lunes, 29 de junio de 2009

Amanecer republicano


Hace varios días me encontré con una noticia en distintos diarios españoles que me atrajo sobremanera. La noticia se reproducía casi calcada y sólo algunos y diferentes detalles en la redacción las diferenciaba, me sedujo más la que escribía Rafael Villegas, en Público.es. Pero cuando la veracidad es primordial en la información el medio es lo de menos y en este caso coincidían todos en la importancia que tenía el hallazgo de la cinta cinematográfica en Priego de Córdoba, un hermoso pueblo al sur de la provincia y que fue cuna del primer presidente, provisional, de la II república D. Niceto Alcalá-Zamora. Nació en esta localidad en 1877 y presidió el país hasta dos meses antes del levantamiento militar que arrancó de cuajo los sueños de libertad y progreso de la mayoría de los españoles, en julio de 1936. El amanecer de una nueva era en España, que es como se titula la película encontrada, recoge momentos de esos días tan importantes para la historia de España, pero además del contenido, un documento cinematográfico único, se valora la calidad visual y sonora que conserva después de 73 años escondida en la casa del alcalde de Priego, amigo de Alcalá-Zamora, D. Francisco Adame. Un verdadero milagro si pensamos que el nitrato de 35 milímetros, material con el que está hecha la cinta, es altamente inflamable, y que estaba escondida en el tercer piso de la vivienda, detrás de un armario y bajo la azotea, donde en verano el termómetro marca pasados los 40º.

La familia tenía constancia de la existencia de la cinta, pero nunca pudieron encontrarla, ni siquiera los falangistas que registraron la casa varias veces dieron con ella, lo que le obligó a cambiarla de escondrijo. Cuando la sublevación nacional el ex-presidente Alcalá-Zamora se encontraba fuera del país y su amigo y alcalde se encargó de proteger algunas de sus pertenencias importantes para el gobernante prieguense, entre ellas estaba la película, en una caja metálica donde figura en su exterior la tricolor republicana y una inscripción que daba cuenta del contenido, "Noticiario Fox Movietone dedicado al gobierno provisional de la República, junio de 1931". La Fox Movietone fue el primer noticiario hablado y eran ofrecidos como un cortometraje anterior a las películas. La cinta ha sido digitalizada y su divulgación por parte del Patronato Niceto Alcalá-Zamora pretende dar a conocer y difundir la labor del ex-presidente republicano español. La cinta se encontró por casualidad, hace unos meses cuando se llevaban a cabo unas obras en el edificio salió a la luz, para mostrarnos la realidad de aquellos días, porque si algunas imágenes de las que recoge el documento cinematográfico ya eran conocidas, lo eran desde ángulos distintos, otras son inéditas al igual que los sonidos emitidos.

La película recoge los ilusionantes días del comienzo de la II República, la alegría desbordada de los ciudadanos y el orden y pacifismo con que se llevó la revolución. Las imágenes del 14 de abril de 1931, día de la proclamación de la II República, en la Puerta del Sol de Madrid; un discurso de Alcalá-Zamora como presidente; el recibimiento al piloto Ramón Franco, hermano del futuro dictador, desterrado en Francia; homenaje de los socialistas en el cementerio de Madrid a Pablo Iglesias con discurso de Indalecio Prieto; también Indalecio Prieto en imágenes de la celebración del 1 de mayo, junto a Miguel de Unamuno, Francisco Largo Caballero, algunas palabras del por entonces embajador de España en Washington, Salvador de Madariaga, desde el balcón de la Puerta del Sol; la quema de conventos en Madrid del 11 de mayo de 1931; y la presentación del nuevo himno republicano en un acto musical en la plaza de toros de Madrid. De igual manera el film muestra los cambios que se llevan a cabo y que acontecen en España bajo el gobierno de la República y proyecta el acontecimiento de la toma de posesión de Victoria Kent como Directora General de Prisiones, bajo el titulo "Una gran victoria del feminismo en España", con intervenciones de Fernando de los Ríos y de la propia Victoria Kent.

No cabe duda que la figura de Victoria Kent es atractiva para cualquier historiador, una mujer que comenzó a romper barreras en lo social y lo político, en una época en la que las mujeres apenas tenían intervención en la vida pública española. La película hallada da pie para muchos temas, de distinta índole, la cinta recoge acontecimientos que para los españoles son de enorme importancia y podría derivarnos por muchos caminos, aunque siempre acabarían por desembocar en la contienda militar que provocaron los fascistas Hitler y Mussolini, apoyando a un grupo de militares también fascistas y que arrastraron al enfrentamiento civil a ciudadanos del mismo país, del mismo pueblo, de la misma familia. Sin embargo, de todo cuanto recoge la cinta, me llama poderosamente la atención la figura de Victoria Kent, controvertida, incomprensible cuando descubrimos que a pesar de sus convicciones democráticas y feministas se opuso a la concesión del derecho de voto a las mujeres, ella creía que lo emplearían en un sentido conservador; este pensamiento hoy nos resulta incomprensible, incluso si todas las mujeres del mundo votaran a los conservadores, estarían en pleno derecho al voto. No obstante, por aquellos días la iglesia influía más en las mujeres que en los hombres, en la educación, en las costumbres, como ejemplo está "La casa de Bernarda Alba", de Federico García Lorca; aún así también se podría pensar que el marido de cada una influiría más que la propia iglesia. La cuestión es que esta convicción le hizo mantener una polémica al respecto con otra representante feminista en las cortes republicanas, Clara Campoamor, curiosamente feminista y socialista al igual que victoria.

Victoria nació en Málaga, el 3 de marzo de 1892, y realizó sus estudios elementales en su propia casa, con profesores particulares, más tarde continúa en la Escuela Normal de Maestras. En 1917 cambia Málaga por Madrid y asiste al Instituto Cisneros a estudiar el Bachillerato; más tarde entra en la Facultad de Derecho de la Universidad Central en 1920, y cursa la carrera como alumna no oficial hasta junio de 1924, cuando se licencia. Desde que llegó a Madrid se alojó en la Residencia de Señoritas, dirigida por Dña. María de Maeztu, y se pagó sus estudios dando clases particulares y en la Escuela de Enseñanza Secundaria, también dirigida por Maeztu. En enero de 1925 entró en el Colegio de Abogados y aunque parece ser que no tenía mucho interés en ejercer su profesión, el 1 de mayo del mismo año lleva a cabo su primera intervención como abogada defensora. Pero su protagonismo en un hecho inaudito hasta entonces es lo que la pone, en 1930, en las portadas de los periódicos nacionales y extranjeros. Fue nombrada letrada de D. Álvaro Albornoz, miembro del Comité Revolucionario Republicano, defendiéndolo ante el Tribunal Supremo de Guerra y Marina. Fue la primera mujer en el mundo en intervenir ante un consejo de guerra y consiguió la absolución de su defendido.

En 1931 se presentó a las elecciones y fue elegida diputada por las Cortes Constituyentes de Madrid, el presidente de la República D. Niceto Alcalá-Zamora la designó personalmente Directora General de Prisiones y se mantuvo en el cargo hasta 1934. Su labor al frente de prisiones fue bajo el criterio de que las sociedades están obligadas a recuperar al delincuente como persona activa; estableció permisos para los presos; cerró 114 centros penitenciarios por estar en malas condiciones; creó la cárcel de mujeres de Las Ventas; y eliminó el uso de grilletes y cadenas en los prisioneros. Con todo el metal mandó modelar una estatua dedicada a la figura de Concepción Arenal, su predecesora y de quien continuó la labor emprendida. Su trabajo al frente y como responsable de prisiones fue importantísimo para el sistema penitenciario en España. A pesar de no tener un carácter agradable ni especialmente locuaz, si era muy trabajadora, clara, decidida y tajante, lo que le recompensó volver a salir elegida en las siguientes elecciones de 1936, pero la guerra estaba a la vuelta de la esquina.

Cuando estalló la guerra el gobierno le encargó otra ocupación distinta, la de Primer Secretario de la Embajada de España en París y desde allí fue encargada de buscar asilo a los niños exiliados en Francia. En la II guerra Mundial ayuda en la salida de los refugiados españoles hacia América, pero paradójicamente ella quedó atrapada y no pudo salir, lo que le hizo permanecer en la capital francesa escondida durante los cuatro años de ocupación nazi. Terminó la guerra y se instaló en México, donde fue nombrada Directora de la Escuela de Capacitación para el Personal de Prisiones, hasta 1950, año que se traslada a Nueva York y entra a formar parte de la Sección de Defensa Social de las Naciones Unidas. Cuatro años más tarde funda la revista Ibérica, donde recoge todas las noticias llegadas desde España, dirigida a los exiliados españoles en Estados Unidos. Sólo en una ocasión regresó a España, fue en 1977, dos años después de la muerte del dictador y 10 años antes de que nos dejara para siempre.









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jueves, 25 de junio de 2009

Jarabo, asesino y caballero español


Aquella mañana fría de Madrid era distinta a todas, ya sé que ninguna mañana se parece a otra, pero la del jueves 29 de enero de 1959 era especial, se iniciaba en el Palacio de Justicia el juicio contra José María Manuel Pablo de la Cruz Jarabo Pérez-Moris, sobrino del que por aquellos días era presidente del Tribunal Supremo, Francisco Ruiz Jarabo, y quien más tarde y pasados los años sería Ministro de Justicia. En el ambiente de la ciudad flotaba el aroma a festivo, personajes famosos como Zori o Sara Montiel, un torero de renombre y mujeres, muchas mujeres, entre ellas esposas de altos funcionarios de la administración franquista, acudían a la sala como si de un espectáculo se tratara; como dice el diario El País, fuente de información para este artículo, sólo faltaba la orquesta de Bernard Hilda para que aquello fueran las tardes del Ritz. La entrada de Jarabo fue impresionante, la sala de la sección quinta se convirtió en un murmullo cuando apareció en ella el protagonista, con paso firme, decidido y dedicando sonrisas a las presentes, que extasiadas le admiraban con traje de estreno y a medida, al igual que los otros cuatro trajes que estrenaría en los cuatro días siguientes hasta terminar el juicio. "Una ocasión como ésta bien merece estrenar un traje", dicen que dijo, sin que influyera en su actitud las cuatro penas de muerte que le pedían por otros tantos asesinatos.

