viernes, 27 de febrero de 2009

Hombre sencillo historia honorable (II)


El momento de la notificación nos encontró a cada uno en nuestras labores cotidianas, a mi madre fue la primera, cuando dos agentes de la policía nacional le dieron la siniestra noticia, su marido había sido hallado muerto cerca del cause del río, colgado del cuello en una rama de un árbol, la cuerda era de plástico, de las que se usan para los tendederos de la ropa. Eran poco más de las once de la mañana y la comunicación le produjo un shock emocional que la dejó fuera de sí durante algunos días. Sin embargo mi hermano soportó el envite de la pena con algo más de entereza, entereza pasajera porque no pudo soportar la tensión y se derrumbó a las pocas horas. En cambio, a mí, la dolorosa noticia me encontró a varios miles de kilómetros, hacía algunos años que residía en Tenerife, Islas Canarias, y al entrar a trabajar en el restaurante me dijeron que llamara por teléfono a casa de mis padres, el motivo que argumentaron era un supuesto accidente que mi padre había sufrido. No he pasado peor día en mi vida que aquél, las horas eran siglos y la incertidumbre me invadió como nunca, después de que me dijeran al teléfono que mi padre estaba muy mal, que subiera al avión y me dirigiera a Córdoba lo antes posible.
Un mes antes pasé varias semanas de vacaciones con mi familia y nada hacía presagiar que mi padre tomara aquella decisión tan drástica, fue lo primero que me vino a la memoria cuando unos familiares, que se personaron a recogerme, me dijeron en el aeropuerto de Sevilla la realidad de lo sucedido. El trayecto, cerca de dos horas de camino, lo superé haciendo preguntas, una tras otra, todas referentes a las circunstancias que rodeaban el suceso, hasta que llegué al domicilio familiar, nada me ha resultado más duro en este mundo, mi madre, mi hermano y yo nos fundimos en un abrazo entre lágrimas y lamentos, una escena dramática, rodeados de los acompañantes, familiares y allegados, que contagiados por la emoción, rompieron en puro llanto envueltos en el dolor. Después comenzaron a invadirme las preguntas, todas referentes al suicidio, el por qué estaba en todo lo que pensaba, no encontraba respuesta a tanta desolación, me sentía culpable por no haber esta al lado de mi padre cuando más me necesitaba, por no haberme dado cuenta un mes antes de sus problemas, preocupaciones... ¿pero como iba a hacerlo? No había nada evidente que le llevara a tal decisión; peores momentos pasó a lo largo de su vida y se enfrentó a ellos, superándolos, con más entereza que nadie.

Más tarde descubrí unos papeles en el bolsillo de una chaqueta, eran resguardos de la visitas a médicos, incluidos cardiólogos, y unido a las confesiones que me hizo mi madre, de su decaimiento, de los dolores que sufría en el brazo izquierdo, de la inmovilidad que intuía llegaría pronto, del silencio que guardaba al respecto, pensé que no quiso suponer una carga para nadie. Había visitado a médicos en secreto para no compartir su mal, para no contagiarnos con sus preocupaciones y para que no sufriéramos los que le queríamos. Pasaron algunos años y con ellos comencé a aceptar su decisión, algo que me costaba comprender en un principio, por más vueltas que le daba al asunto no podía entender que nos dejara tan de repente, sabía que no era un acto de cobardía, como critican algunos, hay que ser muy valiente para entregarse a la muerte por muy mal que uno se encuentre, ni tan egoísta como para dejarnos sin su cariño, sin su presencia. Solo desde la lejanía en el tiempo y en el recuerdo he llegado a aceptar su decisión, por mi egoísmo continúo sin compartirla, pero conociendo su manera de pensar, de entender la vida, deduzco que fue por no convertirse en una carga familiar. No fue su orgullo lo que le llevó a marcharse de esta vida, fue por su libertad, la que no quería perder, ni arrebatar la nuestra con su situación en un futuro cercano.
Desde aquel fatídico día han pasado doce años y esto supone muchas horas, muchos pensamientos, muchos recuerdos y mucha tristeza desde su perdida. No obstante, cada vez que miro hacia atrás y busco entre sus recuerdos, me viene a la memoria lo mucho de honorable que tenía, de respetuoso, de integro, de buena persona y de los valores que defendía. Los mismos que trato de emular, de continuar defendiendo, que no son otros que los mismos por los que la humanidad lleva luchando desde siempre, los derechos y la libertad del individuo. El derecho a una vida más justa, en cualquier lugar que las condiciones lo permitan; a la libertad de elegir que religión profesar, que opciones sexuales escoger y por encima de todo la libertad para decidir como vivir y como morir. La libertad de cada uno está por encima de credos y doctrinas, de dioses y leyes, de patrias y fronteras, de razas y de géneros o clases. Nada hay más preciado que esta libertad que defiendo, ni la salud, ni el poder económico... de qué vale todo sin ella.
Después de contarles esta historia, a grandes rasgos, algunos se preguntarán cual es el motivo y la relación entre sí, pero está claro. Los problemas de la emigración provocan rechazos sociales, xenofobia, racismo, es el egoísmo natural del ser humano, es el miedo de los cobardes a defenderse de lo que no les pertenece, el derecho a una vida digna es para todos los seres humanos, no solo para los que se creen privilegiados por haber nacido en un tiempo y en un país con unas condiciones mas favorables que otras naciones, pero hay que ser inteligente, respetuoso con los más desfavorecidos, sobre todo en países donde la emigración fue masiva en otro tiempo no muy lejano. Es el caso de España, Italia... nadie está libre de la emigración y si no nos afecta a nosotros directamente puede afectarles a nuestros descendientes más cercanos, como les afectó a nuestros padres, abuelos, quizás hermanos. Es un drama cada día en las noticias comprobar como no cesa el número de víctimas en las travesías de la muerte, sobre cayucos, en el intento por una vida más justa, por un plato de comida, por un techo bajo el cual dormir, algo tan primario y fundamental para la supervivencia. No se juegan la vida por otras razones, es el hambre lo que les empuja a pujar por sobrevivir o nada.

