 y 30.000 personas en España no tienen hogar donde vivir. El perfil tipo es el de un hombre, un 90,5%, con una edad media de 39,7 años y en busca de trabajo en más de la mitad de los casos. La ONU también indica que hay más de cien millones de personas sin hogar en el mundo, que viene a ser 1 de cada 60 seres humanos, los que carecen de una vivienda digna.








sábado, 5 de diciembre de 2009

La última colonia

"En Smara vivía Malud, en unas condiciones duras, pero como todos los niños que llegan de vacaciones no viven de la miseria, ni están hambrientos, ni suelen estar enfermos, no son niños que vengan de familias desestructuradas, todo lo contrario, son numerosas que viven en comunidad dándoles apoyo y cariño. La electricidad la consiguen con paneles solares y el agua de una manguera; la dieta está basada en arroz, pasta y legumbres; su ganado cabras, camellos y caballos. Los españoles tienen una deuda moral y una responsabilidad histórica con ellos, un pueblo tan independiente como solidario; los campamentos son matriarcados en donde apenas se ven hombres porque trabajan fuera o en el ejército.


Rafael y Laura decidieron y se pusieron en contacto con la asociación creada en Córdoba, el día de su llegada fueron a recibirlo al aeropuerto de Sevilla y procedente de allí llegaron en el tren de alta velocidad. Los aviones le impresionaron pero el ferrocarril le fascinó, era el primero que veía y alternaba el examen exhaustivo al interior del vagón con el paisaje de Andalucía. Los primeros días lloraba como lo hace cualquier niño de ocho años, pero pronto se integró y tomó confianza con la familia, mucha culpa de esto la tuvo la complicidad de Carlos, con un año menor que Malud y que le hizo el acercamiento más fácil. La lavadora dando vueltas con el jabón le dejaba embobado y con los grifos se aseguraba que quedaran bien cerrados para que no se fuera ni una gota.


El español dejó apartada la consola de videojuegos y el Saharaui le enseñó otros nuevos recreos que compartieron, a los árboles les tocaba las hojas y miraba con sensibilidad los bosques; la piscina le causó asombro por la cantidad de agua, lo mismo que la ducha, no entendía tanto derroche acostumbrado a la escasez del líquido elemento. La reacción más sorprendente la tuvo en la playa cuando vio el mar de Málaga, se sentó de cuclillas con las manos en la cabeza y se quedó varios minutos en reflexión. Los dos meses que vivió en Córdoba no sólo le sirvieron Malud para disfrutar y conocer otros lugares y país, también comió frutos frescos que no acostumbra y les vino muy bien para su desarrollo, se bañó en la playa, le hicieron una revisión medica por si sufría alguna enfermedad y en el caso de que así hubiese sido y de largo tratamiento, siempre con un informe medico, se quedaría en España para su tratamiento.


A Carlos le valió de mucho la compañía del niño Saharaui para valorar tantísimas cosas que no le dan importancia, como el agua, de la que su amigo le enseñó por qué debía cuidarla.

-¿Sólo en una ocasión vino de vacaciones? –Siniestro se interesó preguntando a Malud y éste le respondió: –Ésta fue su primera visita, pero seguramente repetirá en otros años venideros siempre que apruebe el curso en la escuela, el gobierno Saharaui exige este requisito para poder ir de vacaciones. Otros muchos también realizan sus estudios universitarios en España.

Muchas familias de acogida terminan visitando los campamentos y conociendo a sus padres, hermanos y demás parientes, es algo maravilloso, el lazo que se tiende entre las dos culturas y lo hermoso que puede llegar a ser el encuentro.


Si yo fuera persona! –exclamó Siniestro –Haría lo que Rafael, acogería a un niño en vacaciones y le daría la oportunidad de ver la vida desde unas perspectivas reales.

Y Malud le contestó:

-¡Eso mismo dicen muchos humanos, pero del dicho al hecho hay un trecho! Yo no creo que todos los Españoles se hayan olvidado de ellos, ni tampoco los gobiernos sucesivos, todos utilizan a los Saharauis cuando están en la oposición, unos más descarados que otros, pero al llegar al poder aparcan la causa hacia un lado para no molestar a los vecinos, siendo más importantes los acuerdos con Marruecos. ¿Cómo se le debe llamar a una madre que abandona a sus hijos en manos de un colindante, que los ha expulsado quitándole sus tierras y lo permite por unos intereses creados?

-¡No sé si eso tendrá nombre! –dijo Diestro.