Ni siquiera el acusado esperaba menos de lo que le pusieron como condena, una pena de muerte por víctima, De nada le valió que su tío presidiera el Supremo, ni las amistades influyentes de la dictadura. Cuentan que Franco no dudó y dio el visto bueno para la ejecución; como si lo de firmar penas de muerte le fuera a causar algún problema de conciencia al dictador, cuando de todos es sabido que no había cosa que le gustara más he hiciese más feliz que firmar ejecuciones mientras rezaba el rosario. Pero tratándose de quien se trataba, un personaje del régimen, es muy probable que se lo pensara dos veces antes de decidirse, claro que las muertes de las dos mujeres pesaban demasiado en la opinión pública para dictar lo contrario y todo el país estaba a la espera de la resolución judicial. El verdugo de la Audiencia Nacional, Antonio, tenía en su haber una larga experiencia al mando del garrote vil y fue el encargado de dar muerte al último reo por este procedimiento tan sádico, a la última víctima de tal artilugio siniestro. Era el número 18 en su historial, uno se pregunta si Antonio, el Verdugo, podría dormir... tranquilo o no, o si su conciencia pasaría por alto sobre aquellas "muertes oficiales", si no daría mayor importancia que la que le da un albañil cuando coloca ladrillos o un mecánico que aprieta una tuerca. Daniel Sueiro se haría estas mismas preguntas que muchos nos hacemos, y supongo que muchas más, para decidirse a escribir un libro sobre el tema, tan morboso como siniestro; Los verdugos españoles recoge una conversación que el escritor mantuvo con Antonio: "Era un jabato así de alto, 105 kilos pesaba. No paró de beber whisky y fumar, y en toda la noche se quitó la corbata. Y le tuve que decir al director de la cárcel cuando llegó la hora que se la quitara porque si no el garrote no iba a funcionar. Llevaba una colonia que debía de valer un dineral. A las cinco oyó misa y comulgó. Y se puso los dientes de oro y todo sabiendo que iba a morir".

Algo tuvo que suceder para que se dejara de utilizar el garrote vil para los condenados a muerte, se pregunta uno, y efectivamente pasó; de nada le sirvió toda la experiencia acumulada al bueno de Antonio para que la ejecución se convirtiera en un cruel espectáculo, una carnicería que no pudo evitar con aquel cuello de toro. Las dos vueltas al tornillo del garrote que Antonio dio no fueron suficientes y Jarabo continuaba vivo, fueron veinte minutos los que tardó el médico en certificar la defunción del condenado. La dantesca escena causó tanta impresión entre los presentes que se creó una comisión de médicos para realizar un estudio sobre el uso del garrote, dicho con otras palabras, para tratar de eliminar tan cruel ejecución. Tratándose de quien se trataba se temía que el ejecutado no fuera el sobrino del presidente del Supremo y se corrió la voz de que en su lugar iban a enterrar a un gitano también condenado a pena de muerte, y así librar a Jarabo de la pena capital. El féretro fue llevado hasta el cementerio con la escolta de coches policiales y un comisario oyó como un chófer comentaba el rumor del posible cambio de reo. Cuentan que el comisario agarró al chófer por el brazo, y poniéndole el frío metal del cañón de su pistola en la sien le obligó a abrir el féretro, cuando lo hizo le dijo el comisario: ¿Es o no es Jarabo, rojo de mierda?

Jarabo fue un chico de buena familia, un alumno del colegio del Pilar de Madrid, de donde saldrían tantos Ministros, directores generales y prebostes, siempre fue mimado por su madre. En 1940, recién cumplidos los 17 años se trasladó con su familia a Puerto Rico, abandonó sus estudios y se tiró a la vida de golfo y holgazán. Con 20 años contrajo una neurosífilis y pocas semanas después se casó con una rica heredera. Pero Jarabo no estaba hecho para el matrimonio, se divorció pronto y se trasladó a Nueva York. Su delictiva vida se desarrolló como un relámpago y al poco tiempo fue condenado por tráfico de drogas y de pornografía, lo que le costaron cuatro años de cárcel. El 20 de mayo de 1950 aterrizó en Madrid con 10 millones de pesetas, que su madre le dio para que se estableciera en la capital española y comenzara una nueva vida, pero las vivencias y experiencias adquiridas en el mundo del hampa, de las drogas y la prostitución, le convirtieron en el rey de Madrid. Sin embargo, el ritmo de vida de Jarabo no permitió conservar el dinero que su madre le dio más de 2 años. Madrid era entonces una pequeña ciudad y personajes como él no pasaban desapercibidos, sus trajes a medida, sus coches de lujo, su aspecto de galán de cine, simpático, de exquisito trato, alto, fuerte y con una insaciable sexualidad, fueron ingredientes más que suficientes como para que las mujeres se lo rifaran.

Cuentan de él que en muchas ocasiones salió en defensa de quienes lo necesitaban, como en la que un día, tomándose un negroni en Parsifal, frente al estadio Bernabeu, vio como tres tipos adinerados se burlaban de un hombre mayor que acompañaba a una joven y guapa muchacha, se fue hacia ellos, los sacó del local y fue tal la paliza que le dio a los tres que aún hoy se recuerda. De todas maneras no era extraño que a menudo se viera envuelto en peleas, casi siempre con faldas de por medio, la agresividad que despertaba en él el alcohol era la causante de sus problemas, sus dos debilidades, el alcohol y las mujeres, y el honor por una de ellas le llevó hasta la pena de muerte. Beryl Martin Jones era inglesa y había llegado a Madrid pensando en unas vacaciones, buscando tranquilidad y tratando de reflexionar sobre su matrimonio que se encontraba en crisis, a su marido, francés, lo dejó en Lyón. Era el comienzo del verano de 1957 y por su camino se cruzó Jarabo, el peor antídoto para sus males sentimentales, no tardó en caer en los brazos del seductor y de enamorarse, un verano idílico. Cosa que parece fue recíproca porque la relación con Beryl fue más duradera de lo que era normal en la vida de Jarabo.

Pero al latin lover se le complicó la economía, se quedó sin dinero y un envío de cocaína que esperaba no terminaba por llegar, una de su principal fuente de ingresos; las 7.500 pesetas mensuales que su madre le enviaba era una insignificancia comparado con sus gastos, y el galán puso sus ojos en el anillo que su amada llevaba, un hermoso solitario de oro con un brillante que costaba de 50.000 pesetas para arriba. Pensó en Jusfer, una tienda de compraventa que en realidad era una casa de empeños, si querían recuperar lo empeñado tendrían que hacerlo rápido o de lo contrario lo venderían a un tercero. Jarabo dedujo que mientras le llegaban los ingresos por la cocaína sería bueno el dinero que le ofrecieran, pero se quedaron petrificados cuando lo que le daban por la joya no pasaba de 4.000 pesetas, no les quedó más remedio que aceptar y así lo hicieron. Llegó el frío de Madrid y Beryk cayó enferma, su marido vino a Madrid y la convenció para regresar a Lyón y pasar las navidades en la ciudad francesa. Nunca más volvieron a verse. Beryl le escribía con regularidad y en una de esas cartas le recordó el anillo, Jarabo ya casi se había olvidado de él y volvió a Jusfer con la intención de recuperar la joya. Pero la respuesta de uno de los usureros, Emilio, fue que la joya era de Beryl y que era ella quien tenía que recuperarla. Jarabo le dijo que estaba en Lyón y que si le servía una carta en la que la reclamaba, aceptó el prestamista y cuando regresó con la misiva encontró otro contratiempo, tenía que entregar el 250 por ciento de lo que le habían dado, pero Jarabo no disponía de ese dinero, así que acordaron dejar la carta en la caja fuerte hasta que tuviera dinero para recuperar el anillo. Pasó algo más de tiempo y cuando fue con el dinero acordado los prestamistas le exigieron más dinero, el doble de lo acordado. Ahí quedó la negociación, cuando abandonó la tienda lo hizo con la idea concebida de cómo recuperar la joya y la carta.

Le compró una pistola a un sereno del Paseo de la Habana, una FN calibre 7,65 mm, haciéndose pasar por un teniente coronel de Aviación coleccionista de armas. Pasadas varias semanas llamó a los prestamistas en vísperas del 18 de julio, fecha del Alzamiento Nacional, el día que Franco celebraba la instauración de la dictadura fascista, les dijo a Emilio y Félix que tenía dinero suficiente para recuperar la joya y que se pasaría el día sábado 19 a las 8´30. Jarabo gustaba de acudir a los acontecimientos vestido de punta en blanco y de los más de veinte trajes que tenía escogió su favorito. Las estrecheces económicas le habían alejado de los buenos hoteles y por entonces se hospedaba en la pensión Escosura, y trajeado salió de la pensión, nunca pensó en acudir a la tienda si no a casa de Emilio, que vivía a una cuadra del negocio. Los serenos cerraban los portales a las diez y Jarabo llegó unos minutos antes, abrió la puerta del ascensor con los codos y con los nudillos de los dedos pulsó los botones para no dejar huellas, lo tenía todo planeado. Llamó al timbre y le abrió Paulina, la criada, y le hizo pasar al salón comedor, cuando Emilio le vio allí se enfado porque no era lugar para los tratos y le dijo que se marchara. Jarabo se dirigió hacia la salida y abrió y cerró la puerta como para que creyera que se había marchado, pero pasados unos segundos, y sin que se advirtiera del peligro, en el cuarto de baño el prestamista notó en su nuca el arma que fatalmente disparó el latin lover. Pero Paulina, que estaba en la cocina pelando judías verdes en la cocina, al escuchar el disparo comenzó a gritar y ante la complicación que se presentaba, Jarabo le clavó el cuchillo que usaba en el corazón. A los pocos minutos llegó la mujer de Emilio, María de los Desamparados, que estaba embarazada, Jarabo se hizo pasar por inspector de hacienda y le dijo que su marido había ido a la tienda acompañado de otros inspectores para hacer unas comprobaciones, pero las manchas de sangre en su traje le delataron y acabó con ella de otro certero disparo.