Mucha culpa de esto, por no decir toda, la tienen los gobernantes y, por la parte que nos toca, la religión católica, aunque ninguna religión está libre de culpa. Las políticas neo liberales, ultra derechistas, que son amparadas y compartidas por la iglesia católica, son los causantes de provocar estas oleadas de emigración en todo el mundo, son los causantes de que los países de origen, los países pobres, hayan acabado sin recursos naturales en la mayoría de los casos; en otros alimentan la corrupción para continuar beneficiándose, robando, los recursos que les pertenecen al pueblo. El cinismo es tan descarado que da vergüenza ajena, de ver como les roban y después los rechazan en la miseria más cruel. Me gustaría ver a la iglesia católica defender a estos emigrantes rumanos que viven míseramente de la recogida de chatarra y de la caridad, como lo hicieron contra la eutanasia de Eluana Englaro, que doble moral y cuanto cinismo, defender el derecho a la vida de quien aún no ha nacido y censurar a quien desea morir por que la vida ya no tiene ningún sentido para ellos. Los emigrantes rumanos ilegales están siendo perseguidos como animales por los oficialistas del gobierno Berlusconi, les queman poblados, les obligan a los médicos a denunciarlos si no tienen papeles en regla y por último el gobierno promueve patrullas ciudadanas para combatir a los emigrantes, con las que ya ha habido casos de apaleamiento en las calles, criminalizando la emigración como si delincuentes se tratara, al igual que en los tiempos más puros del nazismo en la Alemania hitleriana.
Pero este tema de la emigración parece que solo le pertenece al Cesar, que no es asunto de Dios. En cambio, en el caso de Eluana, con la eutanasia de por medio, han llevado el grito al cielo, culpando a la familia de la mujer que, tras 17 años en coma y enchufada a una maquina para continuar viviendo, buscaban un final digno a su existencia. Han obligado al gobierno a luchar contra ese derecho natural de elegir el momento de morir, ha sido cruel esa oleada de falsa moralidad, culpando y criminalizando al padre de asesino, de responsable de la muerte, cuando solo ha pretendido luchar por la dignidad de su hija, de la que ya nada quedaba, nada que ver con lo que era Eluana cuando sufrió el accidente que truncó su vida. La imagen de la joven no han permitido las autoridades que se publicara, tal vez por el temor a que la opinión pública cambiara al comprobar que estaba irreconocible, extremadamente delgada, con el estomago atrofiado y llena de llagas por todo el cuerpo después de 17 años viviendo artificialmente. Ahora, y después de cambiar leyes para que no fuera legal desconectar de la maquina a la mujer, cuando hace algunos días que murió, el fiscal italiano investiga y trata de culpar al padre de Eluana por homicidio voluntario, como si no hubiera sido suficiente castigo todos estos años de sufrimiento con su hija. Ésta es la caridad cristiana que promulga el Vaticano, que lo que menos les importan son las víctimas, los que sufren, por encima de todo están sus intereses, para continuar viviendo de la muerte, del sufrimiento y de las miserias humanas.
Todas estas circunstancias e injusticias son motivos suficientes para encontrar una relación con mi padre, porque son motivos con los que cualquier persona está relacionada, es el derecho de cualquier ser humano a la libertad, a decidir por uno mismo, a la negación de que utilicen nuestras vidas y situaciones como si fuéramos animales. La dignidad de la humanidad pasa por no permitir que nuestras vidas sean meras mercancías para otros, que se creen en el derecho de decidir por los demás. Para terminar con este escrito les recordaré un asunto que sacó a la luz un desgraciado accidente de tráfico hace unos meses.
Nada tiene que ver con la historia de mi padre, pero sí con los derechos de todos, de los que eligen una opción sexual y también son perseguidos por ello, curiosamente por los que menos motivos tienen y que en ocasiones son descubiertos sus verdaderos intereses por caprichos de la vida. Me refiero al líder de la ultra derecha austriaca Jorg Haider, que falleció a consecuencia de un accidente automovilístico cuando conducía en estado de embriaguez. El ultra conservador siempre censuró a los gay, a los homosexuales, por, según su punto de vista, ser antinatural, pero el suceso que le costó la vida esclareció su verdadero pensamiento, como la iglesia católica, "haced lo que yo digo, no lo que hago", cuando se comprobó que había estado bebiendo vodka toda la noche con su amante en un bar gay, el mismo que ocupó su puesto en el partido por voluntad de Haider que lo deseaba como su sucesor. Stefan Petzner, que así se llama el amante, declaró que: "Era el hombre de mi vida. Nuestra relación iba más allá de la amistad", para terminar añadiendo que la mujer de Haider, Claudia, "no se oponía a la relación". Estas declaraciones y la comprobación posterior fueron motivos suficientes para que el partido sustituyera al sucesor y amante del xenófobo y ultra conservador Jorg Haider.

jueves, 26 de febrero de 2009

Hombre sencillo historia honorable


Apenas hace unas semanas que dí por terminada mi aventura en temas nicaragüenses, exclusivamente, y con este fin también comencé una nueva etapa aún todavía por definir. No por eso dejaré de escribir mis reflexiones o razonamientos a temas dispares, por supuesto que todos dentro de la misma línea que acostumbro, aunque al igual que al principio, al comienzo del blog, de Miradas Impacientes, los temas serán globalizados y, por qué no, de igual modo también personales y más cercanos. Lo que sí adelantaré a mis lectores, y a los curiosos que de vez en cuando pasean por este espacio literario, que las entradas de mis artículos lo harán casi semanalmente, no como hasta ahora, en determinadas fechas, que fueron casi a diario. Trataré de compaginar el contenido de este blog con la creación de mi última novela que anda a medio hilvanar. Son dos libros lo que hasta ahora ha dado de sí "El Mirador Impaciente", todos los escritos que anteceden a éste y que, del mismo modo que pueden leerlos en el blog, también pueden adquirirlos impresos en papel, en el enlace "mis libros publicados", a la izquierda de estas líneas.
Son muchos los temas que me atraen y que quisiera reflexionar con ustedes, pero no es fácil escoger, los acontecimientos sociales que a diario nos llaman la atención no son pocos y en ocasiones nos sitúan ante la duda, a veces por no querer que pasen de actualidad y otras por ser tan actuales que es preferible dejar unos días que el tema en cuestión se digiera y a toro pasado analizarlo con un razonamiento más calmado y en frío, para que la presión pública no me arrastre con deducciones contagiosas. No obstante mis artículos no siempre surgen de la actualidad, más bien diría todo lo contrario, las noticias recientes se encuentran en cualquier espacio informativo y en cambio lo pasado u olvidado siempre tiene algo de exclusividad momentánea con el recobrado protagonismo. Así que mientras decido hacia donde irán dirigidas las nuevas miradas haré una reflexión hacia algunos acontecimientos que no pasan desapercibidos ni ajenos a mi curiosidad y atención. No es un tema concreto el que ocupa mi interés, éste va dirigido en distintos puntos a la vez, pero todos unidos por el mismo condicionante, "la libertad del individuo". Trataré de redactarlo en dos partes, la primera será más personal, vivencias cercanas, para en la segunda parte desarrollar mis puntos de vista sobre los temas en cuestión.