–¡Ni nombre ni apellido! –continuó el zurdo del camarero -El de la península y el del Sahara son dos pueblos apegados, hermanados y recíprocos en simpatía, tanto los de allí como los de aquí, siempre son bien recibidos y queridos. España tiene la posibilidad moral de recomponer lo destrozado, ayudando a sus hijos que durante un siglo lo fueron, no sólo para conseguir la independencia de la ex colonia Española, también para avanzar en su desarrollo y así devolverles todo de lo que se apropiaron durante cien años. Sería un ejemplo de justicia."


Lo relatado anteriormente pertenece a un capítulo de mi primera novela "De Par en Par". En ella, un par de zapatitos coinciden con otros pares usados por distintos pies con historias vividas de diferente manera y, en este relato, los zapatos de un camarero cuentan una relación de amistad y convivencia entre una familia de mi ciudad, Córdoba, y un niño saharaui acogido en vacaciones. Estas experiencias de menores en vacaciones, no sólo en Córdoba si no también en toda la península española, pone en relieve el apego y el cariño existente entre el pueblo saharaui y los españoles, ciudadanos del mismo país hasta 1975, año en el que aprovechando el declive de la dictadura, moribundo Franco, el rey de Marruecos Hussein II anexoró dos tercios del territorio saharaui a Marruecos y el tercero quedó dentro de las fronteras mauritanas. Fue el fruto de la presión ejercida por un lado por el Frente Polisario para conseguir la independencia y por el otro por parte del régimen marroquí para adueñarse de un territorio que nunca le perteneció.

El Sahara Occidental es la última colonia africana en la actualidad. España se adueñó del territorio y su actitud durante ese siglo bajo dominio español no sólo fue lamentable si no vergonzoso, en todo ese tiempo sólo una persona acabó con estudios universitarios, es un ejemplo de cual fue el trato dado a este noble pueblo. Pero si lamentable fue la actitud recibida entonces, igual o peor es el trato recibido por parte de Marruecos, un régimen autoritario donde los derechos humanos no es más que una utopía. La ONU no reconoció ni a Marruecos ni a Mauritania como potencias administradoras del Sahara, fue el Frente Polisario el que proclamó su independencia en 1976 con el nombre de República Árabe Saharaui Democrática, lo que provocó una trágica guerra , y aunque Mauritania firmó unos acuerdos de paz con el Frente Polisario y renunció a unos territorios saharauis, Marruecos materializó la ocupación de la mayor parte de los territorios saharauis con el apoyo de Estados Unidos. Si todas las guerras son crueles, en ésta fueron los civiles las únicas víctimas al ser perseguidos por el desierto, bombardeándolos desde el aire con gases venenosos cuando buscaban refugio en Argelia, un vergonzoso y deleznable episodio del que España tiene su parte de culpa, por haber dejado la ex colonia a su suerte en manos de un régimen como el marroquí, al que la historia pone en los más bajos peldaños de la escalera de la nobleza y la dignidad. Ningún ciudadano marroquí debería de sentirse orgulloso de lo que sus gobernantes causaron y usurparon.

Y aunque todo esto es parte de la triste historia, la realidad no pinta con tonos diferentes, de nuevo los ciudadanos del Sahara vuelven a ser víctimas de los invasores de antaño, España y Marruecos. El episodio que vive la activista Aminetu Haidar en el aeropuerto de Lanzarote, Islas Canarias, no tiene calificativo. Marruecos sigue negándole el referéndum para la independencia que la ONU exige a Marruecos y este país vecino de España no sólo hace oídos sordos a la exigencia si no que se burla de la comunidad internacional en este asunto. Por otro lado, España, juega a la ambigüedad de permitir lo in permisible por mantener unos compromisos o acuerdos de buena vecindad con el régimen totalitario de Rabat.

Como ciudadano español siento impotencia, vergüenza, por cómo el gobierno de mi país se presta a este juego, donde el dictador reyezuelo descendiente de Mahoma utiliza, no sólo a su pueblo si no también a los saharauis, como peones de un juego donde la insolencia es su único sentido. Son muchos, somos la mayoría, los españoles que estamos con el pueblo saharaui, al que queremos y respetamos, como a otros pueblos hermanos que en otro tiempo fueron víctimas de la invasión colonialista española. Como ciudadano del mundo lo que siento es rabia, que se transforma en rechazo a todo lo que se mueve bajo la bandera marroquí aunque sé, y soy conciente de ello, que ninguna culpa tienen los ciudadanos de Marruecos por las "gamberradas de maleantes" que llevan a cabo sus gobernantes. Mi boicot es rotundo a todo lo que provenga de territorio marroquí, mientras que el insolente reyezuelo haga y deshaga a sus anchas contra los derechos de los ciudadanos, marroquíes o saharauis. En cambio, para Aminetu Haidar y el Sahara Occidental, mi más sincero apoyo para su causa, la de la liberación de las cadenas que los atenazan como pueblo.