Aquella noche decidió quedarse en el piso junto a las tres víctimas, tomando coñac y esnifando cocaína, y en la mañana del domingo salió a la calle con una maleta, donde guardó el traje y algunas piezas de valor, se fue a su pensión y allí quedó durmiendo todo el día. El lunes a primera hora, llegó a la tienda y entró con las llaves que le quitó a Emilio por la puerta trasera, cuando llegó Félix se encontró con su asesino y de dos disparos acabó con su vida. Pero después de todos los crímenes no pudo recuperar lo que pretendía, no encontró las llaves y no pudo abrir la caja fuerte. Cuando descubrieron los cadáveres él estaba en la tintorería con su traje favorito, al que había llevado a limpiar, pero aunque él dijo que la sangre se debía a una pelea, los tintoreros no pensarían igual y llamaron a la policía. Cuando fueron a detenerlo no opuso resistencia alguna, como un caballero se entregó y mientras declaraba los asesinatos pidió que subieran comida del Lhardy para todos y una botella de coñac francés; y para él una inyección de morfina.



Texto perteneciente al libro Miradas Impacientes II
Autor y propietario de todos los derechos legales: Antonio Torres Rodríguez.

domingo, 21 de junio de 2009

La Camelia, Maharajaní de Kapurthala

Pocas veces una historia tan real me pareció un cuento tan romántico como la vida de Anita Delgado. Hace varios años, pocos, dos, tres... no sé en concreto cuántos ni tampoco importa mucho el detalle, escuché en la radio la presentación de un libro sobre la historia de esta malagueña que fue rani de Kapurthala, hasta entonces desconocía de su existencia. No todos los días una malagueña es reina y si se trata de un reino exótico como el de Kapurthala más atractiva se presenta la ocasión. En su tiempo, por los albores del siglo pasado, fue un acontecimiento único, de tal envergadura social como lo puedan ser hoy los Beckam, o como lo pudieron ser los Grimaldi, Raniero y Grace, en la década de los 50. Tanta sensación causó que aún por los años de mi niñez se oía decir popularmente frases tan expresivas como: vive como un maharajá; u otras como: búscate un novio maharajá. Estas expresiones no tendrían nada de extraño o anormal a no ser porque quienes las decían eran gentes del pueblo, en su mayoría ignorantes del propio significado que asociaban esta palabra tan inusual, para los campesinos de Andalucía u otros rincones de España, con reyes, opulencia y riquezas en todo su esplendor. Aquella unión entre la malagueña Anita y el maharajá Jegait Singh fue tan popular que llegó a todos los rincones de la empobrecida España de principio del siglo XX y, como frases hechas, se fueron alargando por el tiempo hasta hacerse propiedad de la expresión popular aún después de haber desaparecido sus protagonistas.

Que un personaje tan poderoso económicamente y de tanta influencia como Jegait Singh se enamore de una casi analfabeta bailarina de flamenco o danza española, como lo era Anita, es un hecho increíble y bien podría tratarse de una historia disneylandesca a no ser porque los acontecimientos históricos así lo reflejan. Existen uniones como la anteriormente mencionada de Grace y Raniero o, la más actualizada versión, entre Felipe de Borbón y Letizia Ortiz, que pudieran servir de precedentes, ambos príncipes y ellas de procederes tan distintos como las artes escénicas o el periodismo, pero aún así las dos profesiones son válidas y complementarias con sus reales trabajos, los de relaciones públicas. No obstante, resultan incomparables por la cultura y preparación académica o profesional entre ambas, Letizia y Grace estuvieron desarrollando una carrera, preparándose con un fin distinto pero a la larga compatible con lo que la providencia les brindó. En cambio, Anita, se hizo reina por su gracia andaluza, belleza de la época y dotes para la danza.

Cuando me recreo en sus facciones, en su rostro, obligatoriamente me tengo que desviar y dejar correr la imaginación, para entender qué algunas otras cualidades que no reflejan las fotografías tuvieron que influir de tan significante manera, para que el maharajá se perdiera locamente por la graciosa bailarina que danzaba ajena a su futuro inmediato en el escenario del Central-Kursaal. Habría que empezar por la mencionada belleza de la época, todo lo contrario que en nuestros días, las curvas y redondeces de un cuerpo rellenito era sinónimo de belleza y atractivo, sus rasgos agitanados y su cabello negro, al igual que su tez morena, eran ingredientes más que suficientes para el gusto de un hindú, que aún sin ser de su raza sí la acercaba, eso sí, con un toque exótico para él. Lo de su preparación intelectual... la verdad es que de poco debe interesar cuando no lo es necesaria, estaba claro que al maharajá le atrajo sobremanera su atractivo, superior a su preparación. Supongo que, aunque lo pensara, no supuso un obstáculo para sus pretensiones con Anita, y si no se dio cuenta de su discreta o mínima preparación hasta no recibirla en Kapurthala, tampoco creo que tardara mucho en convencerse de que no supondría un trauma insuperable... ya conocemos el concepto que sobre las mujeres tenían y tienen algunas culturas machistas, donde los harenes son como quien tiene en su casa o palacio una sala con mesa de billar y donde las bolas son imprescindibles pero siempre sustituibles por otras que no alteran las reglas del propio juego.

Ni por asomo, no así por sueños, se imaginaría Anita lo que el futuro le deparaba, cuando bailoteaba con su hermana Victoria en el café La Castaña, que sus padres Ángel Delgado y Candelaria Briones regentaban. La luz mediterránea de Málaga parece que tiene hechizo, y no lo digo por brujería sino más bien por lo de personajes interesantes que ha dado al mundo, Anita vio esa luz única a orillas del Mare Nostrum en la calle Peña, el 8 de febrero de 1890. Junto con su hermana comenzaron desde muy pronto a asistir a clases de interpretación, que más que eso se me antoja que serían clases de baile andaluz o aflamencado, o danza española. Existen muchas versiones en pequeños detalles sobre su biografía pero si nos trasladamos a la realidad de una ciudad provinciana y, como el resto del país, sumergida en una situación económica deplorable, cuesta lo de "interpretación", esto va más con nuestros días pero inimaginable por aquellos tiempos, donde las tabernas y ventas eran los sitios especializados en el arte, luego de alguna representación esporádica. Una academia de clases de interpretación por aquellos días me la imagino en ciudades de primer orden, Madrid, Barcelona, Valencia... pero todo es posible, incluido lo de la interpretación. Fuese de la manera que fuere tuvieron pronto que abandonar sus clases interpretativas y emigrar a Madrid, la mala situación económica de sus padres, que tuvieron que dejar el café, y la muerte de su abuela pocos meses después fueron los detonantes para decidirse por el traslado a la capital de España.

Aunque la venta de la casa de su abuela les supuso algo de dinero no solucionó los problemas de precariedad que se presentarían de nuevo, su padre no trabajaba y ellas, las niñas Anita y Victoria, aprendían baile en las clases que una vecina les daba gratis, no tenían dinero para pagarlas, pero aquella mujer vería algo que le motivaría lo suficiente como para no importarle y continuar enseñándolas gratis. Dicen que las cosas "sólo tienen que estar malas para que cambien a mejor", claro, hay momentos en los que ya no pueden estar peor y eso parece que fue lo que les sucedió, un golpe de suerte les cambió la vida a toda la familia cuando unos empresarios que buscaban caras nuevas las contrataron para bailar a razón de 30 reales por noche y, a las pocas semanas debutaron de teloneras de los artistas del Central-Kursaal, con el nombre de Las Hermanas Camelias. El café-concierto Central-Kursaal no era un sitio cualquiera, en él se reunía lo más granado de los intelectuales y artistas de la época, Julio Romero de Torres y Ricardo Baroja eran dos pintores asiduos y no perdieron el tiempo en pedirles que posaran para ellos, pero Anita, que tenía 16 años por entonces, no aceptó, todo lo contrario que su hermana Victoria, que se dejó retratar por los dos maestros de la pintura.

Uno siempre puede pensar cualquier cosa ante coincidencias como ésta y creer o no que la providencia sólo es una oportunista que se aprovecha de las casualidades, pero creíble o no la fortuna se había decidido a agasajar a la joven y guapa malagueña. Eran días históricos los que marcaba el calendario, el rey Alfonso XIII se casaba con Victoria Eugenia de Battenberg el 31 de mayo de 1906 y a la boda fueron invitados personajes de todas las realezas, de todos los continentes, la nobleza de todo el mundo se dio cita en Madrid. Uno de estos personajes invitados fue al espectáculo del Centra-Kursaal y nada más verla quedó prendado de la joven bailarina malagueña. El maharajá de Kapurthala acudió a Madrid con un harén de 120 mujeres pero parece que no les eran suficientes. Jegait Singh, de 34 años, le doblaba la edad a Anita, le mandó una nota con un emisario en la que le decía que deseaba conocerla, pero cuentan que no sólo lo rechazó sino que lo hizo con vehemencia andaluza. Los acontecimientos se precipitaron y los nobles y reales invitados abandonaron la capital más que a la carrera, debido al atentado terrorista sufrido contra los reyes en la calle Mayor. Jegait no se quedó conforme con la respuesta y desde París continuó en sus pretensiones, insistió, y en una carta le pedía que se casara con él, estaba claro que Cupido se lució aquella noche en el café-concierto. Ella, en un principio, no acepta, pero en una de las cartas, Anita, le responde que sí, que se casará con él. La misiva pasó por manos de Romero de Torres y Valle-Inclán antes de ser enviada y al comprobar la sencillez de su lenguaje y las numerosas faltas de ortografía deciden redactar una nueva carta, una poética declaración de amor hacia el maharajá. Viajó a París y de ahí a la India, donde se casó el 28 de enero de 1908, con 18 años y en una ceremonia con una majestuosidad como pocas, a la que la novia acudió montada en un elefante lujosamente adornado.