Les voy a contar una historia, de un hombre sencillo, de un hombre honorable, porque lo que sí está claro es que nada tiene mayor honorabilidad que los ciudadanos sencillos, casi anónimos, que pasan por esta vida de puntillas pero soportando todo el peso de la humanidad, con sus acciones y determinaciones que son el paso primero para las generaciones venideras, para las libertades individuales, que al contrario de lo que debería ser, nos desgastamos la vida entera luchando por lo que se supone es un derecho adquirido en el nacimiento, la libertad y el derecho a elegir, de lo que nos conviene o apetece. Sin embargo, lejos de todo esto, nos pasamos toda la existencia luchando por recuperar esos derechos propios, derechos robados por los que piensan de distinta manera y que nos obligan a elegir en asuntos tan personales como son la religión, el sexo, o el derecho a decidir libremente cuando y como nos apetece morir. Estos temas que apunto y que son base de este razonamiento, no es nada nuevo para quien me conoce y lee, pero en esta ocasión les mostraré cuales y por qué son los cimientos que apuntalan mi pensamiento, desde el respeto al que lo hace de distinta manera.
Para comprender mi manera de pensar no hay mejor forma que la de buscar en mis raíces, de las que he alimentado y creado mi propio yo. Mucha culpa la tienen mis progenitores, los que me enseñaron y me educaron, para bien o para mal, de lo que me siento orgulloso y agradecido, por inculcarme valores que, creo, son honorables. Antonio Torres, mi padre, fue un hombre sencillo, noble y con una integridad a prueba de cañón, que sin duda disfrutó de la libertad que el creyó merecía y no subestimó nunca hacia lo contrario. El año 1928 no fue el mejor de los años para nacer y menos aún cuando se nace en medio del campo jiennense, en Alcalá la Real, en una finca que su padre regentaba, pero que jamás tuvo contactos directos con la dueña que residía en Madrid. Era el quinto de los hermanos, todos varones, hasta que se sumó a ellos la hermana más pequeña un año más tarde. Su infancia se podría decir que pasó de largo, entre bombas y fusiles, entre muerte y miseria, los condimentos que llevaba aquella guerra sin sentido en el nombre de dios y la patria. Acabó la guerra y tocó la hora de la venganza, de los rencores y de pedir explicaciones, cosa esta última que hizo la dueña de la finca a su padre, eso sí, desde Madrid, ella jamás pisó tierra andaluza; explicaciones por haber abandonado la finca en tiempo de guerra, cuando el fuego cruzado le situó en medio de los dos frentes con una mujer joven y seis hijos pequeños bajo su protección.
Esta "osadía", la de huir en tiempo de guerra del lugar donde residía por temor a la muerte, le costó veinte años de cárcel por la denuncia de la "dueña", por comunista, razón suficiente como para fusilarlo, lo peor es que mi pobre abuelo nunca supo ni entendió de política, un pobre campesino analfabeto que bastante tenía con alimentar a tantas bocas. La pena, en principio, fue la de fusilamiento, pero tuvo suerte y a última hora se quedó en cadena perpetua y a trabajos forzados, pero el desgaste y la enfermedad le ayudaron para que a los veinte años le concedieran la libertad. Mientras tanto sus seis hijos y su esposa se repartieron en casa de familiares repartidos entre las dos provincias, Jaén y Córdoba, hasta que crecieron y se volvieron a reunir con la madre entre Alcolea y la capital cordobesa, entre huertas y campesinos, donde por suerte para mi existencia conoció a una guapa cordobesa, Pepita, seis años menor que él y tras un largo noviazgo se casaron y comenzaron su caminar juntos en pareja.
Los comienzos de la unión no fueron buenos, no había pasado el año desde el casamiento cuando mi madre, que acudía a llevarle la comida del almuerzo, lo vio caer, a lo lejos, desde una altura de catorce metros, desde una maquina de sacar arena del río Guadalquivir, donde trabajaba. Aquel accidente le costó a mi madre un aborto por la impresión y a mi padre comenzar de nuevo, digo esto porque el golpe fue tan severo que entró en coma y con una fractura craneal. Esto supuso una recuperación lenta hasta que tras varios años volvió a su vida normal. Llegaron los años sesenta y la emigración separó a las familias españolas, no quedó hombre en edad de trabajar que no acariciara la posibilidad de cruzar fronteras buscando un sueldo que les apartara de las estrecheces económicas que vivía el país, algunos desistieron pero la mayoría tomó la iniciativa de emigrar, particularmente a los países europeos. Mi padre no fue menos, ni distinto a tantos, un día tomó la maleta y sobre raíles ferroviarios superó la distancia que le separaba de París, donde comenzó a trabajar en una fábrica de automóviles, la Citroen. No soportó la separación, ni de su joven esposa, mi madre, ni de su primer y único hijo hasta entonces, corría el año 65 y yo contaba con cuatro años de edad, así que decidió regresar ante la negativa de mi madre a emigrar también a su lado.
Volvió al campo, a lo que conocía y a lo que se ofertaba, pocas opciones existían aparte de la labranza. Nació su segundo hijo, mi hermano, y comenzaron a sacudirle fuertes dolores en el hombro izquierdo hasta el punto de restarle movilidad, recorrió medio país buscando remedio a sus males, Sevilla, Madrid, Barcelona... pero no lo encontró, lo único que halló fue el motivo por el cual su minusvalía ya era un hecho, el fuerte golpe de la caída diez años antes le dejó unas secuelas en el cerebro, el riego sanguíneo le afectó al remo izquierdo y no encontraron solución, en una sanidad que andaba a ciegas en estos casos, se negó en rotundo a que le abrieran el cráneo para indagar cual era el problema en cuestión, ceder ante aquello era una aventura que ponía su vida en juego, por lo que decidió continuar en aquella situación hasta encontrar remedio. Pero éste no vino, nunca llegó, pasaron los años y los dolores continuaban como parte de su existencia, entre tanto no paró de luchar, de realizar todos los trabajos que podía, desde jardinero en comunidades de vecinos, guarda-coches nocturno en hoteles de carretera, de guarda nocturno en obras de construcción... fue un ejemplo para los que le rodeábamos, sacó a la familia adelante y consiguió pagar la vivienda que compró cuando la enfermedad ya era latente. No por eso su carácter cambió, siempre agradable, alegre, cercano en el trato y respetuoso con todos, de cualquier condición, jamás vi un reproche hacia mi madre ni un mal gesto con ninguno de la familia, todo fueron atenciones y cariño.
El tiempo nos hizo mayores a mi hermano y a mí, la carga familiar ya no era la de años anteriores pero los dolores continuaban y el brazo derecho comenzó a dar síntomas idénticos a los de su homónimo años atrás. Sin embargo, ya no se quejaba como antaño, había aprendido a vivir con el dolor y sin la utilidad de un brazo, algo muy duro para cualquiera y mucho más para alguien como él, que necesitaba sentirse útil, libre para decidir lo que le apeteciera, esa circunstancia la superó una vez pero perder la movilidad de sus dos brazos, quedarse inútil, depender de la ayuda de otros para todo, eso le minaba la moral en silencio, callaba y dejaba pasar su dolor y su miedo a perder la libertad que siempre necesitó para sobrevivir, hasta que una mañana de julio, tras una noche de insomnio, salió temprano a dar una vuelta por el campo, como siempre, pero esta vez decidido de que el fin de su existencia marcaba aquel día en el calendario. Para cada uno de nosotros, de la familia, aquel fatídico día es recordado como el más triste de nuestras vidas, y el peor de los momentos el que nos comunicaron la dolorosa noticia.






miércoles, 18 de febrero de 2009

La lejana utopía cubana


"Se acabó la diversión, llegó el comandante y mandó a parar". Esta frase, que cantaba Carlos Puebla, bien podría identificar en cierto modo a lo que en parte provocó la revolución cubana. Una revolución utopía, marcada en el deseo por la justicia y que representó a todos los pueblos oprimidos, ejemplo que sirvió como camino para otros países, hartos de que los imperialismos del norte mangonearan en las naciones libres, por ejemplo Nicaragua. Pero, como digo, estas revoluciones quedaron en un mero intento por recuperar la dignidad de los pobres, los oprimidos y las libertades, estas últimas tan nutritivas como el mejor de los alimentos. Y si otro Carlos, Gardel, cantaba que "veinte años no son nada", cincuenta ya es bastante, suficiente como para entender que hay buenos intentos que desembocan en fracasos, que no necesitan muchas palabras y que solo con ojear el resultado se evidencia que "fue bonito mientras duró aquel sueño", el de una Cuba libre.

Para que no se me confunda alegaré en mi defensa mi pensamiento progresista, mis simpatías a Cuba, a su revolución, y al esfuerzo de los cubanos que, a favor o en contra del comandante Fidel, han mantenido erguido su orgullo ante todos los vendavales imperialistas norteamericanos, que no han sido pocos a lo largo de las cinco décadas en las que Castro dirigió el timón de la isla caribeña. Pero todo tiene un limite, y, en este caso, cuando se trata de las necesidades básicas de una nación, empecinarse en una utopía no tiene sentido, no es ceder, no es perder, es aceptar el advenir de los tiempos y adaptarse a ellos, todo lo demás es contradictorio, porque cuando se pierde el sentido de la lucha termina derivando en una contradicción que nada a contra corriente. Los tiempos cambian, las circunstancias con ellos, y, cuando se generan otras expectativas de cambio, posibilidades de mejorar, se tienen que aprovechar las oportunidades que se brindan para el progreso del pueblo, si no es así, éste, el sufrido omnipotente, deja de creer en sus gobernantes y en la utopía que predican, para acabar revelándose contra el dragón, el que en otro tiempo fue libertador y que con los años acabó convirtiéndose en monstruo opresor.


No es la primera ocasión en la que escribo sobre este tema, de Cuba y su revolución, un tema siempre apasionante pero peligroso, uno acaba por repetir la idea concebida en cada escrito para terminar en una repetición tras otra con algunas frases añadidas para la ocasión. Sin embargo, el futuro que se avecina promete cambios, sin duda bruscos, para muchos cubanos serán traumáticos y para otros significará encontrar la libertad, pero para todos se abrirá un futuro esperanzador donde las oportunidades se mostraran al alcance de la mano. Los gobiernos, los dirigentes, no tienen que decidir por sus ciudadanos, son estos los que tienen que elegir sus destinos personales. La obligación de los gobernantes no es otra que la de sentar las bases para que la convivencia se desarrolle en armonía con el progreso del país, con justicia y equidad en derechos, la libertad del individuo no se puede mangonear como si de un borrego se tratara, sin cencerro pero trasquilado cuando al dirigente de turno se le ocurra.

Pocos son los líderes revolucionarios que, una vez derrotado al enemigo en común, abandonan el papel de libertador para ceder al pueblo el protagonismo y que libremente elijan a sus gobernantes. En la mayoría de las revoluciones el líder nunca la da por concluida, siempre se mantiene en guardia ante el peligro que representa el regreso de los oligarcas, hasta que se les termina por reconocer como dictadores. Sus leyes impuestas, siempre excluyentes para una parte de la población, van cerrando el circulo cada vez más hasta convertir el estado en una dictadura donde las libertades dejan de existir, las puertas se cierran, tanto a la entrada como a la salida, y con ello desaparece el exterior, la realidad del mundo desaparece para dar paso a una imagen ficticia, manipulada, de todo lo que ocurre fuera de las fronteras. El ejemplo que viví en la dictadura de Franco, que nos hacia creer que España era una incomprendida, que éramos diferentes y que la envidia de nuestra sociedad era lo que traía por la calle de la amargura al resto del mundo, me enseñó hasta que punto la población puede ser manipulada, creerse por orgullo y represión lo que su dictador les cuenta.

Pero, como dije anteriormente, los tiempos cambian y por mucho que los dictadores traten de cerrar fronteras, la información llega a todas partes, ya no se engaña a nadie, y si el hambre, la necesidad, la pobreza, se alía con las noticias del exterior, el dictador tiene la guerra perdida. Las políticas neoliberales y el embargo de Estados Unidos contra Cuba, han hecho un favor enorme al longevo líder cubano, ellos más que nadie han ayudado a perpetuarse en el poder al comandante Fidel y ahora a su heredero hermano Raúl Castro. Pero nuevos cambios se avecinan, las políticas anunciadas por Obama parecen más inteligentes que los anteriores mandatarios gringos, que pensaban más con el armamento que con la cabeza. De entrada ya está en el congreso, para su aprobación, el proyecto de ley que acabará con las restricciones de los viajes a Cuba. Ha anunciado que los estadounidenses ya podrán, muy pronto, viajar de turistas a la isla; cerrarán la vergüenza nacional, una de tantas, Guantanamo; y, aunque el embargo no se eliminará de repente, sí se tomarán medidas al respecto paulatinamente. Cincuenta años de beligerancias no se cortan de raíz en un periquete, pero la intención es lo que cuenta. Esto ha convertido a Estados Unidos en un posible y futuro amigo político, en lo comercial ya es el quinto socio de Cuba, la exportación de alimentos procedentes de Estados Unidos en el 2008 ha crecido un 61%.