La pareja se convirtió en unas de las más admiradas de la época, sus constantes viajes por Europa, Estados Unidos y otros países de América atrajeron a los paparazzi de entonces y los perseguían por todas partes. Entre los exquisitos regalos del marido, con los que la agasajaba, se encontraban las mejores joyas, en especial la esmeralda de media luna que llevaba en la frente el elefante más veterano del palacio y de la que Anita se había encaprichado. La rani malagueña que fue bailarina vivió durante años en la India dejando atrás su pasado humilde, tuvo a su hijo Ajit, al que enseñó su idioma y la felicidad parecía haber abrazado a la andaluza para siempre. Pero la guerra mundial de 1918 también dejó huella en su matrimonio, provocando la primera crisis, el maharajá se puso al servicio del ejército británico y ella le acompañó haciendo importantes donativos a los hospitales franco-británicos. Cuentan que el motivo de la separación no fue otro que el breve romance que tuvo con uno de los numerosos hijos de su marido, Karan, y de Rani Kanari, Anita quedó embarazada y su marido la obligó a abortar. Cuando se repuso de la anemia causada por el aborto, el maharajá se separa de ella prohibiéndole volver a la India, y a cambio de no volver a casarse le da una pensión vitalicia; su hijo Ajit se quedó en la India.

Se instala en París y, allí vivió en su lujoso apartamento de la Avenida Víctor Hugo, su vida da un vuelco, se torna divertida y díscola, entre fiestas, bailes y cenas de gala. Años más tarde fue fotografiada con su amante y amigo Ginés Rodríguez, quien fue su secretario en su estancia en la India, cuando residía en los palacios reales de Kapurthala. Cuando acabó la guerra civil regresó a Madrid, donde vivió hasta que falleció el 7 de julio de 1962, como su ex-marido deseaba, como una princesa.




Texto perteneciente al libro: Miradas Impacientes II
Autor y propietario de todos los derechos legales: Antonio Torres Rodríguez.

martes, 16 de junio de 2009

Juguetes rotos, héroes de barro



Hace varios días, trabajando en mi taller de restauración, escuchaba en la radio el golpe sicológico que le supuso a la archiconocida Susan Boyle quedar en segundo puesto después de suponerla medio mundo virtual ganadora del programa televisivo que la dio a conocer. Pero ya lo cantaba W. Colón y Rubén Blades, "la vida te da sorpresas", y siempre hay que estar preparado, porque, cuanto más te elevas más fuerte puede ser la caída. En esta vida todo es efímero, pasajero, y hay que disfrutar de ese momento que la providencia nos regala, supongo que a todos, aunque de diferente manera, de lo contrario uno se acostumbra a esa situación especial y cuando regresa a la cruda, dura y anónima realidad, como le ha sucedido a la tímida y vergonzosa Boyle, de repente nos encontramos desorientados, sentados en el suelo y con el dedo en la boca. A la pobre Susan le pudo la presión, la ansiedad, y no resistió que dieran por ganadores a un grupo de jóvenes bailarines, cuando la fama ya le había convencido del triunfo, ¿cómo no confiarse después de ser invitada a cantar ante el presidente en la Casa Blanca por el mismísimo Obama? Que por cierto, rechazó la invitación por problemas de timidez.

La radio contaba su ingreso en una clínica psiquiátrica por un ataque de ansiedad, donde le enseñaron a soportar la presión de la fama, a la que tendría que enfrentarse en los numerosos conciertos programados por el concurso de televisión y acompañada de los ganadores. La recuperación parecía todo un hecho, pero las últimas noticias leídas al respecto cuentan que tuvieron que suspenderse los conciertos previstos por los mismos problemas psicológicos y devolver el precio de las entradas. El calor ya comenzaba a sentirse en la mañana cuando apareció por el taller un compañero de trabajo, Juan, el carpintero, en el momento que la radio nos ponía al día de las desventuras de la tímida escocesa y su "desdichado fracaso televisivo". Juan vino a contarme un suceso que yo desconocía y que fue causante para este escrito, el suicidio de un conocido cliente. Estaba casado con otro chico, pareja de gays, se conocieron en una tienda de muebles donde trabajaban y después de un tiempo decidieron unirse en lo sentimental y en lo laboral. Abrieron un negocio, una tienda de muebles, y la madre de uno de ellos les avaló con la hipoteca de su vivienda para el préstamo bancario que les daría la posibilidad de independizarse. La iniciativa no les fue mal al principio y las ventas iban mejor de lo esperado, animados por la suerte que les acompañaba fueron ampliando más y más, invirtiendo en más mercancía para vender... hasta que de repente nos visitó la crisis económica que se extiende por todos los rincones. Entonces la situación se tornó y las ventas decayeron, los pagos y deudas los acorralaron de tal manera que uno de ellos no pudo soportar que, no sólo perdieran el fruto del trabajo de varios años, la vivienda de su suegra estuviera a punto de ser embargada por el banco prestamista. Decidió ahorcarse.

No sé por qué motivo relacioné al joven suicida con Susan Boyle, en principio nada tiene en común, pero me pareció que los dos, de diferente manera, eran víctimas de la caprichosa providencia, ya sé que nada tienen en común la fama con vender más o menos muebles pero, aunque de diferente manera, los dos subieron y bajaron sus estatus de repente, por supuesto con peores resultados para el joven vendedor de muebles. Juan se fue y me quedé pensando en cuantos no soportan la presión, lo vulnerables y frágiles que somos ante situaciones repentinas cuando nos bajan algunos peldaños de la escalera a la que estábamos acostumbrados. Los problemas psicológicos de ansiedad, angustia, depresiones... de repente comenzaron a venirme nombres famosos a la memoria que no acabaron bien sus vidas por distintas razones, alcohol, drogas, psiquiátricos, suicidios... no pudieron soportar convertirse en juguetes rotos, en pasar de ídolos de masas a héroes de barro. Desde luego que son muchos los ejemplos que podía recordar, pero he elegido dos de ellos, muy distintos y con diferente fin.

Jesús Rollan fue un deportista español de élite, proclamado mejor portero del mundo y quizás el mejor portero de waterpolo de todos los tiempos. Con la selección española de waterpolo fue campeón olímpico en los juegos de Atlanta'96, y dos veces campeón del mundo, Perth'98 y Fukuoka en 2001. Fue un personaje querido por la afición española que le trató con cariño y reconoció su entrega y buen hacer, pero llegó la hora de colgar el gorro para siempre y se retiró del deporte de élite. Esto provocó primero su separación matrimonial y después de un tiempo, sumido en una profunda depresión psicológica, decidió pedir ayuda y quedó ingresado en una clínica, en el balneario de La Garriga, Barcelona. A los 5 meses de ingresado y en tratamiento medico, Jesús Rollan, con 37 años, decidió arrojarse desde una terraza del balneario a la calle, donde quedó su cuerpo sin vida. Jesús era un personaje simpático, agradable, no sólo de cara a la galería, sus compañeros de equipo, periodistas y personajes allegados a su profesión siempre resaltaron su carácter y buena actitud. Está claro que no pudo soportar el regreso a pasar desapercibido y, el que fue icono para muchos deportistas que veían en él el ejemplo a seguir, se transformó en un ídolo resquebrajado, destrozado por el anonimato que no pudo superar.

El otro ejemplo es más cercano, no tan conocido ni tan reciente, el suceso que protagonizó Álvaro Rafael Bustos, pero sí mucho más dramático y terrorífico. Fue uno de los tres fundadores del grupo musical de pop español Trébol, y aunque tuvieron distintos éxitos al principio de la década de los 70 ninguno como su famoso Carmen, en 1971 llegó a número uno en las listas musicales españolas, de todas maneras nunca llegaron a tener gran resonancia. El grupo se disolvió en 1977 y los tres componentes tomaron diferentes rumbos. Álvaro regresó a la casa familiar de sus padres y continuó con la música, aunque sin éxito, su padre, Manuel Bustos, era un conocido y querido profesor del Conservatorio de Música de Córdoba y sin duda fue el causante de su carrera y el apoyo más sincero. No recuerdo cómo conocí a Álvaro, pero las coincidencias en una pequeña ciudad de provincia en los últimos 70's y primeros 80's, eran muy corrientes, varias discotecas de moda y algunos pub en los que era frecuente encontrarse, en uno de esos pub trabajaba yo, por lo que es posible que ahí nos conociéramos. Nunca llegamos a tener una relación de amigos, pero sí amigable, conversábamos y comentábamos los proyectos que tenía y mi andadura por un programa de radio por aquel entonces, colaboraba en Radio Popular. Siempre me pareció un tipo agradable, simpático, un tanto retraído pero nada anormal.