Todo parece indicar que con la muerte del líder, revolucionario, comandante, dictador, Fidel Castro, la dictadura que protagonizó pasará a mejor vida. Y de nuevo tomo como ejemplo al franquismo, la población ha vivido más de cincuenta años bajo su mandato, son conscientes que su hermano Raúl no significa ningún peligro para el cambio de régimen, lo más conveniente es la espera, los definitivos acontecimientos que cerrarán una página de la historia de Cuba. De otra manera no se entiende, ni por mil años que viviera, y se reencarnara en su hermano, sería inútil, una ardua tarea la de luchar contra la realidad, los enemigos dejarán de existir y ya no se podrá culpar a los gringos de todos los males, ya no se podrá gritar como los pastores ante el peligro, "que viene el lobo", estos ya no mostrarán sus colmillos ni atacarán al menor despiste del pastor, la nueva camada evolucionó y se tornó más tolerante, compresiva e inteligente, han comprobado que el dialogo puede ser un arma más poderosa que todas las demás.
Gracias comandante, por alimentar la utopía de un mundo mejor con la revolución, pero los tiempos están cambiando y los lobos ya abandonaron la pradera. Ahora el rebaño necesita "pactos" con los que alimentarse... y libertad.








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miércoles, 11 de febrero de 2009

De sueños rotos y progreso frustrado

Hace varios meses, cuando me propuse escribir una serie de artículos cuyos temas fueran siempre relativos a Nicaragua, se me antojaba una aventura incierta, con ilusión por recoger en un libro mis puntos de vista sobre este pueblo centroamericano pero con el recelo de no saber como y de que manera podrían aceptar los nicaragüenses mi manera de entender sus costumbres, su forma de vida, su manera de entenderla. Este recelo, que no es otra cosa que respeto, aún continúa latente, no así la incertidumbre que me atenazaba al enfrentarme a un país con muchos matices, con identidad propia y diferente a la nuestra, la española, pero con arraigos muy pronunciados, que tras ese biombo que muestra una cultura diferente se esconde un sin fin de afinidades. No sabría decir cuantos temas, miradas, podría continuar sumando a estos cuarenta artículos referentes a la tierra pinolera, de su historia, de su geografía, de sus costumbres, del arte, de la religión, de política, gastronomía... sin duda un buen puñado de miradas que darían no para uno, si no algunos libros más. Pero no pretendo crear una enciclopedia, mi intención era un recorrido ligero y sin entrar de lleno en todos los temas que en principio puedan interesar a quien solo desea volar sobre sus tejados, no adentrarme en cada rincón.
No obstante este trabajo literario debe mirarse siempre desde el prisma con el que fue creado, el de un no nicaragüense, aunque nunca me consideraré extranjero. Uno no es de donde nació, si no de donde se encuentra bien, de donde lo aceptan y de donde se identifica, y estos tres puntos hacen que, además de español, Nicaragua también ocupe un lugar privilegiado en mis sentimientos. Nicaragua no es nada nuevo para mi, en mis viajes a este país siempre me acompañan las maletas repletas de libros nicas al regreso y, cada mañana, en el desayuno, tomando una taza de café nicaragüense, leo los diarios de Pinolandia, la prensa escrita en la pantalla de mi ordenador; al igual que un emigrante que echa de menos su tierra desde la lejanía . Aún así, el respeto siempre va por delante, como un invitado, nunca como un anfitrión. Sin embargo esto no es motivo ni resta derecho a opinar, de igual manera en negativo, porque como decimos por mi tierra de nacimiento "en todos sitios cuecen habas", pero también es cierto que esta critica nunca iría dirigida al pueblo, a los nicaragüenses, en todo caso a sus dirigentes, los responsables de que sus ciudadanos muestren una imagen más allá de las fronteras.

Tengo que reconocer que antes de tener una idea hecha y de conocer a fondo la realidad del país, en cada momento que dirigía la mirada a América Latina me hacía la misma pregunta, la misma que ahora me hacen los ajenos y que desconocen esas realidades, por ejemplo mis amigos españoles. Es inevitable, sacar a relucir el tema de Nicaragua siempre se encuentra uno con la misma pregunta, ¿que pasa en esos países que no acaban de despegar económicamente, que no progresan? Desde mi humilde punto de vista uno tiene una idea global de lo que ocurre, cual es el posible problema, el cerrojo que no permite abrir la salida al progreso. Es lo que yo percibo desde fuera y sin sentirme afectado por sus males, que no son otros que los provocados por sus dirigentes, la corrupción, el desempleo, el hambre... pues, aún existiendo distintas capas sociales donde el poder económico también se deja ver, es la miseria la protagonista por estar más extendida, generalizada entre la población. Desde fuera del país la perspectiva es distinta a la que un nica puede encontrarse cada día al levantarse y no saber que va a llevarles a su familia, a sus hijos, para alimentarse, mientras las goteras de lluvia se cuelan por entre las chapas metálicas del techo. Estas circunstancias no son extrañas para los españoles de generaciones pasadas, cuando tenían que emigrar a otros países, europeos o latinoamericanos, en tiempos en los que la dictadura paseaba a su dirigente bajo palio, pero para los que no sufrieron la pobreza, el hambre y la falta de libertades, es difícil explicarlo y que se entienda con todo su significado.
Conocer la historia reciente de Nicaragua hace comprender la situación que vive el país, el segundo más pobre del continente americano, donde 46 de cada 100 nicaragüenses vive con menos de 2 dólares al día, pero dentro de estas cifras, de los 46, el 15% lo hace en la extrema pobreza, sin escuelas, sin salud, sin luz, sin agua corriente. Además, el 34% de los niños en edad escolar, el 47% de los menores de cinco años y el 40% de las mujeres en edad de gestación sufren anemia. Pero si hablamos de educación el futuro no se muestra esperanzador, donde la inversión por habitante es de 43 dólares al año, difícilmente se puede aprender con ese presupuesto y con el estomago vacío. La emigración es una realidad cruda, que deja a familias con muchos de sus miembros buscando un futuro mas halagüeño por otros países como Costa Rica, Estados Unidos, España... con unos índices altísimos en el desempleo que recuerda a los años ochenta, cuando la necesidad obligó a la población a salir del país en masa.
Pero esta deprimente situación no hace disminuir lo bueno que reúnen los nicaragüenses, nobles, cordiales, correctos y amables con el extranjero, que no pierden la esperanza de que el futuro les trate mejor. Sin embargo, el mal endémico, como antes apuntaba, son los dirigentes, la corrupción, que lejos de ruborizarse ante el país por sus descaros, se mofan y vuelven erre que erre con lo mejor que saben hacer, robar las pobres arcas de los ciudadanos. Uno tras otro, no importa el color, liberales, conservadores, sandinistas, todos se turnan y cada uno que entra sale con más propiedades y convirtiéndose en uno de los más ricos del país, engañando a la población con falsas promesas que se olvidan al día siguiente de ser elegidos en las votaciones. La corrupción es tal que todos los poderes del estado, todos, sin excepción, están motivados y actúan por los intereses propios, la justicia, la policía, los políticos que van de un partido a otro a la oferta del mejor postor, del que mejor pague su apoyo en la Asamblea Nacional. Roban elecciones, roban donaciones de otros países para el presupuesto del estado, compran a los más pobres con regalos inservibles, como sucedió con un número determinado de cocinas de gas para los más necesitados. Anunciaron a bombo y platillo la "generosidad" del gobernante y ante una multitud incontrolada, que dispersan con mangueras de agua a presión cuando se acaban las existencias, distribuyen un puñado de cocinas que no servirán para nada, porque el agraciado es tan pobre que no tiene para comprar el gas que está por las nubes, con unos precios desorbitados e inalcanzables para quien no tiene ni para comer. Predicando con el populismo más desvergonzado y rancio, proclamando a los cuatro vientos el "hambre Cero", "desempleo cero", "final de la oligarquía", cuando es todo lo contrario, los revolucionarios se transformaron en oligarcas y se adueñaron del país, dirigiendo a los ciudadanos como a ganado, pagando a las pandillas, a los delincuentes, para que atenten contra la población que se manifiesta pacíficamente, con machetes, con morteros, con palos, con camisetas de los oficialistas del gobierno que muestran su lema en rosa chicha "el amor es más fuerte que el odio" y frases por el estilo. Un cinismo que ha llevado al dictador, antes revolucionario, Daniel Ortega, ha convertirse en estos dos años en el poder en el más rico de Nicaragua, ha amasado una fortuna mayor aún que el dictador Somoza en todos sus años de dictadura.