Como digo era al principio de los 80's y decidí pasar un tiempo fuera de mi ciudad, en Tenerife, allí viví durante 6 años y la relación con Álvaro había pasado casi al olvido. Regresé a Córdoba en diciembre del 86 y a los pocos días la ciudad se despertaba con una terrorífica noticia de la que Álvaro era el protagonista, le había clavado una estaca de madera a su padre en el pecho. La conmoción fue generalizada y las interrogaciones sembraban cualquier posibilidad y sospecha, se tenía certeza del asesinato pero no aparecía ni el cuerpo ni el presunto parricida. Desde que el anonimato regresó a la vida de Álvaro fue entrando en una dinámica negativa para él, fue numero uno en la música con 16 0 17 años y el éxito le cegó, después llegó la cruel realidad y su inactividad le llevó al mundo de la brujería y el esoterismo. La relación con su padre fue de mal en peor y tras la muerte de su madre el hijo comenzó a obsesionarse con que el diablo era su propio padre. Por navidad, dos semanas antes de los hechos, fue al cuartel de la policía a poner una denuncia contra el padre, por ser el causante de la muerte de su madre, sin embargo los policías no lo tomaron en serio y le aconsejaron que se marchara y regresara otro día. Pero cuando volvió a tener contacto con ellos ya había asesinado a su padre. La sirvienta descubrió una gran mancha de sangre en la cama del asesinado y denunció a la policía lo hallado, pero ni encontraban el cadáver ni al causante de la tragedia. Había preparado una estaca con el palo de la fregona en la planta alta de la vivienda, la que compartían, y cuando su padre dormía en la media noche fue a despertarlo, según él para conversar y sacar a la luz todo el maligno que llevaba dentro, al parecer estaba basado en algún rito satánico o ceremonia de exorcismo. Después de la estacada le cortó los tendones de los talones para que no pudiera caminar cuando se reencarnara y lo introdujo en el maletero del coche del padre. Comenzó a dar vueltas por la ciudad esperando la reencarnación, incluso llegó a pensar en quemar el cuerpo, pero algo le retuvo, y después de toda una noche y un día, en la madrugada del lunes 6 de enero de 1987, Día de Reyes, la policía lo detuvo cuando decía ir a entregarse.







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sábado, 13 de junio de 2009

La fleur de l'élégance


Existen muchas frases hechas que utilizamos a menudo y que no expresan lo que realmente queremos decir, pero la costumbre de usarlas, como quien mete la mano con los ojos vendados en le cesto de las manzanas sabiendo que están mezcladas con las peras, nos hace pasar de largo en su significado, sin pararnos a pensar que puede ser una pera y no una manzana lo escogido, en este caso es lo dicho. Pero la fuerza de la costumbre hace que las demos por validas como bien dice una de estas frases hechas, "a buen entendedor con pocas palabras basta", así que lo importante en todo este rollo macabeo es que se entienda lo que realmente se quiere decir, aunque lo dicho nada tenga que ver con lo pretendido. Esto siempre es interesante, más aún cuando la mayoría de las veces no nos entendemos y ya no sólo escogiendo la frase poco adecuada si no con las palabras justas y precisas, por lo que las diferencias surgen con los malos entendidos, porque nos dejamos llevar por lo que queremos oír y no lo que realmente escuchamos... ¿?

En fin, parece que me fui por los cerros de Úbeda. Sinceramente, me podría haber ahorrado todas estas frases escritas hasta ahora, lo que pretendía era comenzar el artículo con una frase hecha y después de escribirla pensé que no era la más adecuada, y la borré. Esta frase es la que dice que: "sobre gustos no hay nada escrito" y por supuesto sí que lo hay y muy bien definidos. Desde luego los hay a quienes, como en el ejemplo puesto anteriormente, no les importa sacar una manzana o una pera cuando meten la mano en la cesta, con venda o sin ella, pero también existen quienes no se conforman con lo primero en encontrar, ni meten la mano en cesta alguna si no es sabiendo cuales y como son las frutas que la dichosa cesta reúne o cobija. Luego está la variedad de manzana, su punto de madurez, su volumen, contenido de azucares... no digamos ya en el caso de las peras. Lo que si está claro es que hay gustos para todos los gustos y cada uno tiene el suyo definido y que no siempre coinciden. Otra cosa o asunto son las modas, aunque estás están más generalizadas y marcadas.

Lo primero que a uno se le viene a la mente cuando se habla de modas son las vestimentas, vestidos y complementos, telas y colores, líneas y cortes, pero la moda no es sinónimo del vestir, por ella se rigen todos los diseños y cada decisión de la sociedad que, como la propia naturaleza, se renueva constantemente. La tendencia está encajada dentro de unos parámetros que serán sustituidos por otros casi totalmente opuestos, para que rompa lo anteriormente establecido, durante ese tiempo o temporada y que por lo general coinciden con las estaciones meteorológicas. Parece como si las modas ya vinieran de la mano con cada estación, turnándose y marcando tendencias por naturaleza, pero detrás de la implantación de las modas, de lo moderno o novedoso, hay muchas horas de trabajo, muchos estudios de marketing e inversiones, para que los ciudadanos del planeta y en cada rincón se entreguen con pasión desmesurada a esas novedades, no porque reúnan mejores cualidades o calidades que la moda actual o las anteriores, si no por el efecto novedad, lo que demuestra que el gusto del ser humano es superfluo, y de poca fidelidad, nos cansamos pronto de lo que nos rodea y nos entregamos apasionadamente a lo original o poco visto.

Pero... ¿y a lo que a nosotros se refiere? A nuestro cuerpo o soporte natural para dar movimiento y vida a esas modas, está claro que no todos tenemos las mismas hechuras, la misma percha, el mismo saber llevar. Pero una cosa es cómo vemos esas novedades vestidas por los demás, otra cómo nos vemos nosotros y otra muy distinta es cómo nos ven. Por descontado que la influencia de quienes diseñan esas tendencias ejerce con fuerza entre la mayoría, a la hora de cómo cultivar el cuerpo para no quedar fuera de la modernidad, sin contar que cada uno somos diferentes en todo, que no somos clones, cosa que sería peor. Esta búsqueda y deseo en la necesidad de sentirse un representante genuino de la moda lleva a muchas y muchos chicos a caer en la anorexia y la bulimia, buscando la perfección, pero esa perfección nunca se encuentra, jamás, porque lo buscado pertenece a modelos únicos y escogidos para vender esa mercancía; no tenemos que cambiar nuestro cuerpo para esas ropas, si no buscar las ropas que nos vayan bien y que nos hagan lucir más y mejor. Esto hará que nos sintamos más a gusto con nosotros mismos y que nos vean diferente, originales, llamaremos la atención por nosotros mismos y no por un envoltorio clonado que no siempre nos favorece.

Es difícil saber cuando las modas comenzaron a regir las costumbres sociales, supongo que aparecieron con el ser humano, por nuestra propia naturaleza presumida, proclive a aparentar más allá de lo que somos realmente y por el deseo de confundir a los demás, cosa absurda, porque si es verdad que "la primera impresión es la que vale", también es verdad que "aunque la mona se vista de seda mona se queda". Sin embargo, existieron personajes que marcaron no solo tendencias, de igual modo un antes y un después en el vestir. Sus influencias llegan a nuestros días y la mayoría de las creaciones actuales acaban por derivar en un exclusivo diseño que fue creado muchos años atrás, por muy novedoso que aparente. Sin duda alguna habría que situarse en Francia, en París, para desde sus torres mirar el paisaje donde se irguió el diseño de la moda y la elegancia en el vestir. Pudiera reunir un buen puñado de nombres propios que sustentan el significado de moda, pero de todos cuantos me vienen a la memoria ninguno como el de Chanel. No ya por su enorme talento, por su elegancia, si no por su propia vida. El ejemplo de lo que fue y consiguió es más fuerte que sus propios diseños, porque quizás muchos no sepan diferenciar entre sus creaciones pero pocos hay que no conozcan quien fue Coco Chanel.

Habría que empezar por sus principios como persona, porque antes que la modista o diseñadora estaba la mujer, la niña que sobrevivió a duras penas junto a sus cuatro hermanos en situación de pobreza. Gabrielle Chanel nació en un hospicio de Saumur, el 19 de agosto de 1883. Pero la muerte de su madre, de tuberculosis, fue el detonante que marcó su vida, o al menos uno de los acontecimientos que marcaron su trayectoria. Su padre se desentendió de ellos y los envió al condado de Auvergene, a un orfanato que tenían dos tías suyas. De su infancia decía que sólo ansiaba ser amada y que todos los días pensaba en cómo quitarse la vida, pero que en el fondo ya estaba muerta. Fue el orgullo lo que la salvó. Mientras tanto aprendió a coser con especial habilidad, tanto que a los 17 años las monjas del orfanato de Aubazine le consiguieron un empleo como costurera. En 1905 decidió convertirse en cantante de cabaret y fueron tres años los que estuvo inmersa en este mundo de divertimento y relaciones sexuales pasajeras, de las que esperaba reunir el dinero necesario para realizar su gran sueño de ser una renombrada modista. Su belleza era sensualmente discreta, menuda y de gran personalidad. El sobre nombre con el que fue conocida tiene dos destinos, unos dicen que procedía de esa época cabaretera y otros lo situaban en su infancia y hacían cariñosamente responsables a sus tías que la cuidaron en el orfanato.

Tenía claro lo que pretendía y no perdió el tiempo, de la mano de uno de sus amantes adinerados se instaló en un apartamento de París y pronto abrió su primera tienda de sombreros a la que llamó Modas Chanel. Siempre estuvo apoyada en sus amantes, o más bien en sus dineros o caudales, y unos años más tarde se instaló en distintas ciudades, todas ellas frecuentadas por ricos: Deauville, Normandía, Biarritz... hasta que en 1920 abrió en París, en la Rue Cambon, su primera Casa Chanel. La ocultación de su humilde pasado y su esnobismo no le creó problemas de identidad, todo lo contrario, le sirvió para relacionarse con personalidades del cine y su libertario espíritu para acostarse con adinerados hombres de la sociedad europea. Y entre tantos amantes fue Etienne Balsan quien la colocó con su tienda de sombreros, aunque el amigo de éste, Arthur Capel, le posibilitó el despegue, se enamoró de él pero Capel decidió casarse con otra mujer de alto abolengo. Poco tiempo después murió en un accidente automovilístico y cuentan que Coco llegó al lugar del accidente y lloró amargamente por la muerte de su amante y el más importante de sus benefactores. Pasó un tiempo recluida en su apartamento y sin relacionarse con otro hombre, son muchas las malas lenguas las que decían que su tristeza era más que por amor por la frustración de no haber conseguido su fortuna.

Se convirtió en una gran dama de la moda y pretendida por muchos, como el Duque de Westminster, que quiso casarse con ella pero lo rechazó, no así sus relaciones de cama. Sobre él dijo: "Ha habido muchas mujeres de Westminster, Chanel hay una sola". Se codeó con grandes artistas, escritores... y fue la imagen, el icono del feminismo por aquellos tiempos. Su secreto no fue otro que el de liberar a la mujer de su época de los grandes sombreros recargados de pieles de animales y flores, así como de los corsés y de los recargados diseños. Cambiándolos por sus líneas rectas, prendas sencillas, cómodas y de alta distinción, una apuesta que rápidamente fue aceptada por el público parisino hasta convertirse en una de las grandes diseñadoras del siglo XX. "Todo lo que es moda pasa de moda", dijo en otra ocasión, al tiempo que invertía en nuevos mercados, como el de los perfúmenes, en el que tuvo un rotundo éxito que llega a nuestros días con Chanel nº5. Su enorme popularidad y fama, aún en tiempos de recesión, le aportaron más ganancias y mejores contratos, como el que firmó con Samuel Goldwin, por un millón de dólares, para que vistiera a sus grandes estrellas hollywoodenses, Katherine Hepburn, Grace Kelly, Elizabeth Taylor, Gloria Swanson... incluso también la acusaron de colaborar con los nazis, por un affair junto a un oficial de las SS, Walter Schellenberg, aunque ella siempre rechazó la acusación en su contra. Pero toda su fama y dinero no pudieron dar fin a su vida solitaria, marcada por la artrosis y la morfina. Murió de forma impredecible al igual que se desarrolló su vida, a los 87 años, el día 10 de enero de 1971, en su apartamento del hotel Ritz y junto a su sirvienta, a la que le dirigió sus últimas palabras: "Así es como se muere".









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miércoles, 10 de junio de 2009

Víctimas de la justicia


Hacerse la idea de un mundo sin comunicaciones, sin información real de lo que pasa en el mundo, no es nada fácil, más aún cuando vivimos acostumbrados a estos tiempos donde los medios de comunicación son parte esensial de nuestra forma de vida, cuesta imaginar cómo de aislados se encontraban nuestros antepasados no mucho tiempo atrás. Los pasos agigantados que se dieron en el siglo XX al respecto es casi todo lo que la humanidad hizo en cuestión sobre este tema. Digo "casi todo" porque también anteriormente a este periodo se hicieron logros o esfuerzos, pero de una manera rudimentaria se podría decir, casi artesanal, lenta y la mayoría de las veces la información llegaba distorsionada de la realidad. Algo natural si pensamos que una veintena de kilómetros significaba un mundo de separación entre un punto y otro, una aventura interminable por malos caminos e insufribles medios de locomoción. El aislamiento de los pueblos, de las comarcas, era tal que cualquier acontecimiento que sucediera en el pueblo de al lado podría pasar desapercibido durante mucho tiempo, años, o incluso pasar por alto y no llegar a tener constancia nunca de lo ocurrido. La historia se escribía en la memoria de los habitantes y pasaban de generaciones en generaciones, hasta convertirse en leyendas o diversificados los acontecimientos.

Ya conocen que soy amante de los refranes, sin llegar a perder la razón por ellos pero amante al fin y al cabo. Un medio de conocimiento, de comunicación si me apuran, una manera de transmitir la sabiduría popular entre generaciones y pueblos. Pero no era el único existente, por aquellos días en los que ni la televisión, la radio o el teléfono habían hecho aún acto de presencia entre nosotros, que no estaban concebidos, ni inventados... y supongo que ni imaginados; mucho menos si nos referimos a ordenadores y ciberespacios, instrumentos y vías de comunicación imprescindibles en nuestro tiempo. También existía algún que otro diario impreso que cuando llegaba a los pueblos o ciudades vecinas ya estaban las noticias caducadas, habían pasado a otro tiempo, eran los medios de comunicación que circulaban por otras fechas no muy lejanas en el calendario, aunque nos parezca casi imposible que la vida en este planeta nunca fue diferente a la que ahora desarrollamos. Pero además de los refranes y los diarios había otras maneras de transmitir los acontecimientos, de divulgarlos popularmente, los teatrillos o pasacalles, las coplillas o los romances de ciegos, entre otras. Éstas últimas son composiciones en verso que no corresponden necesariamente al género literario romance, y que por lo general son de autores anónimos. De estos romances de ciegos, aunque les pueda parecer de otros siglos, recuerdo haber visto algunos cuando era un niño. Era una manera de sobrevivir para los invidentes, que se instalaban en las plazas de los pueblos con sus pliegos de cordel y viñeta a viñeta iban narrando el romance, la historia de un suceso, mientras dejaban a los transeúntes enganchados a los acontecimientos que contaban de esta manera tan peculiar. Incluso los recuerdo vendiéndolos casa por casa por la voluntad, impresos en cuartillas de colores y a elegir entre los romanceados anteriormente en público.

Los romances de los ciegos, que no son exclusivos de la edad media, si no que llegan generalizados por todos los rincones de España hasta las postrimerías del siglo XIX, para ir perdiéndose de la escenografía española poco a poco durante la primera mitad del siglo pasado, no tenían un corte social determinado, los había desde gestas heroicas hasta insólitos acontecimientos y por supuesto los crímenes o asesinatos no se escapaban de pertenecer a sus historias preferidas. Se podría entender de muchas maneras el papel que ejercía en la sociedad de entonces, pero sin duda era un instrumento de protesta, de inconformismo, porque la información en general tiene mucho de esto, de divulgar, esclarecer y airear lo acontecido. Este papel divulgativo y reivindicativo en la sociedad lo ocupan hoy otros soportes, que sin tener relación alguna con los pliegos de cordel si son soportes donde se proyectan historias, acontecimientos sucedidos o imaginados como entonces. Uno de ellos, sin duda, es el cine.

Para hablar de cine cierto es que cualquier tema que se elija nos llevaría a él, pero en esta ocasión no se trata del medio, si no del contenido, de la justicia y la injusticia, que muchas veces van de la mano. Elijo el cine, el romance de ciegos y la historia del crimen de Cuenca, porque alguna vez estuvieron relacionados entre sí mediante un enlace, por la tristemente desaparecida directora de cine Pilar Miró y su celebre película El Crimen de Cuenca. Esta historia real fue llevada al cine por esta talentosa directora cinematográfica en 1979, cuando la transición española andaba en busca de la democracia como funanbulista por el alambre y sin red. La película está basada en unos hechos que acontecieron a principio del siglo XX en la provincia de Cuenca, en los pueblos de Tresjuncos y Osa de la Vega, y que ya en 1939 el escritor Ramón J. Sender escribió una novela sobre lo sucedido, El lugar de un hombre. Pero al final de la década, Pilar Miró, con una importante experiencia como realizadora de televisión y con un largometraje en su haber, La Petición, con guión adaptado de una novela de Emile Zola, rueda El Crimen de Cuenca, con guión de Dolores Salvador Maldonado, quien había escrito un libro con el mismo titulo que la cinta cinematográfica, y con la que obtuvo una gran popularidad. Pero las fuertes y crudas escenas de la película le provocaron más de un quebradero de cabeza, fue la primera película prohibida en la transición, durante varios meses, después de la censura franquista, el mismo año que España ratificaba en Estrasburgo la Convención Europea para la Protección de los Derechos Humanos y las Libertades Fundamentales. La cineasta española se convirtió en una de las mejores directoras del cine español tras una larga y sólida trayectoria, pero que trasciende más allá de lo puramente cinematográfico, un alegato a los valores de la libertad y los derechos del hombre.

Los sucesos acontecidos aquel año de 1910 suponen un ejemplo de que a veces la justicia es injusta a la hora de llevarla a cabo y de que son muchos los inocentes que terminan juzgados como culpables por el mal uso de ella. José María Grimaldos López, un joven pastor de 28 años y apodado El Cepa, por su baja estatura y su corto o pobre entendimiento, salió el 20 de agosto a tomar unos baños a la Celadilla, después de vender unas ovejas de su propiedad, y al que vieron por última vez, entre Tresjuncos y Osa de la Vega, sus compañeros de trabajo en la finca de Francisco Antonio Ruiz, León Sánchez el mayoral y el guarda Gregorio Valero. Pero lo de los baños no lo sabía nadie salvo el propio Cepa, ni siquiera su propia familia, al que dieron por desaparecido, después por asesinado y por último culparon a los dos compañeros de trabajo, León y Gregorio, de ser los que le dieron muerte, para robarle el dinero de las ovejas. La familia de Grimaldos puso una denuncia en Belmonte por la desaparición del pastor y acusando a León y Gregorio de ser los presuntos asesinos del supuesto crimen. Un año más tarde, después de la desaparición y de que los dos presuntos estuviesen detenidos, la causa fue sobreseída, para luego de interrogar a los acusados dejarlos en libertad por falta de pruebas y cerrar el caso.

Pero el calvario de Gregorio y León estaba por venir, con la llegada de un nuevo juez dos años más tarde, Emilio Isasa Echenique, que reabrió el caso ante la insistencia de la familia del Cepa, nueva denuncia contra ellos y nueva detención. La guardia civil comenzó a torturar y maltratar a los detenidos tratando de conseguir las confesiones de cómo lo habían asesinado y qué habían hecho con el cuerpo desaparecido. Fueron tantas las torturas que recibieron que llegaron a declararse culpables de asesinato, se inventaron cómo y de qué manera lo mataron he hicieron desaparecer el cadáver, incluso cavaron donde se supone los habían enterrado entre los dos sin llegar a dar con el cuerpo. Las torturas descritas por Pilar Miró fueron la que le costaron la prohibición durante meses y lo que dio pie a la polémica, le clavaron astillas en las uñas, se las arrancaron con tenazas, les colgaron de los genitales del techo, les destrozaron a golpes, sólo le daban de comer bacalao sin desalar y nada de agua. Pero no quedaron satisfechos los torturadores y el juez que también torturaron y amenazaron a la mujer de uno de ellos con arrebatarles el hijo de pocos meses de edad si no declaraba lo que querían. Todas estas injusticias hicieron que los detenidos se declararan culpables ante tanto castigo. Así transcurrió la tortura hasta que el juez de Belmonte da orden al de Osa de la Vega a que levante acta de defunción haciendo constar que, José María Grimaldos López, natural de Tresjuncos, falleció el 21 de agosto de 1910 a las 8,30 o 9.00 de la noche a consecuencia de haber sido asesinado por Gregorio Valero y León Sánchez; donde también se recoge que el cadáver no ha podido ser identificado por no haber sido hallado.