Pero todo esto no lo ha hecho solo, su socio, ex-presidente, reo, ladrón, liberal, fue declarado culpable por malversación de fondos del estado y a pasar 20 años en prisión, pero los acuerdos con el gobernante, chantajeándolo, pasaron primero por cambiar prisión por ciudad, Managua, para después de varios años en su celda de oro quedar en libertad, a cambio de apoyar políticamente a la oposición en el gobierno, para controlar la Asamblea Nacional, el único poder que se le resistía. Esto son en las altas esferas, pero a otros niveles también está instalada la corrupción, en estos días en los que escribo este artículo, ha salido a la luz un escándalo, el administrador, el hombre de confianza del alcalde electo en las pasadas elecciones fraudulentas de noviembre, antiguo boxeador Argüello, no responde a las acusaciones periodísticas que lo hacen responsable de una donación por parte del ayuntamiento de Sevilla, la ciudad andaluza, de más de 200.000 euros para el Instituto de la Juventud, que dirigía hasta hace unos días. Lo acusan de edificarse una mansión en Estelí, su ciudad natal, de coches, empresas, y todo esto con su sueldo oficial. Pero no ocurrirá nada, continuará en su cargo, con su mansión y convertido en hombre de confianza de Argüello, alcohólico, drogadicto, y no son acusaciones falsas mías, en Miami estuvo preso por tenencia y distribución de cocaína, también acusado de prestamos sin devolver cuando ocupaba el segundo cargo en el ayuntamiento de Managua. Ante todo este despropósito uno se pregunta ¿por qué el pueblo, los ciudadanos, no se revelan y salen a las calles a protestar? Es fácil de entender, cuando te responden que no quieren más sangre inocente derramada, para que el próximo que le sustituya venga con la misma bandera de los dirigentes actuales y anteriores, la bandera de la corrupción.









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domingo, 8 de febrero de 2009

El Desaguadero

Un amigo nicaragüense me dijo en una ocasión, de guasa y refiriéndose al significado, con la comparación, de uno de los tesoros más importantes de Nicaragua: "Eres más nica que el río San Juan". Con esta expresión dejó a las claras lo que representa este río para el sentir nica, como un frasco donde se guarda toda la esencia del país, de su historia y su naturaleza, de sus recursos y, de lo más importante, su futuro. Desde hace semanas vengo pensando en como desarrollar mi mirada a este río, lo que significa, lo que guarda, lo que muestra, lo que regala dentro y fuera de sus aguas. Para entender mi pasión, mi respeto por los ríos, solo tengo que apuntarles que nací y me crié en el valle de uno de los causes fluviales más ricos de la historia, en cuanto a culturas se refiere, el Guadalquivir, Río Betis para los romanos y Río Grande para los musulmanes. A lo largo de la historia y en todas las regiones del mundo los ríos propiciaron los primeros asentamientos humanos y a su entorno se fueron fraguando las grandes urbes de hoy en día. Los ríos son fuente de vida, son el setenta por ciento de lo que nosotros somos, agua, y sus cuencas conocen de nuestra existencia más que la mejor de las enciclopedias.
Nada hay más representativo que el río San Juan, para esta tierra de lagos, volcanes y, por supuesto, ríos. Es la entrada, la puerta hacia el corazón, a las entrañas, al lago Cocibolca, o la salida natural, el desaguadero, como le llamaron los españoles colonizadores, invasores, cuando arribaron a sus costas color cacao y sabor a maíz, de Chorotegas y Náhuatl. En 1525 los españoles descubrieron el cause del río y desde el primer momento se dieron cuenta de la importancia del mismo, del control del paso sobre sus aguas, del lago a la inmensidad del océano, y no tardaron más de dos años en fundar San Carlos, la primera ciudad ribereña. Pero aún tuvieron que pasar catorce años más hasta que, tras algunas expediciones, en 1539 fue descubierta su desembocadura. No cabe duda que para Nicaragua, provincia española, la nueva vía descubierta supuso una magnifica conexión con otras provincias españolas del Caribe. El comercio entre Granada y León, con otras colonias como La Habana, Cartagena de Indias y Portobelo, tomó un nuevo rumbo de máxima importancia, esto propició que no pasara desapercibido para los piratas que asolaban el Caribe y pronto sus incursiones a través de sus agua fueron constantes.