En 1918 y después de llevar más de 4 años entre rejas comenzó el juicio, con un sumario plagado de contradicciones y diligencias sin esclarecer. Los acusados fueron condenados a 18 años por la Audiencia Provincial. Una pena menor de haberse consumado el garrote vil, aún vigente por aquellos tiempos, la defensa consiguió lo que se limitó a evitar, la pena capital. El 4 de julio salen en libertad tras beneficiarse de un indulto cuando habían cumplido 12 años y dos meses de condena.
Pero dos años después de recuperar la libertad, el 8 de febrero de 1926, el cura de Tresjuncos recibió una carta de su homologo en el municipio de Mira, pidiendo la partida bautismal de José María Grimaldos para celebrar el matrimonio de éste. En principio el cura trató de evitar la noticia, pero fue imposible, el retorno del Cepa a la vida corrió de boca en boca y las víctimas de la injusticia cometida pudieron recuperar la inocencia, no así todo lo sufrido. El Ministro de Gracia y Justicia ordenó la revisión de la causa y mandó al fiscal del Tribunal Supremo interponer recurso de revisión contra la audiencia de Cuenca. Dicha nota reza: "Hay fundamentos suficientes para estimar que la confesión de los reos Valero y Sánchez, base esencial de sus condenas, fue arrancada mediante violencia continua inusitada".








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domingo, 7 de junio de 2009

¿Tolerancia? Bien, gracias.


La palabra es el instrumento más fiable de cuantos posee la humanidad, superior a todos los adelantos tecnológicos y armamentos belicistas. No existe ninguno tan aconsejable como ella, ni tan eficiente como su tono pacifico y conciliador, aún así todavía los hay quienes prefieren combatir a la violencia con más violencia, la falta de entendimiento con intolerancia y a ésta con la fuerza bélica. Estas actitudes comienzan por falta de quórum y terminan como el rosario de la aurora, desarrollando armamento y aumentando las diferencias. La mayoría podríamos pensar que tales reacciones son irresponsabilidades bien marcadas de los dirigentes que prefieren una guerra antes que una discusión inteligente, y desde luego es evidente esto último, otra cuestión es definirlas como irresponsables. Yo las catalogaría como mal intencionadas, no todos los dirigentes son irresponsables por ignorantes, ni por tozudos, ni siquiera por ególatras, es la maldad subida al carro de los intereses propios lo que los llevan a poner en juego las vidas de tantos inocentes, atrapados en guerras inverosímiles, más allá de lo incomprensible que son todas. La crueldad de algunos dirigentes se disfraza de guardianes de la paz, de la democracia y contra el eje del mal, para imponer sus sinrazones y provocar enfrentamientos entre culturas, inculcando la intolerancia y persiguiendo a los diferentes en todo el mundo, invadiendo países soberanos para sumirlos en el caos, en la tragedia y el horror, creando un escenario fuera de control, ideal para el ultraje, el desvalijo y la venta de armamento bélico, para hacer ganancias a costa de víctimas inocentes. En todas estas situaciones la palabra está de más.

Hace varios días que se produjo un acontecimiento histórico, el que estoy seguro marcará un antes y un después en las relaciones entre occidente y el mundo islámico. Esto suena a más de lo mismo para algunos que, recién terminado el discurso conciliador que Barack Obama pronunció en la Universidad de El Cairo, dirigido a la comunidad musulmana que supera los 1.500 millones de personas, ya le reprochaban que sólo fueran palabras y nada de hechos concretos lo que fue a llevar el presidente afroamericano a la tribuna cariota. Un acontecimiento único, histórico, no porque un presidente de los Estados Unidos de América se dirija a esta comunidad, si no en la manera y por el contenido con que lo ha llevado a cabo. Por primera vez en mucho tiempo no se pronunciaron las palabras terrorismo, eje del mal... si no que al contrario fueron sustituidas por tolerancia, entendimiento... y el lugar de la imposición fue ocupado por dialogo. Curiosamente son éstos, los que prefieren el enfrentamiento bélico al dialogo, los que censuraban y reprochaban el contenido del discurso en cuestión alegando que sólo eran palabras. Una excusa vana, fuera de toda lógica, la palabra es todo, el principio y también el final, y lo que Obama presentó en El Cairo no es otra cosa que su ruta, sus intenciones políticas a desarrollar en Oriente Medio, soportadas en el respeto, la tolerancia y el dialogo. La palabra contenida en el discurso norteamericano para los musulmanes es el punto de salida, de entendimiento, fuente principal para limpiar asperezas y pulir diferencias; es el comienzo de una nueva era política. Quizás la última oportunidad para muchas cuestiones que tienen que ver con implantar o recuperar la paz, en uno de los rincones más conflictivos del planeta.

Sin lugar a dudas no lo va a tener fácil el nuevo presidente norteamericano, los extremismos radicales se han hecho fuertes en una zona donde el odio al imperialismo americano es superior al razonamiento, las necesidades básicas, las libertades en muchos países, la imposición fundamentalista religiosa, las injusticias cometidas por Israel y su protector imperialista contra el pueblo palestino, son algunas de las razones y barreras por lo que se adivina un largo y tortuoso camino a recorrer para conseguir la confianza entre Oriente y Occidente. Confianza que sólo la palabra, y unida a las buenas intenciones de unos y otros, podrá recuperar. Porque si es verdad que Israel tiene que dar un cambio radical a su política invasionista de ocupación de territorios palestinos, de atosigar militarmente y de asesinar a palestinos inocentes, víctimas del judaísmo ultra conservador, también por la parte que le corresponde a los radicales palestinos tienen que dar un rumbo distinto y dejar a un lado sus actitudes terroristas y el uso de inocentes ciudadanos como escudos humanos para utilizarlos en favor de sus intereses. Sin embargo, no sólo del problema palestino vive Oriente Medio, el insipiente y preocupante tema nuclear iraní, a la que hay que convencer de que ese no es el camino que le interesa a la humanidad, si no todo lo contrario, no se trata de poseer armamento bélico para defender actitudes si no la de eliminar todas las armas para no estar constantemente en peligro ante las irresponsabilidades de un gobernante de turno con complejos neronistas. De la misma manera también preocupan las guerras de Irak y Afganistán, o el terrorismo indiscriminado de al Qaeda y su padre protector e ideológico Osama Bin Laden, que son asuntos duros de roer aún poniendo encima de la mesa las mejores intenciones.

Pero lejos de todas esas palabras bien intencionadas y de todas las buenas sensaciones que rodean al nuevo presidente norteamericano, el que parece estar tocado por una barita mágica y cuya estrella alumbra todo su recorrido político con una estela de esperanzas allá por donde va, están las realidades y los propósitos a conseguir. Uno se siente alagado en medio de esta vorágine de intolerancia, de diferencias sociales y culturales, cuando en su discurso Obama tuvo un momento de lucidez comparativo, al mencionar la tolerancia y el entendimiento entre culturas en una ciudad, en un territorio, hace más de un milenio. "El Islam tiene una orgullosa tradición de tolerancia. Lo vemos en la historia de Andalucía y Córdoba en la inquisición", esta fue la frase que pronunció Obama y a la que añadió "ése es el espíritu que necesitamos hoy". Este mensaje de reconciliación basado en el respeto mutuo es la mejor herencia que nos pudieron dejar nuestros antepasados, en una ciudad, Córdoba, capital de al Andaluz, que presume de tolerancia, de entendimiento y dialogo. Parece mentira que estos problemas que atosigan al mundo actual no tuvieran razón de ser un milenio atrás, en la época califal, cuando las tres culturas monoteístas convivían en territorio musulmán, bajo el ahl al dhimma, el pueblo bajo protección, trato que recibían los no musulmanes pagando un impuesto especial.

Abderraman III hizo de ella la ciudad más floreciente, culta, y poblada de Europa, un emporio con más de 400.000 habitantes, 20 arrabales, 2.000 mezquitas y 200 baños públicos, un verdadero faro de la civilización y la cultura. En Córdoba se levantó la biblioteca más importante de Europa y contó con los mayores y reputados sabios, artistas e intelectuales, en campos tan dispares como la arquitectura, la música, la literatura, la astrología, las matemáticas o la medicina. Era tan normal y pacifica la convivencia que reyes y personajes de otros reinos cristianos acudían a Córdoba a que los médicos los tratasen de sus males, como doña Toda Aznáres de Navarra, abuela de Sancho I El Craso de León, que viajó a Córdoba con su nieto para curar su obesidad. Sin duda alguna bajo el mandato de Abderraman III Córdoba consiguió el difícil equilibrio en el desarrollo cultural, económico y militar, un esplendor que se expandió a las costumbres, a la gastronomía y la arquitectura, de la que la mezquita es su máximo exponente, declarada por la UNESCO Patrimonio de la Humanidad.

El Califato cordobés se convirtió en la tierra prometida y es por eso que la historia de esta época esplendorosa, como ninguna en el Islam, quedó para el recuerdo como ejemplo a seguir por las generaciones venideras, es tanto el significado que Córdoba representa que hasta al Qaeda la menciona con orgullo, quizás pretendiéndola como bandera para su causa, aunque nada tiene que ver la sinrazón de los terroristas y radicales religiosos con la tolerancia, el respeto y el dialogo entre los pobladores de la Córdoba omeya. El legado andalusí está aún presente en esta ciudad miliunanochesca, que respira historia por cada rincón o esquina, la misma que nos enseñó a respetar a los diferentes y a elegir siempre la palabra antes que el enfrentamiento bélico.