Los más afamados piratas, bucaneros y filibusteros navegaron sus aguas, o al menos lo intentaron, porque hubo ocasiones en los que fueron rechazados. Henry Morgan, Jhon Davis, Jhon Morris, Harrison, François I'Ollonais, y algunos más, tenían entre sus prioridades tomar el fuerte de San Carlos y desde ese punto, en la entrada del gran lago, atacaban a las ciudades de Granada y León, arrasando con todo, tesoros, mercaderías e indígenas, que apresaban para luego venderlos como esclavos. Estos ataques, en un entorno natural tan hostil y tan idóneo para los piratas, obligaron a los españoles a construir fortalezas a lo largo de todo el recorrido fluvial para defenderse. La primera fortificación, y la más grande, fue el Castillo de la Inmaculada Concepción, pero hubo una época en la que se podían contar hasta doce fortificaciones. El Castillo, 1675, sobrevivió a duras y sangrientas batallas, contra los piratas, los filibusteros norteamericanos, el reino indígena de los miskitos apoyados por los ingleses y sobre todo por estas mismas tropas británicas.

De igual modo, de la misma manera que otra región de Nicaragua, también tiene su héroe el río San Juan, o el Castillo. En este caso es una heroína, Rafaela Herrera, quien en aquel episodio, en los años en que España e Inglaterra mantenían sus enfrentamientos bélicos, una fuerza aliada entre los ingleses y miskitos intentaron tomar el río y su control. Fue un terreno abonado y propicio para la heroicidad porque, antes del ataque, el jefe de la guarnición había muerto, esta circunstancia no dio otra opción a su hija, que tomó el control de la defensa y, ante un enemigo superior, consiguió repelerlos y mantener la fortaleza. Sin embargo no es ésta la única pagina bélica relevante, las hubo de máxima importancia, por ejemplo la ofensiva propiciada años más tarde por los ingleses, entre sus comandantes que la dirigieron estaba un joven, Horacio Nelson, el celebre marino militar inglés. En este intento, en contra de las tropas españolas, consiguieron tomar San Juan del Norte y después, tras una batalla que duró dieciocho días, tomaron el Castillo, pero los ingleses no pudieron continuar y retrocedieron, las enfermedades y la falta de suministros se convirtieron en un enemigo con el que no contaban, más peligroso aún que las propias fuerzas españolas.

La historia del río San Juan continuó escribiéndose con nombres propios y con letras mayúsculas, algunos de sus capítulos quedan reflejados en este puñado de miradas como la dedicada al filibustero Willian Walker, "Una de filibusteros", hasta que la construcción del canal de Panamá hizo que el gran río nicaragüense perdiera interés en detrimento de la nueva vía comercial. Pero como dice otro refrán:"No hay mal que por bien no venga" y, gracias a esta falta de interés, el cause del río San Juan y toda la zona que antaño vio derramar sangre a cañonazos, entre olor a pólvora y fortalezas, recobró la naturaleza y la paz perdida. Hoy es una reserva natural impresionante con vida silvestre y espectacular flora y fauna. Algunos pueblos a lo largo del cause mantienen una vida sostenible y respetuosa con el medio ambiente, lo que hacen del río y su entorno un lugar privilegiado, donde los recursos naturales son su mayor tesoro y en concordancia con el futuro. Sus doscientos kilómetros en el borde sur de Nicaragua, navegables solo para barcos medianos, sirven de frontera con Costa Rica, aunque es reconocida la propiedad de los nicaragüenses sobre el río. A lo largo de su cauce las aguas muestran un estado anímico diferente, en ocasiones más calmadas y en otras se vuelve escandaloso, con su curso más ancho cerca del pueblo El Castillo, donde emergen islotes cubiertos de alegre vegetación. Por la zona de la Reserva Indio-Maíz el San Juan se llena de raudales y se vuelve selvático, rico en fauna y flora, sin embargo, a la medida que se acerca a la desembocadura, en el Caribe, su delta está lleno de pantanos y lagunas.




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domingo, 1 de febrero de 2009

Santo Xolotl de Las Sierritas

A vueltas con la religiosidad siempre topamos con los dioses, o los santos, no puede ser de otra manera, si no ¿a quien se encomendarían los feligreses? Esto de la fe es debido a la fuerza de la costumbre porque de otra manera no se entendería, no cabe en la religiosidad cambiar de santo profesado, no se puede, o al menos no se debe. Aún así, todo es posible, debido a que los humanos somos muy veletas, a veces porque el viento nos obliga a mirar a la religión establecida, en otras porque no necesitamos viento para desembolsar nuestras creencias en la divinidad que se nos antoja, esas son las menos, y en circunstancias determinadas porque nos la quieren dar con queso, pero, como ratón bien curtido en mil batallas, no nos dejamos engatusar con el primer santo que se nos imponga. Sobre esta última posibilidad, la de cambiarnos de religión o divinidades, las sociedades no han quedado ajenas en cuanto una cultura invadía a otra en el pasado, hoy no se estila tanto como antaño, entre otros motivos, el principal, porque el mundo cada día más va perteneciendo a los pueblos, a sus gentes, no a los gobernantes de turno que mediante la fuerza se apoderaban de culturas enteras y las cambiaban por sus reglas a ejercer y tomar en cuenta.

En el caso de la invasión americana es muy frecuente ver como y de qué manera, se introducían los santos católicos para sustituirlos por los establecidos, en ocasiones por la fuerza y en otras, en las que ésta no conseguía el propósito pretendido, por la maña o el engaño. Estas malas artes de los religiosos, tratar de engañar cambiando la adorada divinidad autóctona por la foránea, es en el fondo perversa, cínica y falsa en lo relativo a la fe. A las religiones, a todas, lo que menos les importa es el sentimiento del individuo y su propia doctrina, lo esencial es la cantidad de feligreses, eso traducido a la propia esencia es poder, poder de todas las naturalezas, y si para ello es necesario actuar innoblemente o vilmente, se actúa y pelillos a la mar. Pero aunque se modifique el exterior, el envoltorio, el sentido de las celebraciones son las mismas, es como acudir a una boda obligado con distinto traje al escogido, pero es ir al fin y al cabo. No todas las divinidades que impusieron los católicos acabaron con las indígenas, no, como mucho las disfrazaron pero el pueblo mantiene sus tradiciones ancestrales. Ganan dos, los impositores que suman poder con los nuevos "conversos" y los obligados porque en el fondo su fe está en donde sus antepasados la depositaron. Un ejemplo de ello son las Fiestas Patronales de Managua, a Santo Domingo de Guzmán.

Gonzalo Hernández de Oviedo, por el que conocemos mucho de lo que sabemos de aquellas fechas, en su Historia General y Natural de las Indias, fue historiador, cronista de Indias y administrador español. Conoció a gente tan importante a la postre como Leonardo da Vinci y Miguel Ángel, en 1497 se marchó a Italia desde su Madrid natal, 1478, desempeñó diferentes oficios y se distinguió como militar en diversas guerras. Se me antoja un aventurero, un hombre aguerrido, de los de su tiempo, porque tras una corta estancia en Madrid se embarca con la expedición de Pedrarias Dávila, en 1513, gobernador de Castilla del Oro. Los cargos que desempeñó en las nuevas tierras invadidas son conocidos por todos, veedor de las fundiciones de oro y escribano real. En principio, el nombre de Gonzalo Hernández de Oviedo, nos puede parecer un interesado por la cultura, las costumbres... la historia, y para muchos un personaje de agradecer, por lo que nos reveló y transmitió, pero no debemos olvidar que en sus memorandos se enseñó como un firme defensor de los conquistadores, invasores, y un encarnizado enemigo de los indígenas, por lo que sus crónicas bien pudieran estar contagiadas de esa óptica personal. Sin embargo, es lo que hay, pocas alternativas nos quedan para comparar.

Por él conocemos que, cuando llegaron a las nuevas tierras, los indígenas de esta región, donde se sitúa hoy la ciudad capitalina, Managua, celebraban una antigua tradición al dios Xolotl, el dios del maíz. Los indígenas que participaban en la recolección del maíz, entre los meses de Julio y los primeros días de Agosto, llevaban una vida llena de austeridad, en lo referente a placeres durante el tiempo que duraba la cosecha o tapizca. Cuando ésta terminaba, el cacique daba rienda suelta y hacía permisivas las prohibiciones, participando todo el pueblo en una masiva celebración, permitiendo a todos los hombres hacer lo que les viniera en gana, con las relaciones sexuales o el licor... Los pobladores bajaban al dios Xolotl de Las Sierritas, como se le llaman a las sierras de Managua, donde se sembraba el maíz y producían las cosechas, hasta la orilla del lago Xolotlán, o Managua, donde lo paseaban navegando sobre sus aguas.

Pero volviendo al principio y origen de mi artículo, los invasores religiosos no verían con buenos ojos tanta permisividad, tanto pagano suelto y borracho, por lo que hicieron como en tantos lugares del mundo, provocar el encuentro con el santo en cuestión que le vendría a sustituir. Santo Domingo de Guzmán, llamado cariñosamente por los managuas Mingo o Minguito. Me supongo que no sería coincidencia que fuera Santo Domingo el elegido, existe un punto de referencia que nos lo pone más fácil de entender y adivinar, al igual que la imagen del santo católico tiene en su base un perro como mascota, al dios del maíz también le acompañaba otro de diferentes características, el perro xulu, o pelón. Xoloitzcuintli, Perro Raro en Nahuatl, era pelón, no ladraba y su carne era un plato favorito en los rituales. Se supone que esta costumbre fue una de las causantes en la desaparición de esta especie de can nativo, que dejó de existir en el siglo XVII.
La nueva era de Xolotl comenzó en 1885, después de que un aluvión causara cientos de muertos en la capital de Nicaragua, el 4 de Octubre se desató un fuerte aguacero sobre la sierra que arrastró árboles y grandes peñascos, causando estragos en Managua. Estos hechos junto a una peste de fiebre amarilla que también asoló a la ciudad por aquellos años, fueron la oportunidad para que el dios Maíz se vistiera de Santo Domingo. Esto lo causó un "encuentro", en Las Sierritas, cuando un campesino de nombre Vicente Aburto, que derribaba un árbol quemado, encontró una pequeña figura de 20cm dentro del tronco hueco. La extraña aparición en insólitas circunstancias provocó la curiosidad de la familia y vecinos de Vicente, que decidieron bajar hasta la ciudad y preguntarle al sacerdote de una iglesia del centro viejo cual era el santo en cuestión. El religioso les puso en conocimiento y se quedó con la imagen encontrada, mientras que los campesinos regresaron a las Sierritas. Pero cual fue la sorpresa de éstos que, cuando llegaron al lugar del hallazgo, de nuevo estaba la figura de Santo Domingo en el mismo tronco del árbol. Bajaron de nuevo con la imagen a visitar al cura y éste les dijo que era imposible, que lo tenía guardado en la iglesia, pero cuando fue a buscarlo encontró que no estaba, por lo que la conclusión a la que llegó el párroco era la de que Santo Domingo pedía a "gritos" que le edificaran una ermita para venerarlo en el lugar en que fue encontrado.

Hoy en día la celebración es una mezcla, más relacionada con la pagana indígena que con las religiosas católicas, Xolotl ha pasado a llamarse Santo Domingo de Guzmán, los feligreses cumplen sus promesas de la manera que les viene a estipular y de igual modo caminan de rodillas todo el recorrido, que se visten de indio, de diablo, de mujer, o la cumple regalando bocadillos y golosinas a todos los asistentes. La manera de cumplir la promesa es predispuesta por el penitente y en ocasiones son heredadas esas promesas, de padres a hijos cumplen el mismo cometido en ofrenda a Mingo o Minguito. La pequeña imagen se venera y se baja de Las Sierritas, donde tiene su ermita, el día primero de Agosto se celebra la bajada a la ciudad en procesión, hasta el lago Managua, y el 10 del mismo mes se celebra la vuelta. Los porteadores de la imagen se turnan y lo llevan de manera poco lineal, respetando el recorrido pero de una manera informal, turnándose entre los mismos cofrades pertenecientes a la misma hermandad, en modo parecido de llevar a la procesión de la virgen del Rocío, en Huelva, España, pero con identidad propia. Es una fiesta multicolor, donde el licor corre sin control, los cohetes pirotécnicos inundan el aire a pólvora quemada y las milenarias marimbas marcan el ritmo de la fiesta.

Una vez más el pueblo continuó celebrando sus costumbres como lo hacían sus antepasados, no como obligaban las doctrinas visitantes, invasoras. Los tiempos han cambiado y las costumbres evolucionan, pero Xolotl no ha sido olvidado por su pueblo, si acaso le han cambiado el maquillaje, los hábitos, no han podido con su manera de entender la fe de los managuas, que a mitad de camino entre lo religioso y lo pagano venera a su santo, que bien podría llamarse Santo Xolotl de Las Sierritas.








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