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miércoles, 3 de junio de 2009

El coplista transgresor




A vueltas con las libertades del individuo, esta mañana me llamó la atención una noticia del diario El País, ocurrida el 16 de mayo, una marcha gay encabezada por Mariela Castro, hija del presidente cubano Raúl Castro, la primera de este tipo que se celebra en todo el país y por la céntrica avenida de la Rampa. Aunque ella rechazó llamarle marcha, prefirió hacerlo como "una conga criolla", como si hubiera algún trasfondo no clarificado del todo, sin tomarlo muy en serio, al fin y al cabo todo lo relacionado con el universo homosexual y lésbico, y sus galaxias extra-radio, donde incluyo a los transexuales, travestís, etc. parece que no se entiende si no es con un toque burlesco, gracioso, festivo, carnavalesco... a mi me resulta todo lo contrario; un tema muy serio donde se ponen en juego y en entredicho los derechos de un colectivo que por su manera de expresarse no se le toma con el respeto suficiente y que por su condición sexual se le ha rechazado y castigado como a ningún otro grupo social. Fue ella, Mariela, la que apareció la semana pasada anunciando las "cirugías feminizantes y masculinizantes con vistas a hacer la reasignación sexual completa". Este tipo de operaciones fueron suspendidas en Cuba en 1988, después de la primera y exitosa operación que convirtió en mujer a un joven y que causó un gran revuelo en la isla caribeña. El cambio de sexo es gratuito, pero deben pasar unos controles psicológicos, médicos y de diversos especialistas que componen la comisión, para que sean aprobadas las operaciones. Muy lejos parecen que quedan aquellos días en los que se internaban a los homosexuales en campos de trabajo militarizados... el ejemplo y el recuerdo de Reinaldo Arenas , como símbolo de otros muchos, siempre me viene a la memoria cuando se habla de homosexualidad en el régimen castrista, perseguidos y marginados hasta no hace mucho tiempo.

La veces en las que me he preguntado el motivo por el que la homofobia se llega a convertir en un verdadero problema psicológico para los individuos que lo sufren, sin afectarles ni de cerca ni de lejos, sólo he encontrado una respuesta lógica ha este rechazo sin fundamentos, el desconocimiento y los perjuicios ajenos. El miedo a que los confundan es el motivo aparentemente principal en muchos homófobos, pero si no estuviera tan mal visto ser homosexual no existirían los perjuicios ajenos, por lo tanto es cuestión de desconocimiento, porque estoy seguro que conociendo a los homosexuales no se tendrían tan negativos conceptos por muchos. Tampoco podemos olvidar que hasta hace muy poco eran considerados enfermos, peligros sociales por la justicia, que se les castigaban de las maneras más atroces, y todo eso crea una imagen de rechazo social en el pueblo que cuesta mucho de eliminar o superar. Los tiempos cambian y ya son muchos los países que aceptan al colectivo gay con todos los derechos civiles, aún así todavía quedan muchas barreras por derribar, casi todas erguidas por los conservadores y las religiones... a la par que nos vamos liberando de la religión recuperamos libertades, es la prueba de que las religiones son las mayores dictaduras que sufrieron los pueblos. Pero todo se andará.

Para mí nunca supuso un problema de aceptación el colectivo gay, quizás porque desde muy niño tuve relación de amistad con alguno, desde que iba al colegio en párvulos lo hice acompañado de un vecinito que sufría los constantes ataques homófobos por parte de los otros niños compañeros de clase y en algunas ocasiones también del profesor, del que se reía y lo hacía objeto de burla para los demás niños, con frases malintencionadas que provocaban las carcajadas de los escolares. Esas actitudes, por parte de quienes deberían dar ejemplo, son las que crean tantas fobias y rechazos sociales, pero estoy hablando de la dictadura fascista, era lo menos grave para un homosexual, que se rieran de él. En casi todos los cursos de estudios primarios compartimos pupitre, coincidió que fuimos aprobando cursos a la vez y, mi amigo, del que me reservo su nombre por discreción, sufría las continuas burlas durante años, eso me hizo respetarlo y apreciarlo aún más, para un niño un homosexual sólo es un amanerado, un "mariquita", a esas edades no existen problemas de sexualidad, ni de diferencias o condiciones sexuales, es de rechazo heredado socialmente. Recuerdo la complicidad en cuanto a afinidades de juego y apoyo en el estudio, siempre preferí tener cerca a mi amigo que a cualquier otro compañero de la escuela.

Después, siempre coincidí con algún homosexual en reuniones de amigos, en distintos trabajos, vecinos... son parte de la sociedad como lo somos cualquiera, sólo existe la diferencia de su condición sexual, pero eso no es un problema, las relaciones sociales y las sexuales son distintas, no acabamos en la cama con todas las personas con las que nos relacionamos o conocemos. Con esto tampoco pretendo imponer que todas las personas homosexuales o lesbianas tienen que ser buenas personas por derecho, en absoluto, una condición está al margen de la otra, ni todas las buenas y respetuosas personas son homosexuales, ni todos los gays son respetables. A este colectivo, que representa al 10% de la sociedad, sería injusto que se le mirara de manera diferente a otro cualquiera, primero porque no hay nada de malo en su condición sexual, es una actitud personal ante la vida, y segundo porque al rechazarlos estamos rechazando a cualquiera de los integrantes de nuestra familia, con amaneramientos o sin ellos.

Cuando esta mañana leí la noticia, irremediablemente, me vino a la memoria un personaje irrepetible. Un icono que representa a los perseguidos, a los marginados, y en su caso por dos motivos, por políticos y sexuales, por republicano y homosexual. La historia de Miguel de Molina nos tiene que servir siempre de reflexión por cómo se enfrentó a la vida y a sus detractores políticos y homófobos. Pero también de admiración, pocas veces irrumpió un artista tan enorme, de tanta personalidad y transgresor. Coplista, bailaor, actor... todos los detalles de sus espectáculos pasaban por su control, desde la publicidad al diseño de los trajes de sus bailarinas, incluso hasta los bordados de sus camisas coloristas y transgresoras, que rompieron todos los moldes de una época en la que España se debatía en guerra. Nació en la cuna de un genio universal, Picasso, en Málaga, el 10 de abril de 1908. Y aunque este detalle no significa condicionante alguno para su condición sexual, fue criado por seis mujeres, su madre, su hermana y cuatro de sus tías. Tampoco influyó en que reprimiera su atracción por el sexo masculino el hecho de haber estado inscrito en un colegio religioso. A su llegada a Algeciras, en la vecina provincia de Cádiz, llegó en la adolescencia y comenzó a trabajar de limpiador en un burdel, un lugar apropiado para aprender cómo enfrentarse a la vida, con desparpajo y sin vergüenza, a las vicisitudes que tuvo que lidiar durante su existencia. Aquel jovenzuelo amanerado ya tenía muy clara su condición sexual cuando una prostituta del burdel le quiso iniciar en el sexo, él rechazó en rotundo la invitación y no traicionó ni dudó respecto a la orientación que ya tenía definida. Su atracción por el mundo del arte, del flamenco y los tablaos, le hizo dedicarse a llevar grupos de turistas a los espectáculos de los tablaos, pero su arte no le permitió continuar ignorándole y, sabedor de su potencial y actitudes especiales para la copla, decidió dedicarse por entero al espectáculo en 1931. Triunfó en Madrid, Barcelona... pero fue en Valencia donde obtuvo sus mayores éxitos.

Como republicano no dejó de actuar durante la contienda civil y ante las tropas republicanas, pero al acabar la guerra y con los fascistas dueños del país las cosas se torcieron para este genio del escenario, su condición sexual y sus afinidades políticas le hicieron presa de las iniquidades de otros, empresarios que le obligan a aceptar trabajar para ellos por un sueldo misero, 500 pesetas, en comparación a como lo hacía antes de la guerra, donde cobraba hasta 5.000 pesetas por espectáculo. De lo contrario quedaba amenazado por su pasado republicano y por ser homosexual. Amigo de tantos intelectuales y artistas de la época, Lorca, Falla, Benavente, Alberti... tuvo que huir si no quería acabar sus días de la manera más cruel. Una noche fría de noviembre de 1939, después del espectáculo, fue visitado por tres individuos que se hicieron pasar por policías, fue torturado y apaleado hasta el límite de lo posible. Años más tarde y pocos años antes de morir reveló quienes eran los agresores que se cebaron con él tan vilmente, uno de ellos era José Finat y Escrivá de Romaní, el conde de Mayalde; un siniestro personaje falangista, político de la dictadura franquista que ocupó el cargo de embajador en Alemania, Director General de Seguridad a la vuelta de Alemania y alcalde de Madrid hasta 1965.

1942 significó en él un antes y un después, se exilió a Buenos Aires y participó en películas como Luces de Candilejas o Esta es mi vida, pero la persecución que sufrió no dejó sus tentáculos en la madre patria, continuó el acoso la dictadura Argentina, donde un día la embajada española emitió una orden para que abandonara Argentina y comienza una campaña de desprestigio contra él por su condición de homosexual, lo que le crea enormes problemas. Acosado toma la decisión de exiliarse a México, donde tampoco lo tuvo fácil, allí también encontró el rechazo frontal por parte de dos insignes homófobos, Jorge Negrete y Cantinflas. Sin embargo, "todo lo que no mata te hace fuerte" y algunos años más tarde recibe una llamada de Eva Perón, hace que vuelva a Argentina y le ofrece numerosos contratos por todo el país, donde se convirtió en una gran estrella. Sólo dos visitas realizó a España desde 1939, una de ellas fue muy breve en 1957, tres años antes de retirarse profesionalmente y fijar temporalmente su residencia en Nueva York; la segunda fue en 1992, un año antes de su muerte, en aquella visita el gobierno español le otorgó la Orden de Isabel la Católica, por parte del presidente del gobierno Felipe González. Parece que ni muerto quiso regresar a su patria, a la que siempre profesó su amor, fue enterrado en el cementerio porteño de la Chacarita, en el panteón de actores, junto a otros grandes de la escena.







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